sábado, 27 de marzo de 2021

ROLANDO CARRASCO MOYA

 


A 7 años de su partida física:

 

 

 

                                         Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                          Centro de Extensión e Investigación

                                          Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

                        


 

Por su veracidad, por su estilo directo, por la fuerza misma del drama que refleja y por estar escrito con fe rabiosa en que volveremos a levantarnos; "PRIGUÉ" (Prisioneros de Guerra) será para el pueblo de Chile una valiosa contribución a su victoria.

                                                                                 LUIS CORVALAN

                                                                           Moscú, Mayo de 1977.

 

 

Hace siete años, un correo fechado el jueves 27 de marzo de 2014 me trajo la mala noticia: había muerto Rolando Carrasco, escritor, camarada, amigo y “estafeta”. 

Explico esto último. Entre septiembre de 1962 y marzo de 1963 participé en una escuela en Moscú. Antes de partir me instruyeron en el sentido que toda correspondencia desde y hacia Moscú debía hacerse a través de Praga. Y me dieron el nombre de un compañero que no conocía: Rolando Carrasco, que era corresponsal de El Siglo en la capital de Checoslovaquia.  Fue así como mi entonces desconocido camarada me sirvió de enlace con mi compañera durante seis meses.

 

CORRESPONSAL DE EL SIGLO

Rolando Carrasco Moya había nacido en Santiago en 1929. A los 16 años de edad ingresó a las filas comunistas en el Liceo Miguel Amunátegui. Como periodista de prensa y radio laboró en distintos periódicos y emisoras.

Trabajó en Praga y Moscú como corresponsal de El Siglo.

 

EL DÍA DEL GOLPE

Al producirse el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973 era responsable de la radioemisora “Luis Emilio Recabarren” propiedad de la Central Única de Trabajadores de Chile.

Así describió  lo ocurrido el  día del golpe en libro “Prigué” (“Prisionero de Guerra”) escrito en el exilio:

 

“Quedábamos tres emisoras populares en el aire, Magallanes, la Radio IEM, del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile y nosotros, la radio de la CUT, Luis Emilio Recabarren. Las demás de izquierda dejaron de transmitir minutos antes bombardeadas sus plantas por los rockets de los Hawker Hunter...

“Silenciaron  la radio IEM, Magallanes y nosotros nos mantenemos en el aire. Repetimos el llamado de la CUT. ‘Permanecer en sus lugares de trabajo’. Intercalamos el Himno de la CUT.

         ‘Aquí va la clase obrera

          hacia el triunfo

          querida compañera.

          Y en el día que yo muera

          mi lugar lo ocupas tú’...

 

“Hay trabajadores en la Plaza de la Constitución pidiendo armas.

Llamado de la planta.

-        Compañeros, vuelven los aviones. ¿Bajo el equipo de emergencia?

-        Déjelo funcionando y aléjese. Partió el relevo.

Tiroteo en los alrededores. Nuestra ubicación en el piso trece nos permite ver el Palacio de La Moneda. Puertas y  ventanas permanecen cerradas. En el mástil flamea la bandera presidencial. Allí no se rendirán.

En el edificio vecino,  el del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile, suenan disparos. A su costado se encuentra el diario ‘El Mercurio’. Caen vidrios quebrados a la calle.

Las emisoras más potentes de la izquierda siguen calladas, Corporación y Portales.

Pero Magallanes se mantiene. Posee buen alcance. Repite el discurso de Allende que escuchamos fragmentariamente. Nosotros nos mantenemos en el aire por casualidad...

“Hay tanques rodeando La Moneda... Quebrazón de vidrios en nuestro edificio. Cerramos las persianas metálicas. Balacera generalizada en el centro. Abajo, en la calle, soldados disparan hacia el Palacio de Gobierno.

Magallanes sigue en el aire. Transmitía Ravest, ahora lo hace Sepúlveda.

La cadena de emisoras de la Junta lee bandos. Repite amenazas. Regirá toque de queda. Nadie debe venir al centro. Marchas militares.

-        Seguiremos en el aire todo lo que podamos, anunciamos.

Podemos poco. Silencian la planta. Le dieron a nuestra antenita de repuesto. El magneto directo no contesta...

“Temblor. Explosión abajo. Como si hubieran derribado la puerta del edificio con dinamita. Caen vidrios rotos. Ordenes, Tableteos. Desde la Alameda humean disparos... Caen trozos de enlucido. Permanecemos agachados en los estudios, salas de control, los demás sentados en el suelo con las espaldas afirmadas a las puertas de los ascensores. Los vidrios de las oficinas también desaparecen desparramándose hacia la calle y los escritorios. Algunos impactos dan en la consola. Pierde velocidad el disco del Himno de loa CUT. Engruesan las voces que cantan. Alargamiento gomoso:

         ‘y el día que yo mueraaa, mi luugaaaarrr...!

Después el silencio.  Sólo los disparos. Únicamente las explosiones. Nada más que el retumbar del cañoneo. Exclusivamente las ametralladoras

Inactivos nos miramos las caras. Y entonces comenzamos a comprender la situación, el peligro...”

 

 

DETENIDO

Fue detenido ese mismo día, junto con su compañera Anita Mirlo, mientras estaba en su puesto de director de la radio. Lo condujeron al Ministerio de Defensa, de ahí al Estadio Chile. Después al Estadio Nacional. Más tarde a  los campamentos de Chacabuco, Tres Álamos, Ritoque y posteriormente de nuevo a Tres Álamos. Durante dos años vivió como prisionero de guerra, para ser luego lanzado al destierro.

 

LLEGANDO A CHACABUCO

Estando en el exilio, en septiembre de 1976, la Organización Internacional de Periodistas, en su  VIII Congreso reunido en Helsinki, premió a Rolando Carrasco con la Medalla de Oro “Julius Fucik”.  Fue el primer periodista latinoamericano laureado con tan alto reconocimiento internacional.

Entre muchas otras experiencias relatadas, elegimos la descripción que Rolado Carrasco realizó sobre su llegado al campo de prisioneros en la ex oficina salitrera de Chacabuco:

 

 


 

“La estación de ferrocarril al fondo de la pequeña hondonada es una plancha de cemento resquebrajada pegada a los rieles. La encierran cerros de piedras y costras de caliche. No hay techo, casa, ni siquiera boletería. Una tabla clavada a un poste: "Chacabuco". Un camino de tierra suelta dobla a la derecha perdiéndose al lado de un cementerio semi derruido. (Aún se distinguen los colores borrosos de las coronas de papel sobre las tumbas apelmazadas en la arena). Aire transparente, enrarecido, sin fragancias vegetales. Sequedad volcánica. Ni árboles ni pasto, ni nubes, ni pájaros. La potencia del sol escuece la piel.

El trencito que nos trae pitea y se detiene. Soldados en la plataforma delantera y trasera de cada vagón. Humedecidos por la transpiración, sedientos, adormilados, nos levantamos de los dos únicos asientos pegados uno frente al otro en los laterales. Amontonamos pertenencias personales, maletas, bolsas. canastos, paquetes y nos disponemos a acatar la orden de bajar a la pampa.

Formamos en la profundidad de un embudo muy extendido. Los bordes superiores sirven de posiciones de combate a la tropa controlándonos con fusiles automáticos. Algunos vehículos blindados nos indican con sus ametralladoras pesadas. Silencio absoluto. La temperatura bordea los cuarenta grados con casi nula humedad relativa.

-- Numerarse.

- Los primeros cincuenta al camión. Con todas sus cosas y a la carrera. Proceder.

Un camión militar desocupado nos muestra el trasero desde veinte metros. En la portezuela de la cabina lleva el consabido: PAM (Pacto Ayuda Militar de Estados Unidos). Corremos hacia él, lanzamos el equipaje y subimos. Ayudamos a los más viejos. Alzamos a los temporalmente inválidos. Nos adelanta un blindado y otro nos escolta atrás. Bamboleándonos, pisoteándonos cuando el camión parte, buscamos asidero en los compañeros. Algunos caen. Vamos enredados en flecos de tierra blanquecina, salobre, por un sendero de recovecos entre grandes piedras y trizaduras calcinadas. Avanzamos a sacudones. De pronto eludimos una franja de tierra arada. Los surcos guardan la carga explosiva de las minas. Más allá del campo minado aparecen las paredes amarillentas de Chacabuco, la oficina salitrera abandonada, amurallada en réplica subdesarrollada de una fortaleza medieval. Traspasamos los portones de calamina, doblamos por un patio recién regado, nos detenemos brevemente ante un segundo portón y continuamos. Este último, armazón de maderas y alambre, es nuevo. No es como el anterior, tan antiguo como Chacabuco. Un portón de reja abriendo y cerrando el límite del espacio separado del mundo por alambradas, torres, electricidad, fusiles. El campo de concentración propiamente tal, de dos cuadras de ancho por cuatro de largo. Ocho torres de troncos con plataformas para los centinelas. Adentro, ordenamiento simétrico de casas entre las que nos desplazamos. El camión frena en una cancha de fútbol.

- Bajar y formar.

Los blindados giran y desaparecen escoltando al camión que parte a traer otros cincuenta.

Formamos hombro con hombro.

- Separarse diez pasos. Abran maletas y bolsas, todos sus cachureos. Extender todo en el suelo. Queremos verlo todo. Saqúense también la ropa. Ya pues, empelotarse. Les trajinaremos hasta el agujero. Rápido. Proceder…”

 

 

 






A 85 AÑOS DEL FRENTE POPULAR EN CHILE

 

 

                                                       Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                        Centro de Extensión e Investigación

                                                        Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

Entre 1929 y 1933 el capitalismo entró en una crisis sin  precedentes. En Estados Unidos, país en que la  crisis se había iniciado en 1929, la producción industrial se  derrumbó y los cesantes sumaban 16 millones. La crisis alcanzó a todo el mundo capitalista. Sólo la Unión Soviética se vio libre de ella.

 

La crisis agudizó la lucha de clases. Los conflictos sociales se intensificaron. Se produjo el ascenso del movimiento obrero internacional, lo que unido a la atracción que ejercía la Unión Soviética sobre las masas populares, obligó a la burguesía a buscar un nuevo sistema político. La democracia parlamentaria no servía para contener las aspiraciones de los trabajadores. Se necesitaba otra forma de dominación que destruyera las organizaciones obreras, que impidiese la existencia de éstas y que controlara férreamente a los trabajadores. Esta forma de dominación fue el fascismo.

En 1922 llegó al poder el fascista  Benito Mussolini  en Italia. El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller en Alemania y en seis meses implantó la dictadura  nacionalsocialista en ese país. Se impuso la sangrienta represión contra los trabajadores y todos los que se opusieran al Tercer Reich. Al mismo tiempo, se hicieron evidentes los peligros de una guerra mundial.

 

LA INTERNACIONAL COMUNISTA: A DETERNER EL FASCISMO Y LA GUERRA

 

 


                                

Del 25 de julio al 20 de agosto de 1935 se realizó en Moscú el VII Congreso de la Internacional Comunista. Concurrieron 513 delegados de 65 partidos comunistas y organizaciones afines. Estuvieron presentes personalidades como Dolores Ibarruri, Ho Chi Ming, Palmiro Togliatti, Jorge Dimitrov. También Carlos Contreras Labarca, Secretario General del Partido Comunista de Chile. 

Ese importante evento mundial llamó a constituir amplios frentes antifascistas en todos los países, los frentes populares, y crear gobiernos de frente único antifascista

 

CHILE A FINES DE 1935 

En Chile, los comunistas invitaron  a los partidos del Block  de Izquierda a formar el Frente Popular. No hubo respuesta alguna.

Mejor recibimiento tuvo la proposición comunista entre otras colectividades. Relata Elías Lafertte, en “Vida de una Comunista”:

"Algunos políticos de diferentes partidos, acogieron la idea con enorme entusiasmo, como Rossetti, Justiniano Sotomayor y, sobre todo, Juan Antonio Ríos, que era Presidente del Parti­do Radical... Ríos nos ayudó mucho en las gestiones prelimina­res para formar el Frente Popular. Hubo ocasiones en que el Se­cretario General del Partido Comunista tenía que sostener entrevistas con otros políticos a escondidas de la policía. Pues bien, muchas de estas  conversaciones se desarrollaban en el automóvil de Juan Antonio Ríos, manejado por él mismo”.

 

LA UNIDAD SURGE DESDE LA BASE 

El 3 de febrero de 1936 estalló una huelga ferroviaria. Los trabajadores protestaban contra la arbitraria medida del go­bierno de Arturo Alessandri Palma  de negarse a pagar una gratificación que obreros y empleados de esos servicios habían conquistado dos años atrás.

Las tres organizaciones sindicales del sector -la Federación Santiago Watt, la Federación Ferroviaria de Chile y la Federación de Empleados Zona Sur- se unieron y constituyeron un comando único para dirigir la lucha.

Este paro fue uno de los movimientos más importantes de esos años. Durante diez días los trenes de carga y pasajeros de la primera y segunda zona ferroviaria paralizaron, aunque no totalmente. Pero la huelga fue total en la tercera zona, que comprendía desde Talca a Puerto Montt.

Arturo Alessandri, entonces Presidente de la República, reprimió a los huelguistas. Detuvo, encarceló y relegó a dirigentes sindicales y políticos. Entre ellos a personeros del Partido Radical. Elías Lafertte fue de­portado a México.

Derrotado el movimiento de los ferroviarios, 680 obre­ros y empleados fueron lanzados a la cesantía.

La represión no detuvo el proceso unitario. Al contra­rio, lo aceleró. Nuevos sectores entraron al combate contra el go­bierno. Se inició una potente campaña por las libertades públi­cas. Su primera victoria fue lograr liberar a los presos y el retorno de los relegados. 

En la solidaridad con la huelga y las luchas por las libertades se fue forjando la unidad por la base. Allí estaban juntos comunistas, socialistas, radicales-socialistas, radicales, demócratas, independientes. Los hechos, las acciones comunes, fueron mostrando la necesidad y la posibilidad del Frente Popular.

 

 

LOS COMUNISTAS Y EL FRENTE POPULAR

 

Carlos Contreras Labarca

                                          

 

En febrero de 1936, Carlos Contreras Labarca expuso el pensamiento comunista sobre el Frente Popular:

"...Es un bloque de partidos, es un frente de clases para la lucha por el Programa de Liberación Nacional. Cada Partido y organización que ingresa en él conserva su fisonomía y estructura propia. Ninguno renuncia a sus principios doctrinarios ni a su organización interna. Se comprometen a no atacarse recíprocamente, siempre que se cumplan las decisiones, el programa y las bases del Frente Popular, conservando plenamente la libertad de crítica; se someten a las decisiones democráticamente aprobadas y respetan la disciplina del Frente Popular. El Frente Popular es la unidad de acción, pero no la disolución de los partidos”.

Dentro del PS fue ganando adeptos la idea del Frente Popu­lar. Pero la aceptación no era unánime en el PS. En el III Congreso de enero de 1936, aparecieron dos posiciones claramente  opuestas: una a favor de la unidad; otra en contra.

 

NACE EL FRENTE POPULAR 



En la tarde del 26 de marzo de 1936, concurrieron a las oficinas del diario "La Opinión" -que estaban ubicadas en la Alameda frente a la calle Estado- dirigentes del Partido Comunista, del Partido Socialista, del Partido Democrático, del Partido Radical-Socialista y del Partido Radical. En la oficina de su Director, Juan Bautista Rosetti, firmaron el pacto que da vida al Frente Popular (FP).

El 8 de abril, los mismos personeros suscribieron el Programa del Frente Popular, "esencialmente democrático, antiimperialista y antioligárquico", que constaba de tres partes; en verdad tres programas. Uno de orden general; otro, que comprendía las tareas inmediatas del gobierno, una vez triunfante el Frente Popular. Finalmente, un programa destinado específicamente a la juventud".

 

También en  ese mes de abril, tuvieron lugar elecciones complementarias para elegir un senador por las provincias de Bio-Bio, Malleco y Cautín, en reemplazo del fallecido parlamentario del Partido Democrático, Artemio Gutiérrez. El Frente Popular pre­sentó como candidato al latifundista de la zona, miembro del ala derechista del radicalismo y uno de los más enconados opo­sitores a la formación del  Frente Popular, Cristóbal  Sáenz. Triunfó la coalición de la izquierda,  ganando su primera confrontación electoral.

Este éxito mostró la vigencia e importancia del Fren­te, constituido apenas un mes atrás. 

En octubre de 1936, el Partido Comunista inició la publicación del periódico "Frente Popular", el que -según el perio­dista  y dirigente comunista, Rodrigo Rojas- jugó "importante papel en la tarea de agrupar a los sectores democráticos del país a fin de cerrar el paso al fascismo, e impulsar toda una serie de realizaciones que posibilitaran la creación de la ba­se material y técnica para el ulterior desarrollo económico-industrial de Chile”.

 

SURGE LA CTCH

El 25 de diciembre, se inició el Congreso de Unidad Sindi­cal en el que participaron la FOCH, la que -a pesar de la represión sufrida- continuaba siendo la central sindical más poderosa del país, la Confederación Nacional Sindical, CNS, y la Confedera­ción Nacional de Trabajadores, CNT; estas dos últimas controla­das por el PS. Estas tres centrales se unieron en ese Congreso, dando nacimiento a la Confederaci6n de Trabajadores de Chile, CTCH.

Esta nueva central reunía, al momento de su fundación, más de 100 mil afiliados. Uno de sus primeros acuerdos fue incorpo­rarse al Frente Popular.

La CTCH tuvo un vigoroso desarrollo. En 1938, contaba con 116 mil miembros; en 1939, con 173 mil y en 1941, con 200 mil.

 

ELECCIONES PARLAMENTARIAS DE 1937 

En marzo de 1937 tuvieron lugar elecciones Parlamentarias. Los partidos que formaban el Frente Popular alcanzaron un total de 140.153 sufragios, un 33,99 % del total.  La derecha obtuvo 173.360 votos, el 41,05 %.

Dentro del FP, la colectividad más fuerte era el Partido Radical. 

El PC eligió en esa oportunidad a Elías Lafertte como sena­dor por Tarapacá y Antofagasta. Éste se encontraba desterrado en México desde 1936, condena aplicada por el gobierno de Arturo Alessandri debido a su participación en la huelga ferroviaria de comienzos de ese año. Su elección le permitió retornar a la patria en gloria y majestad.

Los comunistas obtuvieron también siete diputados: Carlos Contreras Labarca, José Vega Díaz, Juan Guerra, Andrés Escobar, Marcos Chamúdez, Amador Pairoa y Oscar Baeza. 

El 10 de abril de 1938 se inició en Santiago el Décimo Congreso Nacional del Partido Comunista, llamado el "Congre­so de la Victoria".

El 14 de abril de 1938, el Congreso del PC suspendió su desarrollo, para permitir la participación de los delega­dos en la Convención Presidencial del Frente Popular.

 

LA CONVENCIÓN PRESIDENCIAL DEL FRENTE POPULAR

 

Esta se inauguró en Santiago, el 14 de Abril de1938, como un homenaje y señal de solidaridad con la lucha de los demócratas hispanos, por cumplirse justamente ese día el aniversario de la proclamación de la República Española. 

La inauguración –relata Lafertte– tuvo lugar en el Caupolicán, lleno de bote a bote y las sesiones de trabajo se hicieron en el Congreso.  El reglamento de la convención establecía que para la elección del candidato presidencial serían necesarios dos tercios de los votos de los mil doscientos participantes, que estaban distribuidos así: Partido Radical 450; Partido Socialista 350;  Partido Comunista 120; Partido Democrático 120.  Participaba también en la convención con 60 votos la Confederación de Trabajadores de Chile, que acababan de constituirse en reemplazo de la vieja y heroica FOCH, cuyas combativas huestes se habían enrolado en la nueva Central.  De estos 60 votos, 30 eran comunistas y 30 socialistas.(Elías Lafertte: Vida de un Comunista, páginas 307 y 308)) 

En las primeras ruedas, cada partido votó por su propio candidato: los radicales por Pedro Aguirre Cerda, los socialistas y la mitad de la CTCH por Marmaduke Grove, los democráticos por Juan Pradenas Muñoz y los comunistas y media CTCH por Elías Lafertte. 

Cuando ya habían tenido lugar catorce votaciones, en la mañana del domingo, Pedro Aguirre Cerda fue proclamado, sin votación, por unanimidad, candidato del Frente Popular.

 

 
Con el puño derecho en alto, comunistas de Las Condes
cantan La Internacional en 1938.




DIA DE LA TIERRA PALESTINA - INVITACIÓN CEILER

 


                                                           

 

INVITACIÓN

 

El CEILER, fiel a la tradición de Luis Emilio Recabarren, sigue en la línea de entregar su solidaridad a los pueblos que luchan por forjarse un destino mejor. Ahora nuestro aporte solidario está dedicado al sufrido, heroico y combativo pueblo palestino. 

Te invitamos cordialmente a unirte a este acto solidario. A conocer más sobre la realidad de Palestina, de sus luchas, de sus ideales y logros: Martes 30 de marzo de 2021, a las 20 horas.

 

¡Te esperamos!





RODOLFO WALSH

 

 

                                               Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                               Centro de Extensión e Investigación

                                               Luis Emilio Recabaren, CEILER

 

                   

 


 

El 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh  echó en uno de los buzones del correo en Buenos Aire las primeras copias su “Carta de un escritor a la Junta Militar”. Luego se dirigió a encontrarse con un compañero que había sido torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). 

Súbitamente fue emboscado por el Grupo de Tareas 3.3.2.  de la ESMA en el barrio porteño de San Cristóbal.  Se le ordenó entregarse. Walsh se resistió. Sacó su revólver  calibre 22 Corto. Logró herir a uno de los atacantes. Una ráfaga de metralleta   lo acribilló. Moribundo fue subido a un auto y llevado a la ESMA. Desde entonces, forma parte de la lista de desaparecidos del terrorismo de Estado de la Junta Militar, surgida el 24 de marzo de 1976 cuando las fuerzas armadas  derrocaron  a Estela Martínez.

  

¿QUIÉN ES RODOLFO WALSH?

Rodolfo Jorge Walsh nació en Lamarque, en la provincia de Río Negro, el 9 de enero de 1927. Tras recibir una educación religiosa, a los catorce años se instaló en Buenos Aires. Desde muy joven trabajó en diversas labores desde limpiar cristales hasta vender antigüedades.

Trabajando  como corrector y traductor en la editorial Hachette se conectó con el periodismo. Comenzó a colaborar en las revistas Leoplán, Panorama, Vea y Lea.

Con apenas veintiséis años publica su primer libro de cuentos, Variaciones en rojo (1953), y a renglón seguido Diez cuentos policiales argentinos y Antología del cuento extraño. En esa época, mediados de los años cincuenta, Walsh vivía casi alejado de la política activa. Había coqueteado de adolescente con el antiperonismo y la derecha nacionalista e incluso había defendido el golpe de 1955 contra Perón.

Hubo un hecho que influyó en su evolución política. En 1959, Walsh viajó a Cuba en plena revolución, donde desarrolló su faceta periodística más exhaustiva en la Agencia Prensa Latina junto a  Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y Gabriel García Márquez.

Su rol allí se vuelve fundamental cuando descifró en total ocho teletipos de la CIA con información sobre un plan de Estados Unidos para invadir Cuba. En esa época fue cambiando su opinión acerca del peronismo. De regreso a Argentina volviendo por España, Walsh consiguió una entrevista con J. D. Perón (de la que quedó un cuento inconcluso) y afirmó que “manejaba el arte de la conversación”.

En la década del ´60, Walsh publicó dos obras de teatro (“La granada” y “La batalla”) y el libro “Un kilo de oro”. Le seguiría “Quién mató a Rosendo”.

De 1968 a 1970 trabajó en revista Panorama y en Semanario CGT. Se adhirió a la militancia sindical peronista junto a su última compañera, Lilia Ferreyra.

Entrando en los 70, la violencia institucional encontraba respuesta en la del pueblo y Walsh ingresó en la CGTA, concretamente en el peronismo de base. El “profesor Neurus” era uno de sus seudónimos. Su especialidad era descifrar códigos del área de Inteligencia. En 1973 se unió a Montoneros.

La fundación de Montoneros en los años setenta coincide con la maduración política de Walsh, que acepta a regañadientes el paso a la clandestinidad de la organización en septiembre de 1974 tras sus fuertes choques con el peronismo más recalcitrante. Para entonces, Walsh defiende ya una suerte de literatura armada en la que el escritor y el militante sean un todo. Pronto asume tareas de inteligencia para la guerrilla y defiende la lucha armada como método para la toma del poder.

El golpe de Estado de marzo de 1976 le obliga a redoblar las precauciones en la clandestinidad. La mayoría de los jefes montoneros abandonan el país pero Walsh rechaza la propuesta de viajar a Roma. Cuando se estrecha el cerco para cazarlo, se refugia junto a su compañera, Lilia Ferreyra, en una casa de San Vicente. Fue testigo de los horrores de un régimen empeñado en la eliminación física del enemigo. Victoria, la hija mayor de Walsh, será una de las primeras víctimas.

En esa casita de San Vicente Walsh vuelve a sentirse escritor, como le confiesa a un compañero. Allí escribirá su último relato, Juan se iba por el río, que ostenta tal vez el triste récord de ser el primer cuento «secuestrado-desaparecido» de la historia de la literatura.

 

LA “CARTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR

Y no hubo una denuncia más contundente de esos crímenes que la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, una auténtica bomba discursiva que Walsh terminó de escribir el 24 de marzo de 1977, un día antes de su caída.  

La Carta constituye un breviario de los desmanes que cometieron los militares en el primer año de su reinado del terror. Como oficial de Inteligencia de Montoneros, Walsh estaba al tanto de muchas denuncias realizadas por los militantes o sus familiares, sabía perfectamente que muchas de las supuestas bajas en combate del enemigo que anunciaba el régimen eran en realidad ejecuciones de activistas. Pero Walsh va más allá en su alegato al poner de relieve la importancia de las connotaciones económicas de la dictadura. El escritor vislumbró ya en ese momento la estrecha relación entre la represión y el saqueo económico que sufrieron las clases populares tras el golpe de Estado de 1976. 

“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

 

 


EL ASESINATO DE MONSEÑOR ROMERO

 

Hace 41 años:



                                    Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                    Centro de Extensión e Investigación

                                    Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

                           


                           

Era la tarde del lunes 24 de marzo de 1980. Monseñor Óscar Romero oficiaba misa  en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Aproximadamente a las 18,30 horas se escuchó un disparo. Lo hizo   un francotirador desde un auto con capota de color rojo. La bala  impactó en el generoso corazón de Monseñor Romero. Falleció a los 62 años de edad.

 

¿QUIÉN ERA MONSEÑOR ROMERO?

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez  había nacido en Ciudad Barrios el 15 de agosto de 1917.  Era el segundo de 8 hermanos, hijos del matrimonio formado por el telegrafista y empleado de correos, Santos Romero, y Guadalupe Galdámez.  Desde niño tuvo una salud muy frágil. En la escuela pública donde estudió, destacó en materias humanísticas más que en matemáticas.

En 1930, a la edad de 13 años, ingresó al seminario menor de la ciudad  de San Miguel. Siete años más tarde se incorporó al Serminario de San José de la Montaña de San Salvador. Ese mismo año, continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.  Fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años.

En 1943 regresó a El Salvador. Fue  párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión. En  la ciudad de San Miguel sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de la Paz y ejerció   como secretario del Obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado.

En 1968 fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador. En 1970   el papa Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de  San Salvador.

En 1974 se le nombró obispo de la diócesis de Santiago de María. Ocupó esa sede durante dos años.

En 1977 el papa Pablo VI lo nombró  Arzobispo de San Salvador. Tomó posesión del  cargo el 22 de febrero de 1977.

 

ASESINATO DE SU AMIGO

El 12 de marzo de ese año, el padre Rutilio Grande,  amigo íntimo de Romero, fue asesinado en la ciudad de  Aguilares,   junto a dos campesinos. Rutilio Grande llevaba cuatro años al frente de la parroquia de Aguilares, donde había promovido la creación de comunidades eclesiales de base y la organización de los campesinos de la zona.  El arzobispo Romero  reaccionó a este asesinato convocando a una misa única, para mostrar la unidad de su clero. Esta misa se celebró el 20 de marzo en la plaza Barrios de San Salvador, a pesar de la oposición del nuncio apostólico y de otros obispos.

 

DEFENSOR DE LOS DESPROTEGIDOS

A partir de ese momento, cambió su predicación y pasó a defender los derechos de los desprotegidos. Monseñor Romero denunció en sus homilías los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país. En sus homilías posteriores a la muerte de Rutilio Grande, recurrió sin temor a los textos de la Conferencia de Medellín y pidió una mayor justicia en la sociedad. Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia del gobierno militar. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad. En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

 

SU TESTAMENTO PROFÉTICO

El 2 de febrero de 1980, la Universidad Católica  de Lovaina  distinguió a Romero con el doctorado honoris causa como reconocimiento en su lucha en defensa de los derechos humanos. En ocasión de recibir ese título honorífico, Romero pronunció un discurso considerado como su testamento profético:

“... Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país....”

Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres…

…El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales. Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana.

                                                                Óscar Romero”

 

INTENTO DE ASESINARLO

El día 9 de marzo de 1980, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús se encontró un portafolios de color negro colocado debajo del Altar Mayor. Contenía una bomba que, activada a control remoto explotaría en el momento que Monseñor Oscar Arnulfo Romero oficiaría una misa. La bomba fue desactivada. La  Fiscalía General de la República no hizo ninguna investigación formal.

Quince días después Monseñor Romero era asesinado.

 

“HOMILÍA DE FUEGO”

El día 23 de marzo de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía titulada “La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente”,  que más tarde se conoció como “Homilía de fuego”:

“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

                                                                 Óscar Romero”

LOS ASESINOS

Treinta y un años después del asesinato, se conoció el nombre del asesino de Romero: fue Marino Samayor Acosta, un subsargento de la sección II de la ex Guardia Nacional, y miembro del equipo de seguridad del ex presidente de la República, quien manifestó que la orden para cometer el crimen la recibió del mayor Roberto d’Aubuisson, creador de los escuadrones de la muerte y fundador de ARENA, y del coronel  Arturo Armando Molina.  Marino Samayor Acosta habría recibido 114 dólares por realizar esa acción.

 

 


 

 

martes, 23 de marzo de 2021

RETORNO CLANDESTINO A LA PATRIA

 

 

 

                                               Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                               Centro de Extensión e Investigación

                                               Luis Emilio Recabarren, CEILER

 



El 20 de marzo de 1987, junto  con  Mireya Baltra, ingresaron clandestinamente a Chile por el paso cordillerano de Tronador, a la altura de Osorno. Desde Argentina habían emprendido una travesía que duró 10 días. Una parte en camioneta, a caballo, en carreta y a pie. Cruzaron la frontera. Llegaron a Puerto Montt y de allí a Santiago, a donde  arribaron  el domingo 22 de marzo de 1987. 

Pensaban presentarse ante la Corte de Apelaciones de la capital de inmediato, pero demoraron su acción al conocer que recién lo había hecho  Clodomiro Almeyda, el 25 de marzo de 1987. 

Permanecieron clandestinamente hasta el  martes 12 de mayo,  día en que se presentaron, en medio de la expectación de los periodistas, ante la Corte de Apelaciones para poner un  recurso de amparo reclamando su derecho de vivir en la patria. Fueron acompañadas por los abogados democratacristianos Jaime Castillo Velasco y Enrique Krauss.

Empujadas por gendarmes y policías Julieta y Mireya debieron abandonar el recinto judicial. Un auto las llevó hasta la Comisión de Derechos Humanos. Al cabo de pocos minutos el local fue rodeado por policías. Una hora después, dos mujeres salían de allí, se subieron a un vehículo que partió a toda  velocidad. La policía lo siguió por diferentes calles de Santiago. Cuando el sector circundante de la Comisión de Derechos Humanos estaba vacío, tranquilamente salieron de sus oficinas  Julieta y Mireya y se trasladaron a los domicilios de sus familiares. 

Pasadas las 21 horas fueron sacadas de sus hogares y  trasladadas en una patrullera de Investigaciones hasta el cuartel central de  la policía civil. Horas después, llevadas al aeropuerto de Cerrillos y embarcadas rumbo a sus lugares de relegación. Mireya a Puerto Aysén en el extremo sur; Julieta, a Sierra Gorda en la Segunda Región. Después trasladada a Camiña, pueblo ubicado a unos 100 kilómetros al Noreste de Pisagua y a 2.200 metros sobre el nivel del mar. 

Fue en ese poblado de dos mil habitantes, donde Julieta Campusano cumplió el 31 de mayo de 1987, sus 69 años.

 

Julieta Campusano, relegada en Camiña