domingo, 16 de septiembre de 2012

DE LOS ESCRITOS DE DON LUCHO










Este mes de septiembre se cumplen 96 años del nacimiento del dirigente comunista  Luis Corvalán.
El Círculo Virtual de Estudios Histórico-Políticos, como una forma de recordarle, entrega algunos párrafos de sus escritos.

Carlota Espina
Editora





DE LOS ESCRITOS DE DON LUCHO

               (Seleccionados por Iván Ljubetic Vargas)


CASA DE VIDRIO

Los trabajadores y los pueblos conocen y aprecian a los comunistas por lo que hacen, por su lucha abnegada, por su entrega desinteresada a la causa de su emancipación, por su disciplina, por su honestidad. Pero nuestros partidos no son conocidos por dentro. Ello se debe, en gran parte, a nuestra propia manera de ser. No hablamos de nosotros mismos. Esto tiene sus méritos, pero también sus inconvenientes. Nuestro inolvidable Elías Lafertte solía decir en plenos y congresos del Partido: ‘Me gustaría que las murallas de esta sala fueran de vidrio, para que todos pudieran ver cómo discutimos, cómo nos preocupamos de los problemas de la gente y cuán unidos y fraternales somos’. De todo esto y muchas otras cosas vale la pena escribir.
(Luis Corvalán: “Santiago- Moscú- Santiago” , Dresden, 1983, página 9)                                                                                 

A PLENO VIENTO Y SOL

En octubre de 1958 estuve por primera vez en la hermosa ciudad de Punta Arenas para asistir al Congreso Regional del Partido. Allí me encontré con José Miguel Varas que trabajaba entonces en la radio ‘La Voz del Sur’. Visitamos en su casa a varios compañeros, algunos de ellos rezagados y hasta resentidos por lo que llamaban el abandono en que se hallaban de parte del Comité Central. Un viejo comunista de origen yugoslavo me habló del sectarismo que primaba en nuestras filas y de la necesidad de que el Partido saliese a combatir a campo abierto al frente de las masas. De lo contrario seguiría estancado y hasta perdería influencia. Si aquí –me expresó- en esta pieza, yo planto un árbol, se marchita y se muere. Pero si lo pongo en el patio, a pleno viento y sol, entonces crecerá vigoroso.. Esta verdad tan grande, que expresara  tan bellamente aquel compañero de Magallanes, simple militante de base, fue incorporada al informe al XI Congreso Nacional y constituyó para mí una lección que he procurado no olvidar jamás.    (Idem, página 13)



COMISIÓN DE CUADROS

“Desde aquel tiempo viene la anécdota siguiente:
Una persona llega hasta un local del Partido a solicitar su ingreso a las filas. El dirigente que lo recibe lo felicita por esta decisión y le expresa que el Partido se caracteriza por su disciplina, que es imperativo ser puntuales, asistir con regularidad  a las reuniones, y constituirse en el mejor ejemplo en todo para su familia, vecinos y compañeros de trabajo. Le advierte que los comunistas no son abstemios, pero que los borrachos no se toleran en sus filas. Y lo interroga seriamente:
-         ¿Está de acuerdo?
-         Sí, contesta el solicitante.
A continuación, le habla de la vida familiar del comunista y de la lealtad  que debe demostrar permanentemente a su compañera.
-         El comunista –le dice- no puede llevar una doble vida familiar. Ni siquiera puede andar coqueteando con otras mujeres.
Y le pregunta mirándolo directamente a los ojos:
-         ¿Está de acuerdo?
-         Sí, responde otra vez, aunque con menos entusiasmo.
Y por último le hace presente los riesgos que presupone ser comunista. Con voz pausada, le habla de que los compañeros suelen perder el empleo, ser detenidos, sufrir persecuciones, etc, para terminar haciéndole la pregunta más peliaguda, la de si está incluso a morir por el Partido.
-         Sí, contesta firme el interpelado, y bajando la voz agrega para su coleto:
-         ¡Chis!.....¡para la perra vida que voy a llevar...!
Se trata, obviamente, de una historia donde el humor se basa en la exageración, porque la vida del comunista no está asociada  sólo a los riesgos que se mencionan, sino también a la felicidad de encontrar un camino que le permita luchar por un ideal noble, ser útil a su pueblo y darle un sentido a la vida más allá del querido pero reducido círculo de la familia. Pero también la anécdota refleja la forma con que a veces se han tratado los problemas como si el Partido Comunista fuese un monasterio y el Santo Oficio la Comisión de Control y Cuadros”.

(Luis Corvalán: “De lo vivido y lo peleado. Memorias”,  página 103)


EL MAESTRO PALMITA

“Al terminar mi primer año de normalista volví a Tomé de vacaciones. En menos de seis meses, desde el 26 de julio, una sucesión de acontecimientos había sacudido al país y conmocionado a mucha gente. En mi pueblo encontré ahora comunistas. Hice migas con un zapatero remendón, el maestro Palmita, que era miembro  del Partido. Cada vez que me hablaba de la cesantía y la miseria, demostraba cierto orgullo por su oficio.
-         Por la casa del zapatero –me decía- pasa el hambre, pero no entra. Todos los días cae algo, aunque sólo sea para parar la olla.
Palmita era de Tomé adentro, de Guarilihue, que es una larga y profunda quebrada de suave pendiente, donde viven pequeños viñateros. El lugar constituye uno de los mejores microclimas que produce una exquisita uva ‘italia’ y un excelente pipeño.
Cierta vez, Palmita me invitó a una reunión comunista que se llevó a cabo en una casa del cerro Estanque. En tal ocasión di el paso más importante de mi vida: ingresé al Partido. Fue en 1932, creo que en el mes de febrero.
Hasta hace algunos años, el maestro Palmita vivió siempre en Tomé, detrás de la estación, en el cerro Alegre. Lo pasé a ver varias veces. Supe de su muerte cuando ya se le había sepultado. De haberlo sabido oportunamente habría estado en la despedida de sus restos mortales. Nunca olvidaré a ese hombre sencillo, enredado para hablar, pero claro de pensamiento, que un día del verano tomecino me abrió las puertas del Partido.”
( De “De lo vivido y lo peleado” de Luis Corvalán . Santiago, 1977, páginas 19 y 20)