lunes, 7 de septiembre de 2026

Infancia.

 


Comentario radial y escrito.

 

 

 



Tengo que salir a caminar todos los días, dicen que, para mí, es oro.

A un costado de mi vecindad, hay un parque lindo y grande.

Blåsutparken se llama.

Bonito el nombre.

¡Soplar pá fuera!

Desde allí, puedo ver el “Globen”.

Un auditórium enorme.

Allí, vi a Tina Turner dar un concierto.

Me la quería llevar al “Gallo Colorao”.

Puedo ver también, el metro de la línea verde. Su ir y su venir.

Verlo, cómo se encarama para llegar a Skarpnäck o seguir hasta Farsta strand, o, para el otro lado también, hasta Hässelby Strand.

Allí, en el parque, nos juntamos de todo.

Hay de todo.

Viejos, viejas, papas y mamas con sus retoños en coche o a lapa.

Los perros tienen su propio jardín. Lo disfrutan, mejor que nadie.

Lo pasan chancho.

Se juntan además alumnos, alumnas de secundaria y de un Liceo de arte; además, la población de un Jardin infantil.

De lunes a viernes, 30/ 50/ niños, niñas.

El griterío es bonito, me recuerda, me arropa.

El lunes 31 de agosto, vi a una chorrera de niños llegar al parque; se metieron a un bosquecito que, a la primera vista, no se ven.

Hay unos peñascos enormes que tienen unas hendiduras que las hacen ver como cavernas en un paisaje primitivo. Para la imaginación de un niño de 4/5 años, serán quizás, el hogar de dinosaurios o el rincón de la reina del hielo.

Hay manzanos y ciruelos que incitan a jugar, a no sé qué cosas.

Para su hermosa fantasía, es un lugar pan.

Ese lunes 31, último día de agosto, los niños venían mal.

Algunos amurrados se abrazaban ellos mismos, sus bracitos iban de izquierda a derecha, de derecha a izquierda; como queriendo defender sus opiniones, era su forma de protestar, de exigir sus derechos.

La mayoría venia ya llorando.

El llanterío era grande.

Anda a saber tú, el fin de semana que tuvieron.

El día estaba bonito, una brisa fría advertía del otoño, de allí, al invierno y a la nieve, era un parpadeo.

Entiendo de infancia, de sus necesidades, se de sus derechos.

Tengo tres hijas que les debo de todo.

He sido lavador de plato, aseador de servicios públicos, experto en escoba y trapero, albañil y recolector de aceitunas, de ajo y uva, soy contador de historias, cantaba, soy, profesor normalista.

Entiendo, me estremece el mirar curioso de un niño, o la sonrisa que me ofrenda y me desarma.

Tengo la cualidad, que, a la primera pasada y mirada, me vean como a un amigo.

Por más de 28 años, he sido el apoyo de sus primeros pasos, un muro para pararse, se de sus saltos y encaramados, he sido su interprete, a través de sus 9 años primeros de vida.

El llanterío que traían era una pandemia, contagiaba a otros niños que llegaban al parque.

Comenzó a dolerme el llanto.

¡Cuestionó mi responsabilidad cívica!

Me dolió brutal el mundo que le estábamos dejando.

¡Si es que le dejamos algún planeta!

Me dolió ignorante, la ausencia de mis propias hijas.

No tuve el aguante necesario, y me puse a llorar también.

¡Puta el llanto que duele!

Que crimen más grande.

¡La hipocresía me quería vestir!

Pienso en las instituciones que se han creado en tantas civilizaciones, en las que he ayudado a permanecer, pienso en tantas migraciones que fueron mi sustento, del tuyo y el del otro; pienso en las tantas que seguirán viniendo, pienso, siento, me arrugan las instituciones, en los países construidas.

Yo pienso en la ideología de la política, en su hacer, en sus objetivos deseados.

En los planes y planos de esas instituciones.

El hacer de la política para mí ha sido siempre, el arte, la herramienta para construir el bienestar de todo un pueblo.

Ese bienestar deseado, conquistado, es protegido por el hacer de la democracia, por la soberanía, por los derechos, por el trabajo, por el sentido común practicado.

Y, si no es así, para que sirve entonces lo cognitivo.

Tendrá que ser el instinto, la pura “cachativa” y arrancar, la única herramienta para existir.

En mi paisito de archipiélagos y agua, en 8 días más, hay elecciones generales.

¡Chemimare!

Las campañas electorales desbordan las necesidades y se ponen a inventar presagios. Los organismos políticos prometen el cielo y la tierra. Las cuentan no me salen, por donde sacaran la subvención para tanta abnegada pretensión.

Veo a Donald Trump con sus aranceles.

Se escapa de mi receptor radial, la melodía de Bella Ciao, una voz con presencia y convicción invita a votar socialdemócrata.

En España se dicen socialistas y en Chile también.

¡Espejito espejito, quien tiene la papa!

En los últimos treinta años, los gobiernos establecidos en mi paisito de archipiélagos han privatizados casi todos los servicios públicos, que anteriormente los costeaba en su totalidad el Estado.

Esta operación anti-Estado, ha permitido la concentración de la riqueza en muy pocas manos; permitiendo una desigualdad social que todos tratamos de esconder.

Ese escondrijo, es cobarde y cínico, invita a la población en general a tener desagrado ante la inmigración y ante el inmigrante.

Esta extraña ecuación, permite además concebir un enredo de enemigos que justifica la existencia de una mafia de guerra como la OTAN.

No estoy en contra de la defensa de las soberanías de país, pero aceptar la intromisión de la OTAN en cada conflicto entre las naciones, para comprarle armas a los Estados Unidos de Norte América, es un negocio macabro, redondo y hediondo.

En estas elecciones, como en todas en las que he participado mi sentir se arrima al SKP, sin embargo, se viene una disputa ideológica en un terreno muy complicado. Y, que ojalá, vaya madurando un vocabulario propio, diferente, nuevo, que arome un junte de clase, que pueda colocar al pueblo, muy cerca ante los medios de producción.

Y los medios de producción de este poderoso país, están en manos privadas, en el capital factico.

Esa disputa ideológica, la trae Lorena Delgado Varas, y su organización denominada “Framtidens Vänster”.

“La Izquierda del mañana”

Suena a algo maravilloso.

Tiene la esencia del Tusilago.

La pega que tienen es y será enorme.

Tienen ellos, junto al SKP, mi responsabilidad cívica en las urnas.

El gobierno del momento, hacen urgentes, “por si las moscas” sus negocios y acuerdos, para apuntalar, amarrar, desarrollar, decenios de la ideología neoliberal.

La cuestión estratégica de la soberanía se traduce en acuerdos millonarios con Francia, así se aseguran el quiebre del enemigo.

Al menos para hacer la choria.

Este sábado, representantes de Donald Trump dialogan con representantes de Vladimir Putin. Y el odio que expresa el hacer del nazismo, encuentra su guarida, en la propia Alemania.

¡Anda mundo y piérdete!

En esta disyuntiva entre paz y guerra, están casi todos de acuerdo.

El sujeto amenazador viene por Eurasia, viene por Asia.

Esta verdad inventada, para proteger al capital, al riquerio factico, reagrupa en un solo aro a la derecha, a la ultraderecha al neofascismo, al nazismo, al sionismo, cubriendo, salvo algunas salvedades, toda América, Oriente, toda Europa.

Este 13 de septiembre el sentido común, tiene una pega enorme.

Hay que saber que en Suecia 270.000 niños rasguñan el umbral de la pobreza infantil.

Saltando las diferencias lógicas, de industrialización, de poder, mi paisito de mar y cordillera, de atacama y Magallanes tiene algo de parecer con este pueblo, que tan liviano olvida a Rudolf Meidner, a Tage Erlander, a Olof Palme, a nuestro Harald Edelstam, se hacen, se amasan, liudan, cada uno a su manera y posibilidades, prisioneros del riquerio.

Mire usted, para que se abrume de espanto, un payaso, una inmoralidad que gobierna un país bueno, Argentina, se atreve y sale subiéndose el pañal, justificar 1.160 desaparecidos.

Y lo hace de tal manera, de tal infamia, elogiando a los que cortaron cuellos, a los que quemaron, a los que violaron, a los que amenazan, a los que manipulan, mienten.

El mamarracho argentino tiene el 42,4% de los niños, amarrados con hambre, en el obelisco de la pobreza.

4 de cada 10 niños, no pueden arrancar del mosquerío.

El Chile de hoy, tiene más de 1,1 millones de niños en la pobreza, tienen hambre.

Serán pasto tierno para el agresor que produce y mandata el riquerio.

El 25% de la infancia, no comerá esta tarde, mañana tampoco.

Y yo que creía que había vivido de todo, que había visto los infiernos, me ahoga, me maltrata, me arrincona.

Pero sé, que me iré contento, lleno de esperanza, confío en el que viene y en él joven que está. 

Amo a mi pueblo libro, a mi pueblo cuaderno y guitarra.

Se que los niños de Gaza, de Irán, del Líbano, volverán a ser niños, serán habitantes, serán futuros.

Se del Chavo del 8, del Chapulín Colorado. Se de Inés Fernández, la vitrolita, se de Jorge Guerra y de Valentin Trujillo.

Se, que los niños saharauis tendrán de lo bueno, todo.

Se que los niños de Cuba serán la estrella, bordada en su bandera.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260906