viernes, 4 de septiembre de 2026

Hacer revolución.

 


Comentario radial y escrito

 


 


¿Hay alguna receta?

¿Se hace al horno, o, a la cacerola?

Con tanta competición de “alta cocina” en la programática televisiva del mundo, seria simpático saber de los ingredientes, de las habilidades de los concursantes y, sobre todo, saber de los jueces y auspiciantes.

¡No, no hay recetas!

Pero si, hay que comer para hacerla, y por ahí, se complica el plato.

¿Hacer la revolución?

Si uno se va a los referentes adquiridos en toda una vida, en lo leído, y aprendido, en lo llevado; en las mil veces de bruces caído y en las mil veces, levantarse para seguir; aunque duelan los años, los sueños y recuerdos, seguir.

Estudiar los caminos recorridos, sacar enseñanzas, afinar y engrasar para seguir pragmático, dialectico, integral, en busca de justicia social.

Yo tengo el privilegio, de ser parte de un grupo de viejos y viejas, que seguimos con la idea de la revolución. De hacer “parir la chancha” con la lucha de clases, además, en lo mío, casi cotidiano, camino con ustedes, y, con el mes de agosto.

Esa idea, tiene un taller en donde están herramientas construidas, a través de 300 mil años vividos.

Y la madre de ellas, es “la lucha de clases”.

Una idea, que en manos de los que hacen las cosas, puede embellecer la vida de los que habitan el planeta. Y digo planeta, porque el clima, grita su desamparo

Con los saberes adquiridos, se ha podido dar la vuelta a la luna.

Se ha podido resolver incógnitas de muerte que amenazaban la humanidad, se ha inventado y desarrollado el matar a miles y miles de un solo viaje.

Más de 110 mil almas, con tan solo dos proyectiles nucleares.

Sin remordimiento ni asco, algunos, se inclinan fervorosos, ante los autores del genocidio.

Y aquí estamos, con el planeta “patas pá arriba”, pensando cómo hacer la revolución.

Vean ustedes, en nuestro sur de américa, el fascismo y el nazismo, salen de las cavernas que los condeno el sentido común, y salen de la mano con él pueblo.

Que ironía más cruel.

Y se apoderan de las instituciones de país, para proteger los intereses de los indefensos poderes del mercado.

El Fascismo, siempre ha tenido empuje popular.

Y en Suecia, mi paisito de agua, de archipiélagos, catalogado por su estándar de bienestar social, como uno de los mejores países del mundo para vivir.

Galardón bien puesto, a pesar de que su economía se aposenta en un mercado, cada vez más hambriento y ciego.

Por ejemplo, yo mismo; con las hormigas haciéndome chupete, mis células enloquecidas matándose entre ellas mismas; gracias a su sistema de salud, puedo hacerle la cachaña a la pelá.

Sin embargo, no puedo decir lo mismo de la bestialidad de ese mismo mercado.

Por ejemplo, el engorde de sus pobres “pollos”, la comercialización de la enseñanza, el auge de la privatización de los servicios públicos, y, sobre todo, la criminalidad con bombo y platillo, ligada a las inmigraciones. Algoritmos que suceden en todo Europa, parte de América Latina, y, en los Estados Unidos de Norte América.

Y muy sueltos de cuerpo, en los supermercados, venden huevos puestos por gallinas que se pasean por los campos idílicos, en libertad plena.

Hacer la revolución.

¿Que sabemos de patria, de revolución, de buscar los espacio?

¡Aún tenemos patria ciudadanos!

Gritaba Manuel Rodríguez Erdoíza.

Un cuico criollo de alta alcurnia, audaz, famoso, lacho.

Se decía en los vecindarios, que era un informador de San Martin. Otro cuico criollo, allende a los andes, amigo de los hermanos Carrera y de Bernardo O`Higgens, no tanto.

¡Aún tenemos patria ciudadanos!

Los ciudadanos, eran re pocos.

Lo que había, eran esclavos, etnias; como los mapuches, los diaguitas, los patagones y un montón, montón de mestizos y aventureros de mala ralea.

Ciudadanos, eran los vecinos; hijos, hijas nacidas en Chile, de padres extranjeros, mayoritariamente de la Península Ibérica.

La revolución es una dialéctica en sí; es un axioma.

¡Es un hacer de la política!

Si no es así, las cabezas rodaran y la hipocresía de la historia, le pondrá una grutita.

Una cuestión, así como “La difunta Correa”

Que más sabemos de hacer revolución.

Lo que dijo el presidente heroico, Salvador Allende en el Aula de la Universidad de leyes en Guadalajara México, 1972:

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

Que podemos traer de nuestra historia de país, que nos dibujara un pensamiento crítico.

Lo que dijo, por ejemplo, Pedro Aguirre Cerda: “Gobernar es educar” o

“Que el estado, debe usar toda su fuerza para levantar al pueblo”

Y sin lugar a duda, su autorización a Pablo Neruda, de traerse en el Winnipeg, a los republicanos españoles asilado en Francia, un hecho histórico y único. Nueve meses antes, de la invasión a Francia por el nazismo alemán.

Lo brillante seria, traer las 40 medidas del programa de gobierno de la “Unidad Popular”.

Por ahí, se vestía una revolución.

Por ahí, se rompían las instancias y factores que oprimían a un pueblo; un pais; país extremadamente rico por sus recursos naturales, ya explotados, a rajón abierto y cerrado también, un país, con el mar y sus habitantes por todo el largo de su costado; con miles y miles de familias sin vivienda, con una indigencia paupérrima y una pobreza, que daba para todo.

Las 40 medidas del gobierno de la Unidad Popular me traen en consecuencia, el Pleno del Comité Central de Partido Comunista de Chile, 1977 en el exilio.

Me enrostra su contenido.

Querer hacer una revolución, sin tener con qué defenderla.

El gobierno de la Unidad Popular rompía con todos los esquemas preestablecidos, establecidos por el riquerio, y, por los otros también.

Se trataba de construir un camino hacia el socialismo por una vía, sin el hablar de la metralla, de la muerte.

Podría haber sido hoy, un pais maravilloso.

El no haber podido entender, descifrar esa contradicción, duele, duele.

El golpe fascista cívico militar, dejo para el recuerdo a “lo García Lorca”, más de 40.000 víctimas mortales y más de 200.000 de desplazados.

Es como dejar sin gente, el municipio de Quilpué o el municipio de Huddinge, en Estocolmo Suecia.

Los crímenes de lesa humanidad era cosa de todos los días.

Un marzo de 1985, la vida corría a raudal por el intelecto de Manuel Guerrero, de José Manuel Parada y de Santiago Nattino.

El pueblo tenía el derecho a defenderse, cualquiera fuera su forma.

La cuestión era vivir para derrocar a la dictadura fascista.

De ese fundamento político, orgánico, humanista, ideológico, apareció un 14 de diciembre de 1983, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

La misión del Frente no era derrotar al Ejército de Chile.

¡Con que ropa!

Se pretendía, que su accionar aunara otras fuerzas, con todo el derecho a defenderse, hasta los escupitajos eran un arma de defensa y ataque.

Si el atentado al criminal en el Cajón del Maipo hubiese funcionado, Chile, seria otro Chile.

Ese atentado, permitió si, que el pueblo comenzara a reaccionar de otra manera, comenzaron las calles a gritar, el canto del Pueblo Unido jamás será vencido, se transformó en un símbolo internacional de los pueblos que luchan por su libertad.

El riquerio podrá ser criminal, genocida, embustero, pero no es tonto.

Se dieron cuenta, que chile, su pueblo, sus organizaciones como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, estaban vistiendo al ciudadano pais, en una “situación revolucionaria”.

¿Situación Revolucionaria?

¿Se come?

Significa, que el poder establecido no pueda gobernar, ni mandatar a sus anchas, porque la desobediencia legitima del pueblo expresadas en las calles, en los sindicatos, en los centros juveniles no se lo permite.

Las organizaciones de los sin casa, las cesantes, exigiendo todo lo que es legítimo obtener, teniendo un país rico, que puede tirar, a la chuña de todo.

Y tan pudiente, que puede abrir sus puertas de país, a sus hermanos de clase en opresión.

¡El pueblo, para existir, debe ser respetado!

Esta situación revolucionaria iba, aparentemente, para algunos, desbocada.

Había que poner orden.

Se organizaron y pusieron reglamentos.

Mejor, de a poco, dejarlos ir.

El comunismo tiñe, no pinta.

Por así, salió el arco iris.

Ese arrastre lleva 56 años.

Hoy, se hace legitimo una oposición al programa de gobierno de José Kast, una oposición de tal magnitud, que transforme el vivir de país, en una “situación revolucionaria”.

Mientras mande el patrón, aunque no se vea, habrá pobreza, desesperanza, y, esa cruda realidad, es la incubadora de la delincuencia.

Los de cuello y corbata que delinquen, son los resabios de una degradación humana.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260829