martes, 11 de agosto de 2026

Los inmigrantes.

 


Comentario radial y escrito

 




 

 

Retrocedo 65 calendarios.

Por esos tiempos, la palabra inmigrante, me llevaba al sur de mi paisito.

Por ahí por Valdivia, por Frutillar, Puerto Varas, Chiloé, Punta Arenas.

Me llevaba también, pero no tanto, “para mi norte que me pario”; Iquique, Tocopilla, Antofagasta, Copiapó, Pueblo Hundido, María Elena, Chacabuco, Chañaral.

Hoy, es totalmente diferente; el saber de los inmigrantes me ahoga de cadáveres, de angustias, de incertidumbre, de vulnerabilidad.

Hoy, me trae genocidios, esclavitud añeja, pero presente, me tira al voleo injusticias de “tomo y lomo”. Se amarran en nudo ciego, la hipocresía, la mentira.

Me trae mostradores, me trae un “trata, de todo”.

Me deja resentido.

Pero, también me trae un asomo tímido de humanismo maravilloso, se asoman derechos, solidaridad, búsqueda de justicia social, dan una pincelada de coraje.

Los viejos, muchos años atrás, en otra geografía y circunstancias, me dieron la tarea de ir relatando las vivencias de nuestro exilio.

El exilio; una emigración, una inmigración, en un amarre brutal, ajeno, de querencias.

Viajando en el metro, Estocolmo /Suecia, las propagandas políticas se insinuaban en su interior.

El 13 de septiembre habrá elecciones generales. Hay que apoderarse de 349 cupos parlamentarios.

Los parlamentarios elegidos, elegirán, al primer ministro.

Ese mismo día, hay elecciones municipales y regionales.

Quiera el dios de los coloraos, que esta vez, los que se dicen de izquierda, de progresistas, se pongan de acuerdo y puedan formar gobierno.

El bagayo, lo arreglan por dentro.

Como no soy “de a pie”, soy de auto, el viajar en un bus, en el metro o tren, es una buena enseñanza.

Es un coscorrón de clase, una enseñanza que te sacude, que te corchetea los principios y verdades.

Me llamo la atención un afiche en el vagón: Versaba un texto y dos imágenes.

El Texto decía: Tú decides que camino tomar.

La primera imagen era un Gaza, habitada de escombros, y, digo un Gaza, porque hay cientos, miles de Gaza.

¡Todos los días, la bestialidad destruye un Gaza!

La otra imagen, era el rostro de Nelson Mandela.

Eso era todo.

La idea era influir “en los de a pie”; allí, anidaba la mayoría electoral.

Mandela fue y será un símbolo de lucha, de justicia social.

Aquí, y en cualquier parte.

Que habría pasado, si la imagen de Nelson Mandela fuera acompañada por un texto que denotara su convicción; quizás, algún decir de él; por ejemplo, “Sudáfrica derroto al Aparteid, gracias a la intervención del pueblo cubano y de su comandante, Fidel castro”.

O quizás, “su cuestionamiento al Ejército norteamericano, por las atrocidades cometidas en sus invasiones. Sin importarle los seres humanos y buscando petróleo”.

¿Qué habría pasado?

No habría pasado nada.

Ese afiche, no pasaría jamás por una imprenta.

En el día de hoy, viernes 7 de agosto, los noticiarios hablaban de una “metida de pata descomunal”, de dos representantes del “partido de Izquierda” (Vänster) en el parlamento sueco.

El delito era, el haber enviado una carta de aliento, de solidaridad a un palestino preso, en una cárcel de Israel, acusado de terrorismo.

La misiva era añeja, pero los tambores de guerra enmudecían las conciencias, cambiaban las geografías de un genocidio colectivo.

¡Qué infierno tendrá ese palestino preso!

¡Que infierno tendrán sus cohabitantes de celdas y de oscuros!

Que sentirá, que dirá, la población sueca, ante tan falta de tino y criterio.

El solo hecho, que esta noticia la haya publicado primariamente el diario “Expressen”, diario liberal e independiente, que “no da punta sin hilo”, ya viene chueca.

La misiva es real, y creo también que, necesaria.

Los medios de comunicación, el 90% de ellos, las plataformas cibernéticas, están en manos de ese 1% poderoso, que lo ve y controla el mundo.

El resto, existe nadando en contra o a favor del tiempo.

“En las cárceles israelíes, los prisioneros palestinos, más de 10.000, sean estos niños o mujeres, varones, son sometidos a una violencia cotidiana brutal, sistemática”, obligados y en bajativo, a una hambruna y sed que los va aniquilando por dentro.

Le roban su identidad humana.

Y, más aún, esa humanidad infantil, su libertad, es chantajeada a la delación.

En más de un año de ocupación sionista en Gaza, van más de 75.000 palestinos muertos.

El 56% de esos sin vida ni razón, son mujeres y niños.

Los olvidados, deben ser cientos de miles.

¡Ay, dios mío de los coloraos!

Que hago con ese afiche que adornaba mi vagón.

¿Qué dirá Nelson Mandela?

¿Qué dirán esos escombros de cualquier ciudad bombardeada?

¿Qué dirán?

Esa carta, de la parlamentaria de izquierda, encierra solamente un grito, un aullido de desesperanza:

¡Para que nunca más!

Creo, que la izquierda sueca, debería rescatar ese “Para que nunca más,” que, confronta de cuajo, con las políticas de partidos de derecha, liberales y cristianos, encuadernados estos, como alfil en casillero blanco, por el fascismo que habita, en el partido “Demócratas de Suecia”.

El estar a favor o en contra, tú, yo, que llevamos incrustado el caminar del fascismo, que sabemos del infierno que se vive en otras realidades del mundo; como en Palestina, en El Líbano, en Cisjordania, en Siria, en Yemen, en Rusia o en Ucrania, en Teherán o en Nueva York, en la Habana, en nuestro sur, el estar en contra o en favor, es una cuestión de conciencia cívica, de clase, de origen.

Y esa opinión, ahora, en este 13 de septiembre, en Suecia, esa opinión, ese sentir, puede ser transformado, fraguado en una instancia de poder político, esa instancia, es, tu sufragio.

Hoy por hoy, esa instancia de poder político puede transformar la vida en él planeta.

Nosotros, los chilenos, los colombianos, los peruanos, los ecuatorianos, los argentinos, los bolivianos, los salvadoreños, no hemos sabido votar.

Y puta que da vergüenza.

Yo, quería hablar, relatar sobre la inmigración y me fui por otra melga.

Sin embargo, todos los países, unos más, otros menos, con toda su cromática población adentro, existimos solamente, gracias a la inmigración.

Los chilenos, por ejemplo; somos todos mestizos.

El mestizaje, gracias al genocidio más grande de la humanidad, tiene una identidad mayoritariamente española, también hay alemana, itálica, árabe, palestina, judía…por ahí va la hebra para sacudir la alfombra.

Se me asoma la frasecita: “Estoy trabajando como un chino”.

En mi paisito flaco y largo, las salitreras, las vías férreas, las guerras parricidas, tienen sudor de los habitantes de China.

No fueron, ni son propietarios de inmensas riquezas.

Para el sur de Chile, la cuestión se complica.

Hubo un tiempo, que los aventureros de ultramar, dueños de la oveja, pagaban a otros aventureros, que les había ido mal en la cuestión del oro, por cada cuero cabelludo o seno, de algún aborigen de la Patagonia.

Para que voy a contar que, en, 1861, el gobierno de Chile, ocupo militarmente la tierra de los mapuches. Desde el río Biobío, hasta el Toltén fue la matanza.

Las tierras usurpadas a nuestros ancestros, se las fueron entregando de acuerdo con la demanda, y con ayuda estatal, a los inmigrantes europeos.

Colonia Dignidad, tiene nombre y apellido.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260809