domingo, 2 de septiembre de 2012

LA SUBLEVACIÓN DE LA MARINERÍA







Hace 81 años, el 1º de Septiembre de 1931 se produjo uno de los acontecimientos más sobresalientes de la Historia de Chile: la Sublevación de la Marinería.
El  Círculo Virtual de Estudios Histórico-Políticos entrega una reseña de los hechos.

Carlota Espina
Editora




LA SUBLEVACIÓN DE LA MARINERÍA

                                                                         
Iván Ljubetic Vargas

Coquimbo,  fines de agosto de 1931. Los oficiales de las naves de la Armada, surtas en ese puerto, elevaron una petición solicitando anular la orden impartida por el ministro de Hacienda Blanquier, de rebajar los sueldos en un 30%. El comodoro de la Escuadra y comandante del "Almirante Latorre", Alberto Hozven, retuvo la solicitud. Los oficiales, no se atrevieron a insistir. En vez de eso, instigaron a las tripulaciones para que presenten un pliego de peticiones.
Había inquietud entre los marinos por este problema económico. Al enterarse de ello, el comodoro Hozven reunió en el Latorre a 20 representantes de cada unidad anclada en la bahía de Coquimbo. Les dijo, entre otras cosas:
"Es una cobardía pedir que no se efectué la rebaja de sueldos de un 30% sabiendo que el país está en bancarrota. Castigaré con la expulsión cualquiera que sea el número de cobardes, a quién intente presentarme esas peticiones..."

COMIENZA LA INSURRECIÓN
Día 31 de agosto, 20 horas. En el Latorre se llevó a cabo una reunión clandestina de los tripulantes. Comenzaba la insurrección. Acordaron:
1.- A las 0,40 horas del 1º de septiembre las tripulaciones deben apoderarse de los barcos y mantener en sus camarotes, con centinelas a la vista, al comodoro, al almirante, a los comandantes y a los oficiales de las dos flotas (Escuadra y División);
2.- Redactar un Manifiesto explicatorio de la acción,
3.- Obtener la adhesión o el rechazo de la totalidad de suboficiales y sargentos;
4.- Designar un Estado Mayor de las Tripulaciones y Comités Ejecutivos para encabezar la sublevación;
5.- Apoderarse de todo el armamento menor y de las municiones.
EL 1º de septiembre es un día pleno de sorpresivos y audaces acontecimientos. Cuando recién comienza, suboficiales y marineros se apoderan del Latorre. A las 4,05 horas, una luz roja se enciende en seis naves: en el O'Higgins, Orella, Serrano, Lynch, Videla y Hyalt. Según lo acordado por los insurrectos, significa:  barco tomado. A las 4.10, hacen otro tanto el Aldea y el Riquelme.

LAS TRIPULACIONES TIENEN EL CONTROL
Aún no asomaba el sol, cuando se constituyó el Estado Mayor de las Tripulaciones, encabezado por el sargento, Ernesto González, un profesor primario enrolado en la Marina. Este Estado Mayor envió, por radio, un Manifiesto al Ministro de Marina, cuando eran las 16.15 horas.
En él, entre otros planteamientos, se señalaba: "Desde hoy 1º de septiembre tripulaciones de la Armada tienen control de todos los buques, Escuadra y División, obedeciendo anhelo  obtener cumplimiento puntos contemplados en proclama que enviamos en esta misma fecha...
"... un deber de patriotismo obliga a las tripulaciones de la Armada a no aceptar dilapidaciones ni depreciaciones en la Hacienda del país, por la incapacidad imperante del gobierno actual y la falta de honradez de los anteriores".

COMO PALIAR LA CRISIS ECONÓMICA
La Moneda, Santiago, 23:30 horas. Apresuradamente se reunió el Vicepresidente Manuel Trucco con sus ministros y dirigentes de los partidos de derecha y centro. Se tomó conocimiento de los acontecimientos de Coquimbo y se acordó enviar a  parlamentar con los sublevados al almirante Von Schroders.
Esa misma noche. El Estado Mayor de las Tripulaciones envió un segundo mensaje radial al ministro de Marina, en el que planteaban algunas medidas para paliar la crisis económica del país:
"1.- Calcular el tiempo prudencial para suspender el pago de la deuda externa, bajo el punto exclusivo que dentro de ese plazo se restablezca el orden financiero interno del país;
2.- Subdividir las tierras productoras persiguiendo el fin de que haya el mayor número de productores y propietarios nacionales;
3.- Que las Cajas de Créditos, las Agencias Fiscales, la Mutual de la Armada y Ejército, reúnan entre todas un capital de 300 millones de pesos o más para invertirlos en industrias productivas, en las cuales se dé trabajo al mayor número de obreros sin ocupación... Economía en el cierre por dos años de la Escuela de Grumetes, de Torpedos, de Comunicaciones, de Artillería Naval y de Máquinas..." 

ADHESIONES AL MOVIMIENTO
Al momento de emitir este segundo radiograma, la marinería alzada en Coquimbo había recibido las siguientes adhesiones: de los buques anclados en Talcahuano y del personal de Apostadero, la Artillería de Costa, Radio estación de la Armada, la Escuela de Artillería de Torpedos  y Electricidad; del Transporte Maipo, en viaje a San Pedro de California; del crucero Blanco Encalada; del buque madre Araucano y cinco submarinos; de las escampavías Janequeo y Sibbald; de la Escuela de Comunicaciones,  Radio de Playa Ancha, Quintero y la base de Hidroaviones; del Regimiento de Artillería Arica de La Serena.
El miércoles 2, se produjeron los primeros contactos entre los marineros sublevados y el emisario del gobierno. Al comienzo, las autoridades colocaron varias condiciones para conferenciar: que las conversaciones fueran en tierra, que se repusiera en sus  cargos a los jefes y oficiales.
Pero  el Estado mayor de las  tripulaciones no las aceptó. Exigió que las reuniones tuvieran lugar en el Latorre y plantearon   que no liberarían  a la oficialidad hasta resuelto el conflicto.

SALE A LA LUZ PÚBLICA EL CONFLICTO
Ese mismo día, la opinión pública recibió, sorprendida y alarmada, la noticia de los acontecimientos.
El miedo y la inquietud surgió en los sectores de la oligarquía, de la burguesía y la mayor parte de los sectores medios.
La situación en las Fuerzas Armadas era complicada. Al levantamiento de la marinería se agregaba a otros viejos conflictos:  la pugna en el interior de la Fuerza Aérea entre los comandantes Vergara Montero y Merino Benítez; los roces existentes en el ejército entre tropa y oficialidad.
Además, las relaciones de "civilistas" con militares y la policía eran muy malas a raíz de los acontecimientos ocurridos a la caída de Ibáñez.
Pero, ya con las primeras noticias llegadas desde Coquimbo, los "civilistas" -gente de derecha y centro- depusieron su  beligerancia hacia las fuerzas armadas y carabineros. Las guardias cívicas, constituidas en julio de 1931, acudieron a regimientos y comisarías para engrosar los grupos de reserva. Ello sucedía en Santiago y en provincias.

LOS QUE RESPALDAN AL GOBIERNO
Entre otras, entregaron su incondicional apoyo al Gobierno, la Legión Cívica de Valdivia, la Guardia Cívica Nacional, la Unión Cívica de Ñuñoa, el Ejército Cívico de la Clase Laboral, la Guardia Cívica  del Barrio de Vicuña Mackenna, la Guardia Cívica de Providencia, la Legión Cívica de Antofagasta.
También respaldaban al Vicepresidente Trucco, la Asociación de Arquitectos, el Colegio de Abogados, el Instituto de Ingenieros, la Sociedad Gastronómica, la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, la Asociación Odontológica, la Unión Ferroviaria, el Sindicato de Dueños de Autobuses, el Directorio de Oficiales en Retiro del Ejército y la Armada, el Cuerpo de Bomberos, las colonias extranjeras residentes y los partidos políticos de centro y derecha.
Ese mismo día 2, renunció el gabinete. Manuel Trucco designó nuevos ministros: Interior, Marcial Mora; de Guerra, Carlos Vergara Montero: Marina, el almirante Carlos Spoerer;  de Hacienda, Arturo Prat, hijo del héroe de Iquique. La intención de este último nombramiento era clara.


LA BANDERA PIRATA DEL ANTICOMUNISMO
Coquimbo, jueves 3 de septiembre. En el Almirante Latorre se llevaron a cabo las conversaciones entre el Estado Mayor de las tripulaciones y la delegación del gobierno. Fueron largas y difíciles. Finalmente, se aprobó un Acta de Acuerdo que pone fin al conflicto, satisfaciendo las demandas de la marinería.
Entretanto en Santiago, ese mismo jueves, el general Indalicio Téllez, Comandante en Jefe del Ejército, designado Jefe de Plaza de la capital, en virtud del estado de sitio decretado por el gobierno, emitió una circular -publicada por toda la prensa nacional- en que atacaba virulentamente al comunismo, calificándolo de doctrina tiranizante. Autorizaba, así mismo, de acuerdo con las autoridades civiles, a los regimientos para aceptar voluntarios con o sin instrucción militar. En pocos días se inscribieron ocho mil voluntarios.
El anticomunismo fue la bandera que levantaba el gobierno y toda la reacción contra el movimiento de las tripulaciones de la Armada; acusaban a los comunistas, sin tener prueba alguna, de ser los gestores y promotores de la sublevación.
Las autoridades civiles y militares decretaron medidas extremas: estado de sitio, ley seca, prohibición de toda reunión pública y porte de armas de fuego, militarización de todo el país.
Carlos Maldonado, en su obra “La Milicia Republicana. Historia de un Ejército Civil en Chile. 1932-1936”, sostiene que "el fenómeno más sobresaliente de los sucesos que remecieron al país a principios de septiembre de 1931, fue la formación de batallones de reservistas y voluntarios a las órdenes del Ejército".


EL PC Y LA FOCH JUNTO A LA MARINERÍA
Los comunistas no participaron en la gestación del movimiento de la marinería, ni tuvieron responsabilidad en su desarrollo, pero solidarizaron incondicionalmente con ese histórico alzamiento.
"Nosotros, en Santiago -relata Elías Lafertte en su libro “Vida de un Comunista”, publicado en 1971, - procurábamos por todos los medios, ayudar a los sublevados y contrarrestar las acciones de las guardias blancas, que ya se habían constituido y desfilaban militarmente por la Alameda para atemorizar a los obreros que miraban con profunda simpatía el movimiento de sus hermanos de clase".
En la noche del jueves 3, prosigue el dirigente comunista, "en el local de los tranviarios se reunieron las organizaciones afiliadas a la FOCH, de la cual yo seguía siendo Secretario General. Hice un intenso informe, poniendo el énfasis en que el movimiento de los tripulantes era justo y terminé planteando una huelga general en su apoyo. Hubo una larga, difícil y enconada discusión. Los tranviarios, al principio, se oponían a la huelga, pero por último cedieron, la huelga fue aprobada y se me puso al frente de ella, para dirigirla de acuerdo con un comité con dos delegados por sindicato y treinta delegados por tranviarios, diez por cada depósito de tranvías".

ACCIONES DE APOYO A MARINEROS
La huelga general se llevó a cabo al día siguiente, 4 de septiembre. En algunos sectores fue total, como por ejemplo, la locomoción. En Santiago, no corrió un solo tranvía. Varias carretas y carretones de pan y vino, que salieron a trabajar fueron volcados en las calles. Se produjeron incidentes en que quedaron varios heridos y contusos. Carabineros, la Escuela de Caballería y guardias cívicos patrullaban las vías.
"Una manifestación de obreros comunistas y socialistas -narra Lafertte- fue violentamente disuelta en Amunátegui esquina de Alameda... Entre los rumores que circulaban -añade-, corrió que yo me hallaba en Coquimbo, al frente de la sublevación. Dijeron también que había sido muerto por las fuerzas del gobierno, pero Marcial Mora, Ministro del Interior, declaró que no había tal cosa y que, simplemente, yo me hallaba escondido. En efecto, esa era la realidad. Dormía en distintas casas, cada noche en una, para evitar que me detuvieran, principalmente en casa de profesores..."
También pararon los ferroviarios.

AYUDAS  PARA AMBOS BANDOS
"Una comunicación de los empleados públicos -escribe Patricio Manns en su libro “La Revolución en la Escuadra”, publicado en 1972- aseguraba que estaban dispuestos a ceder un día de sus sueldos para aliviar la situación económica, y miles de personas se inscribían en registros especiales, con el propósito de donar joyas y especies de valor, así como para depositar dinero en el Banco Central... El Arzobispo de Santiago, Monseñor Campillo, daba el ejemplo, muy publicitado, al poner a disposición del gobierno las joyas de los templos 'para mitigar el hambre del pueblo'.
"En el frente contrario -añade Manns- las cosas se daban de un modo sorprendente, determinando la rápida polarización del país en dos bandos. Lota y Coronel, en la poderosa y combativa cuenca del carbón, se habían unido a los amotinados de Talcahuano, mientras la FOCH proseguía organizando a los trabajadores urbanos y, desde Magallanes, los obreros ofrecían ayuda económica y enviaban voces de aliento. Lo propio hacían algunos regimientos y dotaciones completas de Carabineros".

SUCIA MANIOBRA OFICIALISTA
En Coquimbo, el Almirante Schroeders presentó al Estado Mayor de las tripulaciones una "nueva redacción" del Acta aprobada por ambas partes el día anterior.
Al tomar conocimiento de esa maniobra del gobierno, los jefes de la sublevación enviaron un mensaje que, en parte, señalaba:
"Este Estado Mayor ha tomado con profundo pesar nota de la determinación del gobierno de dar una nueva redacción al acta que pondría fin al movimiento, considerando que ello no sólo afecta a lo que el gobierno estima fraseología innecesaria, sino también, y muy especialmente, al fondo y objetivo de todo el movimiento de las tripulaciones. Creemos, señor Almirante, que esta determinación del gobierno echa por tierra todos los buenos oficios y  nuestros deseos de paz y concordia al no aceptar el acta que hemos expuesto a su consideración, y que es la única que las tripulaciones están dispuestas a aceptar..."

UN ULTIMÁTUM Y LA DIGNA RESPUESTA
En la noche del viernes 4, el gobierno dio por terminadas las conversaciones. Ya había ganado el tiempo suficiente para poder derrotar militarmente el alzamiento.
El 5, los marineros recibieron un ultimátum: "Agotados ayer medios conciliatorios y comenzadas operaciones de fuerza, se exige ahora rendición incondicional desembarcando inmediatamente tripulaciones desarmadas y sometiéndose a las órdenes del comandante de la plaza. Si así lo hicieran, el gobierno atenuará el rigor de las sanciones; de otro modo, aplicará ley marcial en toda su fuerza... Vicepresidente y ministros".
La respuesta del Estado Mayor de la insurrección enfatizó: "Declaramos ante la conciencia del país que en estos momentos, las tripulaciones, al ver la intransigencia antipatriótica del gobierno y al considerar que el único remedio para la situación es el cambio social, hemos decidido unirnos a las aspiraciones del pueblo y zarpará junto a nosotros una comisión de obreros que representa el sentir del proletariado de la Federación Obrera de Chile y del Partido Comunista. La lucha a que nos ha inducido el gobierno se transforma en estos momentos en una Revolución Social".        


UN SOS A ESTADOS UNIDOS
El sábado 5 de septiembre, el Ministro de Relaciones Exteriores de Manuel Trucco, Luis Izquierdo, se entrevistó con el Embajador estadounidense en Santiago, a quien informó que las autoridades chilenas estaban convencidas que se trataba de una conjura de características continentales, que por ello se necesitaba de la ayuda de Estados Unidos. El mismo Embajador, reportó que Izquierdo le había informado que "los rebeldes controlaban el mar y que estaban inspirados por agitadores que pretendían proclamar una 'República Independiente en la Pampa’  y que era una real amenaza para los puertos del Norte".

UN CASO ÚNICO EN LA HISTORIA NAVAL
Ese mismo día ocurrió un hecho que los marineros insurrectos esperaban ansiosos. Como escribe Liborio Justo, "por fin, el 5 de septiembre de 1931, los barcos que venían desde el sur arribaron a Coquimbo y ambas Escuadras, después de saludarse con grandes hurras, izando en sus foques las banderolas de bienvenida, se unieron en la bahía, para sumar, en total 23 unidades sublevadas y a cargo de sus tripulaciones, caso único en la historia naval. ¡Quince mil hombres, después de haberse apoderado de todos los barcos de guerra y puertos militares, con el apoyo de la Federación Obrera y la simpatía de numerosos cuerpos armados, parecían tener en sus manos la posibilidad de cambiar los destinos del país! Ya se hablaba, inclusive, de que se iban a establecer soviets en Chile. Y los diarios, anunciándolo sensacionalmente en sus pizarras, daban la noticia de última hora: ¡Seis acorazados y varios portaviones de los Estados Unidos partían de sus bases para dirigirse a Chile, con el fin de aplastar la 'sublevación bolchevique'".

“DAD ARMAS A VUESTROS HERMANOS”
La FOCH envió un documento a los marineros insurrectos, donde decía:
"Compañeros tripulantes de la Armada: habéis empezado valientemente la lucha por nuestro mejoramiento económico; hoy la oligarquía chilena se niega a oír nuestras reclamaciones, debéis manteneros hasta el final, para terminar definitivamente con el régimen causante de todas las injusticias que agobian a las clases trabajadoras de Chile. Las organizaciones obreras ven con honda simpatía que vosotros, al levantarse contra las injusticias sociales, empezáis a colocaros en el puesto que os corresponde, como parte integrante de nuestra clase, y quiere marchar a vuestro lado en la batalla por la emancipación definitiva.
"Hermanos marineros: El ultimátum que habéis recibido a vuestras peticiones de mejoramiento económico por la clase ladrona que nos gobierna y que ha estrujado la savia a nuestro pueblo, os está probando que si no vais unidos con los trabajadores y si abandonáis las armas, seréis barridos por la burguesía que nos gobierna.
"Compañero marino: Tú tienes los buques ya, dad armas a tus hermanos de miserias y en 48 horas, los consejos de marinos, soldados, obreros y campesinos le habrán dado a Chile un gobierno donde la miseria no impera.
"Marino hermano: date cuenta que lo que habéis hecho es lo más grande y sin no lo lleváis hasta el final, si no te unes con los trabajadores, seréis aniquilados por la oligarquía.
"Marino: el triunfo es tuyo: para que nada ni nadie te lo quite, únete con los trabajadores.
"Ten presente: no dejes el arma".


COMIENZAN LAS ACCIONES
En la noche de ese sábado 5, el gobierno exigió la rendición incondicional de los sublevados en Talcahuano. Fue rechazado por la marinería..
Domingo 6 de septiembre. Era muy temprano aún, cuando la flota surta en Coquimbo, luego de calentar las máquinas, echando grandes penachos de humo, levó anclas y abandonó la bahía. La intención del Estado Mayor era situarla en mar abierto para ofrecer menor blanco al bombardeo de la aviación, que se había concentrado en la base de Ovalle. Pero, poco después del mediodía, los barcos retornaban para ocupar los mismos lugares donde estuvieron antes.
Eran las 15:30 horas. En Talcahuano, tropas del Regimiento Chacabuco rompieron fuego contra el destructor Riveros, que se había acercado a tierra para ayudar a sus compañeros amenazados por el Ejército. También lo atacó el Grupo de artillería Silva Renard.

UN DRAMÁTICO RELATO
A las 17:00 horas, el regimiento O'Higgins cargó contra el Apostadero Naval. Sobre este episodio, el sargento  Ernesto González, jefe de la insurrección de la marinería, relata:
"A borde del 'Latorre', en Coquimbo, todo el Estado Mayor seguía las alternativas del combate a través de la acción de una radio estación. El operador nos describió en detalle la ofensiva contra los fuertes...
"De pronto gritó: '¡Atención Coquimbo! ¡Ahora vienen contra nosotros!' Y nos pidió que mantuviéramos el receptor encendido. Después de un silencio oímos de nuevo su voz: 'Me parece que los fuertes nos están traicionando. Ninguno dispara contra el Ejército que baja desde los cerros'.
"Pasado otro minuto dijo: 'Ahora los tengo aquí enfrente. Nos cascan con todo: ametralladoras, artillería, armas cortas. Esto es un hervidero de balas. Atención -dijo luego- ¡está cayendo gente!'... Transcurrieron tensos minutos. 'Coquimbo -dijo- si me pasa algo dejaré sonando un pito largo y así sabrán ustedes que ellos llegaron aquí y se termina la resistencia...'
"Enseguida describió con varios detalles el avance de las tropas gobiernistas, inmensamente superiores en número y los desesperados esfuerzos de los defensores del apostadero. Nosotros escuchábamos consternados, con profunda emoción... Entonces el muchacho gritó a través del aparato: '¡Epa! ¡Ya están subiendo hasta mi emplazamiento! ¡Vienen entrando los primeros!' Y después oímos solamente un largo pitazo que marcaba, según la señal convenida por este héroe increíble, la caída del apostadero Naval y también su muerte."

LA AVIACIÓN ATACA
No alcanzaban a comentar esos sucesos los miembros del Estado Mayor, cuando se escuchó el grito de los vigías del Almirante Latorre: Aviones a estribor. Eran las 17:30 horas del domingo 6 de septiembre. Se iniciaba el ataque aéreo contra la Escuadra.
La aviación de guerra estaba comandada por su jefe, coronel Vergara, hermano del Ministro de Guerra. Lanzó varios ataques sobre los barcos, especialmente contra el Almirante Latorre. El ataque fue repelido vigorosamente por la marinería.
El bombardeo duró 25 minutos y fue presenciado por los habitantes de Coquimbo desde el muelle y sus inmediaciones, desde las partes altas de las casas y de los cerros.
Un avión fue derribado y otros cinco averiados. De la Escuadra,  sólo fue alcanzado el submarino H4 Quidora, donde resultó un marino muerto y otros heridos. Fue la única nave averiada.
La acción de la aviación contra la marinería sublevada fue, desde el punto de vista militar, un rotundo fracaso.
En esa, como otras operaciones de represión contra los marineros en  rebelión, la Fuerza Aérea pudo contar con el  concurso de pilotos civiles, que concurrieron con sus propios aeroplanos.

LOS TEMORES DEL GOBIERNO
En los momentos en que tenía lugar el frustrado bombardeo en Coquimbo, continuaban los combates en Talcahuano. "La lucha más cruenta -afirma el historiador Ricardo Donoso en el primer tomo  de “Alessandri agitador y demoledor”- tuvo como  escenario los Arsenales de la Marina, que se hallaba defendido por unos 400 hombres, entre marineros y obreros, a los que se les entregó armas. Su resistencia fue quebrantada por la acción de la artillería, cayendo en poder de las tropas gran cantidad de prisioneros".
El domingo 6 en la noche, se efectuó una conversación entre el Ministro de Relaciones Exteriores, Luis Izquierdo, y el almirante Edgardo  von Schroeders. Este último relata que el ministro le dijo: "Si la aviación vuelve a fallar en su proyectado ataque a la Escuadra, la situación puede tornarse muy seria, pues se desprestigia la única arma efectiva con que el gobierno cuenta para dominar a los sublevados. Es de suponer que los insurrectos no esperen tranquilamente fondeados al lado de la base de Ovalle; pueden llegar al norte, tratar de sublevar  Iquique y Antofagasta, donde fácilmente pueden dominar a los regimientos de guarnición, y en fin, cometer depredaciones y actos de piratería.
"Me dijo -sostiene el Almirante- que en este caso vendría a dominarlos la Escuadra americana. Contesté que de lo mismo se trató en la reunión con nuestro Ministro  (de Marina. Nota del autor), pero mi opinión era que tuviese buen cuidado de no insinuarlo oficialmente, pues si el país sabía que se había pedido el auxilio de los yankees, con este objeto, me temo que el gobierno corra peligro de caer"

EL COMIENZO DEL FIN
Después del bombardeo se entregaron al gobierno los destroyers Riquelme, Hyatt, Orella y Videla.
Lunes 7 de septiembre. En la mañana, los buques aún en manos de sus tripulaciones, salieron del puerto de Coquimbo. El acorazado O'Higgins regresó y se rindió.
Los marineros comprometidos en la rebelión estaban divididos. Cada vez eran más los que deseaban llegar a un acuerdo con el gobierno. En el resto de las naves, ya no se obedecía al Estado Mayor. En Coquimbo se rumoreaba que el Almirante Latorre no se rendía porque "la tripulación y el Estado Mayor de los insurrectos estaban en desacuerdo sobre el camino a seguir. Los primeros deseaban entregarse y los segundos pensaban hundir al barco, conforme a lo que han manifestado en otras ocasiones. Se informó que bandadas de aviones e hidroaviones seguían la marcha del 'Latorre' con el objeto de obligarlo a rendirse.

EL FIN DE LA INSURRECIÓN
Ese lunes 7 cayeron los fuertes del Morro, Punta de Parra y el Borgoño.
Según Ricardo Donoso, "en el combate de Talcahuano hubo un apreciable número de bajas entre muertos y heridos, tanto de parte de los rebeldes como de las tropas gubernativas. La captura de los fuertes puso en poder del gobierno mil prisioneros y todo el armamento y municiones que existía en ellos".
En Valparaíso, regimientos del gobierno marcharon sobre la Escuela de Comunicaciones, la Base Aérea de Quintero y el Regimiento Maipo a los que obligaron a rendirse.
En la noche del lunes, el último bastión de la insurrección era el Almirante Latorre. Acosado por los aviones, su tripulación terminó por levantar bandera blanca.
El Boletín de Informaciones Nº 14 del gobierno, expedido el martes 8 de septiembre a las 11 horas, señalaba que el Ministro de Guerra anunció que el Latorre se había entregado en la  base de  Quintero. El Boletín Nº 15, de ese mismo día a las 19:30 horas, afirmó que "las fuerzas de la Escuela de Infantería habían tomado posición del principal barco rebelde, procediendo a desarmar a la tripulación, que, lo mismo que las de las  otras naves sublevadas, sería sometida a Consejo de Guerra, que aplicaría con todo rigor los Códigos Militares".
Liborio Justo  -en un artículo titulado “La Sublevación de la Escuadra”, aparecido en la revista “Punto Final” del 26 de septiembre de 1971- sostiene que "hay fundadas razones para estimar que antes de rendirse (el Acorazado Almirante Latorre)  se sublevó la marinería contra el Estado Mayor de la Tripulaciones a fin de disponer la rendición".

LAS CAUSAS DE LA DERROTA
¿Por qué fracasó la sublevación de la marinería de la Escuadra?
Se puede afirmar que la rendición de los insurrectos no fue resultado directo del bombardeo de la flota en Coquimbo. Lo que sí influyó, al parecer significativamente,  fue el haberse gestado una suerte de contrarrevolución a borde de las naves alzadas.
Elías Lafertte se pregunta: ¿Cuáles fueron las causas de que una sublevación que desde los primeros momentos había prendido como un reguero de pólvora  fuera vencida después de la primera batalla? El mismo responde. "Hay muchas causas. Desde luego, faltó una dirección segura, una espina dorsal ideológica a ese movimiento, que fue esencialmente emocional, una improvisación que respondía a un clamor que hacía presa en el ánimo de los marineros y suboficiales. Pero ellos no sabían a dónde ir ni qué hacer. ¿Qué habrían hecho de triunfar su movimiento? Se levantaron en realidad en respuesta a una indignación  desesperada, a un justo temor de perder su pan, pero carecían de organización y dirección políticas. Sus jefes mismos, comenzando por Ernesto González, no eran capaces de dirigir y encauzar el heroico impulso de sus hombres".

OPINIÓN DE UNO QUE TOMÓ PARTE
Pedro Pacheco Pérez, profesor comunista que participó en la insurrección y que fue uno de los condenados a muerte, amnistiados gracias a la presión popular, en un artículo  titulado “Hace Treinta Años” y publicado en “El Siglo” con fecha 2 de septiembre de 1972,explica:
"La mayor firmeza y combatividad se encontraban entre los tripulantes de más baja graduación y con cierta experiencia, como los cabos. Los más vacilantes fueron los suboficiales, los que, desgraciadamente, en mayor proporción dirigieron el movimiento, debido a que los marineros los eligieron impulsados por su respeto a la jerarquía".
Luego enfatiza: "El error más notable fue la falta de vinculación orgánica con el pueblo. Era, por otra parte, natural que así fuera, pues nadie sabía qué o quién había detrás del movimiento. Recién había caído el dictador, el Partido Comunista recogía sus cuadros de la ilegalidad, la tiranía había despedazado y corrompido gran parte del movimiento obrero".
Al mismo tiempo, Pacheco Pérez, define la insurrección de las Tripulaciones como "una primera participación del pueblo armado en la solución de sus problemas y de los problemas de la nación, con mucho de espontánea y con graves errores políticos y orgánicos, pero una lección rica en enseñanzas".

OTRAS RAZONES
Liborio Justo señala que "los obreros en Santiago se habían visto obligados a reanudar las tareas y otra vez andaban los tranvías. Además (la escuadra en manos de las tripulaciones, Nota del autor) carecía de combustible para ir muy lejos".
En la revista “Internacional Juvenil”, editada en Montevideo en diciembre de 1931, se sostiene: "El movimiento de la marinería chilena, a pesar de su extensión a toda la escuadra, de la solidaridad proletaria con que se ha contado y de los comienzos de solidaridad en el ejército, no ha sido un movimiento conscientemente político de los marinos, ni se transformó en un verdadero comienzo de la revolución de todas las masas laboriosas de Chile". Agrega  que la sublevación fracasó también "por falta de organizaciones comunistas en la Marina misma y hasta por ausencia de propaganda previa del Partido".

NO HABÍA MADURADO EL FACTOR SUBJETIVO
En lo referente a por qué el heroico movimiento de la marinería no se transformó en el inicio de una revolución social en Chile, a las razones ya expuestas, se deben agregar otras no  menos importantes.
Es necesario tener en cuenta que la sublevación de los tripulantes de la armada tuvo lugar a sólo 35 días de haber sido derribada la dictadura de Ibáñez. De  ella, las dos fuerzas civiles que apoyaron el levantamiento, habían  salido muy debilitadas.
La FOCH, al empezar septiembre de 1931, estaba bastante disminuida en miembros e influencia, tanto por la represión, como por la grave cesantía que castigaba a la clase obrera, especialmente al proletariado salitrero. A esto se debe añadir el desarrollo logrado por los "sindicatos legales".
El Partido Comunista sufría serios problemas: una militancia muy reducida, como resultado de la represión, de la traición y deserción de no pocos militantes, entre ellos seis de los nueve parlamentarios elegidos en 1925 y 1926; con una estructura orgánica que recién iba adquiriendo la necesaria eficacia; debilitado por la pugna de fracciones en su interior; con una dirección central reconstituida hacía un mes;  carente de una acertada línea política y de una adecuada política de alianzas; sin una política militar y con ninguna influencia en las fuerzas armadas.
En otras palabras, en septiembre de 1931, no existía en Chile el elemento principal del factor subjetivo -un Partido revolucionario-  capaz de ponerse a la cabeza de una  revolución social, aprovechando las condiciones objetivas que ya habían madurado.














La oferta de “presidenciables” y la necesidad de un programa










Editorial de El Siglo, edición 1626 del 31 de agosto de 2012

La oferta de “presidenciables” y la necesidad de un programa


Las leyes del mercado y el marketing han hecho presa de la política de la derecha que oferta, como cualquier otro producto, candidatos presidenciales con “atributos” como su apariencia física, simpatía, exposición  mediática y otros, como si el electorado y la ciudadanía enfrentaran en el próximo período una liquidación comercial de retazos, más que la elección de un primer mandatario de la Nación.
El pesado lastre que dejará la administración de Sebastián Piñera en materia de políticas sociales, los graves problemas en educación que han sido asumidos y denunciados por amplias mayorías nacionales, así como los de la salud, la vivienda, la reconstrucción, la delincuencia, los derechos laborales, la indispensable reforma política, una nueva Constitución y otros temas de fondo no están en la agenda de los candidatos de la derecha.
Se desconocen propuestas para solucionarlos y nadie puede esperar que en el año y medio que resta, el oficialismo emprenda alguna iniciativa respecto de estos temas, sobre todo considerando su visión sobre política tributaria que, así como están las cosas, significará –mediante el ajuste que se discute en el Parlamente- más bien la profundización de las tremendas desigualdades sociales que afectan a millones de chilenos.
El lucro y la municipalización de la salud y la educación, el sistema electoral binominal, la precariedad laboral y el rechazo a la sindicalización automática, el derecho a huelga y  la negociación colectiva otras medidas deberán ser asumidas con nuevas fuerzas –por ejemplo- a partir de la nueva directiva de la Central Unitaria de Trabajadores que encabezará Bárbara Figueroa, tras su resonante triunfo de la semana pasada.
A nivel del oficialismo, en tanto, el actual ministro de Defensa pareciera haber recibido el espaldarazo del Presidente de la República para lanzarse a la carrera presidencial pese a que el secretario de obras pública parecería mejor posesionado, al menos según las encuestas y,  todo indica que el ministro de Economía estaría dispuesto a tirar la toalla, como se dice en la jerga boxística.
Ninguno de los tres ha mostrado disposición a dejar su cargo e iniciar de verdad una campaña presidencial y sus declaraciones no pasan de compromisos para concurrir a una hipotética “primaria”, mecanismo que ni siquiera logra todavía estatus institucional y cuya legislación respectiva se encuentra para despachar en el Congreso.
Por ahora, las opciones de la derecha están volcadas a la medición de encuestas y las apariciones en televisión, sin mención alguna de bases programáticas, de propuestas concretas en busca de  soluciones a los graves problemas que enfrenta la ciudadanía.
Por su parte, la oposición sigue haciendo importantes esfuerzos en aras de la unidad, conservando cada sector  su identidad y propósitos. En este caso, la idea es colocar los bueyes delante de la carreta, es decir, es básico ponerse de acuerdo en un programa de gobierno, en iniciativas realistas para superar situaciones que perjudican a trabajadores, que afectan a estudiantes, profesores y apoderados, que desamparan a usuarios y consumidores. Después, se discutirá quién podría llevar adelante estas tareas imprescindibles.
Los acuerdos  en materia tributaria, política, municipal conseguidos por comisiones de estudio surgidas de distintos institutos que representan todos los pensamientos reunidos en la oposición abren perspectivas a la construcción de sólidas bases programáticas para el futuro inmediato.
Debería abrirse un proceso se debates, lo más participativo posible para encarar todos los temas, sin exclusiones ni prejuicios para iniciar la renovación institucional del país, superar el actual modelo económico, social y cultural heredado de la dictadura y que fije un derrotero hacia una democracia real en un nuevo Chile.
El reciente triunfo de la lista que encabezaba Bárbara Figueroa en la CUT auspicia un avance sustantivo para terminar un ciclo en la central de trabajadores para colocarle en el jefe del creciente movimiento social por las conquistas de derechos laborales, la sindicalización y necesarias reformas al  código laboral para colocarlo a la altura de los tiempos que corren.
Las elecciones municipales de Octubre serán una trascendente prueba de fuego para la unidad de las fuerzas opositoras y si se logra desplazar a la derecha de una importante cantidad de comunas, las perspectivas de un cambio institucional y de un gobierno de nuevo tipo a partir del próximo año podrían cristalizarse.
El  semanario “El Siglo”, que cumple precisamente hoy 72 años de existencia ha sido el incansable vocero de este proyecto. Tras los parabienes de aniversario, renovamos nuestro compromiso de continuar aportando, junto a los jóvenes, los trabajadores, las mujeres, artistas, intelectuales, etnias originarias, la diversidad sexual  y los más amplios sectores, a mantener informada con la verdad a la ciudadanía, abrir los debates que sean necesarios y contribuir a acercar posiciones con quienes, en diversas trincheras en el pasado, estamos convocados a construir un país mejor, con justicia social, equidad y verdadera democracia.

EL DIRECTOR







Vocación de lucha y unidad



Articulo del cro. Jorge Insunza B. escrito para la publicación teórica Marxistische Blätter -Cuadernos Marxistas- ligada al DKP (PC de Alemania), titulado VOCACION DE LUCHA Y UNIDAD



Jorge Insunza Becker
miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile




Vocación de lucha y unidad


Nuestro partido emergió con el nombre de Partido Obrero Socialista (POS), bajo la dirección de Luis Emilio Recabarren en 1912, esto es 5 años antes de la Revolución de Octubre. Fue desde el inicio clara y definidamente un partido de los trabajadores.
Recabarren inició su vida política como miembro del Partido Democrático (PD), el partido más de izquierda de esos años en Chile. El PD, vinculado a los sectores populares, no asumía, sin embargo, la lucha por superar el capitalismo y avanzar a una sociedad socialista. Omitiendo el carácter de clase de la sociedad no se apropiaba del rol decisivo de los trabajadores en la transformación de la sociedad. La estrecha relación de Recabarren con centros decisivos del proletariado en formación, especialmente salitrero, (el gran recurso natural de la época explotado por capitales ingleses) lo llevó a la convicción de la necesidad de un partido de la clase obrera como condición insoslayable de éxito en la batalla por alcanzar trasformaciones sociales de fondo. Así emerge el POS con un definido sentido de clase.
La convicción que el internacionalismo es un componente fundamental de la política de un partido de la clase obrera estuvo presente desde el comienzo. Recabarren y los suyos constataban que un elemento decisivo del dominio capitalista en la sociedad chilena era y es la presencia del imperialismo como un factor no externo sino activamente interno, que interviene decisivamente en nuestra vida social y política en connivencia con la oligarquía agraria y otros sectores del capitalismo interno. La convivencia en las salitreras con obreros peruanos y bolivianos y de otras nacionalidades, explotados a la par con los chilenos, fortalecía esa convicción.
La victoria de la Revolución de Octubre en el imperio ruso y su irradiación mundial hizo profundo eco en el POS. Recabarren viajó a conocer esa nueva realidad. Sus vivencias, transmitidas a sus compañeros a lo largo del país, condujeron de modo natural a la adhesión del POS a la Internacional Comunista y al cambio de la denominación del Partido: el POS se convirtió sin deserciones en Partido Comunista de Chile en 1922. 
La dirección del PC consideró su deber ayudar a la formación de partidos de clase en otros países de nuestro entorno. Recabarren fue también fundador del PC de Argentina y compañeros suyos de salitreras, especialmente peruanos y bolivianos, contribuyeron a la creación de partidos de clase en sus respectivos países.
El surgimiento del partido autónomo del proletariado en nuestro país no excluía la unidad de acción con otras fuerzas políticas y sociales. Asumió desde su emergencia que capitalistas y trabajadores no son las únicas clases componentes de la comunidad nacional. En el campo de los dominados hay un espectro numeroso de sectores intermedios como artesanos y otros trabajadores independientes, comuneros agrícolas, pequeños y medianos empresarios de la ciudad y el  campo, profesionales asalariados que no se sienten parte del proletariado, y un incidente sector de intelectuales y artistas que son también afectados, en grados diferentes, por el dominio impuesto por el gran capital nacional e internacional. Siendo el partido de los trabajadores, el PC no limitaba ni limita su accionar a la lucha por los intereses sólo de ellos. Desde los tiempos de Recabarren su mirada fue siempre más abierta, asumiendo la defensa de todos los sectores afectados por la dominación oligárquica e imperial
Lo esencial de nuestra política de alianzas se ha determinado históricamente por el análisis de las contradicciones sociales existentes en cada período histórico y, como resultado de tal análisis, definiendo la contradicción principal del período. Ésta es la que confronta, de una parte, a los componentes decisivos de la dominación de clase y, de la otra, a las clases y capas sociales agredidas por el sistema en formas diversas en distintos períodos. Sobre esa base actuamos para hacer converger en un frente común al máximo de esas clases y capas, tanto sus organizaciones sociales como sus expresiones políticas, en pro de la acumulación de fuerzas para derrotar a los enemigos principales, exponiendo siempre nuestra perspectiva de construcción de una sociedad de nuevo tipo en la perspectiva del socialismo.
La atención central ha estado puesta consistentemente en el desarrollo de las organizaciones sociales y en primer lugar del movimiento sindical. La primera organización sindical nacional fue la Federación Obrera de Chile (FOCH). Paralelamente se impulsó las organizaciones de los estudiantes, las de mujeres, las de pequeños propietarios, con resultados variables.
La orientación de lucha y trabajo unitario tuvo una primera formulación explícita en la Conferencia Nacional de nuestro partido en 1933. Se definió el carácter de la revolución chilena en esa fase como “antiimperialista, antioligárquica y democrática, ligada a la lucha por el socialismo”. Se abrió así un proceso de significativas proyecciones.
En ese cuadro, con una actividad intensa del PC de promoción de luchas sociales y de propuestas unitarias amplias para unir el máximo de fuerzas frente al enemigo principal del período (la oligarquía y los poderes imperiales y de modo preeminente el fascismo alemán) Un primer resultado fue la formación de una central unitaria de los trabajadores que reunió a las 3 centrales entonces existentes: la FOCH, comunista; CNT, anarquista y la CNS, socialista que se unieron en una única central, la CTCH (1936). Ésta jugó un papel relevante en la formación del Frente Popular (FP), la primera experiencia exitosa de construcción de alianzas políticas y sociales que se abrió paso en la convergencia de los partidos Radical, Democrático, Socialista y Comunista en ese Frente, del que formaron parte también la CTCH, el movimiento femenino MEMCH y el Frente Único Araucano, organización de los pueblos originarios.
El Frente confrontó al gobierno de derecha de Arturo Alessandri, audaz demagogo representante de la oligarquía y se propuso la conquista de la Presidencia de la República, centro del poder político en nuestro país. Proclamó para ello la candidatura de Pedro Aguirre Cerda, militante radical.
La derecha desde el gobierno instaló como candidato a Gustavo Ross, integrante notorio de la oligarquía.
En el clima político creado por la unidad de acción de las fuerzas alternativas tal designación se tradujo en la ruptura de la organización de la juventud del partido oligárquico por excelencia, el Partido Conservador. Los líderes de la juventud esencialmente católica, encabezados por Bernardo Leighton, Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, apoyados por una sólida mayoría de los jóvenes conservadores decidieron abandonar el partido en rechazo al apoyo a la candidatura oligárquica al Frente Popular. Así surgió la Falange Nacional, que más tarde se convirtió en Democracia Cristiana.
La amplitud del campo de fuerzas reunido abrió paso a una gran victoria popular: Pedro Aguirre Cerda, dirigente radical, fue electo presidente.
El gobierno del Frente Popular significó un punto de inflexión en la política chilena. Lo fue desde el punto de vista de las libertades públicas, de los derechos de los trabajadores, de la estrategia de desarrollo del país y de las políticas sociales. También en el plano internacional tuvo una decidida posición antifascista.
En contraposición a las políticas de la oligarquía se desplegó una estrategia de industrialización del país. Se creó un ente estatal la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) y sucesivamente otras empresas estatales, en los  campos de la energía eléctrica, del petróleo, del acero, del agro y otras instalando una visión de desarrollo nacional con una decisiva participación del Estado que pasaba a actuar como Estado Desarrollista de Bienestar Social, como lo han denominado ensayistas de relevancia (Manuel Riesco).
El presidente Aguirre Cerda no culminó su mandato: falleció en el ejercicio del cargo. El Frente Popular persistió y llevó a la presidencia a Juan Antonio Ríos, también radical y a la muerte antes de completar su período el Frente conquistó de nuevo la victoria con Gabriel González Videla, que se presentaba como el más izquierdista de los radicales, que era el partido más fuerte de la coalición. Estas victorias sucesivas dan cuenta de la audiencia popular del Frente Popular.
El imperialismo norteamericano, cuya hegemonía se impuso con la derrota del fascismo, ocupaba un espacio central en los componentes del enemigo principal. Comenzaba la Guerra Fría y el anticomunismo se desplegó implacablemente. González Videla se sometió servilmente a los dictados del imperio. Traicionó sus compromisos, expulsó a los comunistas del gobierno y con el apoyo de la derecha ilegalizó a nuestro partido, con campos de concentración incluidos, ante la “inminencia” de una tercera guerra mundial. Destruyó el Frente Popular. Es hasta hoy el símbolo por excelencia del político traidor.
La ruptura del Frente Popular significó un retroceso para el pueblo. La sucesión de victorias llegó a su fin. En 1952 se instaló en la presidencia Carlos Ibáñez del Campo, antiguo dictador, que levantó una propuesta populista y derrotó con una no despreciable votación popular al candidato de gobierno y a la derecha. La representación de las fuerzas de izquierda la asumió Salvador Allende, con el apoyo comunista y de un sector minoritario de su Partido Socialista: obtuvo una modesta votación.
No obstante, durante el gobierno de Ibáñez se reconstituyó la unidad sindical, rota en 1946 bajo presiones del gobierno de González Videla. Emergió una Central Única de Trabajadores, la CUT. Hacia el fin de su gobierno fue derogada la Ley de Defensa de la Democracia que había ilegalizado al Partido Comunista  el que, sin embargo, ya desde años imponía su accionar abierto en las batallas políticas y sociales.
La regresión que significó la desarticulación del Frente Popular culminó con el retorno de la derecha al gobierno del país luego de 20 años, con la elección de Jorge Alessandri Rodríguez, en 1958 con un 31% de los votos, superando escasamente a Salvador Allende representante, por segunda vez, de la izquierda alternativa. El gobierno de derecha no pudo hacer retroceder aspectos esenciales de las políticas desarrollistas instaladas por el Frente Popular.
Se reinició la tarea de recomponer una nueva unidad de fuerzas transformadoras en confrontación clara y resuelta con los sectores dominantes. Para ello había que asumir el fortalecimiento de la izquierda, dar un relieve mayor a la unidad de los partidos con presencia en el proletariado y dar un salto cualitativo en la atención al campesinado y los sectores medios. La convicción de que el país requería cambios fue asumida también por fuerzas reformistas representadas especialmente por la Democracia Cristiana, que proponían cambios graduales y limitados, a la vez que desestimaban la superación del capitalismo y desechando la perspectiva del socialismo.  
Durante el gobierno de Alessandri se realizaron potentes acciones del movimiento obrero: paros nacionales en 1960, 1962 y dos en 1964. En 1961 emergió desde la entonces Universidad Técnica del Estado el poderoso movimiento estudiantil que se extendería a todas las universidades por la reforma educacional con la consigna de “Universidad Para Todos”. Simultáneamente se fue abriendo camino la organización del campesinado.
Esta fase culminó con la creación de Frente de Acción Popular (FRAP), unidad de socialistas y comunistas y otras fuerzas menores. Adelantó la capacidad de la izquierda hasta el punto de hacer previsible la conquista de la Presidencia. Esto alarmó a los poderes fácticos y la derecha resolvió abandonar su candidato (Julio Durán, radical de derecha) y volcar su votación a Eduardo Frei Montalva, demócrata cristiano como mal menor. Lo propio hizo el imperialismo, que financió copiosamente la campaña de Frei. La maniobra tuvo éxito en cuanto a conseguir derrotar a la izquierda, calificada por ellos como enemigo principal.
Ante el gobierno reformista, la izquierda no tuvo una posición única. Hubo quienes plantearon una oposición cerrada negando apoyo a toda propuesta. Nuestro Partido se definió como fuerza de oposición pero dispuesta a apoyar iniciativas del gobierno que fueran cambios progresistas. Así, con observaciones y propuestas se apoyó la Ley de Reforma Agraria, la ley de sindicalización campesina y otras. No se hizo lo mismo con la llamada “chilenización” del cobre que mantenía la presencia imperialista en el dominio de nuestro principal recurso natural con limitaciones menores.
La movilización social se mantuvo sólida. La CUT con participación de sindicalistas comunistas, socialistas, radicales y democratacristianos realizó 4 paros nacionales en el período. Con el paro nacional de 1969 se logró establecer la ley de reajuste anual de los salarios, que rigió hasta 1973. El movimiento estudiantil desplegó también sus luchas. La sindicalización de los campesinos experimentó un alza considerable. Lo propio se dio en los pobladores y las mujeres.
Se crearon así las condiciones para la superación positiva del FRAP y la emergencia de una unidad más amplia, que se expresó en la Unidad Popular (UP), en diciembre de 1969, conformada con una matriz política comparable a la del Frente Popular e integrada por el Partido Socialista, Partido Comunista, Partido Radical, el MAPU (sector disidente de la Democracia Cristiana), el Partido de Izquierda Radical, la Acción Popular Independiente. La presencia del sector cristiano estuvo a través del MAPU, incorporándose más tarde la Izquierda Cristiana, ambos segmentos provenientes de la Democracia Cristiana.
Impulsando la movilización social y consolidando el frente de izquierda, se logró conquistar la victoria. Las fuerzas reformistas levantaron la candidatura de Radomiro Tomic, del sector más progresista de ese partido, la derecha reinstaló a Jorge Alessandri pero Salvador Allende obtuvo la primera mayoría. Según la constitución si ninguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta la elección debería ser realizada por el Congreso Pleno entre los dos candidatos que obtuvieran la más alta votación. Lo estrecho de los resultados, con menos de cuarenta mil votos de diferencia entre Allende y Alessandri, puso a la Democracia Cristiana como el árbitro de la situación. Allende y la Unidad Popular convocaron al centro a respetar la primera mayoría de Allende ante el candidato de la derecha que había arribado segundo. Se concordaron  acuerdos de profundización de la democracia que estaban presentes en los programas de ambas candidaturas y que la izquierda asumió en tanto se correspondían a sus concepciones. En ello, RadomiroTomic, candidato del centro, jugó un rol relevante.
Antes de la decisión del Congreso, la cual se debía realizar el 24 de octubre, un comando paramilitar de derecha secuestró y asesinó al Comandante en Jefe del Ejército el General René Schneider, militar democrático, con el fin de evitar la inminente elección de Allende. El atentado produjo una gran conmoción pública y su efecto final fue consolidar los acuerdos democráticos. En la votación Allende venció por 153 votos sobre 35 de Alessandri y se convirtió en presidente al ser ratificado por el Congreso Pleno.
Una vez asumido el cargo, Allende comenzó rápidamente a cumplir sus compromisos electorales, orientando al país hacia el socialismo. Se nacionalizaron las grandes empresas mineras, los bancos extranjeros y empresas monopolistas. Se aceleró la reforma agraria: en un año se traspasó más tierras a los campesinos que en todo el gobierno anterior, y una parte importante de ellas a los pueblos originarios. Se puso en acción un plan de redistribución de ingresos, aumentó los salarios y se impuso un control sobre los precios. La oposición de los poderes fácticos al proceso en curso, con una intensa intervención del imperialismo con acciones abiertas y encubiertas, fue frenética desde el principio y hacia 1972 había logrado producir una grave crisis económica: centrada en el desabastecimiento de bienes básicos y la promoción del mercado negro. Con ello consiguieron generar una fuerte polarización de la ciudadanía.
Las fuerzas de izquierda no tuvimos las capacidades de generar los medios para la defensa del gobierno popular en diversos planos, incluyendo el de la confrontación de las acciones de fuerza que promovían la oligarquía y el imperialismo. Esa fue una grave y fatal deficiencia.
Una mayoría de los dirigentes del centro político se hizo parte, por acción u omisión, de la acción de los poderes oligárquico e imperialista para derribar el Gobierno Popular  rechazando los esfuerzos de la UP y del Presidente Allende para alcanzar acuerdos, usando como pretexto posiciones y acciones extremistas de minorías. En ello, comportamientos de la derecha democratacristiana facilitaron la puesta en marcha del golpe de estado pinochetista en Septiembre de 1973.
El golpe creó un cuadro dramático de persecución, asesinatos, campos de concentración, exilio de miles, forzoso funcionamiento clandestino de los partidos de la Unidad Popular.  La contradicción principal cambió de carácter: pasó a ser “dictadura o democracia”. Hizo indispensable la introducción de otras formas de lucha, las armadas, que fueron asumidas por una parte de la izquierda, en particular nuestro partido, aunque de modo insuficiente. Sin embargo, la contribución de nuestros militantes al despliegue de la movilización social y la resistencia fue siempre determinante.
La dictadura hizo trizas el proyecto de desarrollo con bienestar social que el gobierno popular había fortalecido, e instaló, obediente al imperialismo y la oligarquía, la privatización máxima posible con la excepción de las grandes minas. Significó un cambio radical del papel del Estado de un rol productor e interventor, a uno de tipo subsidiario, inspirado en las doctrinas económicas neoliberales. En lo social significó el dominio sin contrapeso de los sectores empresariales, el aumento sostenido de la desigualdad de los ingresos, junto con un incremento en la precariedad e inestabilidad laboral de los sectores asalariados. En lo cultural, dio lugar al denominado "apagón cultural", caracterizado por la represión y autorepresión de manifestaciones culturales consideradas contrarias a la línea oficial. 
La herencia de la dictadura es nefasta y su rasgo principal es la entronización en nuestra patria de un capitalismo enmarcado en un desenfrenado neoliberalismo. Atendiendo a esta realidad, desplazada la dictadura y recuperados parcialmente los derechos democráticos, caracterizamos la contradicción principal de este nuevo período como "neoliberalismo o democracia”.
20 años de gobiernos de la Concertación fueron incapaces de crear instituciones democráticas, permaneciendo la constitución dictatorial con afeites menores y manteniendo la desigualdad heredada. Mantuvieron de hecho las orientaciones neoliberales. Se crearon así las condiciones para el retorno de la derecha al gobierno materializada en 2010. La batalla por producir cambios de fondo es entonces una tarea aún más urgente.
La intensa actividad desplegada por movimientos sociales como el estudiantil, el incremento de las luchas sindicales, las rebeliones en regiones enteras, sólo podrán realizar sus demandas desmantelando el sistema y ello no solo es posible si esos procesos sectoriales convergen en un proyecto político articulado que desplace a la derecha del gobierno.
Pero ello no puede significar la instalación de un nuevo gobierno de la Concertación, que se mostró incapaz de enfrentar el poder del capital interno e internacional, razón esencial de su derrota. Se requiere un gobierno de nuevo tipo capaz de realizar una política antineoliberal y anticapitalista que remueva el peso de los poderes fácticos y sus políticas neoliberales que instaló la dictadura de Pinochet y que persisten con ligeras correcciones de los gobiernos de la Concertación.
Para ello, las experiencias de políticas de alianza y unidad de los períodos del Frente Popular (FP) y de la Unidad Popular (UP) deben estar presentes con clara conciencia de que no habrá calco ni copia, sino creación acorde con las condiciones del presente. Aprender no es copiar. Esas experiencias vividas son, sí, la prueba de que romper el dominio del capital financiero, centro de la oligarquía, y del imperialismo, es una tarea posible y necesaria. Los recursos nos los enseña la historia: unidad y lucha, movilización social y construcción de alianzas que unan a la mayoría inmensa de los chilenos y chilenas para sacudirse de la dominación existente, tras la bandera de la alternativa que la vida nos ha impuesto.
Actuamos con la comprensión clara que la lucha contra el neoliberalismo es la forma inmediata de lucha contra el capitalismo, la forma que permite acumular más fuerzas para derrotar los poderes del imperialismo y el capital interno. Es claro, sin embargo, que es una fase en la batalla por la construcción de una sociedad socialista que presupone la superación plena del capitalismo como sistema.
En esa batalla estamos y persistiremos.