El día de ayer 11 de marzo, se cumplieron 60 años de la Masacre de El
Salvador. Una vez más fueron masacrados
los trabajadores y sus familiares. Una vez más, soldados del ejército chileno
asesinando a su pueblo, y esta vez, bajo las órdenes del gobierno democratacristiano
de, Eduardo Frei Montalva.
Hoy entregamos a las lectoras y lectores del Boletín Rojo,
un escrito del Compañero Iván Ljubetic Vargas, quién fuera historiador del
CEILER y grande colaborador del boletín.
Hace 60 años:
MASACRE DE EL SALVADOR: 11
DE MARZO DE 1966
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
Los obreros de El Salvador conducen por el desierto a sus compañeros caídos.
El 1º de enero de 1966, los
mineros de El Teniente declararon una huelga exigiendo aumento de sus
remuneraciones. La Braden Mining Cooper,
filial de la Kennecott, explotadora de ese mineral, rechazó las peticiones de
los obreros. El movimiento se
prolongaba. No se vislumbraba una
solución. Entonces, a comienzos de
marzo, la Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC, convocó a un paro
solidario. Los mineros de Chuquicamata
desoyeron el llamado. Sólo paralizaron
sus labores los de El Salvador. El
gobierno reaccionó declarando zonas de emergencia las provincias de O’Higgins y
Atacama y entregando el control de los centros mineros en huelga a las fuerzas
armadas. En El Salvador se designó jefe
de plaza al Coronel Manuel Pinochet Sepúlveda.
PARO SOLIDARIO
En el mineral de El Salvador el paro fue total. Los trabajadores actuaron con disciplina y responsabilidad. Un Comando de Huelga dirigía las actividades. Diversas comisiones tenían a su cargo tareas concretas: la olla común para los huelguistas y familiares, competencias deportivas, actos artísticos - culturales, cuidado de los niños, disciplina, etc. El centro de todas estas acciones era la sede del Sindicato.
El entonces ministro de Defensa de
Eduardo Frei Montalva, Juan de Dios Carmona, ordenó la ocupación militar de El
Salvador. No había razón alguna para
ello: allí reinaba la tranquilidad y el
orden. El operativo tuvo lugar el 11 de marzo de 1966. Fue realizado por
efectivos del Ejército.
TODO ESTABA TRANQUILO
Eran alrededor de las 14
horas. En la sede social, trabajadores,
mujeres y niños habían almorzado recién.
Algunos jugaban a las cartas, otros leían o conversaban. También hubo quienes dormitaban. Una comisión lavaba platos y servicios; otra,
ordenaba mesas y bancas. Los niños,
incansables, correteaban alegremente.
PROVOCACIÓN
De pronto alguien dio la voz de
alarma: soldados habían rodeado el local.
Los pequeños, asustados, corrieron a donde estaban sus padres. Hombres y mujeres se inquietaron.
El oficial a cargo de la tropa,
prepotente y altanero, ordenó desalojar la sede. La gente se negó. No había motivo para ello: estaban en su
local y no molestaban a nadie. Los trabajadores intentaron dialogar. La respuesta fue brutal. Los uniformados rompieron los vidrios de las
ventanas y arrojaron bombas lacrimógenas al interior. El aire se hizo irrespirable. Gritos de desesperación y de ira.
CON BALAS DE GUERRA
Todos salieron corriendo. Unas mujeres se envolvieron con banderas
chilenas, como buscando en el pabellón patrio una protección.
El capitán Alejandro Alvarado
Gamboa dio una orden. Y el estrépito de
una descarga se elevó por encima de los gritos y el ruido de las carreras.
Los soldados dispararon contra la
gente indefensa. Cayeron algunos. Otros siguieron corriendo. Una nueva descarga. Gritos y quejidos.
Un sobreviviente, Iván Ardiles tenía
entonces 7 años
Para Iván Ardiles, un
sobreviviente que en ese entonces tenía 7 años, esta es una escena que no olvidará.
“Yo me acuerdo de que el sindicato estaba lleno de humo y lloraba mucho porque
eran bombas lacrimógenas las que caían y no se veía nada. Yo le decía a mi mamá
que prendiera la luz porque me dolían los ojos y ella me decía que no se podía
mientras me mantenía escondido debajo de un escritorio metálico. Más tarde,
cuando salimos de allí - ya que los trabajadores habían abierto las latas de
las paredes del sindicato para escapar - a mi mamá le pasó una bala”.
DOS MUJERES ASESINADAS
Una mujer, que llevaba una bandera
chilena fue asesinada. Se llamaba
Leopoldina Chaparro Castillo. Tenía 36
años y estaba en avanzado estado de embarazo.
Cerca de ella cayó otra: Marta Egurrola de Miles, madre de tres hijos y
otro por nacer.
Estas dos mujeres proletarias eran
igual a esa que utilizó la propaganda
democratacristiana en la Campaña de 1964: una mujer embarazada en un bello y
costoso afiche azul, con la leyenda “Por mi hijo, votaré por Frei”.
Y SEIS OBREROS
También cayeron asesinados seis obreros. Entre ellos dos comunistas: Ramón Santos Contreras y Raúl Monardes.
Ramón Santos Contreras había llegado al mineral de El Salvador cuando aún no cumplía los 19 años. Era militante de las Juventudes Comunistas. Se incorporó a la base Camilo Cienfuegos. Conoció y se hizo inseparable amigo del obrero Raúl Monardes, dirigente del Partido Comunista. Ambos realizaron una incansable labor de revolucionarios. Ello, a pesar de laborar en una empresa imperialista estadounidense, la Anaconda Copper Company. Ramón activaba tanto en el mineral como en Pueblo Hundido. Fue elegido secretario político del Comité Local de la Juventud, que tenía como sede esa localidad (Actualmente se llama Diego de Almagro, de la Provincia de Chañaral, Región de Atacama)
Ocho muertos y cuarenta heridos
fue el saldo de la masacre. Y, como
siempre, después de una matanza se pretendió culpar a las víctimas.
UNA VEZ MÁS AL CRIMEN SE UNE LA MENTIRA
El gobierno de Frei Montalva, a
través de un comunicado oficial, suscrito por el Ministro de Defensa Carmona y
el Subsecretario del Interior, Juan Hamilton, sostuvo que:
“Elementos especialmente
adiestrados, a las 14 horas de hoy, realizaron un ataque masivo con armas de
fuego y otros medios de agresión en contra de la fuerza pública”.
Esta falsedad fue desmentida por
el propio oficial a cargo del operativo, el capitán de ejército Alejandro
Alvarado Gamboa. Este declaró haber
dicho al coronel Pinochet:
“Si usted quiere que yo cumpla la
orden que usted me dio de tomarme el Sindicato, tengo que disparar a matar y
ahí va a quedar la carnicería...”
CON PREMEDITACIÓN
Por lo demás, la masacre del 11 de
marzo de 1966 fue la culminación de una serie de provocaciones llevadas a cabo
por el coronel Pinochet. Días antes,
había prohibido la entrada al mineral de comerciantes ambulantes. A los establecidos, les ordenó no otorgar
créditos a los huelguistas amenazándoles que, si desobedecían lo dispuesto,
serían detenidos, cancelados sus permisos y expulsados del campamento. Su plan era cercar por el hambre a los
trabajadores y sus familias. Cuando
comprobó que esas maniobras no surtían efecto, ordenó la detención y traslado
de dirigentes y algunos obreros. Aisló el Mineral y luego vino la
masacre.



