sábado, 27 de marzo de 2021

RODOLFO WALSH

 

 

                                               Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                               Centro de Extensión e Investigación

                                               Luis Emilio Recabaren, CEILER

 

                   

 


 

El 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh  echó en uno de los buzones del correo en Buenos Aire las primeras copias su “Carta de un escritor a la Junta Militar”. Luego se dirigió a encontrarse con un compañero que había sido torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). 

Súbitamente fue emboscado por el Grupo de Tareas 3.3.2.  de la ESMA en el barrio porteño de San Cristóbal.  Se le ordenó entregarse. Walsh se resistió. Sacó su revólver  calibre 22 Corto. Logró herir a uno de los atacantes. Una ráfaga de metralleta   lo acribilló. Moribundo fue subido a un auto y llevado a la ESMA. Desde entonces, forma parte de la lista de desaparecidos del terrorismo de Estado de la Junta Militar, surgida el 24 de marzo de 1976 cuando las fuerzas armadas  derrocaron  a Estela Martínez.

  

¿QUIÉN ES RODOLFO WALSH?

Rodolfo Jorge Walsh nació en Lamarque, en la provincia de Río Negro, el 9 de enero de 1927. Tras recibir una educación religiosa, a los catorce años se instaló en Buenos Aires. Desde muy joven trabajó en diversas labores desde limpiar cristales hasta vender antigüedades.

Trabajando  como corrector y traductor en la editorial Hachette se conectó con el periodismo. Comenzó a colaborar en las revistas Leoplán, Panorama, Vea y Lea.

Con apenas veintiséis años publica su primer libro de cuentos, Variaciones en rojo (1953), y a renglón seguido Diez cuentos policiales argentinos y Antología del cuento extraño. En esa época, mediados de los años cincuenta, Walsh vivía casi alejado de la política activa. Había coqueteado de adolescente con el antiperonismo y la derecha nacionalista e incluso había defendido el golpe de 1955 contra Perón.

Hubo un hecho que influyó en su evolución política. En 1959, Walsh viajó a Cuba en plena revolución, donde desarrolló su faceta periodística más exhaustiva en la Agencia Prensa Latina junto a  Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y Gabriel García Márquez.

Su rol allí se vuelve fundamental cuando descifró en total ocho teletipos de la CIA con información sobre un plan de Estados Unidos para invadir Cuba. En esa época fue cambiando su opinión acerca del peronismo. De regreso a Argentina volviendo por España, Walsh consiguió una entrevista con J. D. Perón (de la que quedó un cuento inconcluso) y afirmó que “manejaba el arte de la conversación”.

En la década del ´60, Walsh publicó dos obras de teatro (“La granada” y “La batalla”) y el libro “Un kilo de oro”. Le seguiría “Quién mató a Rosendo”.

De 1968 a 1970 trabajó en revista Panorama y en Semanario CGT. Se adhirió a la militancia sindical peronista junto a su última compañera, Lilia Ferreyra.

Entrando en los 70, la violencia institucional encontraba respuesta en la del pueblo y Walsh ingresó en la CGTA, concretamente en el peronismo de base. El “profesor Neurus” era uno de sus seudónimos. Su especialidad era descifrar códigos del área de Inteligencia. En 1973 se unió a Montoneros.

La fundación de Montoneros en los años setenta coincide con la maduración política de Walsh, que acepta a regañadientes el paso a la clandestinidad de la organización en septiembre de 1974 tras sus fuertes choques con el peronismo más recalcitrante. Para entonces, Walsh defiende ya una suerte de literatura armada en la que el escritor y el militante sean un todo. Pronto asume tareas de inteligencia para la guerrilla y defiende la lucha armada como método para la toma del poder.

El golpe de Estado de marzo de 1976 le obliga a redoblar las precauciones en la clandestinidad. La mayoría de los jefes montoneros abandonan el país pero Walsh rechaza la propuesta de viajar a Roma. Cuando se estrecha el cerco para cazarlo, se refugia junto a su compañera, Lilia Ferreyra, en una casa de San Vicente. Fue testigo de los horrores de un régimen empeñado en la eliminación física del enemigo. Victoria, la hija mayor de Walsh, será una de las primeras víctimas.

En esa casita de San Vicente Walsh vuelve a sentirse escritor, como le confiesa a un compañero. Allí escribirá su último relato, Juan se iba por el río, que ostenta tal vez el triste récord de ser el primer cuento «secuestrado-desaparecido» de la historia de la literatura.

 

LA “CARTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR

Y no hubo una denuncia más contundente de esos crímenes que la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, una auténtica bomba discursiva que Walsh terminó de escribir el 24 de marzo de 1977, un día antes de su caída.  

La Carta constituye un breviario de los desmanes que cometieron los militares en el primer año de su reinado del terror. Como oficial de Inteligencia de Montoneros, Walsh estaba al tanto de muchas denuncias realizadas por los militantes o sus familiares, sabía perfectamente que muchas de las supuestas bajas en combate del enemigo que anunciaba el régimen eran en realidad ejecuciones de activistas. Pero Walsh va más allá en su alegato al poner de relieve la importancia de las connotaciones económicas de la dictadura. El escritor vislumbró ya en ese momento la estrecha relación entre la represión y el saqueo económico que sufrieron las clases populares tras el golpe de Estado de 1976. 

“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.