domingo, 11 de abril de 2021

EMILIANO ZAPATA

 

En el 102 aniversario de su asesinato:

 

       

 

                                                  Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                  Centro de Extensión e Investigación

                                                   Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

                              

                                              «Es mejor morir de pie, que vivir

                                                toda una vida arrodillado».

                                                (Emiliano Zapata)

 

El general Jesús Guajardo, con el consentimiento del presidente Venustiano Carranza y el general  Pablo González, ofreció  a Emiliano Zapata armamento y  municiones para continuar la lucha. Acordaron reunirse en la Hacienda de  Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919. 

Zapata  acampó con sus fuerzas a las afueras de la hacienda. Se acercó  a ella acompañado por una escolta de 100 hombres. Al cruzar la entrada, se escuchó un toque de clarín como una  llamada a honores.

Era la señal. Los  tiradores, escondidos en las azoteas, abrieron fuego contra Zapata. Éste alcanzó a sacar su pistola, pero cayó acribillado

 

¿QUIÉN ERA EL ASESINADO?

Emiliano Zapata Salazar había nacido en Anenecuilco, Morelos, el 8 de agosto de 1879, en el seno de una familia campesina. Fue hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar. Tuvo seis hermanas y tres hermanos.  Su infancia se desarrolló en un agro dominado por el latifundio.

Tenía  nueve años de edad cuando presenció el despojo de tierras a campesinos ocasionadas por hacendados de la zona.  Ante una pregunta suya, el padre que le respondió  que nada podía hacerse. Entonces el niño Emiliano le dijo: “¿No se puede? Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelvan”.

Cumplía 16 años cuando murió su madre. Once 11 meses después perdió a su padre. Trabajó como labrador.

El 15 de junio de 1897 fue detenido por las fuerzas rurales de Cuernavaca, durante la fiesta del pueblo de Anenecuilco. Su hermano Eufemio lo liberó, pistola en mano. Entonces, los hermanos Zapata  debieron abandonar el estado. Emiliano trabajó un año en la hacienda de Jaltepec en Puebla.

En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla para discutir la forma de defender sus tierras y las del pueblo frente a los hacendados colindantes. 

En 1908, Zapata fue incorporado al 9° Regimiento de Caballería, bajo el mando del coronel Alfonso Pradillo.

 

DIRIGENTE AGRARIO

El 12 de septiembre de 1909, Emiliano Zapata fue elegido calpuleque (palabra náhuatl, que significa jefe, líder o presidente) de la Junta de Defensa de las tierras de Anenecuilco. Entonces  empezó a analizar documentos que se originaron en el virreinato que acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras, los cuales habían sido negados por las  Leyes de Reforma. Sobre todo la Ley Lerdo, que obligó a las corporaciones civiles a vender o ser expropiadas las tierras improductivas. Estas leyes además fueron aprovechadas por varias personas para acrecentar sus tierras de manera ilegal al solicitar la propiedad de zonas comunales que los pueblos no trabajaban.

Emiliano Zapata  se convirtió en dirigente agrario de Morelos, su estado natal. Su primera acción política ajena al mundo campesino fue en las elecciones para gobernador de  Morelos en 1909, cuando apoyó al candidato e de la oposición, Patricio Leyva  en contra de los latifundistas. 

 

RECUPERA Y REPARTE TIERRA

En mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de la Hacienda del Hospital,  que dejó en posesión de los campesinos del lugar. Por este hecho fue declarado bandolero y tuvo que escapar varias veces.

Algunos meses después, participó en la reunión que se celebró en Villa de Ayala, con objeto de discutir lo que después se convertiría en el Plan de Ayala. Reunió a los vecinos de tres pueblos: Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec. Con ellos inició un nuevo reparto de tierras derribando las cercas.

 

LA REVOLUCIÓN DE 1910

Se inició al  proclamarse el Plan de San Luis. Zapata leyó un ejemplar; llamándole la atención especialmente el Artículo Tercero, que ofrecía la restitución de las tierras a sus legítimos propietarios. Emiliano Zapata sostuvo conversaciones con dirigentes agrarios.

En  ellas  se acordó la realización de una entrevista del maestro rural  Pablo Torres Burgos con el Jefe de la Revolución Francisco Madero, en  San Antonio, Texas.

El resultado de esta entrevista fue la decisión de tomar las armas por Pablo Torres Burgos, Emiliano Zapata, Rafael Merino y cerca de 60 campesinos.  Esto ocurrió el 10 de marzo de 1911 al proclamar el Plan de San Luis. Se libraron numerosos combates.

A la muerte de Pablo Torres Buros, el 29 de marzo de   1911 Emiliano Zapata fue elegido por la junta revolucionaria del sur, nuevo jefe revolucionario maderista del sur.

Emiliano Zapata estableció su cuartel general en Cuautlixco, pueblo cercano a Cuautla. Desde ahí dirigió el ataque al Ejército porfirista, defendido por el 5° Regimiento, al mando del coronel Eutiquio Munguía; además de un Cuerpo Rural, a las órdenes del comandante Gil Villegas. Zapata logra tomar la ciudad el 13 de mayo de 1911.

 

DESPUÉS DEL TRIUNFO DE MADERO

Cuando triunfaron las fuerzas de Madero, Zapata no aceptó licenciar  sus tropas sin que a cada uno se le otorgara tierra para sembrar, a cambio de sus fusiles. Para  Zapata, la guerra no terminaba con el derrocamiento del porfirismo, sino con la cristalización del objetivo del pueblo campesino: la devolución de las tierras robadas por los hacendados millonarios.

Ante esta actitud el presidente interno Francisco León de la Barra lo declaró rebelde  y mandó fuerzas para someterlo. 

 

                            

 Francisco Ignacio Madero

En agosto de 1911 Francisco Madero acordó entrevistarse con Emiliano Zapata en  Yautepec para buscar una solución pacífica en el conflicto en el sur y con el fin de convencerlo de que licenciara sus tropas. Entretanto, Zapata era fuertemente criticado por la prensa conservadora del país. En la entrevista no se logró ningún acuerdo, pues Madero no concebía la reforma agraria como lo hacía Zapata. Madero creía que primero había que hacer una reforma política profunda, mientras que para Zapata era prioritaria la devolución de las tierras robadas por las grandes haciendas. A decir de Zapata, Madero había traicionado la revolución.

El gobierno federal reiteró su decisión de imponer el orden por la violencia, y Zapata se desplegó con sus tropas a los límites entre Guerrero y Puebla. Se escondió del gobierno y realizó emboscadas a pequeños contingentes federales. En este periodo, Zapata se casó con  Josefa Espejo.  Padrino de la boda fue el propio Madero.

 

PRESIDENCIA DE MADERO

Con Madero como presidente de la República, las diferencias no disminuyeron. Zapata se entrevistó con Madero en el  Palacio Nacional. Sostuvieron fuerte discusión. Madero ofreció a Zapata una hacienda en el estado de Morelos "como pago a sus servicios a la Revolución". Esto enfureció  a Zapata, que le contestó:

“No, señor Madero. Yo no me levanté en armas para conquistar tierras y haciendas. Yo me levanté en armas para que al pueblo de Morelos le sea devuelto lo que le fue robado”.

 

EL PLAN  DE AYALA

El 25 de noviembre de 1911, Zapata lanzó el Plan de Ayala. Este documento  se convirtió en su estandarte y en el fiel ejemplo de la ideología de los campesinos de Morelos. En él se exigía la redención de los indígenas y la repartición de los latifundios creados durante el porfiriato. Se desconocía a  Madero como presidente y se reconocía a  Pascual Orozco como jefe legítimo de la Revolución Mexicana. Proclamaba, además, la lucha armada como el único medio para obtener justicia.

Durante 1912, Emiliano Zapata combatió al  Ejército Federal que buscaba la pacificación en los estados del sur. Los zapatistas buscaron defenderse y ocasionaron serias derrotas a los federales. Ello a pesar que en ese entonces el movimiento zapatista era muy débil, tanto en el ámbito político como en la rama militar.

 

LA LUCHA EN EL SUR A LA MUERTE DE MADERO

Después del asesinato de Madero y la llegada al poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se agudizó.  Zapata se convirtió en  uno de los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo importantes reformas en Morelos.

A comienzos de 1914,  Emiliano Zapata  tomó Jonacatepec y Chilpancingo. Ese año su ejército constaba ya de 27,000 hombres. Para abril ya había controlado por completo el estado de Morelos y parte de los estados de México, de Guerrero, de Puebla y de Tlaxcala. Entonces  se negó a pactar con aquellos a quienes él llamó “asesinos de Madero”.  A  Pascual Orozco  lo retiró el cargo de Jefe de la Revolución. Zapata quedó entonces como único jefe del Ejército Libertador del Sur.

 

  

 General Emiliano Zapata   Villa y Zapata en Ciudad de México

Siempre en abril de 1914 Zapata, desde su cuartel general de  Cuernavaca, promulgó la entrega de tierras a los pueblos.

 

ALIANZA DE ZAPATA Y  VILLA

Emilio Zapata se unió con Francisco Villa. Ambos desconocieron al gobierno de Venustiano Carranza y reconocieron a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México. Esto provocó la continuación de la guerra civil. A finales de noviembre de 1914, la poderosa  División del Norte y el Ejército Libertador del Sur entraron en la Ciudad de México. 

En su estancia en la capital, las tropas tuvieron una actitud  pacífica. Obtuvieron recursos mediante limosnas y evitaron los robos y asaltos de algunos bandidos que se hacían  llamar zapatistas.

El  4 de diciembre de 1914  Villa y Zapata tuvieron la entrevista de Xochimilco  donde se acordó  una alianza militar entre ambos ejércitos. Villa aceptó el  Plan de Ayala  y se comprometió a dar armas a Zapata.

 

 Entrada de los generales Villa y Zapata a la ciudad de México, 1914

 

OFENSIVA DE  CARRANZA CONTRA ZAPATA

Concretados estos acuerdos, Emiliano Zapata partió rumbo a Amecameca y tomó Puebla el  17 de diciembre de 1914, aunque en los primeros días de enero la plaza le fue arrebatada por las fuerzas del general  Álvaro Obregón.

Durante 1915 Morelos fue gobernado por los campesinos levantados en armas.

En 1916, una vez que Venustiano Carranza  se instaló en la Ciudad de México y que Francisco Villa sufrió serias derrotas, Carranza dispuso la ofensiva contra el zapatismo. Con apoyo incluso de la aviación. Cuernavaca fue ocupada por los constitucionalistas en mayo de 1916. Ante la carencia de armas y ya sin el apoyo  de Villa, en muy poco tiempo casi todas las poblaciones del estado  de Morelos quedaron en poder de los constitucionalistas.

 

1918: EL OCASO DEL GUERRILLERO ZAPATA

En 1917 Zapata, lanzó una contraofensiva. Reconquistó  seis  ciudades y continuó la guerrilla en zonas periféricas y de frontera. Sin embargo, en octubre del mismo año, el estado de Morelos cayó en mano de las tropas de Carranza.

Hacia 1918 Emiliano Zapata era un guerrillero con poco futuro, pues ante las constantes batallas y lo escaso de las municiones, la muerte de los cabecillas y la ley agraria de Carranza, que apaciguó la causa agraria de sur. Su movimiento, indudable manifestación del descontento campesino, no llegó a consolidarse como una verdadera organización político-militar. Siendo una rebelión de masas campesinas, se limitó a realizar su guerra de guerrillas a partir de 1918.

 

EL ASESINATO DE ZAPATA

El general Jesús Guajardo, con el consentimiento del presidente Venustiano Carranza y el general  Pablo González, ofreció  a Emiliano Zapata armamento y municiones para continuar la lucha. Acordaron reunirse en la Hacienda de  Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919.  Emiliano Zapata acampó con sus fuerzas a las afueras de la hacienda. Se acercó  a ella acompañado por una escolta de 100 hombres. Al cruzar la entrada, un ordenanza tocó con su clarín la llamada a honores. Fue la señal. Los  tiradores, escondidos en las azoteas, abrieron fuego contra Zapata. Éste alcanzó a sacar su pistola, pero cayó acribillado.

 

NACE LA LEYENDA

Una vez muerto, Emilio Zapata se convirtió en el apóstol de la revolución y  en el símbolo de los campesinos desposeídos.

Entre la gente común del estado de Morelos, que se negaba a dar crédito a la muerte de Zapata, circulaba la creencia de que no era su caudillo el que había sido asesinado por Guajardo. Se decía que le hacía falta un lunar, que si Zapata era más alto o más moreno. Se decía que no era posible que, si Zapata había escapado a tantas emboscadas y siempre había tenido tan buen olfato para los engaños, hubiera caído de esta manera. Se decía que Zapata había mandado en su lugar a uno de sus compadres, con quien compartía un gran parecido. Desgraciadamente la identificación del cadáver de Zapata por parte de antiguos compañeros de armas y gente cercana fue contundente: el cadáver correspondía al caudillo del sur.

 

                     

 El cadáver de Zapata exhibido en Cuautla,
Morelos, el 10 de abril de 1919