Comentario radial y escrito.
¡La lucha de clases es el motor de la historia!
Eso dijo Carlos Marx.
Ay dios mío de los coloraos, que
motor tan de infierno, tan cruel y bellaco; tan rebelde, tan de mecha corta, y
tan re digno; de calendarios disparejos y de escondidas; de migraciones, de
funerales también, de genocidios, de impaciencias y de infortunios.
300.000 años vamos en aquello.
No quiero ni pensar en la lucha de
clases, dentro de las clases.
¡Me puede dar un sincope!
Se hace complicado poder entender
esta humanidad construida.
Lo que grita Carlos Marx es tan
cierto, como cierto es encontrar el “Teorema de Pitágoras” en cada respirar del
planeta construido; en cada ángulo o vértice imaginario, de algún
estacionamiento, de algún arranque para esconderse.
Meto a Pitágoras en este relato,
porque estoy estupefacto.
El jueves 30 de julio, me subí al
metro rumbo a Kungsträdgården. (El jardín del Rey).
La idea era llegar a Estacion
Central, bajar, más menos,
Plataforma, que, 40 años atrás,
fueron mi plataforma.
De allí tomar el 10 0 el 11, y
llegar al Jardin del caballero.
Es solamente una estación más,
hacia el sur.
No se pudo. Las líneas, por alguna
razón, no llegaban al jardín.
De vuelta a la superficie.
Salí a la plaza Sergel Torg.
Aprete los cachetes y el bastón.
El movimiento, dicen los viejos,
se prueba andando.
Llegamos con mi vieja, hasta
Slussen caminando.
Se me olvido la historia.
Slussen, ya no era, lo que yo,
sabía de él.
Quedé, como dije, impresionado;
maravillado con esos ángulos incrustados, de granitos triangulares.
La arquitectura moderna me invito
a soñar, a comparar lo abrupto de la Ciudad Vieja con una nueva visión de
mañanas.
Todo estaba impregnado de una
geometría maravillosa.
Por eso Pitágoras.
Su teorema, además, va más allá
que la verdad de la hipotenusa. Los príncipes de la guerra lo usan para
matanza.
La lucha de clases nos enrostra,
nos empuja a rescatar nuestra propia evolución, nuestra adaptación y tiempo, nuestra
ubicación en este conjunto maravilloso que se llama habitante.
Somos los albañiles de nuestro
propio caminar, y, sobre todo, del caminar y vivir de otros; solos, no llegamos
ni a la melga por hacer, la humanidad la construimos en patota.
No se puede pestañear, y hacerse
“el huevo e pato”
Hay hechos que desnudan una
bestialidad aplicada.
Ceuta, al igual que Melilla son
ciudades autónomas de la república de España.
Están, puerta adentro del
Continente Africano, y le hacen “tapitas” a Marruecos.
Su desarrollo como ciudad anda a
costalazos. Costalazos por la geografía y por la ideología.
Sus habitantes son el producto de
guerras y más guerras. De conquistas y vasallajes.
De romper cadenas de los
esclavistas, de libertad y de culturas milenarias.
Sin embargo, es la derecha
política que lleva la guaripola.
La tierra y mar que las rodea la
comparten con Marruecos.
País que esconde con España una
ignominia:
El pueblo saharaui.
Esta semana, volvió a ocurrir lo
acontecido años atrás en Melilla.
Cientos de migrantes en vuelo,
desde Marruecos hacia Ceuta, España.
Como insertar esta tragedia en un
complicado enfrentamiento de clases. En la cual, el indeseable, hace leña del
árbol caído, para avivar los incendios de árbol y corrupción.
Fueron más de 50.000 habitantes
llegando ilegalmente a España.
Esta escalada maniobra ideológica,
produjo más de 70 muertos, heridos y desdichas que se fueron en “la volá”.
Toda una maniobra para crear
pánico, incertidumbre, maniobras para esconder maniobras.
Con permiso por la redundancia.
Hoy 1 de agosto, casi el 90% de
esa huida maniobrada y cruel, ha regresado a su lugar de origen.
Los territorios son otros, pero
los contenidos fascistas son iguales; me refiero a los muros de Donald Trump, a
su ICE, Gestapo de la inmigración.
Me refiero a los hoyos y muros que
levanta José Kast en el norte de mi paisito, barreras inhumanas que las
continuara Fujimori en el Perú.
Una inmensa maniobra para esconder
la verdad de país.
Para esconder la terrorífica
crisis del capitalismo.
Menos mal, que esta la Cordillera,
si no, estaríamos a lo Darwin, evolucionando, adaptándonos a las escamas en vez
de piel.
La lucha de clases…
Yo soy partidario de la teoría de
la “cachativa”.
Yo siempre hablo de Lucy, ella es
para mí, el presagio de algo hermoso, bello, humano.
Me imagino su miedo enorme, al ir
experimentando cosas, descubriendo de otra manera, su propio cuerpo, sus
vértices, sus manos, sus pies, sus ansias, sus celos y recelos; saber de su
hambre.
La teoría de la cachativa.
En algún momento, alguien,
algunos, no arrancaron a esconderse de la lluvia, del relámpago, del rayo, del
terremoto o del fuego. Esos pocos, sin saberlo, por valentía y fuerza, por
curiosidad, fueron mirados por sus congéneres de otra manera, y estos,
organizaron la cueva.
Tu duermes ahí, tu conmigo, tu te
vas por feo.
Y, por ahí se fueron.
La fuerza, la brutalidad
primitiva, fue creando un escalafón en esa manada que poco a poco se fue
enderezando.
Esa “endereza”, trajo consigo más
conocimientos, más observación de lo circundante.
El juicio, el tiempo y la
curiosidad, fueron las herramientas para ir organizando la vida.
Ya me imagino a un primitivo
cachativo, tiritando de espanto, con una rama ardiendo en la mano y
balbuceando:
¡El cielo me dijo que ustedes me
tienen que adorar!
¿Quién le va a llevar la
contraria?
Yo creo que por ahí llegaron los
elegidos, el riquerio.
El Chismerío y los inventos
sacados del barro, del metal, de la carne y el trigo; del maíz, y, el toparse
con piedras lindas, preciosas; hasta los hongos y la marihuana, tienen que
haber sido parte del caminar de calendarios, y, de los elegidos; gracias a la
cachativa.
La suerte estaba echada.
Hablo del chismerío, porque este
corre más rápido que la pólvora.
Nuevamente está en los cines, un
relato de Homero.
La Odisea.
Cuenta el regreso de Ulises a su
tierra, Ítaca. Allí le espera Penelope.
El Chisme es re grande, hasta
Polifemo y unas ninfas tienen cabida.
Y menos mal que llego, Penelope ya
empezaba a contar; con este si, con este no, con este tampoco…
El regreso de Ulises y las
peripecias ocurridas, fue motivado porque ya no había nadie más, a quien matar.
Con la cuestión del caballo hueco
y la muerte de Aquiles, con cientos de miles y más miles de combatientes sin
cachativa; el rescate de Elena, ahí quedo.
Troya, se encuentra actualmente en
Turquía.
¿Como, los descendientes cercanos
a Lucy llegaron a ser parte de las dinastías chinas, de Temuyin, emperador del
gran Imperio Mongol, de los Otomanos, de Atila, de Alejandro Magno?
No tengo tanta cachativa para
responder.
Nosotros, al sur de américa,
tenemos al Inca Sapa, gobernó un territorio de 2 millones de kilómetros
cuadrados.
Decían que era “hijo del sol”.
En México, por un eclipse, las
cabezas rodaban lo que era un gusto, por las escaladas pirámides.
El saber dar respuestas, con
cachativa, a lo desconocido; y, que te creyeran, no era, no es, solamente una
virtud, era una tarjeta de crédito que te daba acceso a todo.
Si uno, puede interpretar estas
virtudes mal habidas, en Chile tenemos a un abogado ordeñando en las sombras de
los tribunales de justicia. Aparte de los dineros obtenidos, recibía los
favores de mujeres que buscaban la vida fácil y bonita.
De cachativa, no tenían mucha. Más
bien era una geografía forzada y a corto plazo.
Pero, ese entorno con teléfono y
escritorio tenía y tiene pitutos en los laberintos del Estado.
Imagínense ustedes, Federico
Engels, estudioso, amigo y sostenedor de Carlos Marx decía que la mujer debería
estar poderosa, presente en la distancia a un medio de producción, y la labor
domestica le costaría un mínimo de su tiempo.
¡Y no la saco de la cocina!
Cada pueblo que en sus orígenes
habito los continentes, tuvieron sus propias cachativas.
El Imperio Romano, los griegos,
los persas, los sajones, los galos, los indios, los iberos, los celtas, los
árabes…el ramaje es grande.
Y dentro de todo esto, se atreve
como un Diente de León, como un Tusilago, la lucha de clases.
Tengan estas las consecuencias u
orígenes que sean.
Oigan ustedes, a las mujeres se les
prohibía saber de la escritura, de los colores de la tinta, del papel.
Si alguna tenía cachativa para el
juicio y sentido, para el saber y contradecir, la encerraban, la acusaban de
brujas y las quemaban.
Tengo un miedo entreverado con
otros miedos.
Tengo horrores que viven en Gaza,
en El Líbano, en Damasco, y en Teheran, tengo miedo en Bogotá, en Cali y en
Rio.
La Serena me mira en oleajes
despeinados.
El aguaite del riquerio es tan
viejo como el andar recogiendo bayas.
Que hermoso seria que la cachativa
fuera como la pensó Makarenko: “que las habilidades genuinas de cada niño,
gente, les sirva, para la comprensión del mundo y protegerlo, que las
contradicciones, no sirvan para tener hambre, sirvan para encontrar acuerdos,
semejanzas.
La política para el progresismo,
para el humanismo y socialismo es una herramienta para conquistar el existir,
el vivir digno de todo el planeta.
Para impedir que la barbarie del
fascismo se desparrame. Ideología que prostituye la política, para que un
corpúsculo de habitantes viva a su mismo antojo; privilegios heredados desde
las recogidas de bayas.
Ellos, no ven nuestro planeta
llorando fuego.
Los continentes, sus árboles y
parientes se están haciendo un haraquiri.
Los de cachativa grande, no
entienden que viviendo como se vive, estrujando todo lo que brota, inventando
cientos, miles de Vietnam, nos está pasando la cuenta, a todos por igual.
Puta que bonito.
El fuego, la lluvia y el terremoto
no saben de ideologías.
La complicidad y el silencio, nos
hace miserables.
La lucha de clases nos mandata a
salirles al paso a los intolerables, a los que niegan el cambio climático.
Al final, sin las moscas, así como
defecamos, no llegamos ni a la esquina.
Alejandro Fischer Alquinta.
