Mañana se cumplen, 155 años de la primera revolución obrera de la historia:
La Comuna de París. Hoy, la recordamos
a través de un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas.
LA PRIMERA REVOLUCIÓN OBRERA DE LA HISTORIA: LA COMUNA DE PARÍS
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
ANTECEDENTES
Hacia mediados de 1870, en Francia
el Segundo Imperio vivía una aguda crisis. El emperador
Napoleón III creyó que superaría la crisis interna lanzándose a un conflicto
bélico. El 19 de julio de 1870 le
declaró la guerra a Prusia. El ejército francés fue derrotado. Napoleón perdió
su Imperio.
Al conocerse el desastre, París
fue estremecido por una explosión popular. Se formó un Gobierno Provisional,
controlado por republicanos burgueses y algunos elementos monárquicos. Fue el
“Gobierno de la Defensa Nacional”, hostil al pueblo.
Se logró organizar la lucha contra
los prusianos. Pero el “Gobierno de la Defensa Nacional” jugó el rol de
“Gobierno de la Traición Nacional”. El 27 de octubre de 1870, se produjo la
vergonzosa capitulación de Metz,
contando los franceses con un ejército de 173.000 efectivos.
El 28 de enero de 1871 el Gobierno francés concertó un armisticio con los prusianos.
En febrero de 1871 se constituyó
un gobierno reaccionario en Francia. A su cabeza fue designado el monarquista Adolfo Thiers, que eligió como su sede la ciudad de Versalles.
LA REVOLUCIÓN
Ese mismo mes de febrero de 1871, se organizó en París el Comité Central de la Guardia Nacional, que agrupó a los
batallones de obreros y artesanos, que ya habían surgido en las luchas
contra el Segundo Imperio de Napoleón III.
En el amanecer del 18 de marzo de 1871,Thiers envió tropas sobre París para desarmar a los batallones populares. Éstas llegaron a las colinas de Montmartre, al norte de París, con la intención de arrebatar los cañones allí emplazados por la Guardia Nacional. Al conocerse la noticia se hicieron presentes decenas de milicianos de los batallones obreros. Ante esta resistencia popular, los soldados de Thiers en vez de disparar confraternizaron con los revolucionarios.
Al anochecer de ese 18 de marzo de 1871, todas las dependencias del Estado fueron ocupadas por destacamentos de la Guardia Nacional. Por todas partes de la capital francesa flameaban rojas banderas.
Se había llevado a cabo la primera
revolución obrera de la historia. Era el 18 de marzo de 1871.
LA COMUNA DE PARÍS
El 26 de marzo tuvieron lugar las
elecciones para designar los miembros del Consejo de la Comuna. Concurrieron a
las urnas 300 mil ciudadanos.
El 28 de marzo de 1871 fue proclamada la Comuna de París. Por
primera vez la clase obrera había
conquistado el poder. La plaza de la
Municipalidad y las calles adyacentes estaban colmadas de público y de tropas
de la Guardia Nacional. En el escenario, levantado al efecto, se ubicó el
Comité Central de la Guardia Nacional y los miembros electos del Consejo de la
Comuna.
Un dirigente proclamó la Comuna. Al nombrar a los miembros del Consejo, un grito
ensordecedor se elevó desde el corazón
mismo de París: ¡Viva la Comuna!
No se pronuncian discursos. Sólo
exclamaciones de ¡Viva la Comuna! Las
bandas atacan los acordes de la Marsellesa y del Canto de la Partida. Millares
de voces le hacen coro.
LAS OBRAS DE LA COMUNA
Durante casi tres meses pudo
implementar una serie de decretos como:
-todos los miembros del gobierno
tendrían un sueldo similar a un obrero;
-la disolución del Ejército
regular sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática;
-la concesión de pensiones para
las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así
también como para sus hijos;
-la devolución gratuita de todas
las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño
estatales;
-se pospusieron las obligaciones
de deudas y se abolieron los intereses en las deudas;
-se crearon guarderías para cuidar
a los hijos de las trabajadoras;
-se prohibió el trabajo nocturno;
-las fábricas abandonadas por sus
dueños fueron entregadas a los trabajadores por medio de cooperativas
autogestionadas;
-se separó a la iglesia del
Estado; todas las propiedades de la Iglesia pasaron a ser propiedad estatal;
-la educación pasó a ser laica,
gratuita y obligatoria;
-los programas de estudios pasaban
a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el
carácter científico de las disciplinas;
-se dio una atención especial de
la educación a la mujer, que habían sido olvidadas hasta entonces; se crearon
escuelas para mujeres; se formó una comisión especial, para supervisar el
establecimiento de escuelas para chicas.
-en el mundo del arte y cultura
aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las
bibliotecas.
-la bandera tricolor fue
remplazada por la bandera roja como un símbolo de todas las fuerzas comuneras.
LAS JORNADAS DE MAYO DE 1871
París, la capital francesa,
estaba cercada por los ejércitos
enemigos, por los versalleses y los prusianos. Los comuneros se defendían heroicamente.
El 21 de mayo de 1871, las tropas
de Thiers, con apoyo de los invasores prusianos, lanzaron el asalto general. Un
traidor les había revelado el punto débil de la defensa. Por ahí irrumpieron.
Una lucha encarnizada, terrible,
se libró en las calles de París. Ese episodio pasó a la historia como la Semana
de Mayo.
Luisa Michelle, una profesora
parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer,
luchadora incansable, se unió, como muchas otras mujeres, a los obreros
defendiendo la Comuna de París, ese poder
obrero que se alzaba por vez primera sobre la faz de la tierra.
Luisa Michelle, fusil en mano,
encabezó un batallón de mujeres. En las barricadas tomaron parte cerca de diez
mil mujeres obreras, socorriendo a los
heridos, levantando trincheras y
luchando en ellas.
LOS ÚLTIMOS COMBATES
Se combatía contra fuerzas muy superiores. Los comuneros
defendían cada barrio proletario, cada casa.
En sus memorias Luisa Michelle relató los últimos combates que libraron 200
comuneros en el Cementerio Père
Lachaise: “Un puñado de valientes en el cementerio contra un ejército
entero. Se combate entre las tumbas, en las zanjas y en el interior de las
bóvedas; se combate cuerpo a cuerpo, con sables, con bayonetas, a culatazos;
muchísimo más numerosos, mejor armados, con sus fuerzas frescas reservadas para
la presión en París, los versalleses masacran implacablemente a los
valientes... Al caer la noche, un grupo de sobrevivientes de los heroicos
defensores de París fue cercado y fusilado junto a los muros del cementerio”.
(Ese muro, llamado “Muro de los
Federados” es un lugar donde culminan las marchas de los trabajadores de París.
Incluso, durante la ocupación nazi, a pesar de la estricta vigilancia ejercida
por los soldados alemanes, cada mayo aparecían flores rojas en ese lugar. Fue
un símbolo de la resistencia).
LA DERROTA Y MASACRE
El 28 de mayo de 1871 cayó la
última barricada levantada en el barrio proletario, en la calle de Ramponeau.
La contrarrevolución había triunfado.
Lo del 28 de mayo fue sólo el
inicio de la feroz matanza de los obreros parisinos. Treinta y seis mil comuneros fueron
masacrados, Más de cuarenta mil
arrojados a prisión y deportadas a lejanas colonias, condenados a trabajos
forzados. Entre estos últimos estaba Luisa Michelle.
La reacción aplastó en un terrible
baño de sangre a aquellos que pretendieron tomar el cielo por asalto, a los
combatientes por la libertad.
CARLOS MARX Y LA COMUNA DE PARÍS
En abril- mayo de 1871, Carlos
Marx escribió su obra ”La Guerra Civil en Francia”, donde aborda el tema de la
Comuna de París. Citamos algunos de sus planteamientos:
“Al alborear el 18 de marzo de
1871, París despertó entre un clamor de gritos de ‘Vive la Commune!’ ¿Qué es la
Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses?
“Los proletarios de París -decía
el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo, en medio de los fracasos y
las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado
la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos
públicos… Han comprendido que es un deber
imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios
destinos tomando el poder”
Pero la clase obrera no puede
limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado y tal como está y servirse de ella
para sus propios fines”. (Ibidem, página 295)
“La gloriosa revolución obrera del
18 de marzo (de 1871) se adueñó
indiscutiblemente de París. El Comité Central (de la Guardia Nacional)
era su Gobierno Provisional”. (página 290)
“Y si París pudo resistir fue
únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército,
sustituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban
los obreros. Ahora se trataba de convertir este hecho en una institución
duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército
permanente y sustituirlo por el pueblo armado” (Ibidem. Página 298)
“Una vez suprimidos el ejército y
la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo Gobierno, la
Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de
represión, el ‘poder de los curas’,
decretando la separación del Iglesia del Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras.
Los curas fueron devueltos a la vida privada, a vivir de las limosnas de los
fieles, como sus antecesores, los apósteles”. (Ibidem. Página 298)
“Desde los miembros de la Comuna
para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con
salarios de obreros” (Ibidem. Página 298)
“La verdad es que la Comuna no
pretendía tener el don de la infalibilidad,
que se atribuían sin excepción todos los gobiernos del viejo tipo.
Publicaba sus hechos y sus dichos y daba a conocer al público todas sus
imperfecciones” (Ibidem. Página 306)
“Maravilloso en verdad fue el
cambio operado por la Comuna en París. De aquel París prostituido del Segundo
Imperio no quedaba nada. París ya no era el lugar de cita de terratenientes
ingleses, absentistas irlandeses, ex esclavistas y restacueros norteamericanos,
expropietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres
en el depósito, ni asaltos nocturnos, ni apenas hurtos; por primera vez des los
días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París y
eso que no había policía de ninguna clase”. (Ibidem. Página 307)
“…Era ésta la primera revolución
en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única capaz de
iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina
-tenderos, artesanos, comerciantes-, con la sola excepción de los capitalistas
ricos”. (Ibidem. Página 303)
“Desde el 18 de marzo hasta la
entrada de las tropas versalleses en París, la revolución proletaria estuvo tan
exento de esos actos de violencia en que tanto abundan las revoluciones, y más
todavía las contrarrevoluciones de las ‘clases superiores’, que sus adversarios
no pudieron denunciar más hechos que la ejecución de los generales Lecomte y
Clément Thomas y lo ocurrido en la plaza Vendome. (Ibidem. Página 291)
El general Lecomte fue ejecutado
por sus propios soldados. (Ver Ibidem. Página 291)
“La supuesta matanza de ciudadanos
inermes en la plaza de Vendome es un mito de Thiers” (Ibidem. Página 292)
“He aquí su verdadero secreto: la
Comuna era, esencialmente, un Gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de
la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin
descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del
trabajo.
Sin esta última condición, el
régimen de la Comuna habría sido una imposibilidad y una impostura. La
dominación política de los productores es incompatible con la perpetuación de
su esclavitud social”. (Ibidem. Página 301)
“Pero, al mismo tiempo, como
Gobierno obrero y como campeón intrépido
de la emancipación del trabajo, era un Gobierno internacional en el pleno
sentido de la palabra”. (Ibidem. Página 304)
“En su repugnancia a aceptar la
guerra civil iniciada por el asalto nocturno que Thiers realizó contra Montmartre,
el Comité Central se hizo responsable esta vez de un error decisivo: no marchar
inmediatamente sobre Versalles, entonces completamente indefenso, acabando así
con los manejos conspirativos de Thiers y sus ‘rurales’. En vez de hacerse esto, volvió a permitirse que el
partido del orden probase sus fuerzas en las urnas el 26 de marzo, día en que
se celebraron las elecciones a la Comuna”. (Ibidem, Página 293)
“El heroísmo abnegado con que la
población de París -hombres, mujeres y niños- luchó por espacio de ocho días
después de la entrada de los versalleses en la ciudad, reflejan la grandeza de
su causa, como las hazañas infernales de la soldadesca reflejan el espíritu
innato de esa civilización de la que es el brazo vengador y mercenario”
(Ibidem. Página 315)
“El París de los obreros, con su
Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad.
Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus
exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna de la que no
lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.
London, 30 de mayo de
(Carlos Marx: “La Guerra Civil en
Francia”, en Marx - Engels Obras Escogidas en un tomo. Editorial Progreso,
Moscú)
FEDERICO ENGELS Y LA COMUNA
Veinte años después, Federico
Engels escribió la Introducción en la edición de
“Los miembros de la Comuna estaban
divididos en una mayoría integrada por los blanquistas, que habían predominado
también el Comité Central de la Guardia Nacional, una minoría compuesta por
afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que
prevalecían los adeptos a la escuela socialista de Proudhon.
En aquel tiempo, la gran mayoría
de los blanquistas sólo eran socialistas por instinto revolucionario y
proletario; sólo unos pocos habían alcanzado una mayor claridad de principios,
gracias a Vaillant, que conocía el Socialismo Científico alemán. Así se explica
que la Comuna dejase de hacer, en el terreno económico muchas cosas que, dese
nuestro punto de vista actual, debió realizar. Lo más difícil de comprender es
indudablemente el
santo temor con que aquellos hombres se
detuvieron respetuosamente en los umbrales del Banco de Francia. Fue éste
además un error político muy grave. El Banco de Francia en manos de la Comuna
hubiera valido más que diez mil rehenes”. (Federico Engels: Introducción en la
edición de
“Últimamente, las palabras
‘dictadura del proletariado’ han vuelto a asumir en santo horror al filisteo
socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber que faz presenta esta
dictadura? Mirad a la Comuna de París: he ahí la dictadura del proletariado.
Federico Engels, Londres en el
vigésimo aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de
LENIN: “LAS ENSEÑANZAS DE LA COMUNA DE PARÍS”
El 18 de marzo de 1908, Lenin en
un acto realizado en Ginebra señaló:
“A pesar de que el proletariado
socialista estaba dividido en numerosas sectas, la comuna fue un ejemplo brillante
de como el proletariado sabe cumplir unánime las tareas democráticas, que la
burguesía solo sabia proclamar.
Sin ninguna legislación
complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el
poder, llevo a cabo la democratización del régimen social, suprimió la
burocracia y estableció la elección de los funcionarios por el pueblo.
Pero dos errores malograron los
frutos de la brillante victoria.
El proletariado se detuvo a mitad
del camino: en lugar de proceder a la “expropiación de los expropiadores”, se
puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por
una tarea común a toda la nación; no se apodero de instituciones como, por
ejemplo, el banco; las teorías de los proudhonistas del “justo cambio”, etc.,
dominaban aun entre los socialistas.
El segundo error consistió en la
excesiva magnanimidad del proletariado : en lugar de exterminar a sus enemigos,
que era lo que debía haber hecho , trato de influir moralmente sobre ellos,
desprecio la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente
militares y , en vez de coronar su victoria en Paris con una ofensiva resuelta
sobre Versalles, dio largas al tiempo y permitió que el gobierno versallés
reuniese las fuerzas tenebrosas y se preparase para la semana sangrienta de
mayo.
Mas, pese a todos sus errores, la
Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del
siglo XIX.
Marx concedió un gran valor al
alcance histórico de la Comuna: si cuando la pandilla de Versalles efectuó s
traicionera incursión para apoderarse de las armas del proletariado parisiense,
los obreros se las hubiesen dejado arrebatar sin lucha, la funesta
desmoralización que semejante debilidad hubiera sembrado en las filas del
movimiento proletario habría sido muchísimo más grave que el daño ocasionado
por las pérdidas que sufrió la clase obrera al luchar en defensa de sus armas.
Por grandes que hayan sido las
pérdidas de la Comuna, la significación de esta para la lucha general del
proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento
socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipo las ilusiones
patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la
burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma
concreta las taras de la revolución socialista.
El proletariado no olvidara la
lección recibida. La clase obrera la aprovechara, como ya la ha aprovechado en
Rusia durante la insurrección de diciembre…
La socialdemocracia supo acabar
con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y cuando se
logró arrancar al zar el manifiesto del
17 de octubre, en lo que ella participo directamente, el proletariado comenzó a
prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución:
la insurrección armada.
Libre de las ilusiones
“nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de
masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc.
Y pese a la gran diferencia que había entre
los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871,
el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de
Paris había sido la primera en utilizar: la guerra civil.
Teniendo presente sus enseñanzas,
sabía que el proletariado no debe despreciar los medos pacíficos de lucha, que
sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el
periodo preparatorio de las revoluciones.
Pero el proletariado jamás debe
olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de
lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del
proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a
campo abierto.
El proletariado francés lo demostró por
primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante
confirmación en el alzamiento de diciembre.
No importa que estas dos sublevaciones de la clase obrera hayan sido
aplastadas. Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los
enemigos del proletariado las que resultarán débiles. Ella dará la victoria
completa al proletariado socialista”.
(Lenin: Informe en homenaje a los 25 años de la muerte de Marx, 60 años
de la revolución de marzo de 1848 y 39 años de la Comuna de París. Ginebra, 18
de marzo de 1908, en Zagranichnaya Gaceta (“Gaceta Extranjera”) (núm. 2, del 23
de marzo de 1908)
RECABARREN Y LA COMUNA DE PARÍS
El periódico chileno, “El
Proletario”, de Tocopilla, fundado por Recabarren, publicó con fecha 24 de
enero de 1905 un homenaje a Luisa Michelle, con motivo de su fallecimiento
ocurrido el 10 de enero de 1905. Allí se decía:
“Luisa Michelle, profesora
parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, se
une, como muchas otras mujeres, a los obreros que luchan contra la dictadura
militar del Segundo Imperio. Combate en defensa de la Comuna de París en 1871.
Derrotada la Comuna, es condenada a 15 años de trabajos forzados en Nueva
Caledonia. Amnistiada al cabo de 9 años, regresa a París ya convertida en
socialista convencida. Escribe y defiende los derechos del socialismo y de la
mujer, lo que le reporta varias condenas y prisión”.
En este mismo periódico, en su
edición del 18 de marzo de 1905, Luis Emilio Recabarren escribió sobre la Comuna
de París. En parte señalaba:
“Los sublevados de París que al
grito de la ‘Comunne’ (Comuna) quisieron derribar la opresión burguesa, cayeron
asesinados por millares en este día sangriento de la historia proletaria. Ellos buscaban la libertad de los
pueblos…
La ‘Comunne’ proclamaba lo que
llevamos como un programa en nuestros corazones los que nos llamados hombres
libres; proclamaba el trabajo para todos como una necesidad para la salud
física, la producción y el consumo en común y el libre cambio por la acción
libre de los hombres.
“La guardia nacional que
constituía el pueblo de París armado, secundó la acción del pueblo, que
aprovechando el desbarajuste producido con la derrota impuesta por Alemania.
“Pero como los gobiernos se
amparan todos, el gobierno alemán puso en libertad al ejército francés
prisionero y vencido, con el cual el gobierno francés fusiló al pueblo matando
a más de 35 mil trabajadores y destrozando así la primera revolución comunista
que proclamaba la vida libre.
“El fracaso de este movimiento se
debió más a la poca orientación de los revolucionarios que no tuvieron las
suficientes energías para imprimir la verdadera marcha a este acto libertador.
“Pero este fracaso que en todo
caso marca la primera jornada hacia la vida real, recordará en nuestra mente la
necesidad de una reparación pronta y nos servirá la lección a los
revolucionarios de todos los pueblos, para cuando llegue la segunda jornada no
vacilar ni detenernos un instante en la marcha vigorosa de la revolución, que
ha concluir con las iniquidades presentes, para alzar el trono de la
justicia a donde nadie pueda destruirlo.
“¡La ’Comunne’ fue el primer grito
de los sublevados del mundo lanzado por el pueblo de Francia! Quiera nuestra
suerte que la segunda acción sea también la final…
“No quisiéramos pensar nunca en los hechos sangrientos y
violentos para realizar los ideales puros d reformar el mundo malo de hoy, para
tornarlo bueno y feliz. Mas la valla poderosa que nos coloca el egoísmo y la soberbia
burguesa nos indica que sólo la fuerza es lo único capaz de vencer.
“Ya hemos rogado y suplicado
mucho, nuestras lágrimas y nuestras quejas no han sido suficientes para
ablandar el corazón burgués.
“¡Se necesita de un océano de
sangre caliente!
“Nuestros hermanos de la Francia
nos señalaron el camino, gritemos con ellos: ¡Gloria a la ‘Comunne’ y a sus
mártires!
Luis E.
Recabarren S.”





