Comentario radial y escrito:
Los que saben, dicen que la
historia, tiene entre otras cosas, el privilegio de darnos las herramientas,
para construir un mundo nuevo. Sobre todo, de prevenirnos de la violencia
permanente.
Violencia con apellido, que
mantiene a los de arriba, siempre arriba, y a los de abajo, en un crucigrama
inconcluso; condenando a la pobreza, a ser su compañero incansable de vida y
viaje.
¿Podría ella, la historia, por su
misma historia, por su vivir, enseñarnos a ser un habitante empático?
La cuestión, desgraciadamente, no
viene así.
La historia nuestra, al menos,
para los que “hacen las cosas”, tienen a vuelo e pájaro, 300.000 años con
problemas de aprendizaje.
Me machaca el alma el fatídico 11
de septiembre de 1973 en las palabras del presidente heroico, Salvador Allende,
a través de Radio Magallanes.
“La Historia es nuestra y la hacen los
pueblos”.
Yo, ya no tengo ramal, voy
llegando al último anden, pero pongo con lo que me queda, para el rescate de
esa historia.
La juventud de hoy en día y la que
viene, la que vendrá después, tienen una responsabilidad cívica, caballa de
grande.
Los invito a un andén para juntar
empujones.
Me gustan los trenes.
Lleguemos, y nos salimos al tiro
de la oficina salitrera San José; de ahí, a la buenaventura, a la Catalina y a
la Mapocho; a la Constancia y a la Victoria.
Seis 6 oficinas más se sumarán.
Tenemos que juntar los arenales de
Atacama.
El junte será en la Escuela
Domingo Santa María, allá por Iquique.
Tenemos que atar 3.600 cadáveres;
3.600 preguntándonos por qué.
Seguimos al sur; aperchamos a
otros de Indio Muerto, un tanto más abajo que Potrerillos.
Nos santiguamos en Puerto Montt y
nos arrinconan todavía, las 32.000 vidas, victimas; memorias abandonadas, hoy,
a su suerte, al ultraje, en las garras de un fascismo extraño.
Fascismo extraño, acuñado por
barriales
Quien tiene el pulso para
escribir, o leer tanta infamia.
Estuvo de moda el aguaite al
eclipse.
El solo saber que ese aguaite, le
dio el poder político, sagrado, divino, a los Mayas, a los Incas, y a los
aztecas, atrinca mi sentir.
Los Mapuches de la Araucanía,
fueron y son, un anden de migraciones.
Los que nacieron por el 60, tienen
su propio aguaite…
Y es el inmenso mercado
cibernético pilastrero, que te obliga, te mandata a leer su “Pato Donald” y
acatar lo que dictan los poderosos.
Los poderosos tienen a su haber a
los nuevos príncipes de la guerra, jotes de presa, desesperados por entrar a
degüello.
Lo cibernético encierra en
terciopelo la espada de Damocles.
Que las independencias de los
países del mundo, hay que celebrarlas, se celebran.
Por lo menos, en mi paisito, algún
heroico grita: “que aún tenemos patria”, ese aún, me llena de una inquietud
bonita.
¡Si no pá qué!
¿Qué sentido y razón tendrá el
vivir lejano, ajeno?
Bajándome en el andén de mi país;
por esos tiempos, de Simón Bolívar, de José Miguel, él poseer esclavos era una
cuestión de poder, de clase.
Cobarde sí, pero de clase.
A Bernardo O´Higgins y a su padre,
don Ambrosio, los abolengos y la esclavitud no eran de su encanto, y prohibió
en parte su propagación.
La esclavitud con tanto mestizo suelto
se vestiría más tarde diferente, con todo el derecho inalienable a preguntarse
del porqué de su hambre y cobija.
Las encomiendas, a Bernardo, no le
daban arcadas, a sus semejantes de armas y sueños, tampoco.
Traigo esto de los esclavos, de la
escritura y lectura de la historia, por algo más al callo con nuestro origen.
La revolución haitiana. Año 1791.
Fue el segundo país de América en
independizarse. Y el primero conquistado por esclavos negros traídos de áfrica.
No eran inmigrantes, menos
migrantes, eran esclavos amarrados con
cadenas, como un rosario.
Derrotaron a los colonialistas
europeos, pero no pudieron, al igual que nosotros, los chilenos, hasta hoy,
saber leer su propia historia y escribirla.
Su grito libertario y el de
espanto, sonaron como el canto de paloma destrozado.
No es fácil aprender de una
historia, si no sabes, no puedes ni siquiera escribir la propia.
En una marcha, 1972, por el
aumento de la producción, única arma nuestra para mantener viva nuestra
revolución, un obrero le pregunta a Salvador Allende, “para cuando presidente
la nueva constitución”.
Allende le contesto, “Todavía no,
tenemos que ser, políticamente más fuerte.”
Él lo sabía, y Luis Corvalan
también.
Sentir nuestro sur de américa, es
un triste muy re grande, es una irresponsabilidad de clase, de analfabetismo
social cruel y de espanto.
El riquerio gringo y otros
riquerios han hecho con nosotros, lo que han querido.
Se meten en Caracas, agarran al
presidente y esposa, se lo llevan a tribunales de Nueva York y lo acusan de
narcotráfico. Nueva York, ciudad emblemática del poder factico, cuyo alcalde es
de izquierda, musulmán y medio negro.
¿Ni el más letrado, entiende este
entuerto?
El nuevo mandatario de Colombia se
presenta ante su pueblo que está aterrorizado por el terremoto y tira sonrisas
y besos como si fuera Javier Milei en un escenario.
O mejor aún, al mandatario del
Norte, enviando papel higiénico para las víctimas del terremoto del 2020 en
Puerto Rico.
Y el mismito, después de un
encuentro con la OTAN, se cambia de avión a lo Harry Houdini, porque teme que
los persas, atenten contra su vida.
Mientras tanto, el mundanal mundo,
sutilmente documenta los escombros de Gaza, y los barcos que se acercan por el
estrecho de Ormuz. Ve la desesperanza de los que se atreven a ser inmigrantes,
y digo se atreven, porque, si tiene que regresar, su continuar, será algo
obscuro, bestial.
Recuerdo a gobernante europeo
ofrecer su geografía, para levantar un campamento gigante para almacenar a los
miles y miles de inmigrantes que llegaban a las playas y costas de Italia; y de
otras playas también..
Y esto que digo, fue antes que
apareciera la triste figura de Nayib Bukele.
Como poder leer la historia y
aprender.
Poder aplicar el conocimiento de
las grandes metrópolis del mundo, y, decirles en un susurro ensordecedor a sus
gobernantes, a sus insatisfechas ansias de poder, que existimos, exclusivamente
gracias a las inmigraciones, a su integración y a sus saberes encuadernados y
traidos en un bagayo maravilloso.
Las metrópolis del mundo, sus
campos, sus ríos, sus selvas y volcanes, sus vivires, han tenidos
transformaciones traídas de otras geografías; en un intercambio por sobrevivir
brutal, cognitivo, de derecho, entre las etnias de cualquier país moderno.
China, por ejemplo, como país,
está compuesto por 65 etnias, cada una de ellas con sus cosas y tradiciones, es
un firmamento de culturas e identidades; todos juntos suman 1.400 millones de
habitantes.
Han logrado construir, conquistar
un país sin pobreza extrema. Han logrado sacar de la pobreza común, a millones
y millones de personas.
Puedo decir que, cuando yo era
cabro, con alpargatas y camisas Mao, se decía: “Si vez algún niño durmiendo en
la calle, y con hambre, no estas en Cuba”.
Solamente ese decir, era para mí,
un empujón de clase.
Lo que hace el Imperialismo yanki
y sus secuaces con Cuba, es un crimen cobarde, alevoso y de harto miedo.
Digo harto miedo, porque el
riquerio patriarcal, no puede concebir que Cuba, con su sistema de gobierno,
construya una sociedad correcta, humanista.
La tienen que destruir, no pueden
tragarse otro Vietnam, con Laos y con Corear del Norte, se desesperan.
Con Rusia, es un invento antiguo,
desde Napoleon vienen los insomnios.
Desde ese punto de vista, se
comprende el genocidio en mi paisito, para el Imperio es mortal que un
territorio, económicamente de su pertenencia, pueda llegar democráticamente al
poder y construir sin guerra, por una vía cognitiva, Socialismo.
Nosotros, los ilusos, creíamos, y
seguimos creyendo, que se puede construir una población país, en dignidad, sin
saber ni tener, como protegerla.
Que nadie tenga que poner el lomo,
para que otros puedan comer lomo.
Así de simple es la interrogante
de tanta muerte, así de simple es la explicación de la muerte en el medio
oriente.
Un enfrentamiento infernal de dos
formas de ver la vida.
Hoy, tenemos a mí flaco y largo país, como en un rosario de 36
años de canicas construidas, sumando la ignorancia de los barriales, allanaron
los caminos para que el fascismo, vuelva a chile, sin pegar un solo tiro.
¡Anda mundo y piérdete!
Quiero contarle una historia.
Los Sionistas de Israel no quieren
la paz, no la necesitan, ellos son príncipes de la guerra. No acatan los puntos
ideados por Trump en su guerra con Irán.
Exigen que todos abandonen sus
armas. Y no en palabras. Netanyahu quiere, personalmente supervisar la entrega.
Qué futuro tendrán esas ideas
libertarias que viven en Palestina, en El Líbano, en Cisjordania si no pueden
defenderse.
Defenderse en un mundo construido
por ti y por mí, por ellos, donde manda el que tenga el garrote más grande.
Esa actitud y quimeras del poder
fáctico, le da un valor político inmenso, al decir de Luis Corvalan Lepe.
¡Por si las moscas!
Trabajaba yo en un parvulario
ubicado en los suburbios de Estocolmo. También vivía por ahí. Extraño esos
tiempos, esa geografía.
La cuestión política, nuestro
hacer político, era la solidaridad con el Chile masacrado. Con todos los
elementos que alberga una solidaridad política, un trabajo político.
Esa realidad, esa actitud de
nuestro pueblo flaco y largo, se abrigaba por casi toda Suecia.
No era difícil encontrar un local
para hacer nuestros mítines.
Estaban los griegos, los turcos,
los finlandeses, los persas y los yugoslavos.
Por esos tiempos se decía en esos
suburbios:
¡Sin los inmigrantes, se detiene
Suecia!
En una corrida de edificios
cualquiera, fácil vivían 40/50 familias. Turcos, griegos, persas, yugoslavos,
chilenos eran un todo. El revoltijo de niños en el patio era bonito.
Un julio de 1995, Yugoslavia se
transformó, se mataron entre ellos, los odios y las diferencias se vistieron. 8000
muertos por aquí, 7000 por allá. Los yugoslavos musulmanes morían, todos
morían.
Los niños bosnianos, las mujeres,
los hombres eran en Sarajevo cuerpos mutiladas, destrozados.
El odio se desparramo como por
encanto, y mato.
Esos vecinos de algún edificio de
mi suburbio se mataban.
Yo soy del pueblo ruso, ese que
nos salvó de la inmundicia del nazismo y del fascismo.
El derrumbe de la Union Soviética,
arrastro a la infamia a un pueblo construido con diferentes etnias al infierno.
Alejandro Fischer Alquinta.
Estocolmo 20260817
