jueves, 4 de junio de 2026

EN EL 114º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

 

Hoy es el 114° Aniversario de la Fundación del Partido Comunista de Chile, recordamos este gran acontecimiento para nuestro país y lo hacemos a través de las palabras escritas del también recordado historiador del CEILER, Iván Ljubetic Vargas.

 

 

                                        Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                        Centro de Extensión e Investigación 

                                         Luis Emilio Recabarren, CEILER

 


 

 


 

El Partido Comunista de Chile fue uno de los primeros partidos revolucionarios surgidos en el mundo.  En Chile, es el segundo más antiguo. Sólo el Partido Radical se fundó antes. 

Fue necesario que se conjugaran dos factores para que naciera el partido revolucionario de la clase trabajadora.

 

Uno objetivo: la existencia de una combativa clase obrera. Otro subjetivo: las ideas revolucionarias del marxismo. 

Ambos factores,   maduraron en un período que el historiador Hernán  Ramírez  Necochea   denominó “Una especie de Prehistoria del Partido Comunista de Chile”.

 

EL FACTOR OBJETIVO

Esta Prehistoria se inició  en los años 20 del siglo XIX, con el surgimiento de los primeros destacamentos obreros. Estos nacieron en la Región de Atacama, al aparecer  formas capitalistas de producción en las faenas mineras y otras actividades,  como obras públicas, fundiciones, fábricas, transporte.

 

La clase trabajadora nació combatiendo. Ya en el año 1834 estalló la primera huelga obrera de la historia de Chile, en el mineral de plata de Chañarcillo, ubicado cerca de Copiapó, en la provincia de Atacama.

 

En el siglo XIX contabilizamos 110 huelgas obreras en Chile. 

En 1883 finalizó la Guerra del Salitre, que Recabarren, con toda razón, llamó “guerra  de conquista de 1879, en que la clase gobernante de Chile se anexó  la región salitrera”.

 

A partir de ese momento fueron incorporadas al territorio nacional las provincias de Tarapacá y Antofagasta, pasando a formar parte del proletariado chileno los trabajadores que laboraban en ellas.

En 1890, asalariados de la provincia de Tarapacá fundaron la primera organización obrera, llamada  “La Unión es Fuerza”.

 

EL FACTOR SUBJETIVO

En 1982 llegaron a Chile las ideas revolucionarias del “Manifiesto del Partido Comunista”, escrito por Carlos Marx y Federico Engels en 1848.

 

En 1894, Luis Emilio Recabarren, el más grande líder de los trabajadores y la más importante personalidad de la historia de Chile, se inició en la lucha social. Por entonces tenía 18 años y se incorporó al Partido Demócrata.

 

Recabarren había nacido en Valparaíso, el 6 de julio 1876.

 

Sólo pudo estudiar tres años en una escuela de ese puerto. En 1890, su familia se trasladó a Santiago, donde  comenzó a trabajar, a la edad de 14 años, como obrero tipógrafo en una Imprenta.

 

A pesar de ser duramente explotado, tuvo el valor de leer, de estudiar por su cuenta. Fue un autodidacta. Y lo más importante, es que puso sus conocimientos al servicio de sus hermanos de clase.

 

 

    










Luis Emilio Recabarren Serrano

 

 

SURGEN LAS SECCIONES SOCIALISTAS

En la edición del 21 de mayo de 1912 de ‘El Despertar de los Trabajadores’, de Iquique, escribió Recabarren un artículo titulado “Vamos al Socialismo”, donde relata:  “Desde que se inició la reorganización del Partido Demócrata en esta provincia, se inició  también una tendencia bien marcada para que nuestra organización fuera envuelta en la idea socialista y tomando su propio nombre.

 

Tan es así que un buen número de las nuevas agrupaciones de la pampa, tomaron el nombre de socialistas, manifestando con ello querer avanzar en las ideas y en la acción”.

 

Recabarren finalizaba su artículo diciendo: “Alcemos bien nuestra frente y sin vacilaciones fundemos aquí el formidable pedestal del Partido Socialista de Chile”.

 

TAMBIÉN EN MAGALLANES

‘El Despertar de los Trabajadores’ publicó el 27 de agosto de 1912 una carta enviada por el Partido Socialista chileno de Punta Arenas,  de fecha 11 de julio de 1912, donde se  decía:

 

“Señores

Miembros del Partido Socialista Obrero.

Iquique.

Apreciados compañeros:

Por el importante órgano del proletariado de esa ciudad, ‘El Despertar’, hemos podido informarnos de que con fecha 23 de mayo del año en curso se ha formado en esa el Partido Socialista.

 

El 21 de ese mismo mes quedaba organizado en este otro extremo de la República ese mismo gran partido que esperamos y deseamos eche hondas raíces en nuestra nación y sea el salvador de nuestra patria.

Cúmplenos, pues, ofrecerles nuestra más franca adhesión...

Por los compañeros,              Luis E. Mart.”

 

En el extremo sur del país había surgido la clase obrera en las faenas de la ganadería e industrias derivadas de ella, en  los años 80 del siglo XIX. En 1896 se fundó la primera organización obrera y el 17 de abril de 1897 estalló la primera huelga de trabajadores.

 

LA FUNDACIÓN OFICIAL

Así se fueron creando las condiciones para la fundación del Partido Comunista de Chile.

 

Era la época de oro del salitre. Funcionaban 170 oficinas salitreras, en las que laboraban cerca de 50 mil pampinos.  La provincia de Tarapacá bullía en actividad.

 

En Iquique, corazón palpitante de esa región, treinta revolucionarios, encabezados por Recabarren, se reunieron el 4 de junio de 1912, en una casona ubicada en calle Barros Arana Nº 9 de ese puerto.

 

Otros participantes en esa sesión fueron Elías Lafertte; Teresa Flores, única mujer fundadora de un partido en Chile; el ecuatoriano David Barnes; el español, Nicolás Aguirre Bretón; Néstor Recabarren, Ruperto Gil, Enrique Salas, Salvador Barra Woll.

 

Allí se fundó el Partido Comunista de Chile. Nació con el nombre de Partido Obrero Socialista, porque en esa época todos los partidos revolucionarios de la tierra se llamaban socialista o socialdemócrata.

Durante casi tres años el Partido careció de una estructura nacional. Las diversas secciones del país tenían por centro de orientación e información a Recabarren.

 

CON ESTRUCTURA NACIONAL

Esta situación se  superó con la realización del Primer Congreso, el 1 y 2 de mayo de 1915.

Lo presidió Luis Emilio Recabarren, quien con fecha 26 de mayo de 1915, escribió en ‘El Despertar de los Trabajadores’ de Iquique:

“Con la realización del Congreso el naciente Partido Socialista, que sólo cuenta con 18 secciones desde Pisagua a Punta Arenas ha afirmado su unidad nacional, porque todas las secciones se han dado un programa y un reglamento general, por el cual se regirán en el desarrollo de su labor interna.

“El Congreso ha creado también el Comité Ejecutivo Nacional del Partido, que residirá en Valparaíso hasta septiembre de 1916”.

 

PADRE DEL MOVIMIENTO OBRERO CHILENO

Al adquirir conciencia de clase amplios sectores de trabajadores, al fundarse el Partido Comunista y surgir el sindicalismo clasista, nació el Movimiento Obrero chileno. Ello ocurrió en el segundo decenio del siglo XX y fue fruto, en parte decisiva, de la obra de Luis Emilio Recabarren.

 

El Movimiento Obrero jugará un rol cada vez más influyente en la Historia de Chile y su mayor conquista la constituirá el Gobierno de Salvador Allende.

 

 

EL PC DE CHILE Y LA CRISIS DE LA II INTERNACIONAL

Al estallar en julio de 1914 la Primera Guerra Mundial, los dirigentes de la Segunda Internacional traicionaron los principios del internacionalismo proletario, al llamar a los obreros de los países  involucrados en ese conflicto bélico, a defender sus patrias, es decir, a  matarse entre ellos, en aras de los intereses de sus patrones.

 

Se produjo lo que Lenin llamó la “bancarrota de la Segunda Internacional”.

 

Esta traición de los dirigentes de la Segunda Internacional produjo una profunda crisis en los partidos obreros. Estos se dividieron, surgiendo colectividades  revolucionarias, que fueron adoptando el nombre de comunistas.

 

En el mundo, sólo dos partidos obreros no sufrieron esa crisis y se mantuvieron como un todo con las posiciones revolucionarias. Fueron el Partido de Lenin en Rusia y el Partido de Recabarren en Chile.

 

El 7 de noviembre de 1917, los comunistas rusos llevaron a cabo la Revolución Socialista, uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad.

 

Convocados por Lenin, se reunieron en Moscú representantes de numerosos partidos revolucionarios. De ese encuentro  surgió, el 6 de marzo de 1919, la Tercera Internacional, también llamada Internacional Comunista o Komintern.

 

LA ADHESIÓN DE LOS COMUNISTAS CHILENOS

Los días  25 y 26 de diciembre de 1920 se realizó en Valparaíso el Tercer Congreso Nacional del Partido Comunista  de Chile.

 

Este evento aprobó la proposición de Recabarren de adherirse a la Internacional Comunista, luego que todas las secciones del país aprobaran este importante paso. El debate en las secciones tuvo lugar en 1921. Todas estuvieron de   acuerdo con incorporarse a la Internacional.

 

El Cuarto Congreso Nacional, efectuado en Rancagua el 1 y 2 de enero de 1922, ratificó la adhesión a la Internacional Comunista. Y, cumpliendo con  una de las 21 condiciones para ingresarse a ella,  cambió el nombre por el de  Partido Comunista de Chile.

 

Cambió sólo el nombre, pues se mantuvieron los dos mil militantes, siguieron los mismos dirigentes, el Programa, los Estatutos y una estructura orgánica en base a secciones que funcionaban como asambleas y un débil Comité Ejecutivo Nacional.

 

Por tanto, en 1922 no hubo fundación ni refundación del Partido Comunista de Chile.

Al cumplir los comunistas chilenos 108 años de historia, renuevan sus ideales marxistas-leninistas y continúan, fieles a la herencia de Luis Emilio Recabarren y  otros fundadores, su inclaudicable lucha por un Chile mejor.

 

 

                                 




                                     


domingo, 31 de mayo de 2026

Ay, Pisagua.

 


Comentario radial y escrito

 

 

 

 



La memoria incrustada en la historia es un recuerdo que no se olvida. Tiene más andenes que toda la humanidad.

Vivimos tiempos en que la lucha de clases se ha transformado en una catarata imparable, desordenada, indomable; que la del Iguazú parece el llanto de una acequia.

Al menos yo, si no fuera por mi “Ay dios mío de los coloraos” no sabría pá onde disparar”.

El intelecto, que sendera mi conciencia, es, “mi dios mío de los coloraos”.

Quien podría imaginarse la tragedia del estrecho de Ormuz, del crimen salvaje y selectivo en cada parpadeo del Líbano.

Esa Gaza de escombros protegida.

¿Exterminaron las generaciones de Judas, el Galileo?

Es cierto, demoler una estructura en la que se yergue nuestra humanidad, nuestra identidad, nuestra forma de mirar al otro, de sentir al otro, de saber ser, de querer ser tan, tan cruel, tan de hambre, tan de muerte sin sentido, de tanta miseria social, es una indecencia.

Si, es una indecencia.

Y no hace falta cachurear las indecencias por otras geografías, sobra con el vivir incierto, de mi paisito, flaco y largo.

Nuestro territorio, por lo largo y estrecho, por su cordillera y mar, por sus recursos de norte a sur almacenados, somos un tanto privilegiados; no lo digo con “suficiencia”, al contrario, lo digo por “quien paga las habas que se comió el burro”.

Quien nos mandó a ser tan atrayente, tan escondido, con tantos recursos a flor de piel, recursos que encendieron y encienden codicia descontrolada, una concupiscencia tan de carnaval, que no la vez, y, ella, tarde o temprano ira por ti.

¡Te va a pillar!

¡Te pillo!

La gente de mi país, con sus ancestros, con su mestizaje, con sus inmigrantes, con su geografía abrupta y dispareja, nos ha vestido un tanto diferentes.

Es cuestión de escuchar los hablares.

Las invasiones de rapiñas y crímenes, de genocidios perpetuados por los grandes imperios europeos, más, la rapidez de los calendarios; el “parir la chancha”, y las resistencias indomables de oriundos, de mestizos y criollos, fueron almacigando un bagayo de 208 años antiguos.

Para caer en patota, con vergüenza ajena, en una encomienda, al puro estilo colonial, a merced de un fascismo siglo XXI, con fauces abierta, protegiendo desesperado los estertores finales de un sistema mundial en descomposición.

Una descomposición que no se sabe, si se aterra o se ríe.

Es cuestión de ver y escuchar, al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Sus intervenciones son muestras de la inmoralidad de un sistema en descalabro; sin embargo, todas las plataformas de información, en redes sociales, en el mundo entero, están pendientes de sus intervenciones.

Es un cilicio muy a la moda.

Los que saben, dicen que un periodo histórico en Europa, se le llamo, de la “Ilustración”, fue, un movimiento de la intelectualidad de los cuicos de esa época.

Por esos tiempos, se asomó como por encanto la revolución francesa, las ideas de igualdad, de progreso, de preguntarse del porque existimos.

De la didáctica “a lo, Descartes”, “Pienso, luego existo”, o reflexionar sobre la tolerancia, el conocimiento; incluso, de la soberanía y el respeto público.

La Ciencia se venía en patota y se vestía apresurada.

La revolución Industrial, por necesidad del capital, se asomó.

Llegaba igualita a lo que sucede hoy en día, con la Inteligencia artificial.

Todo para fortalecer, idealizar selectivo, predios, minerales y cultivos, conciencias e ignorancias, absolutamente contrario a la idea de “un bien común”, que se cocía en los salones medievales y en los salones y de predios del riquerio de hoy en día.

Grito de esta manera, para ahuyentar los yataganes.

La revolución industrial, para ser revolución, necesitaba de recursos materiales, de la tierra, del mar y de lo humano.

Chile, mi paisito flaco, les abrió las puertas a lo John Wayne al Imperialismo británico, todo poderoso.

Y más tarde, al mismito John. Ese, de las 52 estrellas, olfateando voraz, alguna acorralada por sus garras inmorales.

Lo que es la cosa del poderoso.

No puedo entender esa forma de ir y venir andrajoso, hambriento, tiritando de frio, sudando de calor, explotado por el capital, empujados jubilosos por la patria, a matarse entre hermanos continente y, la gran mayoría, de ese caminar de hormigas, como las que se alojaron en la Escuela Santa María en Iquique, no hablaban ni hablan inglés.

Mi norte, mi sur, era un Sudáfrica chiquitito.

La explotación del hombre por el hombre era un crimen salvaje.

Con el tiempo, lo salvaje, se fue suavizando, y no fue como una táctica del capital, pá na. Fue, por la organización de la clase obrera, por su comprensión de clase.

De entender, que solamente, unidos como clase, se puede levantar defensas por los derechos, como las marchas callejeras, mítines, huelgas, todo lo que sea necesario para vivir de acuerdo con el desarrollo de las ciencias y de lo humano; la vivienda, la salud y la educación sean un derecho innegable.

Esas organizaciones de clase, como las mutuales, las mancomunales, el desarrollo de identificación de clase de los partidos políticos, como el partido demócrata en 1887.

Luis Emilio Recabarren, tenía 18 años cuando ingreso a ese partido de clase.

Al correr por el desierto, por los sembrados, por la vida de pais tanta injusticia social, era menester más organización del asalariado, del proletario. El auge o la moda de estas ideas, luchas sociales, de clase, el oportunismo político invento la clase media. Como que si esta clase, estuviese vacunada contra el hambre, contra la pobreza, contra la ignorancia.

El 4 de junio de 1912, abandonando el Partido Democrático, Luis Emilio Racabarren, inicia junto a otros visionarios, el Partido Obrero Socialista. La causa de esa ruptura fue el abandono del Partido Democrático a las defensas de los derechos políticos de la inmensa masa trabajadora.

En esos tiempos, la efervescencia social en Chile, eran enorme, los obreros, los estudiantes de todo Chile era una ola de rebeldía que luchaba por sus derechos, imparable.

El Partido Obrero Socialista, sus planteamientos, su estructura, no daban a vasto para tanta rebeldía social. Se hacia necesaria una nueva estructura política, con otra visión, con objetivos concretos y a largo plazo.

Esos fueron los elementos, los conceptos, que dieron vida al Partido Comunista de Chile.

Las ansias del Conservadurismo nacional, de sus oligarquías de todo lo que huela a ganancias, de sus perros de presa, el fascismo, no es nuevo. Tiene más de 90 años en un eterno remojo.

Siempre ha sido vigente, por el miedo del riquerio, incluso, de su respirar y hacer de la hoz y el martillo.

La ley 8987, dictada en 1948, por Gabriel Gonzales Videla, presidente de Chile, denominada “de defensa permanente de la democracia” dejo fuera del derecho político de existir.

Y, yo le encuentro razón al traidor.

No se puede ser aliado político, aunque tu seas elegido presidente de la nación, gracias a ese conglomerado político, si, este, en las calles, en fábricas, minas y socavones, en melgas y escuelas toma partido por los desposeídos, por los derechos, por la dignidad de vivir.

Por eso a sus militantes, a Pisagua los confinaron.

Lo ocurrido con el fascismo de Augusto Pinochet y de sus esbirros, no se necesita decir nada.

Duele todavía.

Lo que ahora, anda en boga, es lo mismo que sucede en el mundo entero. La razón de vivir, de existir, por moral, por ética, por humanidad, el pueblo tiene que parar esas falacias del fascismo contemporáneo.

Que no es otra cosa que la aplicación brutal de un neoliberalismo que niega todo lo conseguido por los derechos integrales de los habitantes de un país.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260531

 


sábado, 30 de mayo de 2026

UNA COMUNISTA LLAMADA JULIETA CAMPUSANO

 

Al cumplirse 108 años de su natalicio, recordamos en el Boletín Rojo, a Julieta Campusano Chávez, quién fuera diputada, senadora y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile.  Lo hacemos en estas páginas a través de un escrito del Historiador Iván Ljubetic Vargas.




En el 108º aniversario de su nacimiento: 

 

 

 

 

                                            Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                             Centro de Extensión e Investigación

                                              Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

                                            

 


Julieta Campusano Chávez nació en Tocopilla el 31 de mayo de 1918. Su padre, Eleodoro Campusano, era  un obrero que laboraba para la Chile Exploration; su madre, doña Jesús Chávez, lavandera.

La propia Julieta relata así su niñez y juventud:

“Fui tejedora, costurera, dependiente de una tienda y después en una pulpería. Tuve que trabajar desde muy joven, porque la necesidad en mi hogar era muy grande. A mi padre lo habían despedido de una empresa norteamericana que trabajó en Tocopilla”.

 

REINA DE LA PRIMAVERA 

Lo que no dice Julieta, lo cuenta el periodista Jorge Soza Egaña evocando la juventud de ella: “Mi primer recuerdo viene en una ola del norte, de Tocopilla, su ciudad natal. Eran las fiestas de la primavera y ella pasó en un carro adornado con flores y un letrero que decía: ‘Julieta Campusano, candidata de la Villa Covadonga’. Habían terminado las clases en mi escuelita, situada frente al mar, y nos apiñamos para verla. ‘Es la más bella de todas’, dijo un niño que vivía en la Villa. En ésta habitaban  los trabajadores de la Chile Exploration, la firma norteamericana que explotaba la planta eléctrica que suministraba energía al mineral de Chuquicamata. Un día, el padre de la candidata fue despedido y la familia emigró a Coquimbo. Después supe que Julieta fue reina”.

 


Tocopilla, 1920

 

 

SE INCORPORA A LAS JUVENTUDES COMUNISTAS 

En Coquimbo inició su larga trayectoria de luchadora política y social. Ingresó a las Juventudes Comunistas en 1934, cuando tenía 16 años de edad

Formó parte de la delegación de 12 jóvenes enviados por Coquimbo al  Congreso de la Alianza Libertadora de la Juventud, realizado en Santiago en septiembre de 1937.  Luis Corvalán la conoció  en esa ocasión. La recuerda así: “Era una lola gordita, llena de vida”.

En 1943, residiendo ya en Santiago, participó activamente en la comisión preparatoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres. Este tuvo lugar en 1944 y de él surgió la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), presidida por Amanda Labarca y Julieta Campusano, que tenía como principal objetivo la obtención de los derechos políticos para las mujeres.

 

MIEMBRO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PC 

En el XIII Congreso Nacional del Partido Comunista, efectuado en la capital entre el 8 y el 15 de diciembre de 1945, fue elegida miembro del Comité Central.

Luis Corvalán señala que “Julieta ha sido la mejor encargada femenina que ha tenido el Partido Comunista, y dicho esto sin desmerecer en absoluto la gestión cumplida por otras compañeras que la antecedieron o la sucedieron”.

Formó parte, designada por el Partido, de la comitiva que acompañó al candidato González Videla, durante la campaña presidencial que culminó el 4 de septiembre de1946, con el triunfo de éste.

 

EN LA CÁRCEL

En abril de 1947 fue elegida regidora por la Comuna de Santiago.

Tres ministros comunistas formaron parte del primer gabinete de González Videla. Abandonaron el gobierno a mediados de 1947. En octubre de ese año, consumada la traición al programa jurado al pueblo, se inició la persecución contra los comunistas. Cientos de ellos fueron relegados a Pisagua.

Julieta Campusano fue detenida y enviada a prisión en avanzado estado de embarazo. Entonces mostrando esa firmeza de toda su vida, exigió al gobierno y a las autoridades carcelarias, q  ue la  trasladaran a una clínica. Porfió hasta conseguirlo. Así fue como fue en una clínica, y no en la cárcel como pretendió el traidor, donde dio a luz a su hija Dolores.

 

LA LEY MALDITA 

En septiembre de 1948, González Videla  promulgó la mal llamada Ley de Defensa de la Democracia. Fueron borrados 40 mil ciudadanos de los Registros Electorales. Uno de ellos, fue Julieta.

Pero ella siguió luchando. Jorge Soza la evoca: “La veo en un acto, en Santiago. Aparece de pronto, burlando la Ley Maldita dictada por el Congreso y promulgada en septiembre de 1948. Me recordó a Gabriela Mistral: su  mismo señorío. Irradiaba, como la Mistral: dignidad”

Julieta Campusano trabajó activamente en la campaña presidencial de 1952 de Salvador Allende. Es conocida una foto de ese año: en el proscenio de un acto aparece ella, Elías Lafertte y el candidato del Frente del Pueblo.

 


 

Julieta Campusano, Elías Lafertte y Salvador Allende durante la campaña presidencial de 1952

 

 

CON BUENA BRÚJULA POLÍTICA 

El 8 de marzo de 1958, falleció el secretario general del PC, el obrero Galo González. “El Comité Central –escribe Luis Corvalán  en “De lo vivido y lo peleado”- me eligió como su secretario general. Galo González, en su lecho de muerte, había alcanzado a decir José González que, en su opinión, yo debería sucederlo. Julieta Campusano fue la primera en expresar su acuerdo:

-Corvalán –dijo- es un revolucionario formado por el Partido. Y se explayó en otras consideraciones y palabras elogiosas que no puedo repetir.”

Al respecto, Julieta Campusano expresó hacia 1975: “Corvalán recuerda siempre que fui la que lo propuse para secretario general del Partido, y se reía porque dije que lo proponía porque lo consideraba el más equilibrado de todos. Según mi concepto él aparecía indiscutiblemente como el compañero que debía suceder al compañero Galo...”

El 2 de agosto de 1958, fue derogada la Ley Maldita. El PC recobró su legalidad. Con ese motivo, el Partido nombró una delegación formada por Luis Corvalán,  Pablo Neruda y Julieta Campusano, quienes se entrevistaron con el Presidente  Carlos Ibáñez del Campo para agradecerle la exitosa iniciativa que él había tomado en orden a derogar la ley que mantenía a los comunista al margen de la igualdad de derechos y que había pretendido mantenerlos al margen de la vida política.

 

FRATERNALMENTE SEVERA 

Conocí a la compañera Julieta en Temuco hacia fines de 1958. Por entonces, yo era el secretario político de las Juventudes Comunistas de Cautín. Ella asistió a una reunión de nuestro Comité Regional.

 

En mi informe -todavía muy influido por el éxito  obtenido por la Jota de Cautín en el Tercer Congreso Nacional de las Juventudes Comunistas de Chile, realizado clandestinamente en Santiago, del 30 de enero al 2 de febrero de 1958, donde fuimos la mejor provincia y yo elegido para el CC- critiqué a los miembros del CR de la Jota por no cumplir con sus responsabilidades  como correspondía. Luego que interviniéramos todos, habló la sabia camarada. Señaló las principales tareas para los comunistas chilenos en esos momentos y estimuló el trabajo que realizábamos.

 

Terminada la reunión, me llamó a un lado y me dijo fraternalmente: “Mijito, usted es un buen dirigente, usted tiene una gran vitalidad y mucha conciencia comunista, pero no puede exigir que los otros miembros del Regional caminen a su tranco. Así los puede quebrar”

 

 

DIPUTADA

Julieta Campusano fue elegida diputada por el Segundo Distrito de Santiago para el período 1961- 1965.

Presentó varias mociones, algunas fueron Leyes de la República: Por ejemplo, la Ley Nº 15.711 del 6 de octubre de 1964, sobre expropiación de terrenos de la Comuna de Quinta Normal  para construir una plaza de juegos infantiles; la Ley Nº 16.247 del 28 de abril de 1965, sobre un Empréstito a la Municipalidad de Quinta Normal.

También participó activamente en la Ley de Jardines Infantiles, en la Ley de Jubilación de la Empleada de Casa Particulares y en la Ley de la Jubilación de la Mujer a los 60 años.

 

POR LOS CERROS DE COQUIMBO 

Recuerdo que en el verano de 1965 fuimos con Marcia a pasar unos días de vacaciones a Coquimbo. El mismo día de nuestra llegada me presenté en el local del Partido por si podía ayudar en algo. Me recibieron muy fraternalmente y me dijeron: 

-Muchas gracias, compañero, pero usted, compañero, vino a descansar, pues descanse...

De todas formas, dejé el número del teléfono de la casa de mi cuñada, donde estábamos.

 

A las pocas horas sonó la campanilla del fono. Pidieron hablar conmigo. Tomé el teléfono.

- Compañero Iván -me dijeron- ha llegado la compañera Julieta y no tenemos quien la acompañe, podría...

Fue así, como Marcia y yo, salimos con la compañera Julieta a recorrer los cerros de Coquimbo. Allí pudimos comprobar la manera en que llegaba a la gente, como criticaba cualquier rasgo de machismo, como hablaba con mucha sencillez y convencimiento. Anduvimos harto, pero aprendimos mucho de ella.

 

En marzo, cuando ya habíamos regresado a Temuco,  supimos que  había sido elegida senadora por la Segunda Agrupación Provincial de Atacama y Coquimbo por el período 1965 – 1973.

Como senadora, integró la Comisión Permanente de Minería y  de la de Agricultura y Colonización. Fue, además, miembro de la Comisión Mixta de Presupuesto e integró el Comité Parlamentario del Partido Comunista entre 1968 y 1969.

 

CONTRA LOS MASACRADORES 

El 11 de marzo de 1966, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, tropas del ejército asesinaron  a 6 obreros y dos mujeres en el mineral de cobre de El Salvador, en el desarrollo de una huelga de solidaridad de esos mineros con sus hermanos de El Teniente.

En la sesión del 14 de ese mes del Senado, los parlamentarios democratacristianos propusieron una amnistía que borrara ese crimen. La senadora Campusano advirtió que aunque se aprobara esa amnistía “el pueblo no olvidará que el Gobierno de la ‘revolución en libertad’ manchó sus manos con sangre de chilenos y entre ellos, de dos mujeres proletarias”.

En medio de un debate muy agitado, hubo “insultos intercambiados entre los senadores democratacristianos José Foncea, Benjamín Prado, Alejandro Noemí y los senadores Raúl Ampuero, Jaime Barros y Julieta Campusano”.

El proyecto de amnistía fue aprobado por la Cámara Alta ese día 14 de junio de 1966, por 18 votos a favor, 8 en contra, una abstención y dos pareos.

 

PORTADORA DE LA SOLIDARIDAD 

El 9 de marzo de 1969,  también durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, carabineros perpetraron la masacre de pampa Irigoin, en Puerto Montt, contra pobladores. Diez fueron las víctimas, además de varios heridos. A esa ciudad sureña llegaron el 10 de marzo, Salvador Allende, Presidente del Senado, Julieta Campusano, senadora comunista y Mario Palestro, diputado socialista. Los tres participaron en los masivos funerales llevados a cabo al día siguiente.

 

En la  36ª sesión extraordinaria del Senado, del 13 de marzo de 1969,  Julieta Campusano dijo en parte de su discurso con motivo de la masacre de Pampa Irigoin: “Las balas asesinas se llaman Frei, Pérez Zujovic. Ellos han dicho que no tolerarán ocupaciones ilegales. Pero para ellos, el hambre, la miseria, la vivienda insalubre y la condición de allegados, eso es legal”.

 

SU OPINIÓN SOBRE LUIS CORVALÁN 

Julieta Campusano de ágil inteligencia, aguda observadora, trabajadora, muy responsable,  jugó un importante rol como miembro del Comité Central. Tenía opiniones bien formadas.

 

 

 


Por ejemplo, sobre el secretario general decía hacia 1975: “En realidad la impresión que da Corvalán  es que él pensaba, pensaba mucho, se hacía su propio análisis de la situación. Entonces el producto de ese análisis que él hacía, lo llevaba a la Comisión Política... Siempre sus intervenciones en la Comisión Política eran interesantes. E invitaba a los demás, que fuimos aprendiendo también, a que se pensaran las cosas, no a hablar por hablar, sino a que hubiera un análisis de los planteamientos para sacar una conclusión correcta, una línea correcta...  

A Corvalán, entre todos los méritos, yo le considero que tiene uno, el del trabajo colectivo. Cuando preparaba un informe, él lo llevaba a la dirección del Partido, para que se viera, para que se leyera, para que se le criticara. No tenía ‘orgullo’ de su obra, de lo que él había hecho: cortaba, borraba, hacía de nuevo y recogía la opinión de todos, hasta del más modesto miembro de la dirección, que le podía hacer alguna sugerencia, algún alcance a lo que él había preparado. No es una personalidad que aplaste. Es una personalidad que está siempre en el medio del grupo... Y lo otro es que él trataba de exigir más a los cuadros, que dieran más. Siempre estaba sosteniendo que cada uno de los miembros de la Comisión Política era capaz de dar más, y por lo tanto debía dar más”.

  

EN EL TRIUNFO Y EL GOBIERNO POPULAR 

El 4 de septiembre de 1970, triunfó Salvador Allende. Julieta Campusano, junto a Luis Corvalán y Pablo Neruda formaron la delegación del PC, que en la mañana del 5 de septiembre fue a  visitar y saludar al  Presidente Electo.

El 3 de noviembre de 1970 se inició el Gobierno Popular. Desde el primer día, el Partido Comunista se entregó de lleno a cumplir con las principales tareas de ese momento.

En junio de 1971 tuvo lugar un Pleno del Comité Central dedicado a la “batalla de la producción”. El Informe fue entregado por José Cademartori.

La compañera Julieta Campusano, en parte de  su intervención,  titulada “Proyectar moral proletaria a las  masas trabajadoras”,  dijo:

“Desde que el Gobierno de la Unidad Popular asumiera sus funciones han transcurrido cinco meses, y desde entonces hasta ahora, gradualmente, hemos visto cómo día a día aumenta la responsabilidad que tenemos los comunistas en el éxito o el fracaso del Gobierno Popular…Por lo que significa, queremos destacar con satisfacción de militante comunista, el aumento de la producción logrado en el carbón, en el salitre, en el mineral de El Salvador y otras industrias como textiles, acero... Ello no es una casualidad. Allí donde ha  habido más luchas sociales, más vida sindical, donde se ha sacado del economicismo a los trabajadores, ahí donde se ha elevado el nivel político de la clase obrera, ahí precisamente es donde hemos logrado los primeros triunfos de la gran batalla, por el aumento de la producción. Así se responde al imperativo histórico que nos  demanda el Gobierno y el Programa de la Unidad Popular.

“Desde aquí felicitamos  a cada uno de esos obreros y obreras. Pioneros del hombre nuevo. Iniciadores conscientes de estas jornadas, expresión clara de la moral proletaria y del nuevo concepto del trabajo social. Este es el camino de la victoria. A ese camino hay que conducir a millones de chilenos”.

En 1973, Julieta Campusano  fue promovida al  secretariado del Comité Central del Partido. En marzo,  reelegida Senadora por el período 1973 -1981 Pero, a través  del Decreto Ley 27, de fecha 21 de septiembre de 1973,  los fascistas eliminaron el Congreso Nacional.

Tras el golpe se asiló en la Embajada de Holanda. Durante el exilio, que lo vivió en la República Demócrata Alemana, Cuba, Holanda y Argentina, tuvo una   destacada actuación como dirigente comunista.

 

EN EL PLENO DE AGOSTO DE 1977


Julieta Campusano fue uno de los 41 miembros del Comité Central  y 20 invitados, que tomaron parte en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista  de Chile, efectuado en el exterior en agosto de 1977. El informe fue rendido por el secretario general del Partido, compañero Luis Corvalán.

 

En su intervención, la compañera Julieta dijo:

“Al escuchar el informe del compañero Corvalán se sintetiza toda una etapa de lucha, en que las posiciones de la clase obrera, venciendo mil obstáculos, se abren paso por conquistar el poder. Durante el curso de su lectura revivimos toda esa intensa jornada. Los mil luminosos días del Gobierno Popular y la brutalidad del golpe fascista. Gracias, compañero Corvalán, por habernos trasladado al corazón mismo de nuestro pueblo...

“Confieso que nunca como ahora me había costado tanto intervenir en una reunión del Partido como en esta oportunidad...

“Durante estos años la gesta heroica de la resistencia chilena, de sus trabajadores y mujeres, viene contando con el respaldo solidario de masas inmensas en el mundo. Solidaridad que ha sorprendido al imperialismo y que en vez de disminuir ha ido creciendo...

“Pienso que este Pleno es el de más alto nivel político a que he  asistido en mis 23 años de miembro del Comité Central. Estoy impresionada por la calidad de las intervenciones, por la disposición revolucionaria manifestada por cada uno de los compañeros a  acatar las resoluciones de la Dirección para trabajos en el interior o donde quiera que sea...

“Así ha sido a lo largo de la historia de nuestro Partido: así se ha forjado el acero de nuestros militantes. En cada coyuntura el pueblo nos ha respondido, nuestro Partido siempre ha estado a la altura de sus responsabilidades...”

  

EN EL EXILIO 

En el destierro me encontré en dos ocasiones con la compañera  Julieta. Una de ellas fue en Ámsterdam, Holanda, con motivo de un encuentro de dirigentes de los Coordinadores del PC de Chile de Europa Occidental.

La segunda oportunidad fue en Marburg, República Federal Alemana, donde yo residía. Llegó a esta ciudad en gira por ese país, invitada por el Partido Comunista Alemán.Uli Stang, secretario del PC Alemán de la ciudad, me comunicó su visita y me propuso que ambos la acompañáramos en su estada en Marburg, junto con una compañera española que le servía de intérprete. Salimos a conocer la parte antigua de la ciudad.

 

 

Marburg, Alemania

 


Frente al edificio de la Municipalidad y a una bella plaza, Uli nos invitó a tomar algo en un local. La compañera Julieta pidió té. Lo exigió caliente, como se toma –explicó- en las loncheras de los trabajadores chilenos.

Esa noche, los chilenos residentes en Marburg preparamos un pequeño encuentro en nuestro  departamento en homenaje a la querida visita, al cual invitamos a algunos compañeros alemanes. La vivienda se repletó.

 

RETORNO  CLANDESTINO A LA PATRIA 

El 20 de marzo de 1987, junto  con  Mireya Baltra, ingresaron clandestinamente a Chile por el paso cordillerano de Tronador, a la altura de Osorno. Desde Argentina habían emprendido una travesía que duró 10 días. Una parte en camioneta, a caballo, en carreta y a pie. Cruzaron la frontera. Llegaron a Puerto Montt y de allí a Santiago, a donde  arribaron  el domingo 22 de marzo de 1987.

Pensaban presentarse ante la Corte de Apelaciones de la capital de inmediato, pero demoraron su acción al conocer que recién lo había hecho  Clodomiro Almeyda, el 25 de marzo de 1987.

 

 

 


Permanecieron clandestinamente hasta el  martes 12 de mayo,  día en que se presentaron, en medio de la expectación de los periodistas, ante la Corte de Apelaciones para poner un  recurso de amparo reclamando su derecho de vivir en la patria. Fueron acompañadas por los abogados democratacristianos Jaime Castillo Velasco y Enrique Krauss. Empujadas por gendarmes y policías Julieta y Mireya debieron abandonar el recinto judicial. Un auto las llevó hasta la Comisión de Derechos Humanos. Al cabo de pocos minutos el local fue rodeado por policías. Una hora después, dos mujeres salían de allí, se subieron a un vehículo que partió a toda  velocidad. La policía lo siguió por diferentes calles de Santiago. Cuando el sector circundante de la Comisión de Derechos Humanos estaba vacío, tranquilamente salieron de sus oficinas  Julieta y Mireya y se trasladaron a los domicilios de sus familiares.

Pasadas las 21 horas fueron sacadas de sus hogares y  trasladadas en una patrullera de Investigaciones hasta el cuartel central de  la policía civil. Horas después, llevadas al aeropuerto de Cerrillos y embarcadas rumbo a sus lugares de relegación. Mireya a Puerto Aysén en el extremo sur; Julieta, a Sierra Gorda en la Segunda Región. Después trasladada a Camiña, pueblo ubicado a unos 100 kilómetros al Noreste de Pisagua y a 2.200 metros sobre el nivel del mar.

Fue en ese poblado de dos mil habitantes, donde Julieta Campusano cumplió el 31 de mayo de 1987, sus 69 años.

 


Julieta Campusano, relegada en Camiña



CLARIDAD POLÍTICA 

Cuando en el Partido se discutía  si se debía llamar a inscribirse en los Registros Electorales para participar el Plebiscito convocado por Pinochet para octubre de 1988, Julieta mostrando gran claridad política y mucha audacia, fue la primera dirigente comunista en inscribirse en los Registros Electorales.

 

Según el programa  “Escucha Chile”  de Radio Moscú, de fecha 30 de octubre de 1987, una comisión de dirigentes comunistas formada por Julieta Campusano, Mireya Baltra y Ociel Núñez explicaron que “el llamado a la inscripción electoral fue asumido  (por el  Pleno del Comité Central  de octubre de 1987) debido a los planteamientos de otras fuerzas de izquierda y a la necesidad de remover un obstáculo para la unidad de la oposición en una materia que califican  de secundaria”.

 

Finalmente,  el Pleno del CC del 16 de junio de 1988 llamó a votar NO en el plebiscito. En una declaración pública afirmó: “Nuestro NO es total, expresado en múltiples formas,  en todo momento, en todo lugar, como ha sido total nuestra oposición a la dictadura desde el mismo 11 de septiembre de 1973”

 

EN EL CONGRESO CLANDESTINO DE 1989 

Julieta participó en el llamado XV Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile (que en verdad es el XIX), realizado clandestinamente en San Sebastián, en mayo de 1989.

 

En ese evento, el último de ese tipo en que participó dijo Julieta,

“Compañeros:

Qué inmensa satisfacción revolucionaria sentimos los viejos comunistas que la vida nos haya alcanzado para ser uno más de los delegados al 15 Congreso. Quiero agradecer el honor de estar en la presidencia de este histórico Congreso. Creo que la dirección con ello ha cumplido dos objetivos: por un lado la presencia de la mujer comunista que a lo largo y ancho de la patria ha entregado su abnegación, su heroísmo, su lucha en estos quince años contra la tiranía, esa abnegación, esa amplitud para ver en cada una de sus tareas una tarea política como es ese grupo de compañeras que han hecho posible su alimentación en estos días. Por otro lado, pienso que también los compañeros han querido mostrar en la presidencia del Congreso la continuidad del Partido, presentar a la vieja guardia del Partido de que con más de 50 años de militancia están aún en sus filas, a los que han luchado todos los días, a los que no han encontrado largo el camino, a los que no se han desesperado en la derrota, a los que durante décadas han sido, como en estos quince años, distinguidos con el odio de la clase gobernante, a los que el hambre, la miseria, la cárcel, la cesantía, la persecución, no los doblegaron, a los que jamás desconfiaron de la certeza de sus ideas y que en cada represión no los abandonó la seguridad de que el pueblo abriría camino...”

 

 












“Este Partido tiene raíces profundas y sólidas, fue formado por Recabarren, por la fe de Ricardo Fonseca, por Galo González y, por qué no decirlo, por el compañero Luis Corvalán...”

“...Yo aquí quiero repetir: cuando se es joven todos son revolucionarios, compañeros, pero lo hermoso, lo grande, lo que hace la Juventud Comunista y lo que hace el Partido es continuar cuando viejo siendo revolucionario”.

Yo participé en ese congreso clandestino, representando a los comunistas chilenos exiliados en  la República Federal Alemana. Fui testigo como con  su valiosa intervención, sabia y serena, la compañera Julieta contribuyó a poner “paños fríos” en un debate que no siempre estuvo caracterizado por la fraternidad comunista.

 

EL ADIOS A QUIEN ESTARÁ SIEMPRE  PRESENTE 

Julieta Campusano falleció el  martes 11 de junio de 1991, a los 73 años  y después de haber militado durante 55 años en las filas del Partido Comunista.

El jueves 13 de junio, en la 6ª Sesión Ordinaria del Senado, su Presidente, Gabriel Valdés Subercaseaux dijo: “Debo comunicar a la sala el sensible fallecimiento de la exsenadora señora Julieta Campusano. Como ha sido tradicional en la Corporación, en mi calidad de Presidente haré uso de la palabra, en el funeral, que se realizará en la tarde de hoy, a las 16,30 horas en el Cementerio General de Santiago”.

En la misma sesión, rindieron homenaje a Julieta Campusano los siguientes senadores: Rolando Calderón, en nombre de los partidos  Socialistas-PPD y del PS de Chile; Jorge Lavanderos, del PDC; Mario Papi, del Comité Radical Socialdemócrata; Francisco Prat, por Renovación Nacional y William Thayer, a nombre del Comité Independiente de tres senadores.

 

Sus funerales fueron una masiva expresión de dolor por la inmensa pérdida, y de cariño y admiración hacia la ejemplar comunista.

Luis Corvalán la recuerda como  “una genuina representante de la mujer batalladora, de la mujer del pueblo, que se caracteriza por su rica sensibilidad ante los problemas de la gente, frente a los dramas humanos”.

El mismo dirigente comunista escribió en “De lo vivido y lo peleado”:

“Se nos fue Julieta en junio de 1991. Poco antes, en un pleno del Comité Central, se levantó para decirles a todos sus compañeros que tenía cáncer, que la enfermedad estaba en estado muy avanzado, se generalizaba y le atacaba todo el organismo, pero seguiría luchando hasta el último minuto de su vida.

Así era esa figura majestuosa, que conquistó la simpatía del Partido, el cariño del pueblo y el respeto de todos por su sencillez, su modestia, su tenacidad y valentía. Sus exequias fueron una clara expresión de la alta consideración que había para ella en todos los círculos democráticos. Ante sus restos mortales y una multitudinaria concurrencia de gente hablaron, además del secretario general del Partido, Volodia Teitelboim, de su hija María y de Rosa Olivares del Norte Chico, el Presidente del Senado Gabriel Valdés, el Presidente de la Cámara de Diputados Antonio Viera Gallo y el dirigente socialista Jorge Arrate a nombre de los partidos de la Concertación. En ambas ramas  del Parlamento se le rindieron sendos homenajes”.

 

No falté a esa última cita con la gran compañera, el jueves 13 de junio de 1991.