martes, 17 de marzo de 2026

LA PRIMERA REVOLUCIÓN OBRERA DE LA HISTORIA: LA COMUNA DE PARÍS

 

Mañana se cumplen, 155 años de la primera revolución obrera de la historia: La Comuna de París. Hoy, la recordamos a través de un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas.



LA PRIMERA REVOLUCIÓN OBRERA DE LA HISTORIA: LA COMUNA DE PARÍS

 

 

                                                       

                                                 Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                 Centro de Extensión e Investigación

                                                 Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

 



 

ANTECEDENTES

Hacia mediados de 1870, en Francia el  Segundo Imperio   vivía una aguda crisis. El emperador Napoleón III creyó que superaría la crisis interna lanzándose a un conflicto bélico.  El 19 de julio de 1870 le declaró la guerra a Prusia. El ejército francés fue derrotado. Napoleón perdió su Imperio.

 

Al conocerse el desastre, París fue estremecido por una explosión popular. Se formó un Gobierno Provisional, controlado por republicanos burgueses y algunos elementos monárquicos. Fue el “Gobierno de la Defensa Nacional”, hostil al pueblo.

Se logró organizar la lucha contra los prusianos. Pero el “Gobierno de la Defensa Nacional” jugó el rol de “Gobierno de la Traición Nacional”. El 27 de octubre de 1870, se produjo la vergonzosa  capitulación de Metz, contando los franceses con un ejército de 173.000 efectivos.

 

El 28 de enero de 1871 el Gobierno  francés concertó un armisticio con los prusianos. 

En febrero de 1871 se constituyó un gobierno reaccionario en Francia. A su cabeza  fue designado el monarquista   Adolfo Thiers, que eligió como su  sede la ciudad de Versalles.

  

LA REVOLUCIÓN

Ese mismo mes  de febrero de 1871, se organizó  en París el Comité Central de  la Guardia Nacional, que agrupó a los batallones  de obreros y artesanos,         que ya habían surgido en las luchas contra el Segundo Imperio de Napoleón III.

 

En el amanecer del 18 de marzo de 1871,Thiers  envió  tropas sobre París para desarmar a los batallones populares. Éstas llegaron a las colinas de Montmartre, al norte de París, con la intención de arrebatar los cañones allí emplazados por la Guardia Nacional. Al conocerse la noticia  se hicieron presentes decenas de milicianos de los batallones obreros. Ante esta resistencia popular, los soldados de Thiers en vez de disparar confraternizaron con los revolucionarios. 

Al anochecer de ese 18 de marzo de 1871, todas las dependencias del Estado  fueron ocupadas por destacamentos de la Guardia Nacional.  Por todas partes de la capital francesa flameaban  rojas banderas. 

Se había llevado a cabo la primera revolución obrera de la historia. Era el 18 de marzo de 1871.

 

 

LA COMUNA DE PARÍS 

El 26 de marzo tuvieron lugar las elecciones para designar los miembros del Consejo de la Comuna. Concurrieron a las urnas 300 mil ciudadanos.

 

El 28 de marzo de 1871  fue proclamada la Comuna de París. Por primera vez la clase obrera  había conquistado el poder.  La plaza de la Municipalidad y las calles adyacentes estaban colmadas de público y de tropas de la Guardia Nacional. En el escenario, levantado al efecto, se ubicó el Comité Central de la Guardia Nacional y los miembros electos del Consejo de la Comuna.

 

Un dirigente  proclamó la Comuna. Al nombrar  a los miembros del Consejo, un grito ensordecedor se elevó desde el corazón  mismo de París: ¡Viva la Comuna!

 

No se pronuncian discursos. Sólo exclamaciones de  ¡Viva la Comuna! Las bandas atacan los acordes de la Marsellesa y del Canto de la Partida. Millares de voces le hacen coro.

 

LAS OBRAS DE LA COMUNA

Durante casi tres meses pudo implementar una serie de decretos como:

-todos los miembros del gobierno tendrían un sueldo similar a un obrero;

-la disolución del Ejército regular sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática;

-la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos;

-la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales;

-se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas;

-se crearon guarderías para cuidar a los hijos de las trabajadoras;

-se prohibió el trabajo nocturno;

-las fábricas abandonadas por sus dueños fueron entregadas a los trabajadores por medio de cooperativas autogestionadas;

-se separó a la iglesia del Estado; todas las propiedades de la Iglesia pasaron a ser propiedad estatal;

-la educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria;

-los programas de estudios pasaban a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el carácter científico de las disciplinas;

-se dio una atención especial de la educación a la mujer, que habían sido olvidadas hasta entonces; se crearon escuelas para mujeres; se formó una comisión especial, para supervisar el establecimiento de escuelas para chicas.

-en el mundo del arte y cultura aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las bibliotecas.

-la bandera tricolor fue remplazada por la bandera roja como un símbolo de todas las fuerzas comuneras.

  

LAS JORNADAS DE MAYO DE 1871

París, la capital francesa, estaba  cercada por los ejércitos enemigos, por los versalleses y los prusianos. Los comuneros se defendían  heroicamente.

El 21 de mayo de 1871, las tropas de Thiers, con apoyo de los invasores prusianos, lanzaron el asalto general. Un traidor les había revelado el punto débil de la defensa. Por ahí irrumpieron.

Una lucha encarnizada, terrible, se libró en las calles de París. Ese episodio pasó a la historia como la Semana de Mayo.

Luisa Michelle, una profesora parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, luchadora incansable, se unió, como muchas otras mujeres, a los obreros defendiendo  la Comuna de París, ese poder obrero que se alzaba por vez primera sobre la faz de la tierra.

Luisa Michelle, fusil en mano, encabezó un batallón de mujeres. En las barricadas tomaron parte cerca de diez mil mujeres  obreras, socorriendo a los heridos,  levantando trincheras y luchando en ellas.

 

LOS ÚLTIMOS COMBATES

Se combatía contra  fuerzas muy superiores. Los comuneros defendían cada barrio proletario, cada casa.

En sus memorias  Luisa Michelle  relató los últimos combates que libraron 200 comuneros en el Cementerio Père  Lachaise: “Un puñado de valientes en el cementerio contra un ejército entero. Se combate entre las tumbas, en las zanjas y en el interior de las bóvedas; se combate cuerpo a cuerpo, con sables, con bayonetas, a culatazos; muchísimo más numerosos, mejor armados, con sus fuerzas frescas reservadas para la presión en París, los versalleses masacran implacablemente a los valientes... Al caer la noche, un grupo de sobrevivientes de los heroicos defensores de París fue cercado y fusilado junto a los muros del cementerio”.

 

(Ese muro, llamado “Muro de los Federados” es un lugar donde culminan las marchas de los trabajadores de París. Incluso, durante la ocupación nazi, a pesar de la estricta vigilancia ejercida por los soldados alemanes, cada mayo aparecían flores rojas en ese lugar. Fue un símbolo de la resistencia).

 

LA  DERROTA Y MASACRE

El 28 de mayo de 1871 cayó la última barricada levantada en el barrio proletario, en la calle de Ramponeau. La contrarrevolución había triunfado.

Lo del 28 de mayo fue sólo el inicio de la feroz matanza de los obreros parisinos.   Treinta y seis mil comuneros fueron masacrados,  Más de cuarenta mil arrojados a prisión y deportadas a lejanas colonias, condenados a trabajos forzados. Entre estos últimos estaba Luisa Michelle.

La reacción aplastó en un terrible baño de sangre a aquellos que pretendieron tomar el cielo por asalto, a los combatientes por la libertad.

  

 

CARLOS MARX Y LA COMUNA DE PARÍS

 

                      

 


En abril- mayo de 1871, Carlos Marx escribió su obra ”La Guerra Civil en Francia”, donde aborda el tema de la Comuna de París. Citamos algunos de sus planteamientos:

 

“Al alborear el 18 de marzo de 1871, París despertó entre un clamor de gritos de ‘Vive la Commune!’ ¿Qué es la Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses?

“Los proletarios de París -decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos… Han comprendido que es un deber  imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos tomando el poder”

Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del  Estado y tal como está y servirse de ella para sus propios fines”. (Ibidem, página 295)

 

“La gloriosa revolución obrera del 18 de marzo (de 1871) se adueñó   indiscutiblemente de París. El Comité Central (de la Guardia Nacional) era su Gobierno Provisional”. (página 290)

 

“Y si París pudo resistir fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército, sustituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trataba de convertir este hecho en una institución duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado” (Ibidem. Página 298)

 

“Una vez suprimidos el ejército y la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el ‘poder  de los curas’, decretando la separación del Iglesia del Estado y la expropiación de todas  las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos a la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apósteles”. (Ibidem. Página 298)

 

“Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros” (Ibidem. Página 298)

 

“La verdad es que la Comuna no pretendía tener el don de la infalibilidad,  que se atribuían sin excepción todos los gobiernos del viejo tipo. Publicaba sus hechos y sus dichos y daba a conocer al público todas sus imperfecciones” (Ibidem. Página 306)

 

“Maravilloso en verdad fue el cambio operado por la Comuna en París. De aquel París prostituido del Segundo Imperio no quedaba nada. París ya no era el lugar de cita de terratenientes ingleses, absentistas irlandeses, ex esclavistas y restacueros norteamericanos, expropietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres en el depósito, ni asaltos nocturnos, ni apenas hurtos; por primera vez des los días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París y eso que no había policía de ninguna clase”. (Ibidem. Página 307)

 

“…Era ésta la primera revolución en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única capaz de iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina -tenderos, artesanos, comerciantes-, con la sola excepción de los capitalistas ricos”. (Ibidem. Página 303)

 

“Desde el 18 de marzo hasta la entrada de las tropas versalleses en París, la revolución proletaria estuvo tan exento de esos actos de violencia en que tanto abundan las revoluciones, y más todavía las contrarrevoluciones de las ‘clases superiores’, que sus adversarios no pudieron denunciar más hechos que la ejecución de los generales Lecomte y Clément Thomas y lo ocurrido en la plaza Vendome. (Ibidem. Página 291)

El general Lecomte fue ejecutado por sus propios soldados. (Ver Ibidem. Página 291)

 

“La supuesta matanza de ciudadanos inermes en la plaza de Vendome es un mito de Thiers” (Ibidem. Página 292)

 

“He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un Gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo.

Sin esta última condición, el régimen de la Comuna habría sido una imposibilidad y una impostura. La dominación política de los productores es incompatible con la perpetuación de su esclavitud social”. (Ibidem. Página 301)

 

“Pero, al mismo tiempo, como Gobierno obrero y como campeón  intrépido de la emancipación del trabajo, era un Gobierno internacional en el pleno sentido de la palabra”. (Ibidem. Página 304)

 

“En su repugnancia a aceptar la guerra civil iniciada por el asalto nocturno que Thiers realizó contra Montmartre, el Comité Central se hizo responsable esta vez de un error decisivo: no marchar inmediatamente sobre Versalles, entonces completamente indefenso, acabando así con los manejos conspirativos de Thiers y sus ‘rurales’. En vez  de hacerse esto, volvió a permitirse que el partido del orden probase sus fuerzas en las urnas el 26 de marzo, día en que se celebraron las elecciones a la Comuna”. (Ibidem, Página 293)

 

“El heroísmo abnegado con que la población de París -hombres, mujeres y niños- luchó por espacio de ocho días después de la entrada de los versalleses en la ciudad, reflejan la grandeza de su causa, como las hazañas infernales de la soldadesca reflejan el espíritu innato de esa civilización de la que es el brazo vengador y mercenario” (Ibidem. Página 315)

 

“El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.

London, 30 de mayo de 1871”. (Ibidem. Página 319)

 

(Carlos Marx: “La Guerra Civil en Francia”, en Marx - Engels Obras Escogidas en un tomo. Editorial Progreso, Moscú)

 

FEDERICO ENGELS Y LA COMUNA

 

               


          

Veinte años después, Federico Engels escribió la Introducción en la edición de 1891 a “La Guerra Civil en Francia” de Carlos Marx. En ella señaló:

 

“Los miembros de la Comuna estaban divididos en una mayoría integrada por los blanquistas, que habían predominado también el Comité Central de la Guardia Nacional, una minoría compuesta por afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que prevalecían los adeptos a la escuela socialista de Proudhon.

 

En aquel tiempo, la gran mayoría de los blanquistas sólo eran socialistas por instinto revolucionario y proletario; sólo unos pocos habían alcanzado una mayor claridad de principios, gracias a Vaillant, que conocía el Socialismo Científico alemán. Así se explica que la Comuna dejase de hacer, en el terreno económico muchas cosas que, dese nuestro punto de vista actual, debió realizar. Lo más difícil de comprender es indudablemente el

 santo temor con que aquellos hombres se detuvieron respetuosamente en los umbrales del Banco de Francia. Fue éste además un error político muy grave. El Banco de Francia en manos de la Comuna hubiera valido más que diez mil rehenes”. (Federico Engels: Introducción en la edición de 1891 a “La Guerra Civil en Francia” de Carlos Marx, en Marx – Engels, Obras Escogidas en un tomo. Página 264)

 

“Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’ han vuelto a asumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber que faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: he ahí la dictadura del proletariado.

 

Federico Engels, Londres en el vigésimo aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de 1891” (Ibidem. Página 267)

 

 

LENIN: “LAS ENSEÑANZAS DE LA COMUNA DE PARÍS”

                           

                     


                         

El 18 de marzo de 1908, Lenin en un acto realizado  en Ginebra señaló:

“A pesar de que el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la comuna fue un ejemplo brillante de como el proletariado sabe cumplir unánime las tareas democráticas, que la burguesía solo sabia proclamar.

Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el poder, llevo a cabo la democratización del régimen social, suprimió la burocracia y estableció la elección de los funcionarios por el pueblo.

Pero dos errores malograron los frutos de la brillante victoria.

El proletariado se detuvo a mitad del camino: en lugar de proceder a la “expropiación de los expropiadores”, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la nación; no se apodero de instituciones como, por ejemplo, el banco; las teorías de los proudhonistas del “justo cambio”, etc., dominaban aun entre los socialistas.

El segundo error consistió en la excesiva magnanimidad del proletariado : en lugar de exterminar a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho , trato de influir moralmente sobre ellos, desprecio la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente militares y , en vez de coronar su victoria en Paris con una ofensiva resuelta sobre Versalles, dio largas al tiempo y permitió que el gobierno versallés reuniese las fuerzas tenebrosas y se preparase para la semana sangrienta de mayo.

 

Mas, pese a todos sus errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del siglo XIX.

Marx concedió un gran valor al alcance histórico de la Comuna: si cuando la pandilla de Versalles efectuó s traicionera incursión para apoderarse de las armas del proletariado parisiense, los obreros se las hubiesen dejado arrebatar sin lucha, la funesta desmoralización que semejante debilidad hubiera sembrado en las filas del movimiento proletario habría sido muchísimo más grave que el daño ocasionado por las pérdidas que sufrió la clase obrera al luchar en defensa de sus armas.

Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de esta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipo las ilusiones patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las taras de la revolución socialista.

El proletariado no olvidara la lección recibida. La clase obrera la aprovechara, como ya la ha aprovechado en Rusia durante la insurrección de diciembre…

La socialdemocracia supo acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y cuando se logró  arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre, en lo que ella participo directamente, el proletariado comenzó a prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada.

Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc.

 Y pese a la gran diferencia que había entre los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871, el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de Paris había sido la primera en utilizar: la guerra civil.

Teniendo presente sus enseñanzas, sabía que el proletariado no debe despreciar los medos pacíficos de lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el periodo preparatorio de las revoluciones.

Pero el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a campo abierto.

 El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre.

No importa que estas dos  sublevaciones de la clase obrera hayan sido aplastadas. Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado las que resultarán débiles. Ella dará la victoria completa al proletariado socialista”.  (Lenin: Informe en homenaje a los 25 años de la muerte de Marx, 60 años de la revolución de marzo de 1848 y 39 años de la Comuna de París. Ginebra, 18 de marzo de 1908, en Zagranichnaya Gaceta (“Gaceta Extranjera”) (núm. 2, del 23 de marzo de 1908)

 

 

RECABARREN Y LA COMUNA DE PARÍS

 

                 

 


El periódico chileno, “El Proletario”, de Tocopilla, fundado por Recabarren, publicó con fecha 24 de enero de 1905 un homenaje a Luisa Michelle, con motivo de su fallecimiento ocurrido el 10 de enero de 1905. Allí se decía:

“Luisa Michelle, profesora parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, se une, como muchas otras mujeres, a los obreros que luchan contra la dictadura militar del Segundo Imperio. Combate en defensa de la Comuna de París en 1871. Derrotada la Comuna, es condenada a 15 años de trabajos forzados en Nueva Caledonia. Amnistiada al cabo de 9 años, regresa a París ya convertida en socialista convencida. Escribe y defiende los derechos del socialismo y de la mujer, lo que le reporta varias condenas y prisión”.

En este mismo periódico, en su edición del 18 de marzo de 1905, Luis Emilio Recabarren escribió sobre la Comuna de París. En parte señalaba:

“Los sublevados de París que al grito de la ‘Comunne’ (Comuna) quisieron derribar la opresión burguesa, cayeron asesinados por millares en este día sangriento de la historia proletaria. Ellos buscaban la libertad de los pueblos…

La ‘Comunne’ proclamaba lo que llevamos como un programa en nuestros corazones los que nos llamados hombres libres; proclamaba el trabajo para todos como una necesidad para la salud física, la producción y el consumo en común y el libre cambio por la acción libre de los hombres.

“La guardia nacional que constituía el pueblo de París armado, secundó la acción del pueblo, que aprovechando el desbarajuste producido con la derrota impuesta por Alemania.

“Pero como los gobiernos se amparan todos, el gobierno alemán puso en libertad al ejército francés prisionero y vencido, con el cual el gobierno francés fusiló al pueblo matando a más de 35 mil trabajadores y destrozando así la primera revolución comunista que proclamaba la vida libre.

“El fracaso de este movimiento se debió más a la poca orientación de los revolucionarios que no tuvieron las suficientes energías para imprimir la verdadera marcha a este acto libertador.

“Pero este fracaso que en todo caso marca la primera jornada hacia la vida real, recordará en nuestra mente la necesidad de una reparación pronta y nos servirá la lección a los revolucionarios de todos los pueblos, para cuando llegue la segunda jornada no vacilar ni detenernos un instante en la marcha vigorosa de la revolución, que ha concluir con las iniquidades presentes, para alzar el trono de la justicia  a donde nadie pueda destruirlo.

“¡La ’Comunne’ fue el primer grito de los sublevados del mundo lanzado por el pueblo de Francia! Quiera nuestra suerte que la segunda acción sea también la final…

“No quisiéramos  pensar nunca en los hechos sangrientos y violentos para realizar los ideales puros d reformar el mundo malo de hoy, para tornarlo bueno y feliz. Mas la valla poderosa que nos coloca el egoísmo y la soberbia burguesa nos indica que sólo la fuerza es lo único capaz de vencer.

“Ya hemos rogado y suplicado mucho, nuestras lágrimas y nuestras quejas no han sido suficientes para ablandar el corazón  burgués.

“¡Se necesita de un océano de sangre caliente!

“Nuestros hermanos de la Francia nos señalaron el camino, gritemos con ellos: ¡Gloria a la ‘Comunne’ y a sus mártires!

                                                         Luis E. Recabarren S.”

 

 

 





VOLODIA TEITELBOIM VOLOSKY

 


En su 110 natalicio, recordamos en el Boletín Rojo, a Volodia Teitelboim Volosky, escritor, periodista, senador comunista, ex Secretario General del Partido Comunista de Chile. Le rendimos homenaje en estas páginas a través de un escrito del recordado Historiador Iván Ljubetic Vargas.

 

 

En su 110 natalicio:

 

 

 

                                                   Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                    Centro de Extensión e Investigación

                                                    Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

                         

 


 

“Odio no, nunca he tenido odio. Pero eso sí, considero que es necesario que haya memoria para que el animal humano chileno no choque de nuevo con la misma piedra; con una Dictadura que se va a hermosear y va a contar puras delicias, maravillas, para producir nuevos episodios de muerte”.   (Volodia Teitelboim)

 

SUS INICIOS

Nació en Chillán el 17 de marzo de 1916. Desde niño manifestó inquietudes literarias. También enorme sensibilidad social. Tenía 16 años cuando ingresó a las Juventudes Comunistas. Estudió Derecho en la Universidad de Chile, recibiéndose de abogado en 1945. Para entonces ya había hecho un largo camino como periodista y como dirigente político. Era miembro de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista.

 

UN REVOLUCIONARIO  EJEMPLAR

Durante el gobierno de González Videla, al iniciar éste la represión contra quienes más habían trabajado para que llegara a La Moneda, Volodia debió actuar en la clandestinidad.

 

Posteriormente,  después de ser derogada la “Ley Maldita” en agosto de 1958, fue elegido  Diputado por Valparaíso por el período 1961 y 1965. Luego, Senador por Santiago durante dos períodos  consecutivos hasta que los fascistas en 1973 aplastaron la democracia.

 

En el exilio durante 15 años trabajó en el programa “Escucha Chile” de Radio Moscú, fue dirigente del Partido y director de la revista Araucaria de Chile.

 

LA LITERATURA, SU AMANTE

Lo dijo muchas veces: "La política era mi mujer legítima y la literatura, mi amante. La amante me rondaba por las noches, pidiéndome cuentas".

Su obra literaria es numerosa y de elevada calidad. Por la que  recibió el Premio Nacional de Literatura 2002.

 

En 1935 en colaboración con  Eduardo Anguita publicó la  “Antología de la Poesía Chilena Nueva”, con exclusiones increíbles, como la de Gabriela Mistral, a quien consideraban "conservadora y anticuada”.

En 1943 publicó su ensayo político “El amanecer del capitalismo  y la conquista  de América”.  (Memoria para optar al título de abogado).

 










En 1952 apareció su  primera novela “Hijo del Salitre”( Basada en la vida de Elías Lafertte).

En 1954 nació la revista Aurora dirigida por Volodia Teitelboim que dentro de sus objetivos estaba "mantener combate sin tregua contra las múltiples falsificaciones inspiradas por el idealismo, filosofía de una sociedad en decadencia.

En 1957 publicó “La semilla en la Arena”, novela que narra la experiencia de los prisioneros de Pisagua.

 









En 1969 publicó  “Hombre y Hombre”, ensayo dividido en dos partes "Hombre verde", en torno a la literatura rusa, y "Hombre rojo", en torno a la literatura soviética.

En el exilio fue director de la Revista “Araucaria de Chile”.

En 1973 apareció su ensayo  “El Oficio ciudadano”; en 1974,  su novela “La Guerra Interna”; sátira con claro trasfondo político;  y en 1976 su ensayo “La Lucha continúa”.

En septiembre 1978 se publicó en México su antología  “Narradores Chilenos del Exilio”. En 1984 apareció “Neruda, Biografía”. Ese mismo año, fue lanzado en Madrid  su libro “En el país prohibido”.

En 1993 publicó “Huidobro. Siempre en Marcha” y en 1996, “Los dos Borges. Vida, sueños, enigmas”.

 








Un año después apareció “Un muchacho del Siglo XX”.  Fue el primero de una serie autobiográfica que lleva por título “Antes del Olvido”.

En 1998  apareció “En el país prohibido” y “Notas de un concierto europeo”;  en  2003,  “La vida de una suma de historias”,  el tercer tomo de “Antes del Olvido”.

 

UN MÉRITO NO RECONOCIDO PLENAMENTE

Pero, entre los grandes méritos, aportes y lecciones que nos dejó Volodia Teitelboim, debemos rescatar un hecho que no ha sido considerado como corresponde  y que  tiene enorme importancia para la historia del Partido Comunista de Chile: haber reivindicado la verdadera fecha de su fundación.

Recuerdo que, a mediados de octubre de 1981, estando en el exilio tuve la suerte de asistir  a una magistral charla dictada por Volodia en la ciudad de Francfort del Meno, en la entonces República Federal Alemana. Fue en esa ocasión  en que, por primera vez,  escuché plantear  la necesidad de estudiar el tema de la fecha de la fundación del Partido.  Volodia habló de recuperar 10 años de historia de los comunistas chilenos.

Debo confesar que sus palabras me dejaron  sorprendido e impresionado.

 

UN ARTÍCULO DE 1989

Años más tarde, en su artículo “El Renacimiento de Octubre: reflexiones sobre la revolución”, publicado en  Revista Internación N.º 11, de noviembre de 1989, página 8, Volodia afirmó:

“Yo creo que la Revolución de Octubre marcó el inicio en la cronología del movimiento comunista internacional, pero no significó el comienzo del comienzo. En esto hubo actitudes de amputación de su propia historia en muchos partidos, incluido el nuestro.

“Yo sostengo, por ejemplo, que algún día los comunistas chilenos tendremos que tomar la decisión en el sentido de que nosotros no nacimos como Partido el 2 de enero de 1922, cuando se pidió el ingreso a la  Tercera Internacional, sino diez años antes, en el momento de la fundación del Partido Obrero Socialista. Es ese mismo partido que pasó a llamarse Partido Comunista.

“Esta decisión fue aprobada por unanimidad. A diferencia de lo que ocurrió en otros países, no hubo escisión, no hubo división basada en divergencias ideológicas. Por eso creo que algún día nuestro Partido cambiará la fecha oficial de su fundación, estableciendo que nació en el año 1912, y no en Rancagua, sino en Iquique”.

                          

 



MOTIVADO POR  VOLODIA

Impresionado y motivado por las palabras de Volodia en Fráncfort, yo había  comenzado por entonces a   investigar y reunir material sobre el tema. ¿A qué conclusiones llegué? 

Que hasta 1956 (durante 44 años) se aceptó como fecha fundacional el 4 de junio de 1912. Que en  el XIV  Congreso Nacional, realizado en forma clandestina, en abril de 1956 en Cartagena, se resolvió cambiar la fecha del 4 de junio de 1912, por la del 2 de enero de 1922.

¿Cuáles fueron los argumentos para adoptar esa resolución? Que era falta de modestia aparecer como uno de los 3 o 4 primeros partidos comunistas  del mundo y que éstos eran fruto de la Revolución de Octubre.

Entonces comprendí mejor lo planteado por Volodia  en 1981 y desde ese momento fui un decidido  partidario de su tesis. Escribí en el exilio varios trabajos en ese sentido. Luego estudié la enumeración de los Congresos Nacionales del Partido.

 

SECRETARIO GENERAL

En mayo de 1989, en el llamado “XV” Congreso Nacional del Partido (en realidad fue el XIX),  llevado a cabo bajo las estrictas normas clandestinas, el compañero Volodia Teitelboim fue elegido Secretario General del Partido, cargo que ocupó hasta el XX Congreso efectuado en Santiago del 11 al 15 de agosto de 1994.

 

Entre fines de mayo y comienzos de junio de 1990, tuvo lugar en la capital una importante Conferencia Nacional. En su informe, Volodia señaló:

“Tal vez más que nunca hoy tenga sentido retornar a nuestras entrañables raíces históricas y sea la hora de aprobar en principio la proposición de reconocer como fecha de nacimiento de nuestra organización el año 1912, cuando Luis Emilio Recabarren fundó en Iquique el Partido Obrero Socialista, que diez años más tarde, en su IV Congreso celebrado en Rancagua pasó a llamarse Partido Comunista de Chile. Así recuperaríamos un trozo de nuestra historia, desplegando orgullosamente nuestro nombre como Partido Comunista de Chile”.

 

Esa Conferencia Nacional aprobó la proposición de Volodia Teitelboim, adoptando la histórica resolución de reivindicar la auténtica fecha fundacional del Partido de los comunistas  chilenos: el 4 de junio de 1912.

 

SOBRE LA EMUNERACIÓN DE LOS CONGRESOS DEL PC DE CHILE

En Julio  de 1994 se desarrolló el Primer Congreso Regional Metropolitano del Partido Comunista. Tanto en la Comisión en que participé, como en la plenaria final, enfaticé en la necesidad de llevar la proposición de que se cambiará la enumeración de los Congresos Nacionales del Partido, que el XVI se convirtiera en el XX.

 

Expliqué que en el XIV Congreso de Cartagena, en su Informe Galo González dijo:   “El anterior Congreso es conocido como el Trece Congreso. En tal enumeración se incluían los congresos efectuados por el Partido Obrero Socialista, que en 1922 se transformó en Partido Comunista. Lo más justo es enumerar nuestros congresos a partir de esta última fecha, es decir, a partir del último Congreso del Partido Obrero Socialista y Primer Congreso del Partido Comunista” 

 

Agregué: Si aceptamos la tesis aprobada por la inmensa mayoría de los componentes del  Congreso de Cartagena,  de enumerar los congresos a partir de la fecha del IV Congreso del POS, que corresponde –de acuerdo con la resolución allí aprobada– al I Congreso del PC, se deben eliminar los tres Congresos del POS. Por tanto, si el anterior es el XIII, el de 1956 le correspondería ser el XI,  pues 14 menos 3 son 11. Sin embargo, en vez de denominar al Congreso de Cartagena como el XI,  lo enumeran con el número X.  Fue un simple error de aritmética.

 

Pensé que como nadie objetó mi proposición se daba por aceptada.

Ocurrió que terminada la sesión plenaria me  encontré  con los miembros de la Comisión redactora de las conclusiones del Congreso Regional y me dijeron que no iba mi proposición, porque ello no había quedado claro como una resolución.

Estábamos en esa discusión cuando pasó la compañera Gladys Marín. Le expliqué de lo que se trataba y ella dijo: “Iván tiene razón, la proposición que él hizo fue aprobada. Debe ir  en las resoluciones del Congreso”.

 

Del 11 al 15 de agosto de 1994 se celebró el Congreso Nacional que se inició como XVI y finalizó como XX.

 

En el Informe, rendido por Volodia Teitelboim, se  dijo: “Después del XV Congreso, tras el análisis de su historia, se resolvió establecer como fecha de fundación de nuestro Partido el 4 de junio de 1912. Tomando en cuenta los Congresos nacionales realizados por el Partido Obrero Socialista, queremos proponer a esta magna reunión que este XVI Congreso pase a llamarse el 20º Congreso del Partido fundado por Recabarren, del Partido Comunista. Corresponde pronunciarse democráticamente sobre   esta proposición”.

Fue aprobada. De este modo, el evento iniciado como el XVI, finalizó como el XX  Congreso del Partido Comunista de Chile.

Nosotros hemos mantenido y mantendremos la correcta enumeración de los Congresos Nacionales del Partido Comunista de Chile, la que fue reivindicada en el Congreso de agosto de 1994, que se inició como el XVI y finalizó como el XX.

 

HASTA SIEMPRE, CAMARADA VOLODIA

El jueves 31 de enero de 2008  dejó de latir el corazón de un muchacho del siglo veinte,  Volodia Teitelboim Volosky.

 

                          


El sábado de 2 de febrero, luego de haber sido velado en el edificio del ex Congreso Nacional, el féretro con sus restos salió cubierto con una bandera del Partido Comunista y rodeado por cientos de personas. Militantes y simpatizantes comunistas enarbolaron banderas chilenas y de la colectividad para hacer un estrecho pasillo entre el edificio y la calle.

 

Camino al Cementerio General, recibió el homenaje de las floristas, quienes lanzaron pétalos al paso del cortejo fúnebre. En las afueras del cementerio se realizó un multitudinario acto. Uno de los oradores fue  su hija del, Marina Teitelboim, quien viajó desde Polonia. Dijo 'vine a despedir a un padre que no es sólo mío'. 'Con tu fuerte valentía, esperaste a que llegara (desde Polonia). Aquí estoy papá para rendirte un homenaje de hija'.

Marina Teitelboim  agradeció las numerosas señales de apoyo de miles de chilenos y representantes del mundo político y cultural.

Al acto asistieron delegaciones de los gobiernos de Venezuela y Cuba.

La ceremonia finalizó con La Internacional interpretada por el coro del Teatro Municipal de Santiago.

Volodia Teitelboim fue sepultado en forma privada.