lunes, 5 de octubre de 2026

GRACIAS A VIOLETA PARRA QUE NOS HA DADO TANTO

 


En su 109 natalicio:

 


  

                                                   Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                    Centro de Extensión e Investigación

                                                    Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

 


Violeta del Carmen Parra Sandoval,  nació en San Carlos de Itihue, en la calle Montaña, frente a la Plaza de Armas, el  jueves 4 de octubre de 1917. Su padre, Nicanor Parra, era profesor primario. La madre, Clarisa Sandoval Navarrete, costurera, que tejía y cosía ropas para la gente del pueblo,  apenas sabía leer y escribir.

La estada de la familia Parra Sandoval en San Carlos fue breve. Sólo habían llegado ahí con motivo del nacimiento de su hijo. Pronto regresaron a San Fabián, en la cordillera.

 

UNA DIFÍCIL NIÑEZ

Cuando Violeta tenía tres años la familia se trasladó  a Santiago. Poco después, al ser nombrado el padre profesor en el Regimiento Andino Número 4, viajaron nuevamente al sur. Esta vez a Lautaro. Durante el trayecto en tren la niña Violeta se enfermó gravemente. No supieron de qué se trataba.  Tuvo fiebre y se hinchó.  Por suerte llevaban frazadas. La envolvieron. Nadie se dio cuenta.  Era viruela, que le dejó el rostro marcado.

Vinieron los años de la dictadura de Carlos Ibáñez (1927-1931) y la represión también alcanzó la casa de los Parra. El padre, como muchos otros profesores, fue exonerado de su puesto de trabajo. Aplastado por  la cesantía, se dedicó a beber y abandonó la familia. Entonces, la madre debió cargar con toda la responsabilidad del hogar. La situación era muy mala.

 

SUS PRIMEROS CONTACTOS CON EL FOLCLORE

En los veranos, Hilda y Violeta, cuando tenían unos cinco o seis años de edad, recuerda: viajaban al campo de Malloa,  donde unas  primas  de apellido  Aguilera, que tenían buena posición. Lo pasaban muy bien. Pero lo más importante de esos viajes, fue que allá  Violeta aprendió sus primeras canciones folclóricas auténticas con esa familia.

 







Hilda Parra


 

En una entrevista realizada en 1958, relató  Violeta: “Mi padre, aunque profesor primario, era el mejor folclorista de la región y lo invitaban mucho a todas las fiestas. Mi madre cantaba las hermosas canciones campesinas mientras trabajaba frente a la máquina de coser.

Aunque mi padre no quería que sus hijos cantaran –cuando salía de la casa escondía la guitarra bajo llave-  yo descubrí que era en el cajón de la máquina de mi madre donde la guardaba y se la robé. Tenía siete años. Me había fijado cómo él hacía las posturas y aunque la guitarra era demasiado grande para mí y tenía que apoyarla en el suelo, comencé a cantar despacito las canciones que escuchaba a los grandes. Un día mi madre me oyó, no podía creer que fuera yo”.

 

GANÁNDOSE LA VIDA CON EL CANTO

Al morir el padre, la madre tuvo que jugar ambos papeles. Debió criar y alimentar a su numerosa prole. Clarisa  se amanecía cosiendo, despertaba y seguía cosiendo para poder alimentar  a tanta boca y educar a Nicanor, por lo menos para educar uno bien.

Hilda y Violeta intentaban ayudar con lo que tenían: la garganta y las manos. Conseguían una guitarra prestada por ahí y salían a cantar. Una de las primeras que salió a tocar la guitarra fue la Violeta. Después iban las dos de pueblo en pueblo, cantando de calle en calle, en los trenes, en dónde fuera.   Volvían a casa felices.

Roberto Parra (el “tío Roberto”), hermano de Violeta, folclorista, maestro de construcción y compositor de cuecas, recuerda: “Violeta salía con su guitarra y con un canasto. El canasto lo traía  lleno... Venía de todo: chancho, toronjil, frutas, qué sé yo.”

 

 








Roberto Parra (el “tío Roberto”)

 



EN SANTIAGO

Violeta tenía doce años cuando compuso sus primeras canciones, acompañándose de la guitarra. Unos dos años después se fue a Santiago.

Poco después toda la familia se trasladó a Santiago. Allí,  otra vez junto a su hermana Hilda, Violeta cantaba para poder vivir.

Los comienzos fueron muy difíciles. Violeta lo evoca en una de sus décimas:

       “Ayer, buscando trabajo,

         llamé a una puerta de fierro,

         como si yo fuera un perro

         me miran de arrib’abajo,

         con promesas de destajo

         me han hecho volver cien veces,

         como si gusto les diese

         al verme solicitar;

         muy caro me hacen pagar

          el pan que me pertenece”.

 

En Santiago, Violeta e Hilda, una vez más comenzaron a cantar para ganarse la vida. Donde podían, actuaban.  Y así llegaron al sector de Matucana. Cantaron  en La Popular, en El Tordo Azul, que era un negocito chico, y en varios boliches de por ahí alrededor.

  

SU PRIMER MATRIMONIO

Precisamente fue en uno de esos boliches donde Violeta conoció a Luis Cereceda, obrero ferroviario, su primer marido y padre de  Isabel y Ángel Parra.

Luis Cereceda, relata: “Si pensar que éramos bien niños... ella tenía 19 años y yo 18. Era por año 37 y ella cantaba con Hilda y el Lalo en negocios de Matucana, al llegar a Mapocho. Yo trabajaba al frente: ahí estaba la maestranza de ferrocarriles, donde yo era maquinista. Y entonces íbamos mucho ahí y por ahí nos empezamos a tratar... Al poco tiempo nos casamos... Primero estuvimos viviendo en Santiago como dos años. Ahí nació la Chabelita, por el año 38. Fue el mismo año en que subió a la Presidencia don Pedro Aguirre Cerda, con el Frente Popular”.

 

LA INFLUENCIA POLÍTICA DE LUIS CERECEDA

Víctor Herrero, en su libro “Después de vivir un siglo. Una biografía de Violeta Parra”, relata: “Aun cuando Violeta se sentía asfixiada por su marido en materia artística, éste le entregaba algo que ella no dejaba de valorar: conciencia política. ‘Mi padre y sus compromisos entusiasman a mi madre’, escribió Ángel. Cereceda no sólo leía regularmente El Siglo, diario de tiraje nacional que había fundado el PC en agosto de 1940, sino que también  llevaba a casa folletos, volantines y libros que el partido le suministraba, según el recuerdo de su hija Isabel. El marido de Violeta celebraba reuniones partidistas en su casa y su fervor político era tal, que instaló un busto de yeso de Joseph Stalin bajo el parrón de la parcela. ‘Este el padre  de los obreros del mundo –les decía a sus hijos Isabel y Ángel en referencia al máximo líder de la Unión Soviética-. Es como su abuelito’.

 

ACTIVIDAD POLÍTICA

El ejemplo de Luis Cereceda, unido al hambre y los sufrimientos vividos, dieron nacimiento a la conciencia política de Violeta. Se rebeló contra las injusticias, pero no se quedó en eso, participó en la lucha por terminar con ellas.

Ya durante el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda  actuó junto al Partido Comunista. 

Luis Cereceda relata: “Al poco tiempo de estar en Santiago (vivieron algunos meses en Valparaíso), fue cuando ella comenzó a dedicarse más a la política.

Hacía tiempo que yo tenía un vecino en el Partido, y como ya  ellos  la conocían entonces la invitaron y ella comenzó a colaborar en los actos culturales. En 1946 nosotros trabajamos muchísimo para la candidatura de González Videla. Hasta pusimos una Secretaría de González Videla ahí en la casa y ella por su cuenta formó un Comité de Dueñas de Casa en la calle Andes. Claro que no nos imaginábamos la gran traición que iba a venir después”.

El Tío Roberto agrega: “Cuando triunfó Videla en las elecciones hubo fiestas, alegría y celebraciones en las calles, en todas partes, como con Allende. Nosotros estuvimos también en una celebración y allí ella cantó y recitó un poema muy largo, dirigido al Presidente, donde le decía que al pueblo no se le puede engañar. Total que ahí pintaba clarito lo que iba a pasar... Bueno, este compromiso de ella era también una forma más de allegarse al pueblo Después no supe yo que siguiera trabajando para el Partido, pero colaboraba con ellos. Esa fue su línea política siempre.”

 

UNA DOLOROSA SEPARACIÓN

En 1948 Violeta se separó de Luis Cereceda. Fue un golpe muy duro para ella. Sólo se repuso gracias al apoyo de sus familiares.

Según relata Víctor Herrero, “todos los meses Luis Cereceda le entregaba a su exmujer una suma de dinero, algo poco común en  esos años. Pero separada y sin ingresos estables, ya que sus actuaciones en las compañías de variedades no eran constantes, la situación de Violeta se deterioró. De nuevo saldría al rescate su madre, quien le dio plata para poner un almacén de abarrotes en el barrio. Este experimento comercial, sin embargo, fracasó rápidamente.”

      

     

Violeta y su hijo Ángel


Violeta volvió a cantar. Y lo hizo nuevamente junto con Hilda, quien recuerda esos tiempos así: “Recorríamos todo. Comenzábamos con el boliche más chico y terminábamos con el más grande. Siempre cantando lo que estaba más de moda en esos años. Todavía no éramos profesionales, cantábamos de todo. Éramos muy bien recibidas, fuimos formando nombre, después de andar mucho tiempo juntas acordamos formar un dúo. De ahí nacieron las hermanas Parra... Después comenzamos a grabar en RCA Víctor.”

Lautaro Parra, el menor de los hermanos de Violeta, dirigente y fundador del Sindicato Circense, evoca esos años: “Había un programa en Radio Corporación, ‘Fiesta Linda’ o algo así, y ahí iban ellas a cantar de vez en cuando. Esas fueron sus primeras actuaciones en radio. Tenían un dúo pero la Violeta también actuaba como solista”.

 

SU SEGUNDO MATRIMONIO

En 1949, Violeta  se casó por segunda vez. Su  nuevo esposo, Luis Arce, era mueblista y tenor de ópera. Tuvieron dos hijas Carmen Luisa y Rosita Clara, ésta falleció de pulmonía al poco tiempo.

Luis Arce recuerda: “Por ahí por el año 1952, formamos una Compañía. Se llamaba ’Estampas de América’. La Violeta era la directora, o sea la persona fuerte que tenía el dinero. Ella mismo hizo los telones, porque había que tener telón de fondo, telón de boca, todo eso. Con esa Compañía salimos de gira y recorrimos todo el  Norte”

 

CONQUISTANDO LA MERECIDA FAMA

Violeta, incansable, recorrió el país, trabajando con Isabel y Ángel en circos y teatros, y recopilando la música campesina chilena. En 1953 terminó el dúo de las hermanas Parra. Fue también en ese año,  cuando empezó a reconocerse el verdadero valor de Violeta. Gran importancia tuvo para ello un recital dado en casa de Pablo Neruda. Después de él, Radio Chilena le contrató una serie de programas que la lanzaron a la primera línea del arte folclórico del país. Se dedicó al difícil y valioso trabajo de recopilación de antiguas creaciones.

 En 1954  obtuvo el Premio Caupolicán, otorgado a la folclorista del año.

Viajó a Europa, donde participó como invitada, en el  V Festival de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad, efectuado en Varsovia, capital de Polonia, en   julio-agosto de 1955, al cual concurrieron 31 mil jóvenes procedentes de 114 países. Después visitó la Unión Soviética. Durante dos años residió en París, donde grabó sus primeros discos.

Regresó a Chile en 1956. Un año después se trasladó a Concepción, donde fundó y dirigió el Museo de Arte  Popular. Grabó en esa ciudad nuevos discos y continuó con su labor de recopilación del folclore.

 

INICIA SUS CANCIONES COMPROMETIDAS

En 1958 llegó de nuevo a Santiago. Y fue ese año cuando comenzó a pintar y  hacer tapices. Además, dio recitales por todo el país y creó hermosas canciones con contenido social. Una de ellas fue el trote “Arriba quemando el sol”, donde denuncia  la explotación de los mineros del norte chileno:

         “Cuando fui para la pampa

          llevaba mi corazón

          contento como un chirigüe,

          pero allá se me murió...”

 

        “Enterraron la justicia,

          enterraron la razón”.

 

CONOCE A GILBERT FAVRE

En 1960, una larga enfermedad obligó a Violeta a permanecer varios meses en cama. Fue entonces cuando se inició como arpillerista, inventando materiales y técnica para ello. Ese mismo año conoció al músico suizo Gilbert Favre, estudioso del folclore sudamericano, del cual Violeta se enamoró.

Fue también en 1960 cuando compuso bellas canciones con contenido político. Una de ella es “Yo canto la diferencia”. En ella, Violeta expuso su posición de artista comprometida con el  pueblo y la justicia:

        “Yo canto a la chillaneja

         si tengo que decir algo

         y no tomo la guitarra

         por conseguir un aplauso.

         Yo canto la diferencia

         que hay de lo cierto a lo falso.

         De lo contrario no canto.

         “Si yo levanto mi grito

         no es tan sólo por gritar.

         Perdóneme el auditorio

         si ofende mi claridad”

 

Otra canción creada en 1960 fue “Porque los pobres no tienen”. En 1961 compuso la sirilla “Según el favor del viento”, donde pinta la dura vida del habitante de Chiloé:

       “No es vida la del chilote,

         no tiene letra ni pleito,

         tamango llevan sus pies,

         milcao y ají su cuerpo,

         pellín para calentarse,

         del frío de los gobiernos, llorando estoy,

         que le quebrantan los huesos, me voy, me voy.

 

         Despierte el hombre, despierte,

         despierte por un momento,

         despierte toda la patria

         antes que se abran los cielos

         y venga el trueno furioso

         con el clarín de San Pedro, llorando estoy,

         y barra los ministerios, me voy, me voy.”

 

SEGUNDO VIAJE A EUROPA

También en 1961 viajó a Buenos Aires y de allí a Europa, acompañada por Isabel y Ángel, sus hijos mayores. Participó en el  VIII Festival de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad, celebrado en Helsinki (Finlandia), entre el 28 de julio y el 6 de agosto. Al cual concurrieron 18 mil jóvenes provenientes de 137 países.

Finalizado ese evento, Violeta visitó la Unión Soviética, Alemania Federal, Italia y Francia.

Nuevamente  residió en París, esta vez por tres años. Allí trabajó incansablemente. Cantó en La Candelaria y L’Escala del Barrio Latino; grabó discos; expuso sus trabajos; realizó recitales de canto en la UNESCO y en el Teatro de la Naciones.

Año 1962. Violeta estaba en Europa. En Chile gobernaba Jorge Alessandri Rodríguez, que golpeaba  al pueblo con alzas y represión. Por entonces creó la artista su canción “La Carta”, en ella denuncia:

       “Me mandaron una carta

         por el correo temprano,

         en esa carta me dicen

         que cayó preso mi hermano,

         y sin lástima, con grillos,

         por la calle lo arrastraron, sí.

 

         La carta dice el motivo

         de haber prendido a Roberto

         haber apoyado el paro

         que ya se había resuelto.

         Si acaso esto es un motivo

         presa también voy, sargento, sí.

 

         Yo que encuentro tan lejos

         esperando una noticia,

         me viene a decir la carta

         que en mi patria no hay justicia,

         los hambrientos piden pan,

         plomo les da la milicia, sí.

 

         Por suerte tengo guitarra

         para llorar mi dolor,

         también tengo nueve hermanos

         fuera del que se m’engrilló,

         los nueve son comunistas

         con el favor de mi Dios, sí.”

 

Ese año compuso también “Me gustan los estudiantes” Allí exclama:

      “¡Qué vivan los estudiantes,

         jardín de las alegrías!

         Son aves que no se asustan

         de animal ni policía,

         y no le asustan las balas

         ni el ladrar de la jauría.

        Caramba y zamba la cosa,

         ¡que viva la astronomía!

 

         Me gustan los estudiantes

         que con muy clara elocuencia

         a la bolsa negra sacra

         le bajó las indulgencias.

         Porque, ¿hasta cuándo  nos dura,

         señores, la penitencia?

         Caramba y zamba la cosa

         ¡que viva toda la ciencia!”

 

Otra canción que compuso ese año fue “”Un río de sangre”, un homenaje a Federico García Lorca, Patricio Lumumba, Emiliano Zapata...

        

      “Dejando voy, peregrina,

         mi llanto de rosa en rosa

         por Vicente Peñalosa

         de la nación argentina.

.        Banderas de popelina

         pa recoger tanta sangre,

         que ningún viento desgarre

         porque han de seguir flameando.

         Pues Chile sigue llorando

         a Rodríguez y Recabarren,

         pues Chile sigue llorando

         a Rodríguez y Recabarren”.

 

También el pueblo mapuche está presente en la obra de Violeta. Le dedicó la canción “Arauco tiene una pena”, donde dice:

         “Arauco tiene una pena

         que no la puedo callar,

         son injusticias de siglos

         que todos ven aplicar,

         nadie le ha puesto remedio

         pudiéndolo remediar.

         Levántate, Huenchullán.”

 

También en 1962 escribió: “Santiago, penando estás”.  En 1963 compuso “Ayúdame Valentina”.

Ese mismo año creó “¿Qué dirá el Santo Padre?”, en homenaje a Julián Grimau, comunista español asesinado por la dictadura de Franco.  Allí cantó:

       “Mientras más injusticias, señor fiscal,

         más fuerzas tiene mi alma para cantar.

         Lindo segar el trigo sembrao,

         Regado con tu sangre.

        

         ¿Qué dirá el santo Padre

         que vive en Roma,

         que le están degollando

         a sus palomas?”

 

En 1964, expuso en El Louvre sus pinturas, óleos, arpilleras y esculturas de alambre. Fue la primera vez que una artista sudamericana realiza en ese museo una exposición personal.

 

REGRESA A LA PATRIA

Volvió a Chile en junio de 195. En la comuna de La Reina, en Santiago, instaló una gran carpa, donde tenía la idea de hacer un centro dedicado al folclore.

En 1966 viajó a Bolivia, donde cantó junto a Gilbert Favre. Regresó acompañado de él. Recorrieron el país, actuando en teatros.

 

                        

Gilbert Favré  y   Violeta Parra

 

Compuso sus últimas canciones. Algunas de ellas con contenido político, como “Al centro de la injusticia”. En ella dijo:

“Mientras gastan millones en un momento,

de hambre se muere gente que es un portento,

que    es un portento.

Muchos dineros en parques municipales

y la miseria es grande es los hospitales.

Al medio de  Alameda de Las Delicias.

Chile limita al centro de la injusticia, de la injusticia.”

 

También escribió “Muzúrquica modérnica”. En parte canta:

      “Me han preguntádico muchas persónicas

         si peligrósicas para las másicas

         son las cancióncicas agitadóricas

         ay que pregúntica más infantílica,

         sólo un piñúflico la formulárica

         pa mis adéntricos yo comentárica.

 

         Y he contestádico yo al preguntónico

         cuando la guática pide comídica

         pone al cristiánico firme guérrico

         por su poróticos y sus cebóllicas,

         no hay recogimiéntico que los deténguica

         si tienen hámbrica los populáricos”.

 

Una de sus últimas composiciones fue la refalosa “Cantores que reflexionan”. Compuso otras bellas canciones como “Volver a los 17” y “Run-Run se fue pa’l  Norte” y “Gracias a la Vida”. En ésta última canta:

 

       “Gracias a la vida que me ha dado tanto.

         Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. 

Así yo distingo dicha de quebranto,

         los dos materiales que forman mi canto,

         y el canto de ustedes que es el mismo canto

         y el canto de todos, que es mi propio canto.”

 

PUSO FIN A SU VIDA

Eran las 6 de la tarde del 5 de febrero de 1967. Se escuchó un disparo en  la Carpa de La Reina de Violeta Parra. Una bala de 5,4 gramos se incrustó en la sien derecha de la atormentada artista. Cesó de latir su corazón. Pero su canto permanece, porque es nuestro mismo canto.

 

EL GRAN SIGNIFICADO DE VIOLETA PARRA 

Javier Martínez Reverte escribió en “Violeta Parra, Violeta del Pueblo”:

“El arte excepcional de Violeta Parra, finalmente, cumple otra función no menos importante: la de haber influido decisivamente en lo que se ha llamado ‘Canto Libre’ de América. Sin Violeta no existirían Daniel Vigliette, los Quilapayún, Mercedes Sosa, y tantos otros cantores-políticos de la sufriente América del Sur. Sin Violeta Parra, la Unidad Popular de Salvador Allende no hubiera tenido ese importante sostén folklórico que prestaron Víctor Jara, Inti-Illimani, los Quilapayún y sus propios hijos Ángel  e  Isabel Parra”

 

                                               

 



ROJA FLOR  DEL PUEBLO

Violeta Parra es la roja flor del pueblo chileno, porque por  sobre  todas sus otras gloriosas cualidades, fue capaz de recoger, mantener y difundir la tradición de los heroicos revolucionarios de comienzos del siglo XX.

Efectivamente. Violeta Parra, por  tener sus raíces firmemente fundidas con  la historia y el  alma del pueblo chileno, pudo transformarse en consecuente heredera de Luis Emilio Recabarren y sus compañeros, que emplearon la canción como arma contra los explotadores y un medio para llegar a los trabajadores con un mensaje político. Otro tanto hizo Violeta con sus bellas creaciones.

 

 


EL PRIMER SPUTNIK SURCA EL CIELO DE NUEVA IMPERIAL

 


Hace 69 años:

 

 

 

                                                  Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                  Centro de Extensión e Investigación

                                                  Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

 


 

El viernes 4 de octubre de 1957, me encontraba haciendo clases en el Quinto Humanidades del Liceo de Nueva Imperial. Era la primera hora de la tarde. Golpearon la puerta de la sala. Se abrió y entró Herman Pérez, profesor de Matemáticas y Física, militante socialista. Sin saludarme,  me dijo emocionado:

- Recién informó la radio que la Unión Soviética lanzó hoy exitosamente un satélite artificial... Juntémonos hoy a las 20, frente al liceo para verlo pasar. Los alumnos aplaudieron. Los más felices eran los siete militantes de las Juventudes Comunistas de ese curso.

El resto de la tarde se desarrolló bajo el impacto de la noticia, que en minutos fue conocida en todo el establecimiento. Comentarios, preguntas, opiniones sobre el histórico acontecimiento.

Esa noche, no sólo nosotros dos con el colega Pérez,  estábamos frente al liceo. Éramos varias decenas de personas: profesores, alumnos, vecinos.

Habían venido todos los militantes del Partido y de las Juventudes Comunistas.

Eran las 20 horas y el cielo estaba raramente muy despejado. Brillaban las estrellas. El colega Pérez explicaba algunos detalles técnicos.

Esperábamos expectantes: queríamos contemplar con nuestros propios ojos el primer artefacto enviado por el hombre al espacio.

Un alumno de sexto humanidades fue el primero en verlo:

- ¡Ahí va, ahí va!, exclamó jubiloso. Es como una estrella que se mueve lentamente.

Estalló entonces el grito colectivo: ¡Ahí va!, ¡Ahí va!  Y también los aplausos y los vivas al sputnik y a la Unión Soviética. Rompimos la campesina calma de esa noche de Nueva  Imperial. Pisoteamos la Ley Maldita.

Seguimos con la mirada el majestuoso caminar del viajero espacial  por el firmamento del sur de Chile.

Vi lágrimas en los ojos de  viejos camaradas, en los del carpintero Samuel Salas y en los del zapatero remendón Heriberto Muñoz. Estaban felices y emocionados.

La velada del lunes 7 de octubre de 1957 del Centro Pablo Neruda, de las Juventudes Comunistas,  fue inolvidable. Hubo canciones dedicada a la Unión Soviética. El coro hablado fue preparado con versos de Neruda que hablaban del primer país socialista de la historia.

Mi charla versó sobre el mismo tema. El colega Herman Pérez entregó antecedentes sobre el primer satélite artificial de la tierra:

- Es una esfera muy pulida de aluminio, de 58 centímetro de diámetro y 83 kilos de peso. Tiene dos pares de antenas de 2,4 y 2,9 metros. Fue este pequeño artefacto –concluyó Herman Pérez- el que ha abierto el camino hacia las estrellas.

Lo más notable de esa velada del 7 de octubre de 1957, fue el número de fondo. Cerca de las 22 horas, las decenas de personas que repletábamos  el salón del Centro Pablo Neruda, salimos a la calle para observar, una vez más,  el paso victorioso del primer sputnik soviético por el cielo de Nueva Imperial.

 





viernes, 2 de octubre de 2026

FOSA CLANDESTINA EN CEMENTERIO DE YUMBEL: OTRO CRIMEN DE PINOCHET

 



                                                       

                                                         

                                                    Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                     Centro de Extensión e Investigación

                                                     Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

 


A mediados de octubre de 1973, varios cuerpos humanos fueron desenterrados por unos perros al interior del Fundo San Juan, ubicado entre las localidades de Laja y Yumbel, en la región del Bio Bio. 

El mayor de Carabineros a cargo de la comisaría de Yumbel ordenó trasladar los cadáveres al cementerio de dicha ciudad, acción que se llevó a cabo en horas del toque de queda.

Casi un mes antes, el 18 de septiembre de 1973, se había perdido el rastro de 20 detenidos en Laja y San Rosendo que permanecen en la subcomisaría de Yumbel y que habían sido apresados entre el 14 y el 16 de ese mismo mes. Según versiones de los uniformados, fueron trasladados al Regimiento de Montaña N.º 17 de Los Ángeles, lugar donde no son encontrados por sus familiares. 

Como un secreto a voces, comenzaron  a circular rumores en la zona sobre la vinculación entre lo encontrado en el Fundo San Juan y la desaparición de estas personas. 

Sin embargo, sólo seis años más tarde se iniciaron acciones judiciales al respecto. El 24 de julio de 1979, familiares de las víctimas presentaron una querella por secuestro masivo y presunto homicidio calificado, causa rol Nº2770, en contra de 12 carabineros, ante el Juzgado del Crimen de Laja. La Corte de Apelaciones de Concepción designó un Ministro en Visita para la investigación. 

En agosto de 1979 el arzobispado de Concepción solicitó a la Corte de Apelaciones penquista la designación de un ministro especial para indagar este caso. El tribunal nombró a José Martínez Gaensly, quien el 2 de octubre de ese año encabezó la exhumación de los restos de las víctimas de Laja-San Rosendo. Logró identificar a los responsables de los hechos.

 

LOS AUTORES MATERIALES

Participaron en las detenciones y asesinato los carabineros 

Alberto Fernández Mitchel, Evaristo Garcés Rubilar, Pedro Rodríguez Ceballos, Juan Muñoz Cuevas, Nelson Casanova Delgado, Luis León Godoy, Carlos Fritz Gómez, Gerson Saavedra Reinike, Gabriel González Salazar, Juan Oviedo Riquelme, Anselmo San Martín Navarrete, Lisandro Martínez García, José Otárola Sanhueza, Samuel Vidal Riquelme, Florencio Olivares Dade, Pedro Parra Utreras, Sergio Castillo Basaúr e Israel Ormeño este último civil.

 

El 5 de octubre de 1979, con la colaboración de los familiares se reconocen 11 víctimas.

 

En 1980 el Ministro en Visita se declara incompetente para juzgar a los carabineros. El proceso pasa a la Fiscalía Militar con el rol N°323-80, pero la causa es sobreseída y, luego, cerrada en 1981, después que la Corte aplica la Ley de Amnistía, el 3 de diciembre de 1981.

Una vez más se impuso la impunidad para los crímenes perpetrados bajo la dictadura fascista de Pinochet.

  

LAS VÍCTIMAS

 

•        Juan Antonio Acuña Concha, 33 años, maquinista de FF.CC., militante socialista. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•        Luis Alberto Araneda Reyes, 43 años, maquinista de FF.CC., militante socialista. Detenido en septiembre de 1973.

•        Manuel Mario Becerra Avello, 18 años, estudiante, simpatizante del MIR. Detenido el 13 de septiembre de 1973.

•        Rubén Antonio Campos López, 39 años, profesor, militante del PS. Detenido el 16 de septiembre de 1973.

•      Dagoberto Enrique Garfias Gatica, 23 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, no se le conoce militancia política. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•        Fernando Grandón Gálvez, 34 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, militante del Partido Comunista. Detenido el 14 de septiembre de 1973.

•        Jack Eduardo Gutiérrez Rodríguez, 45 años, contratista, militante del PS. Detenido el 13 de septiembre de 1973.

•        José Juan Carlos Jara Herrera, 17 años, estudiante, no se le conoce militancia política. Detenido el 17 de septiembre de 1973.

•        Mario Jara Jara, 21 años, mueblista, sin militancia política. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•        Jorge Andrés Lamana Abarzúa, 27 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, militante del MAPU. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•        Alfonso Segundo Macaya Barrales, 32 años, comerciante, militante comunista. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•      Heraldo del Carmen Muñoz Muñoz, 27 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, militante socialista. Detenido el 13 de septiembre de 1973.

•       Wuilzon Gamaniel Muñoz Rodríguez, 26 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, sin militancia política. Detenido el 14 de septiembre de 1973.

•        Federico Riquelme Concha, 38 años, empleado de la empresa Cóndor, sin militancia política. Detenido el 13 de septiembre de 1973.

•     Luis Onofre Sáez Espinoza, 37 años, obrero, militante MAPU. Se presentó voluntariamente ante las autoridades el 20 de septiembre de 1973.

•        Oscar Omar Sanhueza Contreras, 23 años, profesor, sin militancia. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

•        Luis Armando Ulloa Valenzuela, 51 años, obrero, militante del PC. Detenido el 14 de septiembre de 1973.

•        Raúl Urra Parada, 23 años, empleado de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, militante comunista. Detenido el 13 de septiembre de 1973.

•        Juan de Dios Villarroel Espinoza, 34 años, obrero, militante del PC. Detenido el 14 de septiembre de 1974.

•        Jorge Lautaro Zorrilla Rubio, 25 años, obrero-minero en Argentina, se encontraba de vacaciones en Chile. Detenido el 15 de septiembre de 1973.

 


El pueblo rindió homenaje a los mártires y repudió a  los asesinos

 

UN TESTIMONIO:

Florinda Riquelme Concha, relató el caso de su hermano, Federico Riquelme Concha, 38 años, casado, dirigente sindical, obrero de la Papelera Laja: “El día 13 de septiembre de 1973, en el momento en que mi hermano salía de su trabajo, en la Papelera Laja, fue detenido por una patrulla de Carabineros, al mando, del sargento Pedro Rodríguez. Durante la tarde, mi cuñada Selva Valdebenito fue a avisamos de la detención de mi hermano y que se encontraba en la Tenencia de Laja, donde fue visitado por ella durante los días 14, 15 y 16 de septiembre. El día 16, el sargento Pedro Rodríguez le entregó algunas pertenencias de mi hermano porque sería trasladado al Regimiento de Los Angeles. El día 17, al ser visitado por ella, se le informó que mi hermano había sido llevado al Regimiento de Los Angeles ese día. Desde ese momento acompañé a mi cuñada a los distintos lugares donde había campos de concentración para presos políticos, sin obtener ninguna información de su paradero”. 

En el año 1986, la escritora y dramaturga comunista chilena Isidora Aguirre creó y puso en escena  el “Retablo de Yumbel”, un montaje sobre la persecución de cristianos en el siglo III, pero que hacía alusión también a la represión política de la dictadura chilena y a la ejecución de 19 personas cuyos cuerpos fueron encontrados en la localidad de Yumbel, región del Biobío.