martes, 22 de septiembre de 2026

Cabildo.

 


Comentario radial y escrito.

 





Tengo una insolencia que quizás atore, a los que sienten y disfrutan a todo trapo las fiestas patrias.

Tengo amistades que se ensayan pal 18.

Se cacharpean, hacen empanadas, pebre, chilenitos, pastel de choclo, hasta el ponche se asoma.

Yo, almaceno los recuerdos que han vivido esos días señalados.  

Los que andamos ajenos, los de inmigración; instancia que, a estas alturas del partido, por Europa y por América es un delito, sabiendo el existir, lo que hay, obliga a gritar.

La inmigración con papeles, vivimos los septiembres de otra manera, y tan diferente que, para algunos, duele cruel.

Asomo las “Fonda de la Izquierda”.

Más de 45 años aperrados.

¡Tiquitiquiti, Tiquitiquita!

Nosotros los chilenos, hermosos volantínes sin cola, por Europa nos encumbramos, por Oceania y por Asia también.

Traemos el 18 de septiembre, para celebrar la aniña, la ruptura de ser colonia, del Imperio español…Y con el tiempo, por enjuague, ser colonia de otra manera y de otro país Imperio.

Han pasado 216 años.

216 volantines.

Hay otro pueblo, que le atormentan 53 volantines.

Del coligüe al bambú y del papel seda, al plástico.

Hay más de 47 volantines que han adornado las “fonda de la izquierda”.

Se inventaron para liudar recursos, se inventaron, para defender al pueblo en rebelión.

¡Ay dios mío de los coloraos!

Me siento novillo aterrado, aplastado entre yegua y media luna. 

¡Tiquitiquiti!

Se de gente que le gusta bailar la cueca; he cantado y compartido escenarios con ellas, ellos.

¡Me emocionan!

¡Me viajan!

¡Me abrigan!

Se dé patriotas, que, en septiembre, izan con orgullo la bandera.

Sé de otros que ensayan el cortejo.

Tengo una insolencia que me atora.

¡Yo, no estoy ni ahí!

Nunca lo he estado, desde que tengo uso de razón ha sido un acertijo, un gol olímpico, sin arquero, sin defensa.

No así, el 11 de julio de 1971, día, de la nacionalización del Cobre, bajo el amparo del gobierno de Salvador Allende.

¡Tiquitiquiti!

Se salva y me sonríe, me identifica con el “Guatón Loyola”.

¡Que cueca más a la pinta!

“Combo que se perdía, lo recibía el guatón Loyola, peleando con entereza debajo las mesas, el guatón Loyola”

Digo acertijo, porque no puedo entender tanto entusiasmo.

18 de septiembre de 1810.

Engrupen a un viejo con más de 82 años a cuesta, corto de espíritu y cutí, medio perdido por los ayeres, cansado, Don Mateo de Toro y Zambrano. Condecorado, Conde de la Conquista por su aporte al despojo de las tierras del pueblo mapuche.

Don Mateo, Gobernador real de Chile, es decir, representante del Rey de España Fernando XVII, cautivo en Francia.

El que reinaba el Imperio Español, era el hermano mayor de Napoleon. Monsieur, José Bonaparte.

Don Toro y Zambrano, legitimiza las aspiraciones de un grupito, y convoca a un Cabildo Abierto.

Por alguna razón incierta, se me asoma Nicolas Maduro, Cilia Flores, prisioneros después de una invasión.

Cabildo abierto; es una reunión, una junta, entre los responsables de las instituciones creadas por una gobernanza, con la población existente, para tratar asuntos de gobierno, de país.

Una cuestión, así como los encuentros entre los años 2019/ 2023, para cambiar la Constitución del Estado.

Proceso manipulado o simplemente, una verdad ignorante, que nos vistió en el plebiscito del 2023; rechazando la propuesta que tanto y tanto nos costó concebir, soñar.

Más del 55,76% de habitantes la rechazaron.

“Combo que se perdía lo recibía el guatón Loyola”

¡Tiquitiquiti!

Traigo una vez más un responder de nuestro presidente Salvador Allende a un obrero, al preguntarle este, “para cuando el cambio a la Constitución, Compañero presidente”.

Nuestro presidente respondió: “Aún no, nos falta más poder político. Ya vendrá el momento.”

“Combo que se perdía, lo recibía el guatón Loyola, debajo de la mesa Comadre Lola”

En los tiempos del 1810 en Europa, en Eurasia, en Asia, ya se sabía, se hablaba, se trasmitía, se aplicaba, se impulsaba, se vivían conceptos como libertad, tolerancia, como la división de poderes, la soberanía, la democracia, la propiedad privada.

La Revolución Francesa fue una consecuencia de aquellas prácticas.

En América, los Estados Unidos del Norte, la amasaron primero, luego Haití.

Esa de Haití, fue y será un estudio de rebelión.

Hay que ponerla en un cuadro.

Los esclavos traídos de África se rebelaron.

“Peleando con entereza, Comadre Lola, el guatón Loyola”

En África, en las Americas, en Oceania, continentes invadidos, conquistados, aplastados sus poblaciones originarias, en genocidios salvajes, fueron y siguen siendo, negocios para resplandecer tanta, retanta nobleza.

Eurasia y Asia, tienen historia aparte.

El cabildo abierto, convocado por Don Mateo, tuvo su acta y su población. La población, fueron los criollos como José Miguel Carrera, como Manuel Javier Rodríguez, los cuicos de la época, con los dueños de Chile, como, Don Toro y Zambrano; ellos fueron los que amarraron la Independencia de Chile.

En ese Cabildo no habían más de 400 ciudadanos, que no querían ser franceses.

El pueblo, el que hace las cosas, no estaba en el Cabildo.

Ellos, estaban en lo suyo, en inventar melgas a pura pala y chuzo, a fabricar adobes, cerámica, a dibujar caminos, a levantar casas patronales pal amo, y pal criollo.

Para los pudientes.

Después de ese 18, la chingana fue ciega.

Llevar a la practica la liberación de ese paisito, tuyo y mío, vino la guerra, la muerte y la historia.

¡Tiquitiquiti!

Esos que no estuvieron en la Junta, esos que no podían inventar soberanías.

Esos que sabían de trigo y maíz, tuvieron que agarrar fusil y morir.

Nuestros ancestros, dejaron las tierras del Biobío, agarrotaron lanza para defender la rebelión de los criollos.

Fue una guerra muy guerra.

Cuenta la historia, que Ambrosio OHiggens padre de Bernardo, fue un mercenario irlandés, que se hizo poderoso y necesario para la corona real por su aguerrida vida de andar matando aborígenes.

Cuenta la historia, que José Miguel Carrera, fue el primer comandante general del Ejército de Chile.

El primer presidente de ese Chile, que quería ser libre.

Que en 1811 en un Golpe de Estado se hace del gobierno.

Dice la historia que funda “La Aurora de Chile”, primer periódico del pais, crea la Biblioteca Nacional y el instituto Nacional y decreta la libertad de vientre.

Un hijo, hija, de una esclava no heredaba la condición de esclavo.

La cuestión de género empezó en mi paisito bien temprano.

Lo fusilaron en Mendoza, un 4 de septiembre de 1821.

Sus hermanos Juan José y Luis Carrera, tuvieron la misma suerte. Fusilados en Mendoza, por conspirar contra Bernardo O`Higgens.

Dice la historia, que el Ejercito del Imperio Español, sorprende en Cancha Rayada, al Ejército Libertario comandado por O`Higgens, y él choque fue, una carnicería bestial.

La arrancadera fue grande.

En Santiago se creía que Bernardo O`Higgens y San Martín habían sido abatidos.

Manuel Rodríguez, enardecido, crea los Húsares de la muerte, milicianos para continuar la independencia.

En ese lapso grita:

¡AUN TENEMOS PATRIA CIUDADANOS!

“Combo que se perdía lo recibía el guatón Loyola”

¡Tiquitiquiti!

Y, yo, hoy, asomo ese pueblo que no estuvo nunca en ese 1810, ni en el 1811, menos 1812; pero si, en las guerras y muertes por la independencia. La Independencia no les dio nada. Y, ahora, tampoco.

La historia sigue igual, eso sí, con Inteligencia Artificial.

Y yo, me escondo con el Guatón Loyola.

¡Tiquitiquita!

Alejandro Fischer Alquinta

Estocolmo 202609920.