lunes, 25 de septiembre de 2023

Tesauro.

 



Comentario radial y escrito.

 


 

 


 

Hay palabras que suenan hermosas.

 

Me gustan las que se asoman enredando sus melodías en conceptos que expresan pan y vino. 

Las palabras que amo son como melgas no silentes, exigiendo siempre en rebeldía, cambios estructurales, adaptaciones. 

Pero no todo lo que suena a entenderse, se hilvana a tu cantar, a tu parecer, a tu alegría, a tu historia. 

Un prelado español con jinetas misericordiosas, Luis Arguello, manifestaba que “no hay que juzgar con la mentalidad de hoy, los abusos sexuales acontecidos hace 40 años atrás”. 

Y nosotros, dale con ponerle rostro a 50 años malditos, 50 años que han mantenido 35 años encuadernando escondrijos para enmudecer gritos de dolor y olvido. 

La palabra de un prelado me desautoriza la historia de 531 años vividos. 

Para ponerle fin a tanta muerte entre chilenos y mapuches, 15 años más tarde, despuesito de la primera junta de gobierno, la que invita hoy a bailar cueca con huaso y dama de pasarela, las autoridades criollas y de origen, llegaron a un acuerdo. 

Tratados les llamaban. El último Tratado fue en 1825 y le llamaron: De Tapihue.

 

Les aguaito 3 acuerditos. 

“17. Siendo ya una sola familia nuestros comerciantes serán tratados fraternalmente cuando se internen en sus terrenos, cuidando escrupulosamente no se les saltee y robe, y cuando se roben unos a otros, descubiertos los ladrones pagarán el duplo de lo robado, si “tubieren” con qué, y si no se castigarán con arreglo a las leyes. 

18. Los Gobernadores o Caciques desde la ratificación de estos tratados no permitirán que ningún chileno exista en los terrenos de su dominio por convenir así al mejor establecimiento de la paz y unión, seguridad general y particular de estos nuevos hermanos. 

19. Haciendo memoria de los robos escandalosos que antiguamente se hacían de una y otra parte, queda desde luego establecido, que el chileno que pase a robar a la tierra; y sea aprendido, será castigado por el Cacique bajo cuyo poder cayere; así como lo será con arreglo a las leyes del país el natural que se pillase en robos de este lado del Biobío.” 

Algunos dicen que el tiempo lo cura todo, no lo siento así; el tiempo solamente acomoda al fondo lo que incomoda, la ignorancia mansa la deja a manos, esa que mira pa arriba y obedece. 

Mas tarde, esas contaminaciones se sacuden serviles y tendrán la capacidad de flotar, como el excremento, o quizás, siempre han flotado. 

Tengo que reafirmar nuevamente que el Plebiscito Nacional de octubre de 1988 fue necesario hacerlo para impedir el desarrollo cada vez más agudo de una situación revolucionaria; radiografía política de las contradicciones de clase, alimentada por Manuel y por la política de Rebelión Popular del Partido Comunista de Chile. 

Este torrente que podría dar por el traste los anhelos fácticos de los aguaitadores, además, la crisis económica y social del país que dejaba sin piel al puma y en la caja, ya no daba para más. 

Que nos dijo y dice, ese plebiscito del 88.

 

Que el fascismo y la ignorancia chata, el riquerio, obtuvo el 43,1 % del poder votante. 

Es decir, un poco menos de la mitad del electorado chileno, el que voto por el SI, justifico la degollación de tres profesionales comunistas. 

Es una cuestión muy re triste. 

El arco iris, que ha tenido para si, 35 años para mostrar, enseñar, formar, educar a ese 43% de votantes que él fascismo es un infierno peor que la guerra. 

La Concertación ha tenido y tiene con otros apelativos, menos luz que lo oscuro. 

Como que aquí no ha pasado nada. 

Lo demuestra, nos enrostra, con mi creencia incrustada, el inmenso poder del neoliberalismo al ser rechazado el proyecto constitucional.

 

No lo puedo explicar. O quizás si. 

Los que saben argumentan que el fascismo militar y civil hizo retroceder integralmente al país unos 40 años. 

Por eso es esencial que los textos de estudios cuenten lo sucedido. La democracia se practica de acuerdo con la verdad, con el saber. 

No puedo explicarme la inmoralidad en la ignorancia de clase.

No se puede vivir como un pájaro raro.

 

Medio siglo “pegándole a la perra”. 

Es un insulto al sentido común, a la democracia, permitiendo hoy, que herederos de la infamia, sean bitácora en el pensar, en adecuar la vida de pais, zurciendo o parchando la redacción y contenidos “patrióticos” en este fraude de clase y constitucional en curso. 

Y para estar en concordancia con el suicidio de los derechos, escuchaba realidades, exigencias y augurios de los dirigentes mundiales en la 78 asamblea de la Organización de las Naciones Unidas. 

Algunos decires invitaban a la guerra, a extorsionar, a matar; otros, con la sabiduría del humanismo hablaban de acabar con la guerra, con la injusticia social. 

Algunos decires predecían si, continuamos viviendo como lo hacemos, de aquí a 30/40 años seremos todos chicharrones, si es que queda en nuestros huesos, algo de grasa para asar. 

Y yo queriendo hablar de palabras con sentido, bonitas. 

Miel, alga, azahar, morena, peumo, acequia, lluvia, arena, mar, lirio, fuego, rueda, canto, cerro, cemento, guinda, trigo, mujer, agua, nieve, vino, libro, arado, pala, sajar aceitunas, maíz, escalera, cal, manzana. Papa y cebolla. 

Si me voy por ahí, es hablar de ti y de mí; las he vivido todas, han sido mías, las he besado, las he extrañado; pero, la palabra que persigo y vivo le llaman democracia. 

Según yo, vivir en democracia, es un vivir en la que todos van mojados, bien mojados, todos se secan contentos, unos más que otros, somos diferentes, no todos son como hacha pa la pelota, pero todos quedamos satisfechos. 

Vivimos en una República, los que saben, dicen que una Republica Presidencialista, la que tenemos, el presidente es elegido en forma directa por el pueblo. Es más democrática, pá la platea, el poder emana del pueblo. 

Suena bonito, pero yo siento que: 

Si alguien no se moja, y el otro chorrea, no hay democracia. 

Si alguien esta mojado hasta el cogote y no sabe ni nadar, no es suerte ni trabajo, es corrupción. 

Si hay alguien que queda bien mojado, pega un chiflido y viene una chorrera de mojados y no mojados a secarlo, la cuestión es hedionda. Ni olor a democracia. 

Que significa para mí, pais soberano, que me dice vivir en un Estado de derecho, de libre expresión. 

Eso de la libre expresión me trae a Salomè bailándole a Herodes. Me trae a un energúmeno leyendo en el parlamento una carta que incitaba a entender y respetar los derechos humanos de los que están en Punta Peuco. 


Soberanía: Todo lo que exista en el pais, desde el Guanaco hasta el Litio es tuyo, mío y de todas ellas. Pero hay que organizarse, construir un pais no es invadir, bombardear, matar, contaminar, no es arrinconar, menos subyugar, no es apropiarse de lo ajeno. 

Hay que crear, hacer un control infinito de lo que eres, de lo que quieres, de lo que tienes, de lo que se necesita, de lo que necesitas, formarse, entender, cuidarse. 

Tu propiedad, tu país, tiene los elementos, la materia prima que los andenes y caminos de los países del mundo entero necesitan para construir sus estructuras integrales, para seguir existiendo dependen de tus pertenencias.

 

De esas cositas que hay en tu flaco país. 

La soberanía no significa solamente que el poder emana del pueblo, pá ná, significa también que tu responsabilidad social determine tu conciencia de clase. 

El estudio, el conocimiento, tú intelecto de clase, la entrega integral de tus conocimientos a tu país viste la democracia. 

El miércoles 20 de septiembre, a través de redes sociales vi una parte de la Parada Militar en Chile. 

En relación con la búsqueda de los aún desparecidos, escuche a un General de Ejército decir, que las fuerzas armadas han cooperado con la justicia y que han entregado toda la información que poseían. 

¿Quién sabrá de los 1000 que faltan?

 Más tarde, vi, a viriles soldados cantando “Los viejos estandartes” y al presidente de la república, tatareando en tribuna la melodía. 

Se nublaron mis ojos, mis manos tiritaban como “sanguche de potitos” 

Un dolor lacerante en mi cadera me tiró al suelo. Los volantines que jugaban en pantalla me miraban sorprendidos, un valiente soldado desde la pantalla me miro. Yo vomite. 

Cantaban los “Viejos Estandartes”. 

Sus hacedores, gente de derecha, fueron condecorados por el fascismo brutal y la marcha de los “4 cuartos” fue destinada a ser el himno oficial del Ejército de Chile. 

Y los medios de difusión ensalzan la cancioncita. 

“Balas desgarraron sus sedas/ Y sus estrellas muestran/Y sus estrellas muestran/Honrosas cicatrices de guerra/Y aunque pasan heridos/Van marchando marciales/Van sonriendo viriles/Y retornan invictos” 

Y para terminar de adornar la torta, mi curioso presidente saludando al presidente de Ucrania. 

Y yo que quería hacer una ronda con Gabriela. 

Se me asomo el desfile del Ejercito de los Estados Unidos de México. 

En sus escuadras marchaban rusos, nicaragüenses y cubanos.


Alejandro Fischer Alquinta. 

Estocolmo 20230924

 

 


JOSÉ MIGUEL VARAS MOREL

 

 

                                                                Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                                 Centro de Extensión e Investigación

                                                                 Luis Emilio Recabarren, CEILER

 


 

 


 

 

El sábado 29 de enero de 2011 recibí un correo que  tenía por asunto: “Detalle” y  que decía:

 

“Estimado compañero: 

Acabo de leer con gran interés la excelente síntesis biográfica de Volodia que recibí por esta vía. Todo está muy bien. 

Sólo quiero señalarte un detalle, un aspecto en que hay un error histórico. Volodia nunca fue detenido durante el régimen de González Videla, período en el que permaneció trabajando activamente en el Partido en total clandestinidad. Pero no fue enviado a Pisagua. 

Si estuvo detenido en el campo de prisioneros de Pisagua durante el gobierno de Carlos Ibáñez (1953-1958), en el año 1956. 

Me pareció necesario hacer esta precisión. 

Saludos cordiales 

José Miguel Varas”.

  

 

Esta nota,  aludiendo  a uno de mis artículos que recibía  regularmente a través del Círculo Virtual de Estudios Histórico-Políticos del CEILER, muestra a José Miguel Varas tal como era. 

Lo había conocido cuando de vuelta del retorno, me establecí en Ñuñoa. En el 2003 siendo miembro del secretariado del Comunal Ñuñoa y no conociendo aun personalmente al compañero José Miguel Varas y sabiendo que tenía ciertas reservas con el Partido, en el que ya no militaba, me atreví a invitarle a un acto sobre Pablo Neruda que realizaríamos en el salón Multiuso de Ñuñoa a mediados de noviembre de ese año. Aceptó de inmediato. Recuerdo que antes de iniciar su brillante exposición, me dijo –medio en broma, medio en serio- tal vez digo algunas cosas que a lo mejor no te gustan. 

Posteriormente, el entonces Centro de Extensión Luis Emilio Recabarren (una especie de prehistoria  del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER)  programó un panel para el jueves 22 de enero de 2004, en el Museo Histórico Benjamín Vicuña Mackena, en  homenaje  a tres dirigentes comunistas: Ricardo Fonseca, José Pino y Juan Chacón Corona. Invité para que expusiera sobre este último, al compañero  José Miguel Varas. Aceptó. Los otros panelistas fueron Hernán Soto y Mireya Baltra. Al final del evento cantamos La Internacional. Entonces vi a José Miguel entonando el himno de los trabajadores del mundo. 

 

¿QUIÉN ES JOSÉ MIGUEL VARAS?

José Miguel Varas Morel nació en Santiago  el 12 de marzo de 1928. Hijo del militar y escritor José Miguel Varas Calvo y de Elvira  Morel Hesketh, quienes tuvieron luego otros tres hijos: Elvira, Inés y Carlos Antonio. 

Estudió las humanidades en el Instituto Nacional, con excepción del 4º año que lo realizó en Punta Arenas, a donde su padre había sido destinado. Fue en esa austral ciudad donde comenzó a escribir cuando tenía 13 años de edad.

 

CAHUÍN

En 1946 ingresó a la Universidad de Chile a estudiar Leyes. Entonces trabajaba por las tardes en una Compañía de Seguros y por la noche en una radio. Por entonces, cuando tenía 18 años de edad, publicó su primer libro, “Cahuín”. 

En 1948 pasó al Instituto Pedagógico donde permaneció un año. Asistía como alumno libre a clases de Literatura y Filosofía. En 1950 apareció su segundo libro ‘Sucede’. 

Contrajo matrimonio con Blanca Rehen Pulido, con quien tuvo dos hojas: Andrea y Mariana. Trabajó como locutor en varias radioemisoras de Santiago;  y como periodista en la revista Vistazo, en 1952,  y en  el diario ‘El Siglo’, en los años 1953 a 1957.  En 1958 regresó a Punta Arenas para encabezar la radio ‘La Voz del Sur’.

 

MILITANTE COMUNISTA 

Miembro del Partido Comunista, en 1959 viajo a Praga, donde trabajó dos años y medio en la emisión en español de la Radio Checoslovaca. 

Regresó a Chile en 1961. Termina la unión con Blanca Rehen Pulido. 

Ese año fue nombrado director de El Siglo. 

En 1963 fue editada su novela “Porai”.

 

En 1964, contrajo matrimonio con Iris Largo Farías, quien regresaba de México. Tuvieron tres hijas: Ana Iris y Cristina, nacidas en Chile, e Inés que nació en Moscú.  En 1967 entró a laborar  como locutor en  Radio Magallanes de Santiago. 

En 1968 publicó “Chacón”, biografía del dirigente comunista Juan Chacón Corona. En 1969 apareció su libro ‘Lugares Comunes’, que contiene 13 cuentos.

Durante el gobierno popular presidido por Salvador Allende, fue nombrado jefe de prensa de Televisión Nacional de Chile.

 

”ESCUCHA CHILE”

Después del golpe fascista de 1973 partió al exilio. Instalado en Moscú, fue el alma del programa ¡Escucha Chile! entre 1974 y 1988, que transmitía Radio Moscú. El programa denunciaba los abusos de la dictadura de Pinochet, obtenía con frecuencia información exclusiva de Chile y rompía la censura. Oír la transmisión en esos años era motivo más que suficiente para ser detenido. La voz de José Miguel Varas fue una de las más conocidas del país. 

También colaboró en la Revista Araucaria de Chile.


RETORNA A LA PATRIA

Luego de 17 años de exilio, regresó a su patria, donde comenzó a publicar numerosos libros  tan notables como “Las pantuflas de Stalin”, en 1990;  “El correo de Bagdad”,  en 1991; “La novela de Galvarino y Elena”, en 1995; “Cuentos Completos”, en  2001;  “Milico”, “Conducta de un gato”, en 2007; “La Guachita”, que contiene 13 cuentos, “La Dama del balcón y otros cuentos” en 2009; y “Los tenaces”, crónicas y entrevistas, su última obra, en 2010.

Transmitió en cada uno de sus textos un conocimiento profundo de la naturaleza humana, a la cual miró con piedad pero también con el humor fino que le era característico.

 

 

                                        

José Miguel Varas, con su esposa Iris Largo Farías y Luis Corvalán Lépez.

 

 

DISTINCIONES 

José Miguel Varas recibió numerosos Premios y Distinciones: 

Premio Municipal de Santiago 1964; 

Premio Municipal de Santiago 1997; 

Premio del Consejo del Libro 2001; 

Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile; 

Premio Altazor 2002 

Premio Nacional de Literatura 2006; 

Premio Municipal de Santiago 2007; 

Premio Marta Brunet  2007; 

Medalla Pushkin (Rusia) 2007; 

Premio Altazor 2008; y 

Premio Altazor 2010.

 

“MILICO” 

Milico,  la obra de José Miguel Varas, publicada en año 2007,  es quizás la novela del golpe fascista del 11 de septiembre de 1973. Generosa, abre los brazos a los personajes más dispares, a los ambientes más contrastados –militares y barberos, periodistas y campesinos, hombres y mujeres–. 

Muestra las contradicciones de sus personajes. Desde el milico a la antigua, forjado en la obediencia, que desacata una orden bajo el gobierno de Ibáñez, hasta el verdugo uniformado de los 70 que cree obrar por una sociedad más civilizada; desde el hijo de caballero que deviene en militante comunista hasta la madre que abandona al hijo por otra lealtad más fuerte.


VIERNES 23 DE SEPTIEMBRE DE 2011 

José Miguel Varas Morel falleció a la edad de 83 años, en su casa de Ñuñoa,  el  viernes 23 de septiembre del 2011. Su deceso se produjo el mismo día en que había fallecido su amigo Pablo Neruda 38 años antes y a quien le dedicó uno de sus mejores libros, “Neruda Clandestino”, publicado en 2003.

 

   

 


 

 

 

 


domingo, 24 de septiembre de 2023

“Pablo Neruda y Matilde, vigilan atentos el mar”.

 



 

Luis Aguilera González, Concejal (PC), Ilustre Municipalidad de La Serena. Escritor, Secretario General de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH); Filial Gabriela Mistral, Región de Gabriela Mistral de Coquimbo. “Pablo Neruda y Matilde, vigilan atentos el mar”.

  

 

 



Ha comenzado a retirarse el mes de “Septiembre”. Es el mes de la patria en Chile, el mes de la bandera, los volantines, el mes de la chicha en cacho, las empanadas, la cueca en las ramadas, de las polleras vistosas de las chinas y las espuelas de plata de los huasos. Es el mes de la alegría nos han dicho, de los jardines floridos de la patria. Pero en este año no hay banderas ni cometas, ni pañuelos de colores, ni caballitos de dulces, todo es luto y desolación en las calles, plazas, los campos y poblaciones donde vivíamos. Lágrimas calladas de furias contenidas en muchos de nosotros. El compañero presidente Salvador Allende ha muerto en la Modena

Pablo Neruda, el poeta de la libertad y la esperanza, está gravemente enfermo –nos anuncian las noticias–, y su vida se va extinguiendo lentamente; hasta que fallece en la noche del 23 de septiembre de 1973, a sólo trece días de la gran traición; en un clima de hermética tristeza. A pesar de la naciente primavera para algunos, la mañana de aquel martes triste era demasiado fría.


Ante este espectáculo desolador, ¿qué importancia tiene ahora que la escritura vertical de las Odas elementales: “Dentro de ti tu edad/ creciendo,/ dentro de mí mi edad/ andando./ El tiempo es decidido,/ no suena su campana,/ se acrecienta, camina,/ por dentro de nosotros,/ aparece/ como un agua profunda/ en la mirada/ y junto a las castañas/ quemadas de tus ojos/ una brizna, la huella/ de un minúsculo río,/ una estrellita seca/ ascendiendo a tu boca…” ¿Sean versos endecasílabos cortados en forma arbitraria?  Lo que buena parte del Canto general, ¿sean crónicas históricas retocadas por el ritmo de la poesía?: “Lianas trepando hacia el cabello/ de la noche selvática, caobas/ formadoras del centro de las flechas, / hierro agrupado en el desván florido, / garra altanera de las conductoras…/ águilas de mi tierra, / agua desconocida, sol malvado, / ola de cruel espuma, / tiburón acechante, dentadura/ de las cordilleras antárticas…” ¿Qué importancia, tiene para quien escribió si llegaron sus poemas a un vastísimo público? “Dolores, sin remedio dolores”, como diría el ilustre don Antonio Machado.


Porque al cabo de cincuenta años de residencia en el ámbito dramático de Chile, la memoria de Pablo Neruda, nos va cruzando con las ilusiones y tristezas, se ha convertido en antorcha inextinguible y símbolo de piedra. Es un fuego inmarcesible que no termina de iluminar la noche de los desamparados, el doloroso recuerdo de los caídos, la esperanza insurgente de los humildes: “Una brasa tenaz que sigue despertando la conciencia universal del hombre y su destino”.


Símbolo de piedra, decíamos eso es Pablo Neruda: un monumento vivo, imprevisible, trastornador, demasiado terrenal para su gloria, cuya presencia obsesiva es prematura para una conversación con las estrellas: “Sucede que a veces me canso de ser hombre/ y es tal vez porque quiero alcanzar las estrellas; pero mi alma/ se avergüenza de mi raza/ y en mi boca/ no se apaga la sed…”


Su amplitud está más allá de la frontera estética o política. Lo hizo todo, vivió con asombrosa intensidad, vio todo lo que tenía que ver en el momento preciso, fue testigo emocional y pavoroso de su tiempo. En la poesía tuvo un sentido mágico de las esencias, creó y transformó las formas a su amaño, sublimó las estructuras conocidas y abrió caminos entre las breñas, agotó cauces y fuentes, fundó ciudades de lenguajes íntimos, se tendió a soñar bajo las estrellas, la lluvia; y despertó azorado con el color de la materia humana, se fundió al enigma de la expresión más ávida, y cuando todo estuvo hecho, comenzó a nacer, a ser él mismo confundido en los otros, uno distinto en su virtud genésica: “Sube a nacer conmigo, hermano./ Dame la mano desde la profunda/ zona de tu dolor diseminado./ No volverás del fondo de las rocas./ No volverás del tiempo subterráneo./ No volverá tu voz endurecida./ No volverán tus ojos taladrados./ Mírame desde el fondo de la tierra,/ labrador, tejedor, pastor callado:/ domador de guanacos tutelares:/ albañil del andamio desafiado:/ aguador de las lágrimas andinas:/ joyero de los dedos machacados:/ agricultor temblando en la semilla:/ alfarero en tu greda derramado:/ traed a la copa de esta nueva vida/ vuestros viejos dolores enterrados…”


Pocos escritores en la historia de la poesía han tenido el vigor de generar tan alto grado de pasión enaltecedora, pasión que ha conmovido durante más de medio siglo, a varias generaciones de lectores de las más diversas latitudes y de preferencias muy disímiles. La singular hazaña sólo fue posible gracias a su condición de humanista superior, que supo interpretar la problemática individual y colectiva de una época en las distintas etapas de su desarrollo: configurando a la postre un amplio territorio emocional, donde encuentra cabida tanto los sentimientos más íntimos del adolescente atormentado, como los complejos e inusitados avatares del transcurrir histórico. “Hombre-pueblo-individúo-multitud”, se enlazan en la unidad indivisible que da categoría, contenido, trascendencia y universalidad. Y que por ello es capaz, a su manera, de transformar el mundo emocional, de sensibilizar la vida y darle dignidad a la experiencia humana.


12 de diciembre de 1992: Pablo y Matilde se reintegran a su domicilio, estarán por fin en casa. Abajo, en la playa el suceso será celebrado como el difícil regreso de Ulises, como una ardua proeza, que entrará en la historia, entrañando una reafirmación no de la muerte, sino de la vida. De una vida activa.


Porque no nos equivoquemos repitiendo el lugar común sobre el eterno reposo. Pues el poeta seguirá trabajando, como lo hizo allí durante tantos años, escribiendo en una mesita junto al océano o al lado del fuego de la chimenea. Allí su poesía predijo esta hora y su programa de acción: “Compañeros, enterradme en Isla Negra/ frente al mar que conozco, a cada área rugosa/ de piedra y de/ las que mis ojos perdidos/ no volverán a ver…” Simplemente pondría en práctica lo que dejó estampado en estos versos: “yo no voy a morirme. Salgo ahora, /en este día lleno de volcanes/ hacia la multitud, hacia la vida…” O bien: “Junto a esta piedra no reposo. / Trabaja el mar en mi silencio.”


Ya todos se han ido en esta tarde. Y en el promontorio más cercano a las olas, vigilan atentos Pablo y Matilde. Al frente, el mar, inmenso. Por él les llega el tiempo, ráfagas de tiempo, cuotas de tiempo inacabable que comienza. Arriba, los pájaros trazan su libre geometría. Abajo, las “piedras de Chile”: “…Ágatas arrugadas de Isla Negra,/ sulfúricos guijarros/ de Tocopilla, como estrellas rotas,/ caídas del infierno mineral,/ piedras de La Serena que el océano/ suavizó y luego estableció en la altura,/ y de Coquimbo el negro poderío,/ el basalto rodante/ el Maitencillo, de Toltén, de Niebla,/ del vestido mojado/ de Chiloé marino,/ piedras redondas, piedras como huevos/ de pilpilén austral, dedos translúcidos/ de la secreta sal, del congelado/ cuarzo, o durísima herencia/ de Los Andes, naves/ y monasterios/ de granito.”


Por todas partes, el aire de las odas. Ya todos se han ido, tras dos días de muchas horas de acompañamientos y labores: “Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo/ por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer?/ Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal,/ francamente no se trata de molestar a nadie,/ es tan sencillo: somos pasajeros./ Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros:/ pasa el mar, se despide la rosa,/ pasa la tierra por la sombra y por la luz,/ y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros./ Entonces, qué les pasa?/ Por qué andan tan furiosos?/ A quién andan buscando con revólver?/ Nosotros no sabíamos/ que todo lo tenían ocupado,/ las copas, los asientos,/ las camas, los espejos,/ el mar, el vino, el cielo…”


Pero, ¿quiénes eran esos “Todos”, acaso estaba la muchacha que en el otoño llevaba “La boina gris”: “Te recuerdo como eras en el último otoño. / Eras la boina gris y el corazón en calma. / En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. / Y las hojas caían en el agua de tu alma…” Y el corazón en calma y los muchachos de las camisas amarantos. Alegres, bellos en su rebeldía, y de la mano con el amor. Marineros de “Cada puerto”: “Amo el amor de los marineros/ que besan y se van. / Dejan una promesa. / No vuelven nunca más. / En cada puerto una mujer espera: / los marineros besan y se van. / Una noche se acuestan con la muerte/ en el lecho del mar…” Claro que sí, los compañeros de las minas, los campesinos, pescadores y todos sus compañeros de partido, los que desafían el vértigo de los andamios, la mujer chilena: “Ay, cuándo, cuándo, ay, cuándo, de ojos serenos y abrazos muy dulces…”; pero siempre llevará presente a sus compañeros y a su partido, el Partido Comunista, que le enseñó a dormir en las camas duras de sus hermanos: “Me has dado la fraternidad hacia el que no conozco. / Me has agregado la fuerza de todos los que viven. / Me has vuelto a dar la patria como en un nacimiento. / Me has dado la libertad que no tiene el solitario. / Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego. / Me diste la rectitud que necesita el árbol. / Me enseñaste a ver la unidad y la diferencia de los hombres. / Me mostraste cómo el dolor de un ser ha muerto en la victoria de todos. / Me enseñaste a dormir en las camas duras de mis hermanos. / Me hiciste construir sobre la realidad como sobre una roca. / Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético. / Me has hecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría. / Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mí mismo.”


Entonces, comienza la jornada para siempre inconclusa. Cuidar el huerto de la patria. Atender el dolor. Calmar angustias. Desde lejos acompaña el horizonte: sobre su límite de cuchillos, como a caballo de “un caballo vago y de sueños”: “Innecesario, viéndome en los espejos/ con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles, / arranco de mi corazón al capitán del infierno,/ establezco cláusulas indefinidamente tristes./ Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,/ converso con los sastres en sus nidos:/ ellos, a menudo, con voz fatal y fría/ cantan y hacen huir los maleficios…” “Los crepúsculos de Maruri”: “Y este silencio que lo llena/ todo, / desde qué país de astros/ se vino solo? / Y por qué esta bruna/ –plúmula trémula–; / beso de lluvia/ –sensitiva– / cayó en silencio –y para siempre– / sobre mi vida?…”, atardeceres de una juventud solitaria de estudiante flaco y desgarbado. Y al oriente, la “Casa de las flores”: “PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?/ Y la metafísica cubierta de amapolas?/ Y la lluvia que a menudo golpeaba/ sus palabras llenándolas/ de agujeros y pájaros?/ Os voy a contar todo lo que me pasa./ Yo vivía en un barrio/ de Madrid, con campanas,/ con relojes, con árboles./ Desde allí se veía/ el rostro seco de Castilla/ como un océano de cuero./ Mi casa era llamada/ la casa de las flores, porque por todas partes/ estallaban geranios: era/ una bella casa/ con perros y chiquillos./ Raúl, te acuerdas?/ Te acuerdas, Rafael?/ Federico, te acuerdas/ debajo de la tierra,/ te acuerdas de mi casa con balcones en donde/ la luz de junio ahogaba flores en tu boca?/ Hermano,/ hermano!/ Todo…” Y los combates, cuando fue la hora de tomar en las manos su parte de la esperanza.


Sí, Pablo y Matilde ya han regresado a casa en Isla Negra. Retoman el dominio de sus pasos. Ya no navegarán en las tinieblas. Y tanto por hacer. Son rudas las faenas del poeta cuando es mucho el dolor, cuando hay que abrir tanto camino está lista la pala y el verbo. ¡A trabajar, hermanos! Qué están esperando, “con ardiente paciencia”, las anchas Alamedas, y que ya ha trazado el camino hacia las Espléndidas Ciudades…

 

 


 

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Luis E. Aguilera

Secretario General

Sociedad de Escritores de Chile (SECH),

Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo

Fonos (56-51) 227275  Celular 90157729

luiseaguilera.57@gmail.com

luiseaguilera02@gmail.com

www.luiseaguilera.cl

La Serena - Chile

 

 


sábado, 23 de septiembre de 2023

LA MUERTE ¿ASESINATO? DEL POETA

 


 

 

                                                             Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                             Centro de Extensión e Investigación

                                                             Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

 

 


El conocer la verdad sobre la muerte ¿asesinato?  de Pablo Neruda en la Clínica Santa María el 23 de septiembre de 1973 tiene no sólo para los chilenos enorme importancia. Ello traspasa nuestras fronteras. 

En este trabajo intentamos sólo mostrar algunas informaciones que hemos logrado reunir.

 

EL TESTIMONIO DE MANUEL ARAYA

El martes 21 de noviembre de 1972, Pablo Neruda  retornó a  la patria desde Francia, después de haber cumplido su misión como Embajador ante el Gobierno de ese país y ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1972. 

Poco después un joven de 26 años, llamado Manuel Araya, pasó a ser  su guardaespaldas, su secretario y su chófer. 

Araya recuerda: “Con él viví en la casa de Isla Negra. Neruda tenía flebitis en la pierna derecha y cojeaba a veces. Estaba en tratamiento de cáncer de próstata pero no estaba agónico. Era un hombre de más de cien kilos, robusto, de buena mesa y fiestas, y muy cordial y bueno con la gente”.


EL DÍA DEL GOLPE FASCISTA

“El 11 de septiembre de 1973 -prosigue Manuel Araya- cuando Pinochet da el golpe de Estado, estábamos en Isla Negra. Ese día él iba a hacer una especie de inauguración de Cantalao, unos terrenos que había comprado, en El Quisco, donde quería construir una residencia para escritores de todo el mundo. Pero a las cuatro de la mañana oí la campanita con la que él me llamaba para decirme que acababa de escuchar en una radio argentina que se preparaba un golpe de Estado. Ese día entran en el palacio de La Moneda y asesinan a Allende. Yo había aflojado unos tubos del televisor para que él no viera lo que pasaba. Pero se entera, claro. Todo el país entra en toque de queda. Nos quedamos sin teléfono. Isla Negra se llena de carabineros. ‘Nos van a matar a todos’, decía don Pablo. Hablaba de la Guerra española, de lo que hizo Franco… Neruda se daba valor”.

 

MILITARES ALLANAN HOGAR DE NERUDA

“Al día siguiente, -continúa Araya-  ponen frente a Isla Negra un buque de guerra con cañones. El embajador de México le ofrece asilo. El día 14 llegan los militares y allanan la casa. Nos asustamos. Neruda habla con su médico, el doctor Roberto Vargas Salazar, que le dice que el 19 de septiembre en la Clínica Santa María se iba a quedar vacía la pieza 406. Los militares no le querían dar el salvoconducto, así es que se tuvo que decir que estaba mal y debía salir para recibir tratamiento; la única forma de sacarlo era por razones humanitarias”.

 

 

 


 

EL LARGO VIAJE A LA CAPITAL

“El día 19 viajamos en el auto, de Isla Negra a Santiago. Tardamos como unas cinco horas, cuando lo normal eran dos. Fue un día horrible. Nos detuvieron varias veces. En Melipilla nos hicieron bajar y tirar al suelo. Nos hicieron pasar miedo. El hostigamiento fue terrible. Llegamos como a las seis de la tarde. No dejamos solo a Neruda nunca. Todos los días me quedé a dormir por las noches, sentado en una silla, y Matilde en una salita de la entrada principal de la pieza”. 

“El día  sábado 22 le entregan el salvoconducto y acuerda con el embajador mexicano, Gonzalo Martínez Corbalá, viajar el lunes 24.  Ese mismo 22 lo visita en la Clínica Radomiro Tomic y le cuenta que Víctor Jara fue asesinado. Neruda se desespera». 

Manuel Araya tenía 27 años aquel sábado 22 de septiembre de 1973, víspera de un viaje de Neruda a México.

 


DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE DE 1973

«Al día siguiente, domingo 23, me dice que vaya a Isla negra con La patoja, como le decía a Matilde, a traer el equipaje. Nos vamos y él se queda con su hermanastra Laurita. Cuando estamos casi de vuelta, a las cuatro de la tarde, él llama a la Hostería Santa Helena y pide que le digan a Matilde que se vaya como un tiro para la clínica. Cuando llegamos veo a Neruda con la cara roja. ‘¡Qué pasa don Pablo!’, le pregunto. ‘Me pusieron una inyección en el estómago y me estoy quemando por dentro’, me contestó. Fui al baño, cogí una toalla, la mojé y se la puse en el estómago. Cuando estoy en eso entra un médico y me dice: ‘Como chófer debe ir a comprar Urogotán’, yo no sabía qué era, solo después supe que era para la gota”. 

Eran cerca de las seis y media de la tarde, cuando Manuel Araya  salió corriendo de la Clínica Santa María, de Santiago de Chile, cogió el Fiat 125 blanco y se fue a comprar el medicamento. Cuatro militares con metralletas lo detuvieron.

 

Araya les explicó quién era: 

-“Soy el secretario, el chófer y la persona que cuida de don Pablo Neruda, el Nobel de Literatura, y voy a comprarle un medicamento urgentemente”. 

Lo  bajaron del auto, recibió insultos, golpes, un disparo en una pierna… Después  lo llevaron a una comisaría donde fue interrogado y torturado. Luego,  dejado en el campo de prisioneros del  Estadio Nacional.  Allí pasó la noche. Al día siguiente, el arzobispo Raúl Silva Henríquez lo reconoció. Tras la sorpresa inicial le dijo: 

-“Manuel, fíjese que anoche murió Pablito, a las diez y media’. Araya exclamó:

-“¡Asesinos!”.

 

El arzobispo pidió a los militares que sacaran al chófer del Estadio. Sólo se logró 42 días después. Salió con ropas prestadas, una barba muy larga y 33 kilos de peso. Pero su calvario recién  acababa de empezar.

   

AÑOS DE PENURIAS

Desde la muerte de Pablo Neruda no se tuvo noticias de  Manuel Araya. Aseguró después que  tal vez, se salvó una segunda vez de la muerte, cuando, el 22 de marzo de 1976, su hermano Patricio fue hecho desaparecer al ser confundido con él. También, que mataron a Homero Arce, secretario personal de Pablo Neruda, en 1977. 

Dijo: “A todos los colaboradores de Neruda los hicieron desaparecer. Yo soy la parte principal que queda viva”. 

“Un día volví a Santiago para no seguir exponiendo a mi familia. Vivía casi escondido en la casa de unos amigos. No tenía carné de identidad, ni de conducir. Nadie me daba trabajo, hasta que en 1977 empecé de taxista. La dictadura terminó en 1990. Dos años después, empecé a trabajar en Pullman bus, en la parte administrativa, hasta 2006, cuando me jubilé». 

Su contacto con Matilde Urrutia, la tercera mujer de Neruda, que falleció en 1985, no continuó. Porque ella se negó a hablar del  asesinato.  Quedaron enemistados.

 

QUERELLA DEL PARTIDO COMUNISTA

En el año 2011 un periodista de la revista mexicana ‘Proceso’ publicó su historia. En ella, Manuel Araya entregó su testimonio sobre la muerte del poeta. 

El martes 31 de mayo de 2011, el  Presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, junto a los abogados Eduardo Contreras y Julia Urquieta,  presentaron  una querella con el objetivo de aclarar la muerte de Pablo Neruda. 

En la ocasión, Guillermo Teillier aseguró: “Esta querella ha sido presentada porque han surgido versiones que desmienten lo que hasta ahora considerábamos la versión oficial sobre la muerte de Pablo Neruda” 

A su vez, explicó el abogado Eduardo Contreras: “El Partido Comunista de Chile presenta esta querella porque el conjunto de evidencia registrada en los últimos meses señala claramente que hay una duda legítima respecto de esta presunta muerte natural del poeta Pablo Neruda. 

Al testimonio del compañero Manuel Araya, se suman declaraciones de varias personas, entre ella el ex Embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez, que tuvieron con Pablo en día anterior a su muerte. En dicho testimonio, Martínez asegura que el poeta “podía conversar tranquilamente, caminó por la pieza, intercambiamos opiniones políticas, describió qué objetivos finales quería llevar en su viaje a México. Expresó dudas de irse del país, porque dijo que quería compartir la suerte de su pueblo”.

  

LA EXHUMACIÓN DEL CUERPO DEL POETA

En 2013 el juez Mario Carroza, que anteriormente había abierto una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte de Neruda, ordenó, después de 20 meses de interrogatorios y pericias, la exhumación del cuerpo del poeta. 

La Fundación Neruda, que (“curiosamente”) en un principio se oponía a ello por considerarlo una profanación, finalmente lo aceptó declarando confiar en que "el examen tanatológico contribuya a aclarar las dudas que pudieran existir respecto de la muerte del poeta" 

Los preparativos para la exhumación comenzaron en Isla Negra el 6 de abril de 2013 con la instalación de una carpa en el lugar de su sepultura  y el 8 se efectuó la diligencia, que duró una hora y dieciocho minutos. 

Ese mismo día los restos de poeta llegaron al Servicio Médico Legal de Santiago, en vistas a análisis a realizar en laboratorios chilenos y extranjeros. 

En noviembre de 2913, Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal de Chile, dio a conocer los resultados de los exámenes toxicológicos realizados en EE.UU. y España, que descartaron que Neruda hubiera sido envenenado y confirmaron que falleció producto de un avanzado cáncer de próstata.

 

APORTES DE BACHELET Y AMORÓS

Sin embargo, Rodolfo Reyes, sobrino del poeta, insistió en que terceras personas están involucradas en la muerte de Neruda y anunció que pedirían nuevas diligencias. 

En enero de 2015 la presidenta Michelle Bachelet designó a unos abogados para que investigaran el caso de la muerte del poeta en el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. El 25 de marzo de ese año enviaron la conclusión de sus investigaciones al magistrado Mario Carroza Espinosa encargado del proceso de la muerte del poeta, quien lo incorporó en el secreto del sumario. 

Este documento fue dado a  conocer públicamente por el historiador y escritor español Mario Amorós en su biografía de Pablo Neruda “El Príncipe de los Poetas”. 

Este informe, basado en pruebas testimoniales y documentales y redactado por Francisco Ugás Tapia, Rodrigo Lledó Vásquez y Hugo Pavez Lazo —secretario ejecutivo, jefe del Área Jurídica y abogado, respectivamente, de dicho Programa—concluye  que "resulta claramente posible y altamente probable la intervención de terceros en la muerte" de Neruda. 

Este aporte de Mario Amorós hizo que el caso saltara nuevamente a la palestra.

 

LAS DUDAS PERSITEN

Las dudas sobre la causa de la muerte de Neruda persistían debido a que, según se informó en mayo de 2015, especialistas españoles habían encontrado en los restos del poeta el estafilococo dorado  una bacteria ajena a los tratamientos del cáncer y que, cuando es alterada, resulta altamente tóxica y puede acelerar la muerte de una persona. Dos laboratorios, uno en Canadá y otro en Dinamarca, iniciaron en febrero de 2016 una serie de peritajes para tratar de determinar si hubo o no alteración del estafilococo. 

Un análisis científico reveló el viernes 20 de octubre de 2017 que el poeta chileno y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, no murió a causa de una caquexia cancerosa provocada por el cáncer de próstata que padecía, como aparece en su certificado de defunción. 

Pese que aún se desconoce la causa específica del deceso del escritor, "la caquexia está descartada. Eso está claro", aseguró el juez especial Mario Carroza, en una conferencia de prensa realizada en Santiago de Chile. 

Desde el martes 17 de octubre de 2017 , 16 expertos y peritos de España, Estados Unidos, Dinamarca, Canadá, Francia y Chile compartieron sus estudios y análisis en la capital chilena. 

La Fundación Neruda, a través de su director ejecutivo Fernando Sáez, declaró al respecto que "esta noticia no es ninguna noticia", que se trata de "una presunción de ellos" y que cualquier información fidedigna sobre el fallecimiento del poeta depende ahora de los resultados científicos. 

El reentierro  de los restos de Neruda en su tumba en Isla Negra estuvo a cargo de funcionarios del SML y de la PDI y se realizó   el  26 de abril de 2016. El día anterior se celebró un funeral popular en el ex Congreso Nacional.

 

 




          

 


 

El compañero Manuel Araya espera el veredicto. Su última misión con Pablo Neruda está cumplida. Lo han escuchado. 

 

OTRO TESTIMONIO

El periodista y documentalista brasileño Frederico Füllgraf, acreditado en Chile durante  el Gobierno de Salvador Allende,  publicó a finales del año 2013 el reportaje: “Crónica de un presunto asesinato” en el número 70 de la revista “Brasileiros”, emitida en Sao Paulo, en la cual narra su cobertura de la exhumación de Pablo Neruda en Isla Negra. 

Frederico Füllgraf descubrió fotografías de Pablo Neruda ya fallecido en la Clínica Santa María. Desde ese entonces se reconstruyen los hechos, y se produjo un vuelco total en la versión oficial entregada por la junta militar en los tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet. 

Mientras Füllgraf realizaba su investigación,  señaló que las imágenes fueron capturadas el día 24 de septiembre de 1973 por el fotógrafo brasileño Evandro Teixeira, corresponsal en Chile del entonces periódico "Resumen", quién junto con el periodista Paulo César de Araújo, cubrieron el golpe militar de Pinochet a solo días del 11 de septiembre.

 

Cuarenta  años después, Frederico logró ubicar al fotógrafo en Brasil y lo entrevistó.

 

Araújo entregó las fotos a la familia del poeta, y comenzaron a circular por distintos medios de comunicación en el mundo, incluso en un extenso reportaje en la revista “Proceso”, de México. 

Según señala dicha investigación, el supuesto médico a cargo, habría inyectado un veneno al poeta. Según el informe indica que el director de la Clínica Santa María, -recinto hospitalario donde murió Neruda-, asegura que el escritor falleció "víctima de una infección urológica [o urinaria] crónica y flebitis". 

Neruda no estaba tan desnutrido. En las imágenes el poeta aparece muerto con sus habituales kilos de más, lo que, según el autor del escrito presenta "una contradicción del informe médico. El certificado de defunción decía: "caquexia" –estado degenerativo y desnutrición extrema-, pero ese diagnóstico parece ser de otra persona, no de Pablo Neruda". 

En la investigación, el texto se alude también a una noticia publicada por el 'Jornal do Brasil' al día siguiente de la muerte del poeta. En el artículo, que lleva por título 'Neruda morre em Santiago' aparece un Boletín Médico que le dio el presunto "director" de Clínica Santa María al fotógrafo Evandro Teixeira, en el que se afirma que Neruda falleció como "víctima de infección urológica [o urinaria] crónica y flebitis, conforme diagnosticó en la tarde [del día 23] el médico Sergio Drapper" (24/09/1973). 

Cabe destacar, que en la misma clínica donde falleció Pablo Neruda en 1973, murió años más tarde, en 1982, el expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), cuyo deceso se atribuyó entonces a motivos de salud, hasta que en 2006 se probó que fue asesinado con gas mostaza y talio y finalmente a finales de enero del 2019, el ministro en visita Alejandro Madrid dictó sentencia contra seis involucrados en la muerte del expresidente Eduardo Frei Montalva, incluido su chofer.

 

La investigación confirmó que se trató de un homicidio coordinado por la dictadura. 


De estas investigaciones depende que el mundo sepa la verdad.