miércoles, 27 de mayo de 2020

La ejecución de Tomás Münzer





A 493 años de la ejecución de Tomás Münzer:

ALEMANIA SIGLO XVI: IGLESIA, REFORMADORES Y MASACRE DE CAMPESINOS

    

                                                   Iván Ljubetic Vargas, historiador del
                                                    Centro de Extensión e Investigación
                                                   Luis Emilio Recabarren,  CEILER

        


El 27 de mayo de 1527, hace 493  años, Tomás Münzer tras ser torturado cruelmente, fue ejecutado. Pagó con su vida haber sido un revolucionario, leal hasta la muerte, con los campesinos pobres.

ALEMANIA HACIA EL SIGLO XVI

A comienzos del siglo XVI  Alemania había adquirido notable desarrollo. Ya en las dos centurias anteriores hubo un importante crecimiento de la industria y del comercio. Otro tanto ocurrió con la producción de materias primas. Pero su población era aún muy escasa y el país estaba fragmentado políticamente. A medida que decaía el imperio  feudal, se descomponía  la unión de Alemania.  Surgieron  príncipes con gran independencia y autoridad. Habían salido de la alta nobleza y disfrutaban de todos los derechos de soberanía. La Iglesia tenía gran poder económico y éste era patrimonio de su jerarquía feudal, que formaba parte de la aristocracia: obispos, arzobispos, abades, priores y demás prelados. Los predicadores del campo y de las ciudades -frailes y monjes- componían el sector plebeyo de la Iglesia y estaban excluidos del goce de sus riquezas.

LAS CIUDADES Y CLASES SOCIALES

En las ciudades el poder estaba en manos de las familias patricias. Eran las más ricas y  controlaban el Ayuntamiento. La oposición burguesa la formaban los burgueses ricos y medios, como también una parte de la pequeña burguesía. También existía una oposición plebeya: burgueses  venidos a menos y una multitud de vecinos sin derechos  ciudadanos: oficiales, jornaleros y  numerosos brotes del lumpenproletariado (“proletariado andrajoso”).

Al lado de los restos degenerados de la vieja sociedad feudal y corporativa, empezaba a manifestarse el elemento proletario –todavía poco desarrollado- de la naciente sociedad burguesa.

                      


Pero la gran masa de la nación eran los superexplotados  campesinos.

LOS BANQUEROS

En 1515 fue nombrado arzobispo de  Maguncia,  Albrecht de Brandenburgo, convirtiéndose en un príncipe  de alta importancia.  Pero el nuevo arzobispo tenía sólo 24 años de edad y para el cargo se requería tener a lo menos 30. Ese “detalle” se podía solucionar con dinero. Para ello recurrió al banco de la familia Fugger por un préstamo. Los fúcares, como les llamaban los españoles, habían fundado en Augsburgo, Alemania, la   primera entidad financiera  del mundo denominada banco.
                           


Uno de los fúcares,  Jacob II (1459 – 1525),  facilitó  el dinero con que el rey español Carlos I   pudo cohechar  los votos que  en 1519  le  permitieron ganar  las elecciones    que  lo transformaron  en el poderoso emperador Carlos V.  En 1530, los Fugger  solicitaron a éste la autorización para conquistar Chile. El Emperador, que se encontraba endeudado con ellos hasta la corona,  accedió.  Pero a última  hora  los banqueros germanos se arrepintieron. De no haber sido por así, estaríamos los chilenos hablando alemán.

LA VENTA DE LAS INDULGENCIAS


            


Las “indulgencias”  eran una forma impuesta por la Iglesia para obtener el perdón de pecados. Con el correr del tiempo había ido cambiando el modo de lograr ese perdón.  Anteriormente, en el siglo XI, bastaba con participar en esas guerras de conquista impulsadas por la Iglesia, conocidas con el nombre de Cruzadas. También se lograba ese mismo efecto enviando a un criado en su lugar o pagando cierta suma de dinero.
Volvamos al caso de Albrecht  de Brandenburgo, en el siglo XVI.  La corte papal,  previo pago de  una elevada cantidad de dinero por parte de éste, confirmó su nombramiento como arzobispo. Pero le puso como condición que durante ocho años los territorios bajo su jurisdicción (Maguncia, Magdeburgo y Brandenburgo)  enviarían a Roma el total del producto de la venta de las indulgencias, que habían sido decretadas por el Papa León X  para la construcción de la basílica de San Pedro.

UN GRAN ESCÁDALO

Albrecht cumplió. Pero se dejó para sí cerca del 50% de lo recaudado, para saldar  con ello su deuda con los Fugger.

La venta de las indulgencias  se constituyó en  un gran escándalo. Juan Tetzel, un  simple monje dominico  de Pirna,  puso tanto entusiasmo en  ese negocio,  que pronto se convirtió en el encargado papal para las indulgencias. Su  excesiva dedicación hizo que, en abril de 1517,  muchos habitantes de Witemburgo se trasladaran a Jüterborg, pueblo ubicado al otro lado de la frontera  sajona con Brandenburgo. Esto   para escapar  de  los sacerdotes vendedores de indulgencias, que no estaban autorizados para ingresar a Sajonia.

LUTERO Y LOS BURGUESES REFORMISTAS

Martín Lutero (1483 – 1546) se opuso a la venta de las indulgencias. Era profesor de filosofía y moral en la Universidad de Wittenberg. Se cuenta que el 31 de octubre de 1517  clavó en las puertas de la Iglesia del Castillo de esa ciudad  sus  95 tesis en contra de la práctica de la venta de indulgencias.
Por entonces, Alemania se dividía en tres campos bien definidos: el católico o reaccionario, el revolucionario y el burgués reformista. A este último representaba Lutero. Era portavoz de una burguesía que emergía en lucha contra el régimen feudal. En este primer período,  utilizando toda la vehemencia de su temperamento de campesino vigoroso, exclamaba: “Si la furia de los curas romanos siguiera, me parece que sería el mejor consejo y remedio atajarla por la violencia, armándose reyes y  príncipes  para atacar a esta gente dañosa que al mundo entero envenena, y acabar con ella por las armas, no con palabras. ¿No castigamos a los ladrones con espada, a los asesinos con garrote, a los herejes con el fuego? ¿Por qué no atacamos pues a estos maestros de la perdición cual son papas, cardenales, obispos y toda la gentuza de la Sodoma romana? ¿Por qué no los atacamos con toda clase de armas y lavamos nuestras manos en su sangre?”.

                          
                                                   Martin Lutero

LUTERO TRAICIONA A LOS EXPLOTADOS

Como señala  Federico Engels en su obra ‘La Guerra de los Campesinos en Alemania’,  “es evidente que todo ataque general contra el feudalismo debía primeramente dirigirse contra la Iglesia, y que todas las doctrinas revolucionarias, sociales y políticas debían ser en primer  lugar herejías teológicas”.

Cuando en 1517  Lutero   atacó por primera vez el dogma y las instituciones de la Iglesia católica su  posición no tenía un carácter bien definido. En ese  momento  necesitaba unir a todos los elementos de la oposición. Debía representar a la totalidad de las herejías frente a la ortodoxia católica.  Pero ese fervor revolucionario de los  comienzos no duró mucho. Sin embargo,  el vehemente llamado de Lutero encontró tierra fértil en las masas más explotadas,  los campesinos. Estos, que constituían la gran masa de la nación alemana,  debían soportar el peso íntegro de todo el edificio social: de los príncipes, funcionarios, de la nobleza, frailes, patricios y burgueses.

Lutero pronto abandonó a los elementos populares que formaban filas en  su movimiento reformista.  Se integró a la coalición de burgueses, aristócratas y monárquicos. Ya no lanzó más arengas encendidas convocando a la guerra de exterminio contra Roma. Al contrario. Sus dardos apuntarían  ahora en otra dirección.

TOMÁS MÜNZER, UN REVOLUCIONARIO

Muy distinta fue la conducta de Tomás Münzer. Había nacido en Stolberg, Alemania,  el  21 de diciembre de 1489. Su erudición teológica le valió pronto el título de doctor y un puesto de capellán en un convento de monjas. En 1522 se hizo predicador en Altestedt.  Allí empezó a reformar el culto. Suprimió totalmente el uso del latín  antes que Lutero se atreviese a hacerlo y  permitió que la Biblia se leyera entera. Organizó la propaganda en toda la región.  Altestedt  se transformó en el centro anticlerical  popular de Turingia.  Predicó la violencia. Llamó a los príncipes sajones y al pueblo a la lucha armada contra los curas romanos. Fue el valiente portavoz del partido revolucionario de los campesinos y los plebeyos.  Leal a ellos hasta su muerte. 

Tomás Münzer fue durante un período seguidor de Martín Lutero. Después lo repudió y llegó a llamarlo “doctor Mentiras”. Se separó entonces de la Reforma burguesa y se transformó en agitador político.

                                                  Tomás Münzer

La doctrina política de Tomás Münzer procedía directamente de su pensamiento religioso revolucionario. Se adelantaba a la situación social y política de su época. Lo mismo ocurría con  su teología, con relación a las ideas y conceptos entonces en boga.  Su filosofía religiosa se acercaba al ateísmo; su programa político tenía afinidad con el comunismo utópico. Estos brotes de comunismo expresaban los anhelos de todo un sector de la sociedad alemana. Y desde que Münzer los formuló por primera vez con cierta claridad, los encontramos en todos los grandes movimientos populares.

LA GUERRA DE LOS CAMPESINOS EN ALEMANIA

Un acontecimiento puso a prueba a los dos reformadores, al burgués y al revolucionario.  Fue la guerra de los campesinos en Alemania. La sublevación general de ellos se inició el domingo 2 de abril de 1525. Münzer se puso a su cabeza.
 
EL “DOCTOR MENTIRAS”

Los sectores reaccionarios, olvidando viejos rencores,  se unieron en una santa alianza “contra las bandas asesinas de campesinos ladrones”. Ahí  estaban  burgueses y príncipes,  nobles y curas,  el Papa y Lutero. Este último se lanzó contra los sublevados exclamando: “Hay que despedazarlos, degollarlos y apuñalearlos, en secreto y en público. ¡Y los que puedan que los maten como se mata a un perro rabioso!  Por esto, queridos señores, oídme y matad, degolladlos sin piedad. Dejad que hablen los arcabuces, sino será mil veces peor”. Así  predicaba ahora el “doctor Mentiras”, como lo apodó Tomás Münzer.

LA DERROTA  DE  LOS CAMPESINOS

Los príncipes y feudales,  contando con ejércitos organizados, teniendo caballería y cañones,  vencieron a los campesinos el 7 de julio de 1525. Los últimos focos de resistencia fueron  exterminados el 25 de julio.

El más grandioso intento revolucionario del pueblo alemán terminó  derrotado.   En esos casi cuatro meses de desiguales combates perecieron unos 130 mil campesinos.  Luego,  se desató una cruel represión contra los sobrevivientes.

Tomás Münzer fue hecho prisionero, torturado y ejecutado el 27 de mayo de 1527, a la edad de 38 años. Subió al cadalso con la misma valentía que tuvo en toda su vida.

Martín  Lutero falleció en su lecho el 18 de febrero de 1546,  cuando tenía  53.