jueves, 17 de septiembre de 2026

HACE 53 AÑOS ASESINARON A VÍCTOR JARA PERO SIGUE HOY COMBATIENDO

 

 

Ayer 16 de septiembre se cumplieron 53 años del asesinato de Victor Jara Martinez. Le entregamos a nuestros lectores y lectoras, un artículo escrito  por el compañero historiador Iván Ljubetic Vargas.

Boletín Rojo.


 

 

                                               Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                               Centro de Extensión e Investigación

                                               Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

              

                 

 


 

El martes 11 de septiembre de 1973 Víctor estaba en la UTE. Debía participar en un acto en que el Presidente de la República se dirigiría a todo el país comunicando su decisión de llamar a un plebiscito para salir de la crisis política provocada por la oposición. Se produjo el golpe fascista. Soldados del ejército rodearon la Universidad. Al día siguiente invadieron el recinto universitario.

 

EN EL ESTADIO CHILE 

Tomaron prisioneros a  los profesores, funcionarios y alumnos que se encontraban ahí. Fueron conducidos al Estadio Chile. Víctor iba entre ellos.

Las torturas las comienza a sufrir  el jueves 13 de septiembre:

 

“¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! Repitió, iracundo el oficial. ¡A ese huevón!...  ¡A ese!!  El soldado lo empujó sacándolo de la fila.

¡No me lo traten como señorita, carajo!  Ante la orden, el soldado levantó su fusil y le dio un feroz culatazo en la espalda de Víctor. Cayó de bruces, casi a los pies del oficial.

¡Ch’é tu madre! ... Vos soy el Víctor Jara huevón. El cantor marxista, ¡El cantor de pura mierda! 

 

 

EL HORROR DEL FASCISMO    

Y, entonces, su bota se descargó furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con sus manos. -

Víctor, herido, ensangrentado, permaneció bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento, con prohibición de moverse. Desde ese lugar, contemplaba el horror del fascismo.

Allí permaneció la noche del miércoles 12 y parte del Jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Víctor tenía varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. 

 

 

                     

                      

Estadio Víctor Jara ex  Estadio Chile

 

                       

CRUELMENTE TORTURADO 

El sábado  15 de septiembre de 1973, cerca del mediodía se supo que saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. Los prisioneros empezaron a escribirles a esposas, madres, diciéndoles que estaban vivos.  Víctor pidió lápiz y papel. Comenzó a escribir precipitadamente. De improviso, dos soldados lo tomaron y lo arrastraron violentamente hasta un sector alto del Estadio, donde su ubica un palco, gradería norte. Los soldados recibieron orden de golpearlo y comenzaron con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanzó a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no volvió a levantarse.

 

EL TESTIMONIO DE BORIS NAVIA 

Relata Boris Navia: “Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi Libreta, que Víctor me lanzó al ser arrastrado por los soldados, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, con su último canto, que escribió unas horas antes de morir y que el mismo tituló “Estadio Chile”, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas. Inmediatamente acordamos guardar este poema”.

 

Y  logró salvar el último poema de Víctor Jara para estremecer con sus versos a la humanidad:

 

ESTADIO CHILE

“Somos cinco mil

En esta pequeña parte de la ciudad.

Somos cinco mil.

¿Cuántos seremos en total

en las ciudades y en todo el país?

 

¡Cuánta humanidad

hambre, frío, pánico, dolor,

presión moral, terror y locura!

Somos diez mil manos menos

que no producen!

 

¿Cuántos somos en toda la Patria?

La sangre del compañero Presidente

golpea más fuerte que bombas y metrallas

Así golpeará nuestro puño nuevamente.

 

Canto que mal me sales

cuando tengo que cantar espanto

espanto como el que vivo

como el que muero, espanto”.

 

Al anochecer del  sábado 15 de septiembre de 1973, trasladaron a los prisioneros desde el Estadio Chile al Estadio Nacional. Al salir, atravesaron un recinto en el que había entre 30 y 40 cadáveres.

 

Boris Navia reconoció el rostro de Víctor Jara entre ellos. "Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar", fue el testimonio de Boris  Navia.

 

Horas antes, Víctor Jara había sido llevado por última vez a una de las habitaciones de los camarines del recinto. Allí, le quebraron las manos a pisadas y culetazos, lo obligaron a intentar tocar una guitarra, se burlaron de él, , lo abofetearon, lo torturaron.

"¡Cantante marxista, comunista conchadetumadre, cantor de mierda". Quien más lo insultó fue el teniente Edwin Dimter Bianchi, conocido como El Príncipe. Los militares comenzaron a jugar a la ruleta rusa, poniéndole un arma en la sien y dejando cada intento a la suerte, hasta que una de las balas se descargó matando a Víctor Jara.

El soldado José Paredes Márquez testificó que el cuerpo del músico cayó de costado y con convulsiones. El Príncipe ordenó que lo acribillaran, y así, le clavaron otros 43 tiros.

 

DOMINGO 16 DE SEPTIEMBRE DE 1973 

Durante la madrugada, dos vecinas de una población cercana al Cementerio Metropolitano de Santiago encuentran en un sitio eriazo, detrás de ese recinto, seis cuerpos. Al darles vuelta se dan cuenta que uno de ellos es Víctor Jara. Junto a otras personas, lo llevan al Servicio Médico Legal.

El cuerpo del cantautor chileno tenía 44 impactos de bala: 2 en la cabeza, 6 en las piernas, 14 en los brazos y 22 en la espalda.

 

MARTES 18 DE SEPTIEMBRE DE 1973 

Joan Jara, la compañera de Víctor, relata en “Víctor Jara un Canto Truncado”:

 

“Martes 18 de septiembre. Aproximadamente una hora después de levantarse el toque de queda, oigo el ruido del portón, como si alguien intentara entrar. Todavía está cerrado con llave. Me asomo a la ventana del cuarto de baño y veo a un joven afuera. Parece inofensivo y me decido a abrirle. Me dice con voz baja:

-Estoy buscando a la compañera de Víctor Jara. ¿Vive aquí? Por favor, confíe en mí. Soy un amigo –me muestra su carné-, ¿Puedo entrar un minuto? Tengo que hablar con usted –parece nervioso y preocupado. Me dice en un susurro-: Soy miembro de las Juventudes Comunistas.

Abro la puerta para que entre y nos sentamos en la sala.

-Lo siento, tenía que encontrarla... Lamento decirle que Víctor ha muerto... Encontramos su cuerpo en la morgue. Un compañero que trabaja allí lo reconoció. Le ruego que sea valiente y que me acompañe para identificarle. ¿Llevaba calzoncillos azul oscuro? Tiene que venir, porque su cadáver lleva allí más de cuarenta y ocho horas y, si nadie lo reclama, se lo llevarán y lo enterrarán en una fosa común.

 

UN JOTOSO LLAMADO HÉCTOR

Joan Jara continúa relatando en su libro “Víctor Jara un canto truncado”:

“Héctor –así se llamaba- había estado trabajando en la morgue, el depósito de cadáveres municipal durante la última semana, tratando de identificar cuerpos anónimos que llegaban diariamente. Era un muchacho amable y sensible y había corrido un gran riesgo yendo a buscarme. En su condición de empleado tenía una tarjeta especial y, después de mostrarla en la entrada, me introdujo por una pequeña puerta lateral del edificio, a pocos metros de los portales del Cementerio General...

  

LO ENCUENTRA SU COMPAÑERA 

“Bajamos un oscuro pasadizo y entramos en una enorme sala. Mi nuevo amigo me apoya la mano en el codo para sostenerme mientras contemplo las filas y filas de cuerpos desnudos que cubren el suelo, apilados en montones, en su mayoría con heridas abiertas, algunos con las manos todavía atadas a la espalda. Hay jóvenes y viejos... cientos de cadáveres... en su mayoría parecen trabajadores... cientos de cadáveres que son seleccionados...

“Nos envían a la planta superior. El depósito está tan repleto que los cadáveres llenan todo el edificio, incluyendo las oficinas. Un largo pasillo, hileras de puertas y, en el suelo, una larga fila de cadáveres, éstos vestidos, algunos con aspectos de estudiantes, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta... y en la mitad de la fila descubro a Víctor.

 

MIRABA DESAFIANTE

“Era Víctor, aunque le vi delgado y demacrado. ¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana? Tenía los ojos abiertos y parecía mirar al frente con intensidad y desafiante, a pesar de una herida en la cabeza y terribles moratones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones, los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta... el pecho acribillado y una herida abierta en el abdomen... las manos parecían colgarle de los brazos en extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas... pero era Víctor, mi marido, mi amor”.

 

SUS FUNERALES 

El martes 18 de septiembre de 1973 fueron los funerales de Víctor Jara. Relata  su compañera:

“La caminata hasta el lugar del cementerio donde Víctor sería enterrado debió llevarnos entre veinte y treinta minutos. El carrito chirriaba y rechinaba sobre el pavimento irregular. Caminamos y caminamos... mi nuevo amigo Héctor a un lado, mi viejo amigo Héctor al otro. Sólo cuando el ataúd de Víctor desapareció en el nicho que nos habían asignado estuve al punto de desplomarme. Pero estaba vacía de sentimientos o sensaciones y sólo se mantenía viva la idea que Manuela y Amanda esperaban en casa, preguntándose qué ocurría, dónde estaba yo”.

  

VENCIÓ SOBRE SUS VERDUGOS

Al día siguiente el diario La Segunda publicó un breve párrafo en el que informaba de la muerte de Víctor: “El funeral fue de carácter privado y sólo asistieron los familiares”.

 

Después todos los medios recibieron la orden de no volver a mencionar a Víctor. Pero en la televisión  alguien arriesgó su vida insertando unos pocos compases de “La Plegaria” sobre la banda sonora de una película norteamericana.

 

LOS  ASESINOS                          

El primer procesado por el asesinato de Jara, el comandante César Manríquez Bravo, era el jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile.

Pero Jara y el resto de los detenidos estaban bajo la custodia del teniente Pedro Barrientos, quien lideró las torturas y conspiró para asesinarlo. En todas sus declaraciones, Barrientos negó conocer en esa época al popular cantautor y haber estado en el Estadio Chile durante esos días, sin embargo, seis exsoldados aseguraron haberlo visto al menos unas 20 veces entre esos días.

En 2016, Barrientos fue condenado a pagar a la familia 28 millones de dólares de indemnización por daños y perjuicios, lo que equivale a más de 25 millones de euros. En la actualidad E ciudadano estadounidense y residente en el centro de Florida.

 

VÍCTOR SIGUE COMBATIENDO

Los fascistas asesinaron al cantor, pero sus canciones siguen emocionando y motivando. Son inmortales.

 

Fue así como Víctor,  el heroico joven comunista, venció sobre sus verdugos. A 47 años de su asesinato sigue cantando y combatiendo. Está  presente, por ejemplo, en las grandes manifestaciones de la rebelión popular contra el neoliberalismo, donde su “Derecho a vivir en Paz” es himno oficial.

             



NOTA: El heroico muchacho  comunista, que permitió encontrar el cadáver de Víctor Jara y acompañó a Joan Jara en el solitario funeral, se llama Héctor Herrera  y es actualmente socio del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER.              

 

 

 

 


Los monstruos.

 


Comentario radial y escrito.

 

 

 

 



Antonio Gramsci, fue un revolucionario italiano, cofundador del Partido Comunista de Italia.

Estuvo 11 años preso en las mazmorras fascistas de Mussolini.

Murió a los 46 años de una hemorragia cerebral al poco tiempo de quedar en libertad.

Lo asomo como un recuerdo a lo García Lorca.

Gramsci, actualmente, es el enemigo intelectual, más peligroso del fascismo.

Y digo a lo García Lorca, poque el poeta dijo una vez “que, no hay nada más presente, que un recuerdo”

Hoy recuerdo a Gramsci, asomo una reflexión suya.

Un decir, que me ha tenido por más de 65 años con mi intelecto amaranto en guardia, muy herido a veces, pero siempre en ristre.

Gramsci decía, más menos, que un mundo viejo, toda una humanidad estaba feneciendo, y un nuevo tiempo se levantaba, pero se demoraba demasiado en levantarse, en llegar y en ese lapso, aparecen los monstruos.

¡Ay dios mío de los coloraos!

Que monstruos más sanguinarios, más inhumanos hemos vivido cada uno de nosotros.

Quiero creer, que la colonia del sur de américa que habita Escandinavia, que vive por Europa, sabe de esos monstruos que habla Gramsci; quiero creer, me urge creer, que, los que fuimos políticamente vencidos por el fascismo en 1973, y, que seguimos siéndolo 53 años más tarde, sabemos, entendemos, que solo la práctica de la cultura, del enfrentamiento de las ideas, de sacarle jugo al tiempo, al humanismo, siendo políticamente disciplinados, podemos nuevamente, con los costalazos asumidos y entendidos, darnos las herramientas para vencer la ignominia del fascismo y abrigar, proteger, El SENTIDO COMÚN.

Quien iba a creer, que podríamos ser tan vulnerable, tan sin alas, sin el sentido común.

Sentido, actitud cognitiva, que tiene la potencialidad de abrir puertas y ventanas a un pensamiento crítico.

La vida en nuestro planeta, sin ese sentido común, sin esa responsabilidad humanista, ha permitido pavorosos crímenes de lesa humanidad.

Permitió que el conocimiento, destruyera parte de Hiroshima, de Nagasaki.

Y, sin embargo, 81 años después, pareciera que clarines y bayonetas se asoman nuevamente por encargo, y se borran de la memoria 225.000 muertos por una luz inhumana, devastadora.

Consiguieron, no sé cómo, seguir existiendo 136.000 heridos.

Que crimen más inmenso, que muerte artera al SENTIDO COMUN.

Y hoy, muy sueltos de cuerpo, en los mostradores del matadero, sugieren, se desliza, sin asco ni humanidad, bombardear nuclear un país, para poder, el Capital financiero, hacerse de sus recursos naturales.

En qué clase de seres humanos nos hemos convertidos.

Y esos monstruos desnudados por Antonio Gramsci, nos ahogan un 11 de septiembre, nos confunden, nos manipulan, olvidan nuestra casa de gobierno bombardeada, nos amarran invisibles, olvidados, en todos los programas televisivos en el polvo de escombros, de las Torres Gemelas en los Estados Unidos de Norte América.

Tanto poder, tanto conocimiento, sin embargo, aún no pueden identificar a 1.099 personas perdigadas.

Somos parte de cientos, de miles de exiliados, de millones de habitantes de mi paisito lindo, de mar y cordillera, que, por más de 53 años, hemos vivido denunciado el golpe fascista, cívico militar, contra el gobierno popular de Salvador Allende. 

También tenemos pedacitos de personas no identificadas.

Aun, no sabemos nada de 1162 personas desaparecidas, se las come el monstruo, quieren olvidarlas.

Van en el borrón y cuenta nueva.

Se han encontrados, los que hay, en fosas siniestras, en rendijas mineras, en los granos de arena de una playa, despojados de nombre y apellidos, osamentas sucias que podrían contar historias, hablar de sus sueños.

Podrían gritar de un golpe fascista, oligarca; de un crimen de lesa humanidad, amparado, financiado y empujado por el gobierno de Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos de Norte América.

¡Chemimare los monstruos pá grande!

¡Que ironía más espeluznante!

Ese tardar del nuevo mundo, el hacer de la política ha permitido y permite, la mutilación de la política construida a través de 300 mil años de existencia. 

El Gran Capital, el riquerio fáctico, asesina, destruye y corrompe por todos lados.

La infancia con hambre, en un siglo XXI, debería causar a cada habitante del planeta una arcada de vergüenza.

La infancia de olvido se desparrama, se desborda igual como el barro y agua en Nepal, como un eco sombrío y seco por Gaza, Cisjordania, Líbano, Yemen, Siria, Afganistán, Libia, los Balcanes, Ucrania.

Y saco a Ucrania, porque se viene de arcadas.

Los monstruos aprovecharon ese nacionalismo ucraniano ignorante, y al igual que en Chile, hace 12 años atrás, en 2014 parieron un golpe de estado.

El nazismo ucraniano le cabía y le cabe justo, a las pretensiones del Capital de apoderarse de las tierras de Máximo Gorki, de León Tolstói, de allí, a su gran anhelo, la China de Mao.

Según ellos, sería un parpadeo.

Yo soy, antes que todo, un antifascista, soy un antinazi, confío, a pesar de entender la violencia, la muerte violenta, agresiva, no estoy para nada, con la guerra.

Que vayan a guerrear, a matarse entre sí, aquellos que defienden sus intereses, sus privilegios en peligro.

El pueblo, con un azadón y una pala, agua y tierra, puede vivir a la pinta.

No son los rusos los que cometen la ignominia en la tierra que se formó Nikita, los monstruos son los que se visten de pardo, son los nazis, al servicio de las grandes trasnacionales.

Esas que quieren edificar una nueva Gaza, esos que necesitan geografías para los nuevos Colonos del Sionismo.

Esta cuestión de Vladimir Putin, presidente de Rusia, no la nombro mucho.

Dice un amigo, que Vladimir Putin, es un líder de tal magnitud, que son pocos como él, que nacen en cada cien años.

Yo miro a mi amigo cachuo.

No le rebato, no hay razón para llevarle la contraria. Siento que quieren destacar, no sé qué hacía por el 1960/1964/1969/70.

Por dentro, siento y veo, los 9 de mayo.

Van, 81 años que se celebra la victoria del Ejército Rojo, contra el nazismo alemán, veo en el desfile ondear al viento la hoz y el martillo, orgullosa, humilde, de trabajo.

Vladimir Putin, con su experiencia, conocimientos, podría haber actuado y sacudido, pisoteados los monstruos que devoraban por dentro a la Union Soviética.

Podría haberlo hecho.

Yo no hablo mucho de Putin.

Esas guerras de degaste, me traen a Afganistán, me atormentan Theran.

¿Como es posible, que ideologías como el nazismo, el fascismo, el sionismo puedan acarrear, amasar, tanto poder y hacer gobiernos?

Cuando el mercado está en manos privadas, y, las manos agarrotadas de tanto parir lingotes de avaricia, empieza a perder mostradores, mercancías, privilegios; es tiempo de guerra, de matar, mil veces matar, de arrasar todo.

¡Hay que borrar todo y cuenta nueva!

Quienes son los príncipes de la guerra, de la muerte:

El nazismo, el fascismo o el sionismo.

Hoy, no necesitan tanto como ayer de torturadores, de degolladores, de violadores, de asesinos a sueldo. Hoy basta con la “labia, la inteligencia artificial y con los medios digitales de comunicación masiva, y afines.

Hoy basta que la pederastia, la pedofilia, tenga recursos extraños y extorsione. Hoy basta que una ideología tardía, pero con plata, tenga sus bases financieras en la ciudad donde estuvieron las Torres Gemelas.

Hoy, 11 de septiembre, cerré los ojos, me vi, cabro imberbe todavía, salir del grupo curso, dejar el libro de clase en la sala de profesores, salir a la calle, ver camiones llenos de milicos con uniformes de guerra por la Alameda hacia el Faro, yo me fui contrario, a la Normal, celebrábamos el día del maestro.

¡El presente es de lucha y el futuro es nuestro!

Alejandro Fischer Alquinta

Estocolmo 20260913

 

 


RECORDANDO A DON LUCHO CORVALÁN EN SU 110º NATALICIO

 



 

Recordar a Don Lucho Corvalán, no es tarea fácil, comunista de la mayor parte de su vida, cumplió las más grandes responsabilidades en el Partido Comunista de Chile. Para un revolucionario leer sus escritos, son enormemente enriquecedores, un grande aporte a la Teoría de la Revolución, a la teoría  y práctica revolucionaria ( sobre todo hoy día que no se habla mucho de Revolución, de Marxismo, de Leninismo,...), generalmente sólo de progresismo y de centroizquierda. 

Dejamos a las y los lectores del Boletín Rojo un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas.  

 

 

 

                                                   Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                    Centro de Extensión e Investigación

                                                    Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

                                


 

Luis Corvalán Lépez nació cuando la primavera ya se anunciaba, un 14 de septiembre de 1916, en Pelluco,  Puerto Montt. En 1921 su familia se trasladó a Tomé. Allí ingresó al Partido Comunista.

 

En sus Memorias ‘De lo vivido y lo peleado’ relata: “Hice migas con un zapatero remendón, el maestro Palmita, que era miembro del Partido... Cierta vez, Palmita me invitó a una reunión comunista que se llevó a cabo en una casa del Cerro Estanque. En  tal ocasión di el paso más importante de mi vida: ingresé al Partido. Fue en 1932, creo que en el mes de febrero”.  Por entonces tenía 16 años y estudiaba en la Escuela Normal de Chillán.

 

EN LA ESCUELA SANTA MARÍA DE IQUIQUE

Su primera  designación como profesor fue  para la Escuela Santa María de Iquique, la misma en donde se produjo la masacre del 21 de diciembre de 1907.

Al año de haber iniciado su labor como maestro sufrió la exoneración, en agosto de 1936.  Gobernaba, por segunda vez, Arturo Alessandri Palma.

Abandonó Iquique y se dirigió a Concepción, donde vivía su familia. Se dedicó de lleno al trabajo partidario. A los pocos meses después fue citado a la capital, donde participó en un pleno del Comité Central de la Federación Juvenil Comunista, a cuya cabeza estaba  Luis Hernández Parker, que poco después fue reemplazado por Ricardo Fonseca.  Regresó a  Concepción. Luego volvió a viajar a Santiago.

 

Así lo explica  en sus Memorias: “A fines de año (1937) fui llamado a la capital para trabajar como secretario de Carlos Contreras Labarca, Secretario General del Partido, y desempeñar, al mismo tiempo, algunas tareas en el Comité Central de la Federación de Juventudes Comunistas”.

 

El 25 de octubre de 1938 triunfó Pedro Aguirre Cerda. Trabajó en varios periódicos obreros. Enviado por el Partido a Iquique, se hizo cargo de la dirección de “El Despertar de los Trabajadores”,  que Recabarren había fundado en 1912. Más tarde laboró   en El Siglo, del cual fue  designado director en 1946.

 

SE CASA CON LILY CASTILLO, SU FIEL  COMPAÑERA

 

                  


 

El 14 de diciembre de  1946  contrajo matrimonio con la compañera Lily Castillo. Escribe Luis Corvalán: “En Lily hallé un tipo de mujer que no había conocido. Además de buena moza y simpática, encontré que su afiliación a la causa comunista le salía de adentro”.

 

Tuvieron cuatro hijos: María Victoria, Viviana, Lily y Luis Alberto.

 

ENCARGADO DE PROPAGANDA

En 1948 pasó a la clandestinidad,  adoptando el nombre de Luis Correa. Encabezó la Comisión de Propaganda que estaba formada por Carlos Rosales, Eugenio Vallejos y el doctor Hernán Sanhueza. Eran los momentos más duros de la represión de González Videla. Ocupaba el cargo de Secretario General del Partido el obrero Galo González, que asumió  esa responsabilidad a la muerte de Ricardo Fonseca, el 21 de julio de 1949.  En 1950  Luis Corvalán  fue designado miembro del Comité Central. Narra don Lucho: “Con Galo  me veía dos veces a la semana. Juntos trabajamos en informes y artículos. Editamos clandestinamente la revista del Comité Central ‘Principios’.”

 

CUANDO LO CONOCÍ

El 4 de septiembre de 1952 el ex dictador Carlos Ibáñez ganó, por un impresionante margen, las elecciones presidenciales. Ese año fui designado miembro del Comité Regional Santiago de las Juventudes Comunistas, del cual era  Secretario Político Mario Zamorano. Me encomendaron la tarea de ser responsable de la revista ‘Principios’. En esa calidad fui citado a una reunión clandestina del Frente de Propaganda del Partido.  No recuerdo el lugar donde sesionamos. Pero sí del compañero que hizo un extenso, interesante y didáctico informe. Era bajo de estatura, muy flaco, de nariz pronunciada, con un bigotito debajo de ésta,  de mucho fumar y de convincente hablar. Se llamaba Luis Correa. Tiempo después supe que se trataba de don Lucho. Así lo conocí, en una reunión de Propaganda, eludiendo la represión del gobierno del “paco” Ibáñez.

 

 

                        

Lo conocí como Luis Correa

 

 

CUANDO LO ESCUCHÉ POR SEGUNDA VEZ

El 8 de marzo de 1958 recibimos en Temuco la triste noticia del fallecimiento del camarada Galo González, Secretario General del Partido.

 

Reunido el Comité Regional Cautín, se acordó designar una delegación de cuatro dirigentes que viajara esa misma noche a Santiago para participar en los funerales del compañero Galo. Uno de los que formó esa delegación fui yo, en mi calidad de Secretario del Comité Regional Cautín de las Juventudes Comunistas de Chile. Viajamos en tren toda la noche. Llegamos a Santiago a las 7 de la mañana del 9 de marzo. Nos dirigimos al Sindicato Sicchel, ubicado en Catedral 2789, esquina de Sotomayor. Allí estaba la capilla ardiente. Hicimos, como otros cientos, una guardia de honor junto a la urna donde estaban los restos mortales del compañero Galo.

En la tarde del 10 de marzo fueron los funerales. Los cuatro  de Cautín formamos parte del río de banderas rojas, puños y gritos.

“¡Compañero Galo González... Presente... Ahora y Siempre!”  “Y que fue... y que fue... Aquí estamos otra vez!”

 

En la Plazoleta del Cementerio General, un mitin de despedida. Allí habló el nuevo Secretario General del Partido. En su discurso sostuvo desafiante:

"¡Y notifiquemos desde esta tribuna, con toda la firmeza que caracterizó a Galo González, que hoy la ilegalidad del Partido Comunista ha terminado de hecho y para siempre!"

Allí  escuché por segunda vez al compañero Luis Corvalán.

 

SECRETARIO GENERAL

En el XIV  Congreso del Partido, efectuado clandestinamente  en Cartagena, en la Casa de Veraneo de la Escuela Faustino Sarmiento, en el mes de abril de 1956, había sido nombrado miembro de la Comisión Política y del Secretariado del Comité Central.

 

El 8 de marzo de 1958, al  fallecer Galo González, “el Comité Central –escribe Luis Corvalán  en “De lo vivido y lo peleado”- me eligió como su secretario general.  Galo González, en su lecho de muerte, había alcanzado a decir  a José González que, en su opinión, yo debería sucederlo. Julieta Campusano fue la primera en expresar su acuerdo:

-Corvalán –dijo- es un revolucionario formado por el Partido. Y se explayó en otras consideraciones y palabras elogiosas que no puedo repetir.”

Al respecto, Julieta Campusano expresó hacia 1975: “Corvalán recuerda siempre que fui la que lo propuse para secretario general del Partido, y se reía porque dije que lo proponía porque lo consideraba el más equilibrado de todos. Según mi concepto él aparecía indiscutiblemente como el compañero que debía suceder al compañero Galo...”

 

                                    

Julieta Campusano

 

CONQUISTADA LA LEGALIDAD

A comienzos de 1958, se constituyó un amplio Bloque de Saneamiento Democrático que tenía dos objetivos: derogar la Ley de Defensa de la Democracia y modificar la ley electoral para impedir el descarado cohecho, la compra del voto, que realizaba la derecha.

El 2 de agosto de 1958,  el Presidente Ibáñez promulgó  la ley que derogaba la Ley Maldita (engendro liberticida que había utilizado en gran parte de su segundo gobierno).

El Partido Comunista recobró su legalidad.

 

SU INFLUENCIA EN EL PARTIDO

La conquista de la legalidad determinó, entonces, una importante transformación al interior de la vida del  Partido Comunista.

 

Como sostuvo el escritor y periodista José Miguel Varas en 1975, "el cambio de 'clima' dentro del Partido fue muy notable, y se debió a la legalidad, pero no sólo a ello. Hubo algo muy personal en Corvalán que influyó a crear una sensación de gran confianza en la posibilidad de criticar, de que cada cual pudiera dar su opinión sobre cualquier materia, unido todo ello a la idea de que el Partido no era un club de debates, de que de todas maneras había que ser muy firme en las cosas fundamentales...”

 

                                         

José Miguel Varas

 

Y agregaba: "Hasta la llegada de Corvalán a la Secretaría General, el Partido era en mucho un Partido de obreros endurecidos, golpeados, resistiendo al enemigo. Y Corvalán planteó la perspectiva completamente distinta, aunque lógicamente ello no era sólo cuestión de él, sino que correspondía también a un cambio en la situación: 'Son ellos, los enemigos, los que tienen que estar a la defensiva. Ahora nosotros nos abrimos, ahora nosotros vamos a ser los dueños de la iniciativa aquí' ".

 

SENADOR

En  marzo de 1961, Luis Corvalán fue elegido Senador por la Séptima Agrupación Provincial (Ñuble, Concepción y Arauco). 

Jugó un rol  destacado en la convergencia de las fuerzas de izquierda en la Unidad Popular.

 

En 1964 se publicó el  folleto del compañero Corvalán titulado ‘Nuestra Vía Revolucionaria’.

El marzo de 1969 resultó electo Senador por la Tercera Agrupación Provincial (Aconcagua y Valparaíso)

 

Mi experiencia vivida en las cuatro campañas presidenciales con Allende, me permite afirmar que, en la única vez en que dirigentes y la  gente allendista  estábamos  absolutamente seguros  de que ganaríamos, fue en la del 64. Incluso los adversarios no se la tenían segura. Pero la tercera no fue la  vencida.

 

UN GRAN CONDUCTOR DEL PARTIDO

Durante los 31 años que Luis Corvalán fue el Secretario General del Partido, éste tuvo una amplia política de alianzas y  fue un factor decisivo en la unidad de las fuerzas democráticas y populares.

 

Era mediado de 1969. La derecha ya había designado a su abanderado para las elecciones presidenciales de 1970. Era Jorge Alessandri Rodríguez. Otro tanto  hizo la Democracia Cristiana, nombrando a Radomiro Tomic.

 

Los partidos de Izquierda  comenzaron a presentar sus candidatos. La Acción Popular Independiente, API, proclamó a Rafael Tarud, que recibió el apoyo del Partido Socialdemócrata; el Partido Radical postuló al senador Alberto Baltra Cortés; el MAPU presentó a Jacques Chonchol.

 

En el Partido Socialista, luego de una dramática sesión, en que la mayoría de sus miembros se abstuvo, el Comité Central del PS proclamó a Salvador Allende.

 

Ante la carencia de candidato único de la izquierda, el Partido Comunista decidió llevar como abanderado a Pablo Neruda, el martes 30 de septiembre.

 

SURGE  LA UNIDAD POPULAR

El 9 de octubre de 1969 fue un día histórico: se fundó la Unidad Popular. La constituyeron partidos marxistas: el Comunista y el Socialista; colectividades socialdemócratas: el Partido Radical, Socialdemócrata, la Acción Popular Independiente y un partido de raíz cristiana, el MAPU.

 

Don Lucho  jugó un  importante  rol en la  constitución de la Unidad Popular. 

En el Coordinador de la Unidad Popular se aprobó el Programa Básico del Gobierno Popular, se firmó por  las colectividades el Pacto de Gobierno. En él se establecieron las pautas por las cuales se regiría la administración de la Unidad Popular. También se aprobó un documento sobre el Estilo de la Campaña presidencial.

 

 

                                        

 


 

BUSCANDO AL CANDIDATO ÚNICO

La creación del Comité Coordinador de la Unidad Popular, la aprobación del Programa de Gobierno y de los otros documentos de la coalición de Izquierda, hicieron  pensar que pronto habría acuerdo sobre el candidato. Pero no fue así.

 

Se inició 1970, el año de los comicios electorales. Poco a poco se fue aclarando el panorama. Renunciaron Jacques Chonchol, Alberto Baltra, Pablo Neruda. Pero aún quedaban dos: Rafael Tarud y Salvador Allende. Ninguno con visas de ceder.

 

Ante la demora por la designación del abanderado, el PC dio un ultimátum a sus aliados. Convocó a una concentración pública en Santiago para el 22 de enero de 1970 y advirtió: si para el inicio de ese acto no hay acuerdo, el Partido Comunista proclamará definitivamente a Pablo Neruda.

 

SALIÓ HUMO BLANCO

Y ocurrió lo tan esperado. Poco antes del plazo señalado, el Comité Coordinador de la Unidad Popular llegó a un acuerdo. Fue así como al comenzar la concentración,

 

                     

                    

“Salió humo blanco…”

 

Luis Corvalán pudo decir:

“Salió humo blanco. Ya hay candidato único. Es Salvador Allende.” 


Estalló la alegría. La emoción pobló los corazones. La multitud llenó la Plaza Bulnes y sus alrededores con aplausos y gritos. La consigna enronqueció gargantas y cosquilleó las espaldas: “El pueblo, unido... jamás será vencido... El pueblo unido... “

 

Fue así, como desde el 22 de enero de 1970, faltando sólo 225 días para las elecciones presidenciales, la Unidad Popular – por fin – tuvo candidato. Era la cuarta vez que Salvador Allende postulaba como abanderado popular a la Presidencia de la República.

 

Con  Luis Corvalán a la cabeza,  los comunistas  entregamos una contribución fundamental para alcanzar la victoria popular del 4 de septiembre de 1970   y fuimos gran aporte durante el  gobierno presidido por Salvador Allende.

 

EN EL GOBIERNO POPULAR

En el Gobierno de Salvador Allende, los comunistas participamos en el Gabinete con tres ministros y estuvimos a la cabeza de la batalla por la producción.

 

El 4 de abril habían tenido lugar las elecciones municipales en que la Unidad Popular logró el 50,86% de los votos.

 

El 11 de julio, se nacionalizaron las empresas que explotaban la gran minería del cobre.

 

En agosto apareció el libro de Corvalán ‘Camino de Victoria’.

El 2 de enero de 1972, presidió el gran acto de masas que el Partido realizó en el Estadio Nacional.

 

                                         

 

 


PRISIONERO POLÍTICO

El 11 de septiembre de 1973 los fascistas asaltaron el poder. Bombardearon y atacaron La Moneda, en donde murió el compañero Presidente.

 

Después del golpe fascista, Luis Corvalán fue detenido el 27 de septiembre de 1973. Estuvo como prisionero político en la Escuela Militar, en la Escuela de Infantería de San Bernardo, en Isla Dawson, Ritoque y Tres Álamos. Mientras estuvo en manos de la dictadura, envió mensajes plenos de fuerza y optimismo. Proclamó: “No temo por mí. Amo la vida, pero no temo la muerte si fuera necesario caer por mi causa”. Por su parte, la compañera Lily se jugó por entero por su vida y su libertad.

 

Fue liberado por la solidaridad internacional, en especial de la Unión Soviética, el 17 de diciembre de 1976. Realizó una gran actividad en el exilio.

 

MI ENCUENTRO CON DON LUCHO EN BONN

El 11 de mayo de 1978 viajé a Bonn a un Encuentro organizado por el Comité de Solidaridad Antiimperialista de la RFA (ASK) de las organizaciones de la  solidaridad con Chile y los chilenos exiliados con el camarada Luis Corvalán que realizaba una gira por diversos países, luego de haber sido arrancado de las garras fascistas por la solidaridad internacional. Allí tuve la oportunidad de abrazar al querido compañero Luis Corvalán Lépez, a quien considero el más grande dirigente comunista chileno después de Luis Emilio Recabarren. Una foto aparecida en la contraportada de la edición Nº 7-8 de 1978, de la revista “Boletín Antiimperialista  de Información” (AIB), ha dejado plasmado ese abrazo,  con la lectura: “Alegre reencuentro: Iván Ljubetic y Luis Corvalán en el evento organizado por el ASK el 11 de mayo de 1978”.

 

El 3 de septiembre de 1980 proclamó en un acto en Moscú la Política de Rebelión Popular de Masas.

 

El 20 de agosto de 1983 ingresó clandestinamente a Chile.

 

EL “XV” CONGRESO CLANDESTINO

Era mayo de 1989. Hacía casi un mes que yo  había llegado a Santiago. Concurrí  al local de “Chile, ríe y canta”, donde habíamos sido citados.  Nos reunimos gran cantidad de compañeros. Algunos viejos conocidos con los que no nos veíamos 16 o 30 años. Otros nuevos. Escuchamos el Informe del Comité Central al Congreso.

 

Después los delegados del exterior fuimos concentrados en un punto de Santiago, en donde nos entregaron copias del Informe para que lo estudiáramos durante un día.

 

A la mañana siguiente, en una esquina del centro, nos pasó a buscar una camioneta en la que partimos rumbo a la costa. Llegamos a una gran casa cerca del Pacífico, en San Sebastián.

 

Desde el comienzo yo estaba admirado de la eficaz manera en que todo funcionaba y las adecuadas medidas de seguridad.

 

Allí nos encontramos con muchos otros camaradas. Conversábamos alegremos. Trataba de reconocer a viejos amigos.

 

De pronto se me acercó alguien  a quien no ubicaba. Me dijo: “¿No me saluda, compañero Iván?”.  Por su voz supe que era don Lucho.

 

                                

¿No me saluda, compañero Iván? 

 

 

 

DE SU INTERVENCIÓN

En ese Congreso, el compañero Corvalán hizo una buena intervención, en mi opinión, la mejor.

 

Comenzó diciendo: “Esta es la primera reunión con más de diez personas en que participo desde mi ingreso al suelo patrio. He sentido una inmensa alegría al ver con mis propios ojos el gran Partido que tenemos.”

 

Más adelante enfatizó: “Entre las concepciones obsoletas está la exaltación  de la llamada pureza de la línea, en custodia de la cual más de algún compañero ha creído buenamente, tener una misión predestinada. La línea del Partido está en constante confrontación con la práctica y, por tanto, no es nunca pura ni exacta; está sujeta a  rectificaciones y perfecciones de uno u otro volumen y, como se ha remarcado en el Congreso, el Partido es una organización viva que tiene sus propias contradicciones y es campo de lucha permanente entre lo nuevo y lo viejo.”

 

Agregó: “Yo estuve seis años y medio en el exilio. El mayor tiempo el trabajo del Partido estuvo encabezado afuera por el compañero Volodia. Quiero expresar que, a mi juicio, tanto él como los compañeros Américo Zorrilla, Orlando Millas y otros hicieron un gran trabajo en varios aspectos, preocupados de ayudar al Partido del interior.”

 

En ese Congreso clandestino de mayo de 1989, Don Lucho dejó la  secretaría general del PC,  siendo reemplazado por el compañero Volodia Teitelboim, pero  siguió como miembro del Comité Central.

 

DESPUÉS DEL RETORNO

Regresé a Chile el 23 de octubre de 1990. Me quedé a vivir en Ñuñoa. Visité varias veces al compañero Corvalán en San Bernardo. Siempre me recibió muy fraternalmente, como lo hacía con todos los compañeros. Me ayudó mucho cuando escribía ‘Don Reca’ y otros libros. Me entregaba  informaciones y opiniones. Me prestó y regaló folletos y  libros suyos. Uno de estos fue ‘Camino de Victoria’, que me lo dedicó con hermosas palabras: “A mi viejo y querido compañero Iván Ljubetic Vargas dejo en sus manos, ¡en buenas manos! este ejemplar de un libro que recoge la posición y la experiencia del Partido en un buen trecho de su vida. Luis Corvalán. San Bernardo, 11 de noviembre de 1998”.

 

                                               

       


Después se trasladó a Ñuñoa. Seguí visitándolo. Cuando no lo hacía me invitaba a hacerlo. Estuvimos juntos en muchos actos y reuniones. Siempre era de gran interés escucharle. Era uno de esos dirigentes, como quedan pocos, dedicados a transmitir sus experiencias y conocimientos. Aprendí mucho de él. Fue un gran maestro.

 

Cuando tuve problemas con algunos dirigentes del Partido, él siempre me aconsejó sabiamente. Fue muy solidario conmigo.

 

En julio de 2010, pocos días antes su fallecimiento, fue la última vez que estuve con él.

 

Nos reunimos en su casa de calle Francisco Villagra junto con David Mc Conell, para intercambiar opiniones sobre un libro que  deseaba escribir sobre el Partido Comunista y la democracia. Lo noté muy cansado, pero jamás pensé que sería la última ocasión de estar juntos físicamente.

 

Su corazón de comunista dejó de latir el 21 de julio de 2010.

 

 

               

 


 

LA HERENCIA TEÓRICA DE DON LUCHO

Escribió muchos artículos, informes, comentarios. Todos plenos de riqueza ideológica.

 

Entre sus libros tenemos:

“Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar” (1952),

“Camino de Victoria” (1971),

“Algo de mi vida” (1978),

“Chile: 1970 – 1973” (1978),

“La Rebelión Popular se abre camino en Chile” (1981),

“Tres Períodos de nuestra línea revolucionaria” (1982),

“Santiago-Moscú-Santiago” (1983),

“El derrumbe del poder soviético” (1993)

“De lo vivido y lo peleado. Memorias” (1997)

“El Gobierno de Salvador Allende” (2003)

“Los comunistas y la democracia” (2008).

 

UN COMUNISTA DE VERDAD

Nos embarga el  sano orgullo y la alegría  de haberlo conocido, compartido con él en múltiples ocasiones. Siempre estuvo presente en las reuniones de su  célula y en todo acto que realizamos en Ñuñoa; siempre feliz cuando en nuestras fiestas de confraternidad entregábamos carné a nuevos camaradas.

Siempre insistiendo en la necesidad de crecer, de tener un Partido más grande.

 

Don Lucho fue la sencillez y la fraternidad comunista hecha persona.  Ocupó los más altos cargos en el Partido, pero mantuvo siempre esa modestia que sólo los grandes seres humanos pueden mostrar.

 

Don Lucho sigue junto a nosotros. No olvidamos su pensamiento, su existencia y obras de un comunista de verdad.

 

En mi opinión, el más grande dirigente comunista chileno después de Luis Emilio Recabarren.