martes, 18 de agosto de 2026

¡Por si las moscas!

 


Comentario radial y escrito:

 




 

Los que saben, dicen que la historia, tiene entre otras cosas, el privilegio de darnos las herramientas, para construir un mundo nuevo. Sobre todo, de prevenirnos de la violencia permanente.

Violencia con apellido, que mantiene a los de arriba, siempre arriba, y a los de abajo, en un crucigrama inconcluso; condenando a la pobreza, a ser su compañero incansable de vida y viaje.

¿Podría ella, la historia, por su misma historia, por su vivir, enseñarnos a ser un habitante empático?

La cuestión, desgraciadamente, no viene así.

La historia nuestra, al menos, para los que “hacen las cosas”, tienen a vuelo e pájaro, 300.000 años con problemas de aprendizaje.

Me machaca el alma el fatídico 11 de septiembre de 1973 en las palabras del presidente heroico, Salvador Allende, a través de Radio Magallanes.

 “La Historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Yo, ya no tengo ramal, voy llegando al último anden, pero pongo con lo que me queda, para el rescate de esa historia.

La juventud de hoy en día y la que viene, la que vendrá después, tienen una responsabilidad cívica, caballa de grande.

Los invito a un andén para juntar empujones.

Me gustan los trenes.

Lleguemos, y nos salimos al tiro de la oficina salitrera San José; de ahí, a la buenaventura, a la Catalina y a la Mapocho; a la Constancia y a la Victoria.

Seis 6 oficinas más se sumarán.

Tenemos que juntar los arenales de Atacama.

El junte será en la Escuela Domingo Santa María, allá por Iquique.

Tenemos que atar 3.600 cadáveres; 3.600 preguntándonos por qué.

Seguimos al sur; aperchamos a otros de Indio Muerto, un tanto más abajo que Potrerillos.

Nos santiguamos en Puerto Montt y nos arrinconan todavía, las 32.000 vidas, victimas; memorias abandonadas, hoy, a su suerte, al ultraje, en las garras de un fascismo extraño.

Fascismo extraño, acuñado por barriales

Quien tiene el pulso para escribir, o leer tanta infamia.

Estuvo de moda el aguaite al eclipse.

El solo saber que ese aguaite, le dio el poder político, sagrado, divino, a los Mayas, a los Incas, y a los aztecas, atrinca mi sentir.

Los Mapuches de la Araucanía, fueron y son, un anden de migraciones.

Los que nacieron por el 60, tienen su propio aguaite…

Y es el inmenso mercado cibernético pilastrero, que te obliga, te mandata a leer su “Pato Donald” y acatar lo que dictan los poderosos.

Los poderosos tienen a su haber a los nuevos príncipes de la guerra, jotes de presa, desesperados por entrar a degüello.

Lo cibernético encierra en terciopelo la espada de Damocles.

Que las independencias de los países del mundo, hay que celebrarlas, se celebran.

Por lo menos, en mi paisito, algún heroico grita: “que aún tenemos patria”, ese aún, me llena de una inquietud bonita.

¡Si no pá qué!

¿Qué sentido y razón tendrá el vivir lejano, ajeno?

Bajándome en el andén de mi país; por esos tiempos, de Simón Bolívar, de José Miguel, él poseer esclavos era una cuestión de poder, de clase.

Cobarde sí, pero de clase.

A Bernardo O´Higgins y a su padre, don Ambrosio, los abolengos y la esclavitud no eran de su encanto, y prohibió en parte su propagación.

La esclavitud con tanto mestizo suelto se vestiría más tarde diferente, con todo el derecho inalienable a preguntarse del porqué de su hambre y cobija.

Las encomiendas, a Bernardo, no le daban arcadas, a sus semejantes de armas y sueños, tampoco.

Traigo esto de los esclavos, de la escritura y lectura de la historia, por algo más al callo con nuestro origen.

La revolución haitiana. Año 1791.

Fue el segundo país de América en independizarse. Y el primero conquistado por esclavos negros traídos de áfrica.

No eran inmigrantes, menos migrantes, eran esclavos amarrados con  cadenas, como un rosario.

Derrotaron a los colonialistas europeos, pero no pudieron, al igual que nosotros, los chilenos, hasta hoy, saber leer su propia historia y escribirla.

Su grito libertario y el de espanto, sonaron como el canto de paloma destrozado.

No es fácil aprender de una historia, si no sabes, no puedes ni siquiera escribir la propia.

En una marcha, 1972, por el aumento de la producción, única arma nuestra para mantener viva nuestra revolución, un obrero le pregunta a Salvador Allende, “para cuando presidente la nueva constitución”.

Allende le contesto, “Todavía no, tenemos que ser, políticamente más fuerte.”

Él lo sabía, y Luis Corvalan también.

Sentir nuestro sur de américa, es un triste muy re grande, es una irresponsabilidad de clase, de analfabetismo social cruel y de espanto.

El riquerio gringo y otros riquerios han hecho con nosotros, lo que han querido.

Se meten en Caracas, agarran al presidente y esposa, se lo llevan a tribunales de Nueva York y lo acusan de narcotráfico. Nueva York, ciudad emblemática del poder factico, cuyo alcalde es de izquierda, musulmán y medio negro.

¿Ni el más letrado, entiende este entuerto?

El nuevo mandatario de Colombia se presenta ante su pueblo que está aterrorizado por el terremoto y tira sonrisas y besos como si fuera Javier Milei en un escenario.

O mejor aún, al mandatario del Norte, enviando papel higiénico para las víctimas del terremoto del 2020 en Puerto Rico.

Y el mismito, después de un encuentro con la OTAN, se cambia de avión a lo Harry Houdini, porque teme que los persas, atenten contra su vida.

Mientras tanto, el mundanal mundo, sutilmente documenta los escombros de Gaza, y los barcos que se acercan por el estrecho de Ormuz. Ve la desesperanza de los que se atreven a ser inmigrantes, y digo se atreven, porque, si tiene que regresar, su continuar, será algo obscuro, bestial.

Recuerdo a gobernante europeo ofrecer su geografía, para levantar un campamento gigante para almacenar a los miles y miles de inmigrantes que llegaban a las playas y costas de Italia; y de otras playas también..

Y esto que digo, fue antes que apareciera la triste figura de Nayib Bukele.

Como poder leer la historia y aprender.

Poder aplicar el conocimiento de las grandes metrópolis del mundo, y, decirles en un susurro ensordecedor a sus gobernantes, a sus insatisfechas ansias de poder, que existimos, exclusivamente gracias a las inmigraciones, a su integración y a sus saberes encuadernados y traidos en un bagayo maravilloso.

Las metrópolis del mundo, sus campos, sus ríos, sus selvas y volcanes, sus vivires, han tenidos transformaciones traídas de otras geografías; en un intercambio por sobrevivir brutal, cognitivo, de derecho, entre las etnias de cualquier país moderno.

China, por ejemplo, como país, está compuesto por 65 etnias, cada una de ellas con sus cosas y tradiciones, es un firmamento de culturas e identidades; todos juntos suman 1.400 millones de habitantes.

Han logrado construir, conquistar un país sin pobreza extrema. Han logrado sacar de la pobreza común, a millones y millones de personas.

Puedo decir que, cuando yo era cabro, con alpargatas y camisas Mao, se decía: “Si vez algún niño durmiendo en la calle, y con hambre, no estas en Cuba”.

Solamente ese decir, era para mí, un empujón de clase.

Lo que hace el Imperialismo yanki y sus secuaces con Cuba, es un crimen cobarde, alevoso y de harto miedo.

Digo harto miedo, porque el riquerio patriarcal, no puede concebir que Cuba, con su sistema de gobierno, construya una sociedad correcta, humanista.

La tienen que destruir, no pueden tragarse otro Vietnam, con Laos y con Corear del Norte, se desesperan.

Con Rusia, es un invento antiguo, desde Napoleon vienen los insomnios.

Desde ese punto de vista, se comprende el genocidio en mi paisito, para el Imperio es mortal que un territorio, económicamente de su pertenencia, pueda llegar democráticamente al poder y construir sin guerra, por una vía cognitiva, Socialismo.

Nosotros, los ilusos, creíamos, y seguimos creyendo, que se puede construir una población país, en dignidad, sin saber ni tener, como protegerla.

Que nadie tenga que poner el lomo, para que otros puedan comer lomo.

Así de simple es la interrogante de tanta muerte, así de simple es la explicación de la muerte en el medio oriente.

Un enfrentamiento infernal de dos formas de ver la vida.

Hoy, tenemos a mí  flaco y largo país, como en un rosario de 36 años de canicas construidas, sumando la ignorancia de los barriales, allanaron los caminos para que el fascismo, vuelva a chile, sin pegar un solo tiro.

¡Anda mundo y piérdete!

Quiero contarle una historia.

Los Sionistas de Israel no quieren la paz, no la necesitan, ellos son príncipes de la guerra. No acatan los puntos ideados por Trump en su guerra con Irán.

Exigen que todos abandonen sus armas. Y no en palabras. Netanyahu quiere, personalmente supervisar la entrega.

Qué futuro tendrán esas ideas libertarias que viven en Palestina, en El Líbano, en Cisjordania si no pueden defenderse.

Defenderse en un mundo construido por ti y por mí, por ellos, donde manda el que tenga el garrote más grande.

Esa actitud y quimeras del poder fáctico, le da un valor político inmenso, al decir de Luis Corvalan Lepe.

¡Por si las moscas!

Trabajaba yo en un parvulario ubicado en los suburbios de Estocolmo. También vivía por ahí. Extraño esos tiempos, esa geografía.

La cuestión política, nuestro hacer político, era la solidaridad con el Chile masacrado. Con todos los elementos que alberga una solidaridad política, un trabajo político.

Esa realidad, esa actitud de nuestro pueblo flaco y largo, se abrigaba por casi toda Suecia.

No era difícil encontrar un local para hacer nuestros mítines.

Estaban los griegos, los turcos, los finlandeses, los persas y los yugoslavos.

Por esos tiempos se decía en esos suburbios:

¡Sin los inmigrantes, se detiene Suecia!

En una corrida de edificios cualquiera, fácil vivían 40/50 familias. Turcos, griegos, persas, yugoslavos, chilenos eran un todo. El revoltijo de niños en el patio era bonito.

Un julio de 1995, Yugoslavia se transformó, se mataron entre ellos, los odios y las diferencias se vistieron. 8000 muertos por aquí, 7000 por allá. Los yugoslavos musulmanes morían, todos morían.

Los niños bosnianos, las mujeres, los hombres eran en Sarajevo cuerpos mutiladas, destrozados.

El odio se desparramo como por encanto, y mato.

Esos vecinos de algún edificio de mi suburbio se mataban.

Yo soy del pueblo ruso, ese que nos salvó de la inmundicia del nazismo y del fascismo.

El derrumbe de la Union Soviética, arrastro a la infamia a un pueblo construido con diferentes etnias al infierno.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260817