viernes, 4 de septiembre de 2026

4 DE SEPTIEMBRE DE 1970

 


Hoy se cumplen 56 años del triunfo de la Unidad Popular, encabezada por el Doctor y Revolucionario Salvador Allende Gossens. Para recordar tan memorable fecha en la Historia de Chile  y del Movimiento Popular chileno, entregamos a nuestras lectoras y lectores, un árticulo del compañero Iván Ljubetic Vargas.

Boletín Rojo

 


VIERNES 4  DE SEPTIEMBRE  DE  1970

 

   UN HITO ESTELAR  DE  LA HISTORIA DE CHILE

 

 

                                                        Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                        Centro de Extensión e Investigación

                                                        Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

 


 

OCURRIÓ HACE 56 AÑOS 

El jueves 3 de septiembre  de 1970, Luis Corvalán, Secretario General del PC, pronunció un discurso por cadenas de radioemisoras. Llevaba por título "Mañana debemos triunfar" y en él afirmó:

 

"El  momento que vivimos es favorable al triunfo y al éxito... El día de mañana es decisivo. De la movilización masiva y a primera hora hacia las urnas, de la vigilancia de los apoderados en cada mesa, del control de los cómputos, del desbaratamiento de toda martingala, de la actitud de cada uno de nosotros puede depender, en último término, el resultado que arrojan las urnas...

"En manos del pueblo está su futuro. El Partido Comunista lo llama a emplearse a fondo en la batalla de mañana, a elegir a Salvador Allende Presidente de la república y a seguir caminando unido en pos de sus nuevos destinos."  (Publicado por “El Siglo”, del 4 de septiembre de 1970)

 

                    

 


Viernes 4 de septiembre de 1970. Desde las 7,30 comenzaron a llegar los vocales y apoderados de las mesas en los diversos lugares de votación. Había nerviosismo, tensión, expectación en el ambiente.

A las 8, empezaron a desfilar los ciudadanos. Emitían su voto, algunos después de hacer cola durante horas. La gente, como era costumbre, se vistía con su traje dominguero. Las elecciones eran para los chilenos un día de fiesta. Las radios y la televisión hacían reportajes, entrevistas, adelantaban vaticinios.

 

Las mesas que habían iniciado su funcionamiento a las 8, cerraron la votación a las 16. Las otras debían seguir recibiendo electores hasta cumplir las 8 horas establecidas por la Ley de Elecciones. Comenzaron los escrutinios. En cada mesa se repetían las mismas escenas: alegría en los rostros de los partidarios del candidato, cuyo nombre leía el presidente de la mesa en la Cédula Única, inquietud en otros. 

Los medios de comunicación de masas entregaron los primeros cómputos, muy parciales aún. Chile quedó de pronto desierto. Ni un alma en las calles. Toda la gente junto al televisor o la radio. La mayoría, en sus casas. Los dirigentes en los locales de las candidaturas.

 

A las 20 horas, según escribe Ignacio Gayango en “Chile: el largo camino político al golpe”, página 8:

 

"El Ministro del Interior, Patricio Rojas, avisaba telefónicamente a Jorge Alessandri que su candidatura iba triunfando; al mismo tiempo, el Subsecretario retardaba por varias horas la entrega de cómputos." 

 

Los resultados parciales daban leve ventaja a Salvador Allende, que no  votó en esa ocasión por estar inscrito en Punta Arenas. Los periodistas de radio y televisión contribuóan a crear confusión, algunos repetían una y otra vez que Allende lleva la delantera, pero que falta la mayor parte de los resultados de las mesas de mujeres.

 

En verdad, a esas horas nadie estaba seguro de nada. Según afirma Joan Garcés  en “Chile, el camino político hacia el socialismo” (citado por revista Ercilla Nº 1935, del 16 al 22 de agosto de 1972, página 9):

 

 "Muchos y destacados dirigentes de la izquierda comprometida en la campaña electoral se resistían a creer, hasta el término mismo de los escrutinios, que la vía electoral pudiera llevarlos a otro resultado que a una nueva frustración." 

 

 

¡VENCIMOS!

 


A las 22 horas tanques del Ejército aparecieron en el centro de Santiago. Procedieron a rodear La Moneda.

Cerca de la medianoche, Chile estalló en gritos, abrazos, lágrimas de alegría y banderas. Faltando cinco minutos para las 24 horas, el general Camilo Valenzuela, comandante general de la Guarnición de Santiago, comunicó a Salvador Allende, en nombre del ministro del Interior y de las Fuerzas Armadas, que había obtenido la primera mayoría relativa y que el Gobierno autorizaba la celebración de un mitin de sus partidarios a las 0 horas y 30 minutos. 

Jóvenes democratacristianos salieron a la calle y se abrazaban con los de la Unidad Popular. El candidato de su partido fue el primero en reconocer el triunfo de Allende. En un gesto generoso y de hidalguía envió a éste un telegrama en que le dice:

 

"Salvador, felicitaciones por la victoria. Más honrosa mientras más dura y difícil. Ella le pertenece al pueblo, pero también es tuya. Radomiro Tomic." (Citado por José Lavretski en “Salvador Allende”, página 118)

 

Pero la derecha del PDC no tuvo igual actitud. Por el contrario. 

Por su parte, la reacción -asustada con su propia propaganda del miedo- se escondió en sus casas y palacetes. Cerraron a machote puertas y ventanas. Algunos prepararon las maletas para salir del país. Otros, comenzaron a conspirar para cerrarle el camino hacia La Moneda al pueblo. Esa misma noche crearon el grupo fascista "Patria y Libertad".

 

La gente allendista salió a la calle, entusiasta, eufórica, pero serena y disciplinadamente. No hubo nada parecido al caos, a la invasión de los barrios de los ricos, que anunciaba la campaña del terror. 

El acto del 4 se inició al empezar el 5 de septiembre. Fue en la Alameda, frente a la sede de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH. Desde uno de sus balcones habló Allende al país. Ante una multitud enfervorizada, combativa, llena de felicidad. Agradeció el apoyo recibido. Recordó que esa victoria era fruto de una larga y difícil lucha. Evocó a quienes la hicieron posible. Llamó a la responsabilidad y a estar vigilantes para impedir que se escamotee un triunfo tan limpiamente conseguido.

 

“SERÉ EL COMPAÑERO PRESIDENTE” 

Esa madrugada, Allende contrajo un compromiso:

"Para los que están en la pampa o la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero Presidente."

 

Más adelante, emocionado, señaló:

"¡Cómo siento en lo íntimo de mi fibra de hombre, cómo siento en las profundidades humanas de mi condición de luchador, lo que cada  uno de ustedes me entrega! Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la Revolución Chilena que vamos a realizar."

 

Y finalizó categórico:  "A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo; con la lealtad del Compañero Presidente."  (Editora Quimantú: “Allende. Su Pensamiento Político”, páginas  10, 12 y 13)

 

LOS CÓMPUTOS OFICIALES 

Horas después, se conocen los cómputos oficiales. Concurren a las urnas 2.954.799 electores. Allende obtiene 1.070.334 votos, un 36,22% del total; Alessandri, 1.031.159 votos, un 34,9% y Tomic, 821.801, un 27,81%. Votos nulos y en blanco, 31.505.

 

"El triunfo de la Unidad Popular - afirma el general Carlos Prats - causa gran desconcierto y conmoción en las esferas de Gobierno y de la derecha política y económica."  (Carlos Prats González: “Memorias”, página 161)

 

DESDE LOS TIEMPOS DE RECABARREN 

“Esto que hoy culmina es una larga jornada” –dijo el candidato triunfante, cuando  amanecía  el 5 de septiembre- “Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo”. 

Tenía razón, una vez más, Allende. Ese 4 de septiembre no fue algo espontáneo.  Era el resultado de un largo proceso de unidad y de luchas. Un camino iniciado, en los albores del siglo XX, por un obrero tipógrafo llamado Luis Emilio Recabarren. 

El triunfo del 4 de septiembre de 1970 abrió el camino para conquistar el Gobierno Popular, encabezado por Salvador Allende, el más progresista y patriota de la historia de Chile.

 

         


 

 



HACE 102 AÑOS HUBO “RUIDO SE SABLES” POR DIETA PARLAMENTARIA

 

Se cumplieron 102 años del “Ruido de Sables” por Dieta Parlamentaria. Entregamos a nuestras lectoras y lectores, un artículo del compañero Iván Ljubetic Vargas.

Boletín Rojo.

 


 

                                                     Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                     Centro de Extensión e Investigación

                                                       Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 


     Edificio del Congreso Nacional. Santiago de Chile, Mes de agosto de 1924

 

 

El 2 de septiembre de 1924, estaba  el Senado reunido  discutiendo un proyecto sobre dieta parlamentaria, consistente en cancelar a cada senador y diputado la suma de dos mil pesos mensuales. En forma sorpresiva  llegaron hasta las tribunas de esa cámara cincuenta oficiales jóvenes del Ejército con sus uniformes.

Ello causó profunda molestia a los senadores, porque lo interpretaron –acertadamente- como un gesto de repudio a la dieta. Era una clara demostración de que la joven oficialidad miraba con malos ojos esa discusión

a que se dedicaba el Congreso desde el 11 de agosto de ese año

 

Al día siguiente, concurrió un número superior de militares, pero se les impidió  ingresar a las tribunas. Entonces subieron a las gallerías. Se hizo presente allí el ministro de Defensa, Gaspar Mora, quien les ordenó retirarse. Los oficiales obedecieron, pero manifestaron su molestia haciendo sonar sus sables. Este “ruido de sables”, fue el primer paso de rebelión de la oficialidad joven de la Guarnición de Santiago.

 

UN COMITÉ DE OFICIALES PROGRESISTAS

El 5, se constituyó la Junta Militar y Naval, un comité deliberante de tendencia progresista, que llegó incluso a formar una Comisión de Difusión Obrera, encabezada por el capitán Carlos Millán, que tuvo numerosas reuniones con con Recabarren y otros dirigentes sindicales de la  FOCH (comunistas) y con anarcosindicalistas.

Esa Junta Militar y Naval presionó al Parlamento, logrando que éste aprobara, sobre tabla, el día 8 de septiembre, 16 proyectos de ley  sociales –progresistas para entonces- que tramitaba hacía tiempo. (Una de esas leyes aprobadas fue la Nº  4.057 sobre organización sindical, que  tenía por objetivo destruir el movimiento sindical revolucionario)

 

GOLPE MILITAR REACCIONARIO

El 11 de septiembre de 1924 se produjo un golpe militar reaccionario. Tomó el poder una Junta de Gobierno  retrógrada, formada por los generales Luis Altamirano y Juan Pablo Bennett,  más el vicealmirante Francisco Neff. Desde el primer momento quedaron en claro las profundas contradicciones entre la Junta Militar y Naval y la Junta de Gobierno. Esta designó un gabinete constituido en su mayoría por miembros de la Unión Nacional, coalición derechista,  y exigió  la “depuración política y administrativa del país”. 

 

 

 


 

Al producirse el golpe del 11 de septiembre de 1924, Alessandri abandonó secretamente La Moneda, se asiló en la Embajada de Estados Unidos y desde allí envió su renuncia al Congreso. Este la rechazó y le autorizó el uso de una licencia por seis meses, con facultad para ausentarse del país.

 


Junta de Gobierno reaccionaria instalada el 11 de septiembre de 1924

 

La Junta de Gobierno el mismo 11 de septiembre hizo público un Manifiesto donde realizaba promesas, en especial  la de convocar a una democrática asamblea constituyente para elaborar una nueva Constitución Política. Pero, al día siguiente, clausuró el Congreso Nacional y aceptó la renuncia de Alessandri, dejando nula la licencia que le otorgara el Parlamento.

 

CONTRADICCIONES EN EL EJÉRCITO

Cada vez era más clara la existencia de dos posiciones contrapuestas en la oficialidad del Ejército: por un lado, los oficiales jóvenes, con mentalidad avanzada y con un entusiasta espíritu reformista, agrupados en la Junta Militar y Naval, y por el otro, el sector reaccionario, encabezado por la Junta de Gobierno, que lideraba el general Luis Altamirano.

Sin embargo, éstos últimos posaban de progresistas y tomaron sentidas aspiraciones de los trabajadores, duramente golpeados por la represión del Gobierno de Arturo Alessandri Palma, en especial  con la masacre de San Gregorio y la no solución al problema de la cesantía, las alzas de precios, etc.

 

 

 

A 95 AÑOS DE LA SUBLEVACIÓN DE LA MARINERÍA CHILENA

 

A 95 años de la sublevación de la marinería en Chile le entregamos a nuestros lectores un escrito del Historiador Iván Ljubetic Vargas.

 


                                                Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                 Centro de Extensión e Investigación

                                                 Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

           RUSIA 1905: MOTIN EN EL ACORAZADO POTEMKIN

 

                                    


                             

El Potemkin fue un acorazado ruso que se construyó para la Flota del Mar Negro de la Armada Imperial Rusa. El buque se hizo famoso por el motín de sus tripulantes contra los oficiales en junio de 1905, durante la  Primera Revolución Rusa de 1905. Este motín se consideró un primer paso hacia  la Revolución Socialista de 1917. Se convirtió en un símbolo revolucionario, gracias a la película muda “El Acorazado Potemkin”, dirigida por el gran cineasta soviético Serguéi Eisenstein, en 1925.

 

 

                    CHILE: VEINTISÉIS AÑOS DESPUÉS

Coquimbo,  agosto de 1931. Gobernaba el Vicepresidente Manuel Trucco. Los oficiales de las naves de la Armada, surtas en ese puerto, elevaron una petición solicitando anular la orden del ministro de Hacienda Pedro Blanquier, de rebajar los sueldos en un 30%. El comodoro de la Escuadra y comandante del "Almirante Latorre", Alberto Hozven, retuvo la solicitud. Los oficiales, no se atrevieron a insistir. Pero instigaron a las tripulaciones para que presentaran un pliego de peticiones.

Cundía la inquietud entre los marinos. Al enterarse de ello, el comodoro Hozven reunió en el Latorre a 20 representantes de cada unidad anclada en Coquimbo.

Les dijo: "Es una cobardía pedir que no se efectué la rebaja de sueldos de un 30% sabiendo que el país está en bancarrota. Castigaré con la expulsión cualquiera que sea el número de cobardes, a quién intente presentarme esas peticiones..."

 

 

El Latorre

 

COMIENZA LA INSURRECIÓN

31 de agosto de 1931, 20 horas. En el Latorre se reunieron clandestinamente los tripulantes de todas las naves surtas en la Bahía de Coquimbo. . Acordaron:

1.- A las 0,40 horas del 1º de septiembre las tripulaciones deben apoderarse de los barcos y mantener en sus camarotes, con centinelas a la vista, al comodoro, al almirante, a los comandantes y a los oficiales de las dos flotas (Escuadra y División);

2.- Redactar un Manifiesto explicatorio de la acción,

3.- Obtener la adhesión de la totalidad de suboficiales y sargentos;

4.- Designar un Estado Mayor de las Tripulaciones y Comités Ejecutivos para encabezar la sublevación;

5.- Apoderarse de todo el armamento menor y de las municiones.

 

1º de septiembre, 0,40 horas. Suboficiales y marineros se apoderaron del Latorre. A las 4,05 horas, una luz roja se encendió en seis naves: en el O'Higgins, Orella, Serrano, Lynch, Videla y Hyalt. Significaba: barco tomado. A las 4.10, hacen otro tanto el Aldea y el Riquelme.

 

LAS TRIPULACIONES TIENEN EL CONTROL

Aún no asomaba el sol, cuando se constituyó el Estado Mayor de las Tripulaciones, encabezado por el sargento, Ernesto González, un profesor primario enrolado en la Marina. Este Estado Mayor envió, por radio, un Manifiesto al Ministro de Marina, cuando eran las 16.15 horas.

En él se señalaba: "Desde hoy 1º de septiembre tripulaciones de la Armada tienen control de todos los buques, Escuadra y División, obedeciendo anhelo  obtener cumplimiento puntos contemplados en proclama que enviamos en esta misma fecha...

"... un deber de patriotismo obliga a las tripulaciones de la Armada a no aceptar dilapidaciones ni depreciaciones en la Hacienda del país, por la incapacidad imperante del gobierno actual y la falta de honradez de los anteriores".

 

                    

 


COMO PALIAR LA CRISIS ECONÓMICA

La Moneda, Santiago, 23:30 horas. Apresuradamente se reunió el Vicepresidente Manuel Trucco con sus ministros y dirigentes de los partidos de derecha y centro. Se tomó conocimiento de los acontecimientos de Coquimbo y se acordó enviar a  parlamentar con los sublevados al almirante Von Schroders.

Esa misma noche. El Estado Mayor de las Tripulaciones envió un segundo mensaje radial al ministro de Marina, en el que planteaban algunas medidas para paliar la crisis económica del país:

"1.- Calcular el tiempo prudencial para suspender el pago de la deuda externa, bajo el punto exclusivo que dentro de ese plazo se restablezca el orden financiero interno del país;

2.- Subdividir las tierras productoras persiguiendo el fin de que haya el mayor número de productores y propietarios nacionales;

3.- Que las Cajas de Créditos, las Agencias Fiscales, la Mutual de la Armada y Ejército, reúnan entre todas, un capital de 300 millones de pesos o más para invertirlos en industrias productivas, en las cuales se dé trabajo al mayor número de obreros sin ocupación... Economía en el cierre por dos años de la Escuela de Grumetes, de Torpedos, de Comunicaciones, de Artillería Naval y de Máquinas..." 

 

ADHESIONES AL MOVIMIENTO 

Al emitir este segundo radiograma, la marinería alzada en Coquimbo había recibido las siguientes adhesiones: de los buques anclados en Talcahuano y del personal de Apostadero, la Artillería de Costa, Radio estación de la Armada, la Escuela de Artillería de Torpedos  y Electricidad; del Transporte Maipo, en viaje a San Pedro de California; del crucero Blanco Encalada; del buque madre Araucano y cinco submarinos; de las escampavías Janequeo y Sibbald; de la Escuela de Comunicaciones,  Radio de Playa Ancha, Quintero y la base de Hidroaviones; del Regimiento de Artillería Arica de La Serena.

El miércoles 2, se produjo el primer contacto entre los marineros sublevados y el emisario del gobierno. Las autoridades colocaron varias condiciones para conferenciar: que las conversaciones fueran en tierra, que se repusiera en sus  cargos a los jefes y oficiales.

Pero  el Estado mayor de las  tripulaciones no las aceptó. Exigió que las reuniones tuvieran lugar en el Latorre y planteó   que no liberaría  a la oficialidad hasta resuelto el conflicto.

 

SALE A LA LUZ PÚBLICA EL CONFLICTO 

Ese día, la opinión pública recibió, sorprendida y alarmada, la noticia de los acontecimientos.

El miedo surgió en los sectores de la oligarquía, de la burguesía y la mayor parte de los sectores medios.

La situación en las Fuerzas Armadas era complicada. Al levantamiento de la marinería se agregaban  otros viejos conflictos: la pugna en el interior de la Fuerza Aérea entre los comandantes Vergara Montero y Merino Benítez; los roces existentes en el ejército entre tropa y oficialidad.

Además, las relaciones de "civilistas" con militares y policía eran muy malas por los acontecimientos ocurridos a la caída de Ibáñez.

Pero, ya con las primeras noticias llegadas desde Coquimbo, los "civilistas" -gente de derecha y centro- depusieron su  beligerancia hacia las fuerzas armadas y carabineros. Las guardias cívicas, constituidas en julio de 1931, acudieron a regimientos y comisarías para engrosar los grupos de reserva. Ello sucedía en Santiago y en provincias.

 

LOS QUE RESPALDAN AL GOBIERNO 

Entregaron su incondicional apoyo al Gobierno, la Legión Cívica de Valdivia, la Guardia Cívica Nacional, la Unión Cívica de Ñuñoa, el Ejército Cívico de la Clase Laboral, la Guardia Cívica  del Barrio de Vicuña Mackenna, la Guardia Cívica de Providencia, la Legión Cívica de Antofagasta.

También respaldaban al Vicepresidente Trucco, la Asociación de Arquitectos, el Colegio de Abogados, el Instituto de Ingenieros, la Sociedad Gastronómica, la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, la Asociación Odontológica, la Unión Ferroviaria, el Sindicato de Dueños de Autobuses, el Directorio de Oficiales en Retiro del Ejército y la Armada, el Cuerpo de Bomberos, las colonias extranjeras residentes y los partidos políticos de centro y derecha.

Ese mismo día 2, renunció el gabinete. Manuel Trucco designó nuevos ministros: Interior, Marcial Mora; de Guerra, Carlos Vergara Montero: Marina, el almirante Carlos Spoerer;  de Hacienda, Arturo Prat, hijo del héroe de Iquique. La intención de este último nombramiento era clara.

 

LA BANDERA PIRATA DEL ANTICOMUNISMO 

Coquimbo, jueves 3 de septiembre. En el Almirante Latorre se llevaron a cabo las conversaciones entre el Estado Mayor de las tripulaciones y la delegación del gobierno. Fueron largas y difíciles. Finalmente, se aprobó un Acta de Acuerdo que puso fin al conflicto, satisfaciendo las demandas de la marinería.

Entretanto en Santiago, ese mismo jueves, el general Indalicio Téllez, Comandante en Jefe del Ejército, designado Jefe de Plaza de la capital, en virtud del estado de sitio decretado por el gobierno, emitió una circular -publicada por toda la prensa nacional- en que atacaba virulentamente al comunismo, calificándolo de doctrina tiranizante. Autorizaba, así mismo, de acuerdo con las autoridades civiles, a los regimientos para aceptar voluntarios con o sin instrucción militar. En pocos días se inscribieron ocho mil voluntarios.

El anticomunismo fue la bandera que levantó el gobierno y toda la reacción contra el movimiento de las tripulaciones de la Armada. Acusaban a los comunistas, sin tener prueba alguna, de ser los gestores y promotores de la sublevación.

Las autoridades civiles y militares decretaron medidas extremas: estado de sitio, ley seca, prohibición de toda reunión pública y porte de armas de fuego, militarización de todo el país.

Carlos Maldonado, en su obra “La Milicia Republicana. Historia de un Ejército Civil en Chile. 1932-1936”, sostiene que "el fenómeno más sobresaliente de los sucesos que remecieron al país a principios de septiembre de 1931 fue la formación de batallones de reservistas y voluntarios a las órdenes del Ejército".

 

EL PC Y LA FOCH JUNTO A LA MARINERÍA 

Los comunistas no participaron en la gestación del movimiento de la marinería, ni tuvieron responsabilidad en su desarrollo, pero solidarizaron incondicionalmente con ese histórico alzamiento.

“Recuerdo -relata Elías Lafertte en su libro “Vida de un Comunista”, publicado en 1971 - que el día primero de septiembre llegó a Santiago, enviado por Rufino Rozas, que se encontraba en Coquimbo, un compañero de apellido Lobos, que pidió hablar conmigo y me comunicó, muy agitado, por cierto, que tenía noticias de que la marinería se iba a levantar, apresaría a los oficiales y lanzaría un manifiesto al país y peticiones de carácter económico al gobierno. Algunas de estas peticiones, en la forma en que me las expuso este compañero, no estaban sólo destinadas a aliviar su suerte, la de los tripulantes de la Armada, sino a beneficiar a todo el país.  La Dirección del Partido, informada de esto, estudió la situación y la manera de apoyar a las tripulaciones”.

"Nosotros, en Santiago –agrega Lafferte- procurábamos por todos los medios, ayudar a los sublevados y contrarrestar las acciones de las guardias blancas, que ya se habían constituido y desfilaban militarmente por la Alameda para atemorizar a los obreros que miraban con profunda simpatía el movimiento de sus hermanos de clase".

En la noche del jueves 3, prosigue el dirigente comunista, "en el local de los tranviarios se reunieron las organizaciones afiliadas a la FOCH, de la cual yo seguía siendo Secretario General. Hice un intenso informe, poniendo el énfasis en que el movimiento de los tripulantes era justo y terminé planteando una huelga general en su apoyo. Hubo una larga, difícil y enconada discusión. Los tranviarios, al principio, se oponían a la huelga, pero por último cedieron, la huelga fue aprobada y se me puso al frente de ella, para dirigirla de acuerdo con un comité con dos delegados por sindicato y treinta delegados por tranviarios, diez por cada depósito de tranvías".

 

ACCIONES DE APOYO A MARINEROS 

La huelga general se llevó a cabo al día siguiente, 4 de septiembre. En algunos sectores fue total, como por ejemplo, la locomoción. En Santiago, no corrió un solo tranvía. Varias carretas y carretones de pan y vino, que salieron a trabajar fueron volcados en las calles. Se produjeron incidentes en que quedaron varios heridos y contusos. Carabineros, la Escuela de Caballería y guardias cívicos patrullaban las vías.

 

 



"Una manifestación de obreros comunistas y socialistas -narra Lafertte- fue violentamente disuelta en Amunátegui esquina de Alameda... Entre los rumores que circulaban -añade-, corrió que yo me hallaba en Coquimbo, al frente de la sublevación. Dijeron también que había sido muerto por las fuerzas del gobierno, pero Marcial Mora, Ministro del Interior, declaró que no había tal cosa y que, simplemente, yo me hallaba escondido. En efecto, esa era la realidad. Dormía en distintas casas, cada noche en una, para evitar que me detuvieran, principalmente en casa de profesores..."

También pararon los ferroviarios.

 

AYUDAS  PARA AMBOS BANDOS 

"Una comunicación de los empleados públicos -escribe Patricio Manns en su libro “La Revolución en la Escuadra”, publicado en 1972- aseguraba que estaban dispuestos a ceder un día de sus sueldos para aliviar la situación económica, y miles de personas se inscribían en registros especiales, con el propósito de donar joyas y especies de valor, así como para depositar dinero en el Banco Central... El Arzobispo de Santiago, Monseñor Campillo, daba el ejemplo, muy publicitado, al poner a disposición del gobierno las joyas de los templos 'para mitigar el hambre del pueblo'.

"En el frente contrario -añade Manns- las cosas se daban de un modo sorprendente, determinando la rápida polarización del país en dos bandos. Lota y Coronel, en la poderosa y combativa cuenca del carbón, se habían unido a los amotinados de Talcahuano, mientras la FOCH proseguía organizando a los trabajadores urbanos y, desde Magallanes, los obreros ofrecían ayuda económica y enviaban voces de aliento. Lo propio hacían algunos regimientos y dotaciones completas de Carabineros".

 

SUCIA MANIOBRA OFICIALISTA 

En Coquimbo, el Almirante Schroeders presentó al Estado Mayor de las tripulaciones una "nueva redacción" del Acta aprobada por ambas partes el día anterior.

Al tomar conocimiento de esa maniobra del gobierno, los jefes de la sublevación enviaron un mensaje que, en parte, señalaba:

"Este Estado Mayor ha tomado con profundo pesar nota de la determinación del gobierno de dar una nueva redacción al acta que pondría fin al movimiento, considerando que ello no sólo afecta a lo que el gobierno estima fraseología innecesaria, sino también, y muy especialmente, al fondo y objetivo de todo el movimiento de las tripulaciones. Creemos, señor Almirante, que esta determinación del gobierno echa por tierra todos los buenos oficios y  nuestros deseos de paz y concordia al no aceptar el acta que hemos expuesto a su consideración, y que es la única que las tripulaciones están dispuestas a aceptar..."

 

UN ULTIMÁTUM Y LA DIGNA RESPUESTA 

En la noche del viernes 4, el gobierno dio por terminadas las conversaciones. Ya había ganado el tiempo suficiente para poder derrotar militarmente el alzamiento.

El 5, los marineros recibieron un ultimátum: "Agotados ayer medios conciliatorios y comenzadas operaciones de fuerza, se exige ahora rendición incondicional desembarcando inmediatamente tripulaciones desarmadas y sometiéndose a las órdenes del comandante de la plaza. Si así lo hicieran, el gobierno atenuará el rigor de las sanciones; de otro modo, aplicará ley marcial en toda su fuerza... Vicepresidente y ministros".

La respuesta del Estado Mayor de la insurrección enfatizó: "Declaramos ante la conciencia del país que en estos momentos, las tripulaciones, al ver la intransigencia antipatriótica del gobierno y al considerar que el único remedio para la situación es el cambio social, hemos decidido unirnos a las aspiraciones del pueblo y zarpará junto a nosotros una comisión de obreros que representa el sentir del proletariado de la Federación Obrera de Chile y del Partido Comunista. La lucha a que nos ha inducido el gobierno se transforma en estos momentos en una Revolución Social".    

 

UN SOS A ESTADOS UNIDOS 

El sábado 5 de septiembre, el Ministro de Relaciones Exteriores de Manuel Trucco, Luis Izquierdo, se entrevistó con el Embajador estadounidense en Santiago, a quien informó que las autoridades chilenas estaban convencidas que se trataba de una conjura de características continentales, que por ello se necesitaba de la ayuda de Estados Unidos. El mismo Embajador, reportó que Izquierdo le había informado que "los rebeldes controlaban el mar y que estaban inspirados por agitadores que pretendían proclamar una 'República Independiente en la Pampa’  y que era una real amenaza para los puertos del Norte".

 

UN CASO ÚNICO EN LA HISTORIA NAVAL 

Ese mismo día ocurrió un hecho que los marineros insurrectos esperaban ansiosos. Como escribe Liborio Justo, "por fin, el 5 de septiembre de 1931, los barcos que venían desde el sur arribaron a Coquimbo y ambas Escuadras, después de saludarse con grandes hurras, izando en sus foques las banderolas de bienvenida, se unieron en la bahía, para sumar, en total 23 unidades sublevadas y a cargo de sus tripulaciones, caso único en la historia naval. ¡Quince mil hombres, después de haberse apoderado de todos los barcos de guerra y puertos militares, con el apoyo de la Federación Obrera y la simpatía de numerosos cuerpos armados, parecían tener en sus manos la posibilidad de cambiar los destinos del país! Ya se hablaba, inclusive, de que se iban a establecer soviets en Chile. Y los diarios, anunciándolo sensacionalmente en sus pizarras, daban la noticia de última hora: ¡Seis acorazados y varios portaviones de los Estados Unidos partían de sus bases para dirigirse a Chile, con el fin de aplastar la 'sublevación bolchevique'".

 

“DAD ARMAS A VUESTROS HERMANOS”

La FOCH envió un documento a los marineros insurrectos, donde decía:

"Compañeros tripulantes de la Armada: habéis empezado valientemente la lucha por nuestro mejoramiento económico; hoy la oligarquía chilena se niega a oír nuestras reclamaciones, debéis manteneros hasta el final, para terminar definitivamente con el régimen causante de todas las injusticias que agobian a las clases trabajadoras de Chile. Las organizaciones obreras ven con honda simpatía que vosotros, al levantarse contra las injusticias sociales, empezáis a colocaros en el puesto que os corresponde, como parte integrante de nuestra clase, y quiere marchar a vuestro lado en la batalla por la emancipación definitiva.

"Hermanos marineros: El ultimátum que habéis recibido a vuestras peticiones de mejoramiento económico por la clase ladrona que nos gobierna y que ha estrujado la savia a nuestro pueblo, os está probando que si no vais unidos con los trabajadores y si abandonáis las armas, seréis barridos por la burguesía que nos gobierna.

"Compañero marino: Tú tienes los buques ya, dad armas a tus hermanos de miserias y en 48 horas, los consejos de marinos, soldados, obreros y campesinos le habrán dado a Chile un gobierno donde la miseria no impera.

"Marino hermano: date cuenta que lo que habéis hecho es lo más grande y sin no lo lleváis hasta el final, si no te unes con los trabajadores, seréis aniquilados por la oligarquía.

"Marino: el triunfo es tuyo: para que nada ni nadie te lo quite, únete con los trabajadores.

"Ten presente: no dejes el arma".

 

COMIENZAN LAS ACCIONES 

En la noche de ese sábado 5, el gobierno exigió la rendición incondicional de los sublevados en Talcahuano. Fue rechazado por la marinería.

Domingo 6 de septiembre. Era muy temprano aún, cuando la flota surta en Coquimbo, luego de calentar las máquinas, echando grandes penachos de humo, levó anclas y abandonó la bahía. La intención del Estado Mayor era situarla en mar abierto para ofrecer menor blanco al bombardeo de la aviación, que se había concentrado en la base de Ovalle. Pero, poco después del mediodía, los barcos retornaban para ocupar los mismos lugares donde estuvieron antes.

Eran las 15:30 horas. En Talcahuano, tropas del Regimiento Chacabuco rompieron fuego contra el destructor Riveros, que se había acercado a tierra para ayudar a sus compañeros amenazados por el Ejército. También lo atacó el Grupo de artillería Silva Renard.

 

UN DRAMÁTICO RELATO 

A las 17:00 horas, el regimiento O'Higgins cargó contra el Apostadero Naval. Sobre este episodio, el sargento  Ernesto González, jefe de la insurrección de la marinería, relata:

"A borde del 'Latorre', en Coquimbo, todo el Estado Mayor seguía las alternativas del combate a través de la acción de una radio estación. El operador nos describió en detalle la ofensiva contra los fuertes...

"De pronto gritó: '¡Atención Coquimbo! ¡Ahora vienen contra nosotros!' Y nos pidió que mantuviéramos el receptor encendido. Después de un silencio oímos de nuevo su voz: 'Me parece que los fuertes nos están traicionando. Ninguno dispara contra el Ejército que baja desde los cerros'.

"Pasado otro minuto dijo: 'Ahora los tengo aquí enfrente. Nos cascan con todo: ametralladoras, artillería, armas cortas. Esto es un hervidero de balas. Atención -dijo luego- ¡está cayendo gente!'... Transcurrieron tensos minutos. 'Coquimbo -dijo- si me pasa algo dejaré sonando un pito largo y así sabrán ustedes que ellos llegaron aquí y se termina la resistencia...'

"Enseguida describió con varios detalles el avance de las tropas gobiernistas, inmensamente superiores en número y los desesperados esfuerzos de los defensores del apostadero. Nosotros escuchábamos consternados, con profunda emoción... Entonces el muchacho gritó a través del aparato: '¡Epa! ¡Ya están subiendo hasta mi emplazamiento! ¡Vienen entrando los primeros!' Y después oímos solamente un largo pitazo que marcaba, según la señal convenida por este héroe increíble, la caída del apostadero Naval y también su muerte."

 

LA AVIACIÓN ATACA 

No alcanzaban a comentar esos sucesos los miembros del Estado Mayor, cuando se escuchó el grito de los vigías del Almirante Latorre: Aviones a estribor. Eran las 17:30 horas del domingo 6 de septiembre. Se iniciaba el ataque aéreo contra la Escuadra.

La aviación de guerra estaba comandada por su jefe, coronel Vergara, hermano del Ministro de Guerra. Lanzó varios ataques sobre los barcos, especialmente contra el Almirante Latorre. El ataque fue repelido vigorosamente por la marinería.

El bombardeo duró 25 minutos y fue presenciado por los habitantes de Coquimbo desde el muelle y sus inmediaciones, desde las partes altas de las casas y de los cerros.

 

 


Un avión fue derribado y otros cinco averiados. De la Escuadra,  sólo fue alcanzado el submarino H4 Quidora, donde resultó un marino muerto y otros heridos. Fue la única nave averiada.

La acción de la aviación contra la marinería sublevada fue, desde el punto de vista militar, un rotundo fracaso.

En esa, como otras operaciones de represión contra los marineros en  rebelión, la Fuerza Aérea pudo contar con el  concurso de pilotos civiles, que concurrieron con sus propios aeroplanos.

 

LOS TEMORES DEL GOBIERNO 

En los momentos en que tenía lugar el frustrado bombardeo en Coquimbo, continuaban los combates en Talcahuano. "La lucha más cruenta -afirma el historiador Ricardo Donoso en el primer tomo  de “Alessandri agitador y demoledor”- tuvo como  escenario los Arsenales de la Marina, que se hallaba defendido por unos 400 hombres, entre marineros y obreros, a los que se les entregó armas. Su resistencia fue quebrantada por la acción de la artillería, cayendo en poder de las tropas gran cantidad de prisioneros".

El domingo 6 en la noche, se efectuó una conversación entre el Ministro de Relaciones Exteriores, Luis Izquierdo, y el almirante Edgardo  von Schroeders. Este último relata que el ministro le dijo: "Si la aviación vuelve a fallar en su proyectado ataque a la Escuadra, la situación puede tornarse muy seria, pues se desprestigia la única arma efectiva con que el gobierno cuenta para dominar a los sublevados. Es de suponer que los insurrectos no esperen tranquilamente fondeados al lado de la base de Ovalle; pueden llegar al norte, tratar de sublevar  Iquique y Antofagasta, donde fácilmente pueden dominar a los regimientos de guarnición, y en fin, cometer depredaciones y actos de piratería.

"Me dijo -sostiene el Almirante- que en este caso vendría a dominarlos la Escuadra americana. Contesté que de lo mismo se trató en la reunión con nuestro Ministro  (de Marina. Nota del autor), pero mi opinión era que tuviese buen cuidado de no insinuarlo oficialmente, pues si el país sabía que se había pedido el auxilio de los yankees, con este objeto, me temo que el gobierno corra peligro de caer"

 

EL COMIENZO DEL FIN 

Después del bombardeo se entregaron al gobierno los destroyers Riquelme, Hyatt, Orella y Videla.

Lunes 7 de septiembre. En la mañana, los buques aún en manos de sus tripulaciones salieron del puerto de Coquimbo. El acorazado O'Higgins regresó y se rindió.

Los marineros comprometidos en la rebelión estaban divididos. Cada vez eran más los que deseaban llegar a un acuerdo con el gobierno. En el resto de las naves, ya no se obedecía al Estado Mayor. En Coquimbo se rumoreaba que el Almirante Latorre no se rendía porque "la tripulación y el Estado Mayor de los insurrectos estaban en desacuerdo sobre el camino a seguir. Los primeros deseaban entregarse y los segundos pensaban hundir al barco, conforme a lo que han manifestado en otras ocasiones. Se informó que bandadas de aviones e hidroaviones seguían la marcha del 'Latorre' con el objeto de obligarlo a rendirse.

 

EL FIN DE LA INSURRECIÓN 

Ese lunes 7 cayeron los fuertes del Morro, Punta de Parra y el Borgoño.

Según Ricardo Donoso, "en el combate de Talcahuano hubo un apreciable número de bajas entre muertos y heridos, tanto de parte de los rebeldes como de las tropas gubernativas. La captura de los fuertes puso en poder del gobierno mil prisioneros y todo el armamento y municiones que existía en ellos".

En Valparaíso, regimientos del gobierno marcharon sobre la Escuela de Comunicaciones, la Base Aérea de Quintero y el Regimiento Maipo a los que obligaron a rendirse.

En la noche del lunes, el último bastión de la insurrección era el Almirante Latorre. Acosado por los aviones, su tripulación terminó por levantar bandera blanca.

El Boletín de Informaciones Nº 14 del gobierno, expedido el martes 8 de septiembre a las 11 horas, señalaba que el Ministro de Guerra anunció que el Latorre se había entregado en la  base de  Quintero. El Boletín Nº 15, de ese mismo día a las 19:30 horas, afirmó que "las fuerzas de la Escuela de Infantería habían tomado posición del principal barco rebelde, procediendo a desarmar a la tripulación, que, lo mismo que las de las  otras naves sublevadas, sería sometida a Consejo de Guerra, que aplicaría con todo rigor los Códigos Militares".

Liborio Justo  -en un artículo titulado “La Sublevación de la Escuadra”, aparecido en la revista “Punto Final” del 26 de septiembre de 1971- sostiene que "hay fundadas razones para estimar que antes de rendirse (el Acorazado Almirante Latorre)  se sublevó la marinería contra el Estado Mayor de la Tripulaciones a fin de disponer la rendición".

 

LAS CAUSAS DE LA DERROTA 

¿Por qué fracasó la sublevación de la marinería de la Escuadra?

Se puede afirmar que la rendición de los insurrectos no fue resultado directo del bombardeo de la flota en Coquimbo. Lo que sí influyó, al parecer significativamente,  fue el haberse gestado una suerte de contrarrevolución a borde de las naves alzadas.

Elías Lafertte se pregunta: ¿Cuáles fueron las causas de que una sublevación que desde los primeros momentos había prendido como un reguero de pólvora  fuera vencida después de la primera batalla? El mismo responde. "Hay muchas causas. Desde luego, faltó una dirección segura, una espina dorsal ideológica a ese movimiento, que fue esencialmente emocional, una improvisación que respondía a un clamor que hacía presa en el ánimo de los marineros y suboficiales. Pero ellos no sabían a dónde ir ni qué hacer. ¿Qué habrían hecho de triunfar su movimiento? Se levantaron en realidad en respuesta a una indignación  desesperada, a un justo temor de perder su pan, pero carecían de organización y dirección políticas. Sus jefes mismos, comenzando por Ernesto González, no eran capaces de dirigir y encauzar el heroico impulso de sus hombres".

 

OPINIÓN DE UNO QUE TOMÓ PARTE 

Pedro Pacheco Pérez, profesor comunista que participó en la insurrección y que fue uno de los condenados a muerte, amnistiados gracias a la presión popular, en un artículo  titulado “Hace Treinta Años” y publicado en “El Siglo” con fecha 2 de septiembre de 1972, explica:

"La mayor firmeza y combatividad se encontraban entre los tripulantes de más baja graduación y con cierta experiencia, como los cabos. Los más vacilantes fueron los suboficiales, los que, desgraciadamente, en mayor proporción dirigieron el movimiento, debido a que los marineros los eligieron impulsados por su respeto a la jerarquía".

Luego enfatiza: "El error más notable fue la falta de vinculación orgánica con el pueblo. Era, por otra parte, natural que así fuera, pues nadie sabía qué o quién había detrás del movimiento. Recién había caído el dictador, el Partido Comunista recogía sus cuadros de la ilegalidad, la tiranía había despedazado y corrompido gran parte del movimiento obrero".

Al mismo tiempo, Pacheco Pérez, define la insurrección de las Tripulaciones como "una primera participación del pueblo armado en la solución de sus problemas y de los problemas de la nación, con mucho de espontánea y con graves errores políticos y orgánicos, pero una lección rica en enseñanzas".

 

OTRAS RAZONES

Liborio Justo señala que "los obreros en Santiago se habían visto obligados a reanudar las tareas y otra vez andaban los tranvías. Además (la escuadra en manos de las tripulaciones, Nota del autor) carecía de combustible para ir muy lejos".

En la revista “Internacional Juvenil”, editada en Montevideo en diciembre de 1931, se sostiene: "El movimiento de la marinería chilena, a pesar de su extensión a toda la escuadra, de la solidaridad proletaria con que se ha contado y de los comienzos de solidaridad en el ejército, no ha sido un movimiento conscientemente político de los marinos, ni se transformó en un verdadero comienzo de la revolución de todas las masas laboriosas de Chile". Agrega  que la sublevación fracasó también "por falta de organizaciones comunistas en la Marina misma y hasta por ausencia de propaganda previa del Partido".

 

NO HABÍA MADURADO EL FACTOR SUBJETIVO

En lo referente a por qué el heroico movimiento de la marinería no se transformó en el inicio de una revolución social en Chile, a las razones ya expuestas, se deben agregar otras no  menos importantes.

Es necesario tener en cuenta que la sublevación de los tripulantes de la armada tuvo lugar a sólo 35 días de haber sido derribada la dictadura de Ibáñez. De  ella, las dos fuerzas civiles que apoyaron el levantamiento habían  salido muy debilitadas.

La FOCH, al empezar septiembre de 1931, estaba bastante disminuida en miembros e influencia, tanto por la represión, como por la grave cesantía que castigaba a la clase obrera, especialmente al proletariado salitrero. A esto se debe añadir el desarrollo logrado por los "sindicatos legales".

El Partido Comunista sufría serios problemas: una militancia muy reducida, como resultado de la represión, de la traición y deserción de no pocos militantes, entre ellos seis de los nueve parlamentarios elegidos en 1925 y 1926; con una estructura orgánica que recién iba adquiriendo la necesaria eficacia; debilitado por la pugna de fracciones en su interior; con una dirección central reconstituida hacía un mes;  carente de una acertada línea política y de una adecuada política de alianzas; sin una política militar y con ninguna influencia en las fuerzas armadas.

En otras palabras, en septiembre de 1931, no existía en Chile el elemento principal del factor subjetivo -un Partido revolucionario-  capaz de ponerse a la cabeza de una  revolución social, aprovechando las condiciones objetivas que ya habían madurado.

 

                             

 

 



LOS COMUNISTAS SIGUEN SOLIDARIZANDO CON TRIPULANTES 

Derrotado el levantamiento de la Escuadra, los tribunales militares comenzaron a juzgar a cientos de marineros. Dictaron  fallos  monstruosos: penas de muerte, presidio perpetuo y otras largas condenas de prisión. Era la venganza de la reacción por el miedo sufrido en esos días de septiembre; era el terror que sentían los explotadores por la posibilidad que pudieran volver a repetirse. Era, en fin, su odio de clase. Era, además, el  escarmiento que pretendían dar contra quienes intentaron defender sus derechos.

La masacre "legal" anunciada conmovió la conciencia de amplios sectores. Se constituyeron comités para impedir las penas de muerte, de las cuales ya se había dictado el "cúmplase" . Los integraban trabajadores, estudiantes, abogados partidos populares.

Los comunistas salieron a la calle. El 21 de mayo de 1932 jóvenes comunistas de Valparaíso repartieron proclamas exigiendo respeto a la vida y la libertad de los marinos sublevados. En Santiago, los universitarios efectuaron combativos mítines. Orador infaltable era el joven  comunista, estudiante de derecho de la Universidad Católica, Luis Hernández Parker.

En Chillán, narra Luis Corvalán, en. “De lo vivido y lo peleado. Memorias”: “con otros muchachos del grupo Avance, asistía a los mítines del Partido Comunista cuando se efectuaban los días que teníamos salida. Sus oradores, Oscar Ghillardi entre otros, exigían trabajo para los desocupados y la libertad de los marineros detenidos. Entre éstos había varios condenados a muerte, uno de los cuales era Pedro Pacheco, que había sido alumno de nuestra Normal (la Escuela Normal de Chillán. Nota del autor), poeta laureado en una de las fiestas primaverales chillanejas y profesor de la Escuela de Grumetes. Los normalistas tomamos contactos con los secundarios de ambos liceos, Chillán, exigiendo respeto por la vida de Pedro Pacheco”.

 

Durante la breve “República Socialista” encabezada por Marmauke Grove (del 4 al 16 de junio de 1932) dictó un decreto que amnistió y liberó a todos los marinos encarcelados por su participación en la insurrección de los primeros días de septiembre de 1931.