A 84 años de su partida física, recordamos al poeta comunista Miguel Hernández y lo hacemos a través de un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas.
Boletín Rojo
A 84 AÑOS DE SU PARTIDA FISICA
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la
oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos
poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se
levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la
luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de
tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia
dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el
hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y
siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio,
enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de
recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria
terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!
Pablo
Neruda
Miguel Hernández Gilabert nació en
Orihuela, el 30 de octubre de 1910. Poeta
y dramaturgo español. De familia humilde, tuvo que abandonar muy pronto la
escuela para ponerse a trabajar; aún así desarrolló su capacidad para la poesía
gracias a ser un gran lector de la poesía clásica española. Formó parte de la
tertulia literaria en Orihuela, donde conoció a Ramón Sijé y estableció con él
una gran amistad. A partir de 1930 comenzó a publicar sus poesías en revistas
como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. En la década de 1930 viajó a
Madrid y colaboró en distintas publicaciones, estableciendo relación con los
poetas de la época. A su vuelta a Orihuela redactó Perito en Lunas, donde se
reflejaba la influencia de los autores que leyó en su infancia y los que
conoció en su viaje a Madrid.
Ya establecido en Madrid, trabajó
como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en las Misiones pedagógicas
de Alejandro Casona; colaboró además en importantes revistas poéticas
españolas. Escribió en esos años los poemas titulados El silbo vulnerado e
Imagen de tu huella, y el más conocido El Rayo que no cesa (1936).
Tomó parte muy activa en la Guerra
Civil española. Se alistó en el bando republicano. En el verano de 1936 ingresó
a las filas del Partido Comunista de España. A partir de 1937 fue Comisario
Político Militar del Quinto Regimiento.
El Quinto Regimiento fue
organizado por el Partido Comunista de España No sólo fue un cuerpo militar, ya
que sus actividades se extendieron a otras áreas, desarrollando una importante
labor social y cultural, impulsando el desarrollo de la educación y la cultura
entre las clases bajas para luchar contra el analfabetismo. Fueron conocidos
sus carteles y murales, sus bibliotecas circulantes y las "guerrillas teatrales" que
llevó a las calles y al frente.
Al Quinto Regimiento estuvieron
alistados o relacionados con él, además de Miguel Hernández, conocidos poetas y escritores comunistas,
como Rafael Alberti, César Arconada,
Pedro Garfias, José Herrera Petere, María Teresa León y Juan Rejano. También lo
estuvieron ingenieros, arquitectos, médicos, profesores y pintores.
En 1937, Miguel Hernández asistió
al II Congreso Internacional para la Defensa de la Cultura, celebrado en Madrid
y Valencia. Viajó a la Unión Soviética en representación del Gobierno del
Frente Popular.
Al terminar la Guerra Civil intentó salir del
país, pero fue detenido en la frontera con Portugal por la policía de Salazar,
dictador fascista de ese país, que lo entregó a la policía de Franco.
Se le encarceló en Sevilla, luego
se le envió a Madrid, donde logró que lo amnistiaran. Regresó a Orihuela. Fue
delatado y detenido. Juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940. Se le conmutó la pena por la de treinta años pero no llegó a
cumplirla porque murió de tuberculosis a
las 5,32 horas de la madrugada del 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante.
Tenía sólo 31 años de edad.
Durante la guerra compuso Viento
del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como
“poesía de guerra”. En
la cárcel acabó Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941).



