A 10 años de la Revolución Chilena
SE GESTA LA ACCION COMUN CONTRA LA TIRANIA
por Luis Corvalán
Texto del discurso pronunciado
en el acto central realizado en Moscú
el día 3 de septiembre de 1980.
Queridos
camaradas soviéticos,
queridos compañeros chilenos:
En estos días, Chile vive momentos
de gran tensión política. Está en vísperas de un acto que implica una burla a
sus sentimientos democráticos. Soberbia y provocadoramente, Pinochet ha elegido
el próximo 11 de septiembre -el séptimo aniversario del golpe militar para llevar
a cabo una nueva farsa plebiscitaria, destinada a ratificar una Constitución
fascista que él y su Junta ya dictaron sin más ni más.
Todas las fuerzas populares y
progresistas del país y el millón de chilenos que está en el exilio rechazan
ese engendro constitucional y declaran, con plena razón, que el plebiscito ad
portas no tiene validez jurídica ni moral.
Vigorosos contingentes populares
desafían la represión y se pronuncian en contra del fascismo y por la libertad.
Resuenan vibrantes los gritos “¡Fuera Pinochet!" "Democracia ahora"
y "El pueblo unido jamás será vencido” .
Ante el enemigo común, se avanza
por el camino del consenso, del reencuentro de todos los chilenos antifascistas
y no fascistas. Se gesta la acción común contra la tiranía y su fraude del día
11.
En estas condiciones nos reunimos
hoy a 10 años del triunfo de la Unidad Popular, de la elección de Salvador
Allende como Presidente de Chile.
E1 4 de septiembre es el día en
que cada seis años los chilenos renovaban al Presidente de la República
mediante el sufragio universal. Por lo tanto es también una fecha que congrega
a todos los demócratas de nuestro país.
La victoria de la Unidad Popular,
que hoy recordamos, fue un acontecimiento de dimensión internacional. Las
profundas transformaciones antimperialistas y antioligárquicas que se llevaron
a cabo en los tres años del gobierno del Presidente Allende constituyeron en su
conjunto una revolución de hondo contenido democrático y patriótico.
El golpe fascista del 11 de
septiembre de 1973 representó el triunfo de la contrarrevolución. Ese día se
encaramó al poder una camarilla militar al servicio de las multinacionales y de
los clanes financieros internos.
De la importancia de la revolución
chilena da testimonio el hecho de que constituye una fuente de estudio de los
revolucionarios de muchos países y un frecuente punto de referencia, tanto en
lo relativo a sus aciertos como a sus insuficiencias y errores. Su análisis no
está agotado. Sin embargo, nos parece necesario subrayar en este momento
algunas de nuestras conclusiones:
1°. En
nuestra época, la revolución no solo es seguida por los propósitos de
contrarrevolución de las clases reaccionarias internas, sino también por la
intervención del imperialismo. Esto ya está comprobado en el caso de Chile.
Ocurrió en Cuba con la invasión de Playa Girón que terminó en un fracaso
mayúsculo. Lo hemos visto en los constantes intentos de echar abajo todas las
revoluciones, comprendida la de Afganistán, donde los imperialistas norteamericanos,
con la ayuda de Pekín, organizaron y siguen organizando la introducción de bandas
contrarrevolucionarias desde Pakistán.
2°. Para sostenerse, desarrollarse y vencer, la
revolución debe contar con la mayoría activa, con una correlación de fuerzas que
le sea favorable y ha de basarse, por lo tanto, en una amplia política de alianzas
que pueda incluir el acuerdo y el compromiso entre los más vastos sectores
partidarios del progreso social.
3°. Las fuerzas revolucionarias deben marchar
estrechamente unidas, operando bajo una dirección única que emane de la máxima
coincidencia en el carácter del proceso de transformaciones sociales, en la
aplicación de una táctica firme y flexible y en la determinación de los
objetivos estratégicos, y
4°. La revolución debe resolver el problema del
poder en su plenitud. Esto significa que no basta, como ocurrió en nuestro
caso, conquistar el Gobierno -una parte del poder político- ni llevar a cabo
transformaciones sólo en la estructura económica, sino ser capаces de cambiar, también, y
de modo profundo, toda la estructura del estado. La subsistencia de un aparato
aparato estatal cuya misión es la de sostener y defender los intereses reaccionarios
termina por transformarse en instrumento de la contrarrevolución. Tal fue, en
particular, el caso del Poder Judicial y sobre todo el de las Fuerzas Armadas.
El
fascismo se ha dedicado a deshacer los cambios que llevó a efecto el gobierno
de la Unidad Popular. Pero ellos correspondían a necesidades y aspiraciones
reales del pueblo chileno y, mañana, aunque no en la misma forma, con las
correcciones debidas, tendrán que retomarse.
Quisiéramos
hacer una mención especial. El Presidente Allende está sepultado en una tumba
familiar en el cementerio de Santa Inés, a orillas del Pacífico. El 26 de junio
último. cuando se cumplían los 72 años de su natalicio, fue a ese lugar -donde
no hay siquiera una lápida con su nombre- un grupo de jóvenes para depositar
algunas flores en su memoria. Los esbirros de la policía los detuvieron. Este hecho
muestra no sólo la barbarie fascista sino que Allende le pena a la tiranía. Su
ejemplo está vivo y se le teme.
Pinochet
tiene la pretensión de eternizarse en el poder, de atornillarse en el cargo que
usurpó hasta 1997, o sea, de mantenerse como dictador, impuesto y sostenido por
las bayonetas, por un total de 23 años y medio. La Constitución que va a
someter a plebiscito así lo establece. Le otorga también a la Junta el derecho
de seguir reformandola durante el período de transición, y entre otras disposiciones
tan "democráticas" -democráticas
entre comillas- como las citadas, proscribe los partidos y organizaciones que
luchan contra el sistema.
El tirano
se ha permitido decir que será la Constitución de la libertad. ¡Flor de
Constitución y flor de libertad! La ha redactado un grupo de sus amanuenses y
de conspicuos personeros de los clanes, sin que el pueblo o representantes
suyos hayan podido decir ni chus ni mus.
El llamado
plebiscito se llevará a cabo bajo el imperio del estado de emergencia, con
proscripción de los partidos, sin prensa verdaderamente libre, sin acceso de los
opositores a los medios de publicidad, sin registros electorales, sin tribunal
calificador de elecciones, con presos y relegados, en medio de una nueva oleada
de terror y con un millón de chilenos en el exilio.. El mentado plebiscito no
ofrece alternativas. Es como una carrera de un solo caballo. En cuanto al
resultado, el mundo lo conoce de antemano. Será el que Pinochet diga. De seguro
que ya lo tiene en un cajón de su escritorio.
Pero habrá
otro resultado. Se hacen humo las ilusiones respecto de una presunta
liberalización del régimen. Se cierran los caminos para la evolución gradual
con que algunos han soñado. En estas circunstancias, no tenemos dudas de que el
pueblo de Chile sabrá encontrar el modo de sacudirse del yugo de la tiranía.
Las masas irrumpirán de una una u otra manera hasta echar abajo al fascismo.
Pinochet no podrá mantenerse en el poder por el tiempo que pretende. El derecho
del pueblo a la rebelión pasa a ser cada vez más indiscutible.
Todos los
opositores están en contra del fraude plebiscitario. El abanico de la
resistencia es muy amplio. Representa a la abrumadora mayoría del país. La decisión y firmeza con
que se enfrenta estos días a la tiranía tendrá una marcada incidencia en la
moral de combate y la fuerza con que el pueblo saldrá de esta prueba.
El retorno
a un régimen de democracia se ha venido transformando en exigencia nacional.
Esta, más el creciente ánimo de pelea de las masas, el avance de la unidad en
la base social, el repudio la dictadura en el ámbito internacional y la
agudización de los problemas económicos, han repercutido en el seno mismo del
régimen. Al promulgar su Constitución fascista y convocar a su faramalla de consulta
plebiscitaria, Pinochet trata de tapar las grietas de su edificio, de imponer
silencio a los críticos de su propia trinchera y de obligar a las Fuerzas
Armadas a seguir marchando tras su carro.
Pero, los
logros que pueda alcanzar a este respecto serán pasajeros. Día tras día la
llave de la situación estará en la unidad y en la lucha de la clase obrera y del
pueblo, en su indomable espíritu de combate, en el entendimiento de todas las fuerzas
democráticas. No hay tiranía que pueda resistir la avalancha de las masas.
Entre los
más preciados legados de Salvador Allende está el de su voluntad unitaria. Fue
un consecuente luchador por la unidad de los trabajadores y por la más estrecha
alianza de los partidos de izquierda. Además, siempre estuvo abierto al acuerdo
con otras fuerzas políticas cada vez que ello era necesario y conveniente para
los intereses populares.
El legado
de Allende se convierte hoy en un deber imperativo para la Unidad Popular. Esta
ha resistido duras pruebas. Respondiendo a una necesidad se ha abocado al
análisis de si misma. Colectiva y separadamente, sus partidos han considerado,
sobre todo en los últimos tiempos, las causas de la derrota de 1973, los
cambios que el régimen fascista ha
introducido en la economía y en la sociedad y los objetivos presentes y futuros
del movimiento popular.
Coincidimos
en cosas fundamentales. Concordamos en la necesidad de fortalecer la Unidad
Popular, de que ésta le ofrezca al país su propio proyecto histórico renovado,
centrado en las tareas antifascistas, antimperialistas y antimonopólicas de hoy
y que muestre también la perspectiva del avance democrático hacia el
socialismo. Además, todos estamos en favor del acuerdo con otras fuerzas
opositoras para terminar con el fascismo. Compartimos el criterio de que ese
acuerdo será más efectivo mientras más se fortalezca y desarrolle la Unidad
Popular y los partidos que la integran, entre los cuales caben, a su vez, otras
concordancias y entendimientos que, lejos de afectar, fortalezcan su cohesión.
Nos parece que ha llegado el momento de apretar más nuestras filas.
El primer
deber de los antifascistas es luchar contra el fascismo y plasmar la unidad
contra la dictadura.
Son las
fuerzas sociales y políticas que allá combaten las que, en primer lugar, están
llamadas a determinar qué es y qué no es procedente hacer en estos días.
Según
vemos las cosas, la tiranía fascista no ha podido ni podrá hacer de los chilenos
un pueblo de borregos. Los días que vienen son de luchas arduas, difíciles e
inevitables. Para imponer su pоlítica Pinochet sequirá reprimiendo. Y el pueblo, para defender sus derechos,
seguirá combatiendo. Este sabrá descubrir en la lucha las formas específicas de
expresión de su proceso democrático y revolucionario, dandо paso, seguramente a los
más variados métodos que ayuden a desarrollar el movimiento de masas, aislar a
la dictadura, aunar fuerzas, abrir perspectivas de victoria. Es el fascismo el que
que crea una situación frente a la cual el pueblo no tendrá otro camino que recurrir a todos los medios a su
alcance, a todas las formas de combate que lo ayuden, incluso de violencia
aguda, para defender su derecho al pan, a la libertad y a la vida. O vencer o
morir; tal fue la disyuntiva de los patriotas que lucharon por la
independencia. "O vivir con honor o morir con gloria", tal fue el lema
de O'Higgins. Los pueblos suelen verse enfrentados a situaciones cruciales que
no permiten otras opciones. Así ocurrió en Cuba frente a la dictadura de
Batista. Así ocurrió en Nicaragua ante la tiranía de Somoza. Como van las
cosas, así ocurrirá en Chile frente al régimen fascista de Pinochet.
Los
revolucionarios debemos mirar siempre de cara a la realidad. El pueblo de Chile
sufre ya siete años de un régimen fascista. Miles de nuestros compatriotas han
muerto salvajemente asesinados. Miles han desaparecido. Decenas de miles han
pasado por las cárceles, los campos de concentración y las cámaras de tortura.
Miles y miles han sido expulsados de su propia patria. La dictadura ha
modificado la estructura económica de Chile para ponerla al servicio de los
Pirañas y otros clanes y de los grandes trusts multinacionales. Un reducido
grupo de oligarcas y nuevos ricos se ha dedicado a la especulación
usufructuando del crédito interno e internacional; lo que lleva este año la
deuda externa a la astronómica cifra de 10 mil millones de dólares, con el
consiguiente aumento de la dependencia del país. Todo ello se ha hecho sobre la
base de enajenar riquezas, de privatizar empresas y servicios
nacionales,
de liquidar y afectar industrias montadas por el estado o por particulares a lo
largo de decenios, de crear un gran ejército de cesantes, de liquidar las
conquistas más preciadas de la clase obrera y de acentuar su explotación.
El régimen
demolió los hornos de Lonquén, pero la imagen de esos hornos, donde se
descubrió uno de sus horrendos crímenes, no podrá arrancarla de la memoria de
los chilenos, Los asesinatos del General Prats y de su esposa, de Orlando
Letelier, de Marta Ugarte, de Isidoro Carrillo y sus compañeros, de Miguel Henriquez,
de David Miranda, del profesor Jorge Peña, de Daniel Acuña, de Victor Jara, de Gaston
Lobos, de Eduardo Jara, no serán olvidados, como no son ni serán jamás
olvidados los prisioneros políticos desaparecidos.
Los
negociados en que se han embarcado conocidos hombres del régimen, los pitutos
de que usufructúan numerosos oficiales de las Fuerzas Armadas en servicio activo
o en retiro y la proliferación de los prostíbulos elegantes, de los clubes
nocturnos y de las discoteques de lujo -en todo lo cual aparecen familiares del
dictador-, ponen en evidencia la corrupción y la vida licenciosa a que han
llegado los círculos que más se han enriquecido con el régimen y que son sus
favoritos y sostenes. Esta es la sociedad que quiere prolongar el fascismo
mediante la represión y a costa de la miseria del pueblo.
Ahora el
aumento a veinte días de incomunicación de los detenidos en manos de la CNI, el
recrudecimiento de las flagelaciones, la aparición de comandos terroristas del
propio régimen, los secuestros como nueva forma de represión e intimidación y
el engendro constitucional que ya aprobó el tirano, muestran que el fascismo se
ha visto obligado a renunciar en buena parte a la operación cosmética con la
que pretendía encubrir su verdadera faz.
La
dictadura fascista, en su afán de servir a los clanes financieros y a las
multinacionales imperialistas, no ha vacilado en atacar los intereses de
sectores sociales que contribuyeron a su generación. Más aún, le niega a
algunos de ellos, como a los agricultores del sur y a los taxistas de la
capital, hasta el derecho de reunirse y los trata con la punta del pie. Al
mismo tiempo, las emprende contra la Iglesia Católica sin ninguna
consideración.
Estos
hechos son elocuentes de por sí. De una parte, muestran el verdadero carácter
del régimen fascista y, de la otra, las posibilidades de unir en contra de él a
la abrumadora mayoría de la nación.
Los acuerdos
entre los sectores de oposición y las valerosas acciones que despliegan,
principalmente obreros y estudiantes; indican el rumbo que llevarán los
acontecimientos.
Todas las
fuerzas progresistas, por imperativo de la vida misma, están llamadas a unirse
en la lucha por la libertad. La erradicación de las ideas democráticas y la
destrucción de los partidos, son objetivos que el fascismo no ha podido ni
podrá lograr.
La
experiencia histórica demuestra que los luchadores por la libertad son, en
definitiva, imbatibles, porque cada vez que cae uno de ellos, hay otros que
siguen su camino y aprenden a moverse como pez en el agua, aún en las más
difíciles condiciones de la clandestinidad.
Nuestra lucha antifascista forma parte del combate de los pueblos de América Latina que se alzan contra el imperialismo y las oligarquías; combate que ha alcanzado éxitos históricos en Cuba, Nicaragua y Granada y cuenta con el respaldo de todas las fuerzas progresistas del mundo. Se inserta en la lucha por la paz mundial, cuya fuerza principal está en la Unión Soviêtica y sus aliados más cercanos, pеro que abarca también a otras naciones, pueblos, gobiernos, movimientos, partidos y personalidades de diversos signos ideológicos y políticos.
El significado internacional del combate de cada pueblo lo demuestra el resuelto apoyo que en el mundo despiertan las luchas nacionales que tienen lugar hasta en los más apartados rincones de la tierra. Nosotros, los chilenos, contamos con una impresionante solidanidad intemacional y ella se mantiene en un alto nivel, no obstante que ya han transcurrido 7 años del golpe. Un fenómeno semejante ocurre con relación a Uruguay, cuyo pueblo es también víctima de una tiranía fascista; en cuanto a Bolivia, donde una facción militar ahoga en sangre un proceso democrático; en lo tocante a El Salvador, donde otra dictadura al servicio del imperialismo mata diariamente a decenas de personas, o en relación a Guatemala, Haití y Paraguay, donde imperan oprobiosos despotismos.
En ocasión
de esta farsa plebiscitaria fraguada por Pinochet, las fuerzas democráticas de
todos los continentes han vuelto a expresar su decidida condena a la tiranía y
su apoyo a nuestra causa antifascista. El pueblo de Chile recibe esta
solidaridad como un gran estímulo a sus heroicas luchas que inevitablemente
culminarán con su victoria.
Publicado en:
Partido Comunista de Chile
Paginas 12 > 18
Septiembre – octubre 1980
