lunes, 3 de agosto de 2026

El motor de la historia.

 


Comentario radial y escrito.



¡La lucha de clases es el motor de la historia!

 

 


Eso dijo Carlos Marx.

Ay dios mío de los coloraos, que motor tan de infierno, tan cruel y bellaco; tan rebelde, tan de mecha corta, y tan re digno; de calendarios disparejos y de escondidas; de migraciones, de funerales también, de genocidios, de impaciencias y de infortunios.  

300.000 años vamos en aquello.

No quiero ni pensar en la lucha de clases, dentro de las clases.

¡Me puede dar un sincope!

Se hace complicado poder entender esta humanidad construida.

Lo que grita Carlos Marx es tan cierto, como cierto es encontrar el “Teorema de Pitágoras” en cada respirar del planeta construido; en cada ángulo o vértice imaginario, de algún estacionamiento, de algún arranque para esconderse.

Meto a Pitágoras en este relato, porque estoy estupefacto.

El jueves 30 de julio, me subí al metro rumbo a Kungsträdgården. (El jardín del Rey).

La idea era llegar a Estacion Central, bajar, más menos, 40 metros bajo el nivel peatonal, hasta llegar a la plataforma que alberga las líneas 10/11.

Plataforma, que, 40 años atrás, fueron mi plataforma.

De allí tomar el 10 0 el 11, y llegar al Jardin del caballero.

Es solamente una estación más, hacia el sur.

No se pudo. Las líneas, por alguna razón, no llegaban al jardín.

De vuelta a la superficie.

Salí a la plaza Sergel Torg.

Aprete los cachetes y el bastón.

El movimiento, dicen los viejos, se prueba andando.

Llegamos con mi vieja, hasta Slussen caminando.

Se me olvido la historia.

Slussen, ya no era, lo que yo, sabía de él.

Quedé, como dije, impresionado; maravillado con esos ángulos incrustados, de granitos triangulares.

La arquitectura moderna me invito a soñar, a comparar lo abrupto de la Ciudad Vieja con una nueva visión de mañanas.

Todo estaba impregnado de una geometría maravillosa.

Por eso Pitágoras.

Su teorema, además, va más allá que la verdad de la hipotenusa. Los príncipes de la guerra lo usan para matanza.

La lucha de clases nos enrostra, nos empuja a rescatar nuestra propia evolución, nuestra adaptación y tiempo, nuestra ubicación en este conjunto maravilloso que se llama habitante.

Somos los albañiles de nuestro propio caminar, y, sobre todo, del caminar y vivir de otros; solos, no llegamos ni a la melga por hacer, la humanidad la construimos en patota.

No se puede pestañear, y hacerse “el huevo e pato”

Hay hechos que desnudan una bestialidad aplicada.

Ceuta, al igual que Melilla son ciudades autónomas de la república de España.

Están, puerta adentro del Continente Africano, y le hacen “tapitas” a Marruecos.

Su desarrollo como ciudad anda a costalazos. Costalazos por la geografía y por la ideología.

Sus habitantes son el producto de guerras y más guerras. De conquistas y vasallajes.

De romper cadenas de los esclavistas, de libertad y de culturas milenarias.

Sin embargo, es la derecha política que lleva la guaripola.

La tierra y mar que las rodea la comparten con Marruecos.

País que esconde con España una ignominia:

El pueblo saharaui.

Esta semana, volvió a ocurrir lo acontecido años atrás en Melilla.

Cientos de migrantes en vuelo, desde Marruecos hacia Ceuta, España.

Como insertar esta tragedia en un complicado enfrentamiento de clases. En la cual, el indeseable, hace leña del árbol caído, para avivar los incendios de árbol y corrupción.

Fueron más de 50.000 habitantes llegando ilegalmente a España.

Esta escalada maniobra ideológica, produjo más de 70 muertos, heridos y desdichas que se fueron en “la volá”.

Toda una maniobra para crear pánico, incertidumbre, maniobras para esconder maniobras.

Con permiso por la redundancia.

Hoy 1 de agosto, casi el 90% de esa huida maniobrada y cruel, ha regresado a su lugar de origen.

Los territorios son otros, pero los contenidos fascistas son iguales; me refiero a los muros de Donald Trump, a su ICE, Gestapo de la inmigración.

Me refiero a los hoyos y muros que levanta José Kast en el norte de mi paisito, barreras inhumanas que las continuara Fujimori en el Perú.

Una inmensa maniobra para esconder la verdad de país.

Para esconder la terrorífica crisis del capitalismo.

Menos mal, que esta la Cordillera, si no, estaríamos a lo Darwin, evolucionando, adaptándonos a las escamas en vez de piel.

La lucha de clases…

Yo soy partidario de la teoría de la “cachativa”.

Yo siempre hablo de Lucy, ella es para mí, el presagio de algo hermoso, bello, humano.

Me imagino su miedo enorme, al ir experimentando cosas, descubriendo de otra manera, su propio cuerpo, sus vértices, sus manos, sus pies, sus ansias, sus celos y recelos; saber de su hambre.

La teoría de la cachativa.

En algún momento, alguien, algunos, no arrancaron a esconderse de la lluvia, del relámpago, del rayo, del terremoto o del fuego. Esos pocos, sin saberlo, por valentía y fuerza, por curiosidad, fueron mirados por sus congéneres de otra manera, y estos, organizaron la cueva.

Tu duermes ahí, tu conmigo, tu te vas por feo.

Y, por ahí se fueron.

La fuerza, la brutalidad primitiva, fue creando un escalafón en esa manada que poco a poco se fue enderezando.

Esa “endereza”, trajo consigo más conocimientos, más observación de lo circundante.

El juicio, el tiempo y la curiosidad, fueron las herramientas para ir organizando la vida.

Ya me imagino a un primitivo cachativo, tiritando de espanto, con una rama ardiendo en la mano y balbuceando:

¡El cielo me dijo que ustedes me tienen que adorar!

¿Quién le va a llevar la contraria?

Yo creo que por ahí llegaron los elegidos, el riquerio.

El Chismerío y los inventos sacados del barro, del metal, de la carne y el trigo; del maíz, y, el toparse con piedras lindas, preciosas; hasta los hongos y la marihuana, tienen que haber sido parte del caminar de calendarios, y, de los elegidos; gracias a la cachativa.

La suerte estaba echada.

Hablo del chismerío, porque este corre más rápido que la pólvora.

Nuevamente está en los cines, un relato de Homero.

La Odisea.

Cuenta el regreso de Ulises a su tierra, Ítaca. Allí le espera Penelope.

El Chisme es re grande, hasta Polifemo y unas ninfas tienen cabida.

Y menos mal que llego, Penelope ya empezaba a contar; con este si, con este no, con este tampoco…

El regreso de Ulises y las peripecias ocurridas, fue motivado porque ya no había nadie más, a quien matar.

Con la cuestión del caballo hueco y la muerte de Aquiles, con cientos de miles y más miles de combatientes sin cachativa; el rescate de Elena, ahí quedo.

Troya, se encuentra actualmente en Turquía.

¿Como, los descendientes cercanos a Lucy llegaron a ser parte de las dinastías chinas, de Temuyin, emperador del gran Imperio Mongol, de los Otomanos, de Atila, de Alejandro Magno?

No tengo tanta cachativa para responder.

Nosotros, al sur de américa, tenemos al Inca Sapa, gobernó un territorio de 2 millones de kilómetros cuadrados.

Decían que era “hijo del sol”.

En México, por un eclipse, las cabezas rodaban lo que era un gusto, por las escaladas pirámides.

El saber dar respuestas, con cachativa, a lo desconocido; y, que te creyeran, no era, no es, solamente una virtud, era una tarjeta de crédito que te daba acceso a todo.

Si uno, puede interpretar estas virtudes mal habidas, en Chile tenemos a un abogado ordeñando en las sombras de los tribunales de justicia. Aparte de los dineros obtenidos, recibía los favores de mujeres que buscaban la vida fácil y bonita.

De cachativa, no tenían mucha. Más bien era una geografía forzada y a corto plazo.

Pero, ese entorno con teléfono y escritorio tenía y tiene pitutos en los laberintos del Estado.

Imagínense ustedes, Federico Engels, estudioso, amigo y sostenedor de Carlos Marx decía que la mujer debería estar poderosa, presente en la distancia a un medio de producción, y la labor domestica le costaría un mínimo de su tiempo.

¡Y no la saco de la cocina!

Cada pueblo que en sus orígenes habito los continentes, tuvieron sus propias cachativas.

El Imperio Romano, los griegos, los persas, los sajones, los galos, los indios, los iberos, los celtas, los árabes…el ramaje es grande.

Y dentro de todo esto, se atreve como un Diente de León, como un Tusilago, la lucha de clases.

Tengan estas las consecuencias u orígenes que sean.

Oigan ustedes, a las mujeres se les prohibía saber de la escritura, de los colores de la tinta, del papel.

Si alguna tenía cachativa para el juicio y sentido, para el saber y contradecir, la encerraban, la acusaban de brujas y las quemaban.

Tengo un miedo entreverado con otros miedos.

Tengo horrores que viven en Gaza, en El Líbano, en Damasco, y en Teheran, tengo miedo en Bogotá, en Cali y en Rio.

La Serena me mira en oleajes despeinados.

El aguaite del riquerio es tan viejo como el andar recogiendo bayas.

Que hermoso seria que la cachativa fuera como la pensó Makarenko: “que las habilidades genuinas de cada niño, gente, les sirva, para la comprensión del mundo y protegerlo, que las contradicciones, no sirvan para tener hambre, sirvan para encontrar acuerdos, semejanzas.

La política para el progresismo, para el humanismo y socialismo es una herramienta para conquistar el existir, el vivir digno de todo el planeta.

Para impedir que la barbarie del fascismo se desparrame. Ideología que prostituye la política, para que un corpúsculo de habitantes viva a su mismo antojo; privilegios heredados desde las recogidas de bayas.

Ellos, no ven nuestro planeta llorando fuego.

Los continentes, sus árboles y parientes se están haciendo un haraquiri.

Los de cachativa grande, no entienden que viviendo como se vive, estrujando todo lo que brota, inventando cientos, miles de Vietnam, nos está pasando la cuenta, a todos por igual.

Puta que bonito.

El fuego, la lluvia y el terremoto no saben de ideologías.

La complicidad y el silencio, nos hace miserables.

La lucha de clases nos mandata a salirles al paso a los intolerables, a los que niegan el cambio climático.

Al final, sin las moscas, así como defecamos, no llegamos ni a la esquina.

Alejandro Fischer Alquinta.