Comentario radial y escrito.
Ya decía yo, que mi andar, hace
rato que dejo los ramales.
He vivido reharto.
A veces, se
vienen sin llamarlos, recuerdos,
haceres míos que me avergüenzan; y no me creo haber sido yo, capaz, de tanta
canallada.
Trato de sacármela con eso de que,
había que sobrevivir.
No me la creo ni yo mismo.
Y me flagelo.
Regreso encaramado a calendarios,
quiero sacarme este sentir mío “de baja ralea”.
No se puede.
¡Ni perdón se puede pedir!
Se me asoma Atahualpa: “Tú que
puedes vuélvete, me dijo el rio llorando”.
No le entiendo al rio su llanto.
He viajado harto, no me gusta
viajar, las estaciones de trenes de mi niñez tenían un encanto especial; las de
ahora, son iguales a los aeródromos; un ir y venir seleccionado y reservado
para 30 días, quizás 60, financiado con 270 días y más.
Que vidas, que risas que llantos,
percances, sueños, envolverán ese ir y venir.
Mi tiempo de viajar, era al “cara
o sello”.
Este haraquiri mío, tiene su
causal por un revoltijo de cosas que no puedo masticar, menos digerir. Siento
que un puzle enorme, de 60 años trabajados, buscando ladrillos que calcen y, de
improviso, te encuentras que las piezas que te quedan y que están de acuerdo
con el resto y termino de tu caminar, un granuja, les cercenó las puntas y
destruyo las cinturas de guitarra.
La historia de nuestra humanidad
se asemeja a estas cosas que digo.
No hemos podido proteger y
conducir la vida.
A esta dama tan hermosa, en su
primer grito, ya viene “cachua”.
Ella, no sabe su destino, no tiene
aún la capacidad de saber de ramales. Tiene que subirse al tren del
comportamiento, de la sumisión y del pan.
A un tiempo no muy lejano, ella,
en una esquina acorralada, espera ansiosa que la dignidad del universo, el
sentido común, la desate de las garras del Megalómano.
Cada uno es su propio albañil.
El gobierno de Donald Trump, con
su perro, soga al cuello, Marco Rubio, organizan un encuentro mundial, para
tirar líneas para enfrentar una guerra global contra las organizaciones de
izquierda o de extrema izquierda que amenazan la paz y el bienestar en el
mundo.
Eso de izquierda, engulle a los
gobiernos progresistas, como el de España, México, Venezuela, Irlanda y hartos
más.
Irónicamente, le llega también a
los leñadores de Neruda.
De Chile, no tengo idea quien será
el bendecido que nos representará en tan digno encuentro.
La Secretaría de la Casa Blanca la
anuncia como un gran encuentro Ministerial.
Como dijera el comandante Hugo
Chavez, el olor a azufre será intolerable.
Me obligo a pensar y cachureo en
la historia, me invento lo que podría sentir un Siberiano, al saber que tiene
parientes en los Estados Unidos.
De que están hechos esos
habitantes tan de la tierra y sentido, tan de neolítico y, que hoy, siendo de
una misma estirpe a los de Groenlandia; ojos siniestros, bellacos, calculan los
suelos que pisan los Inuit.
El colonialismo fue tan salvaje y
cruel, inhumano, como lo es hoy, el colonialismo financiero.
El mundial de fútbol lo dice todo.
Habría sido maravilloso que todos
“los colonizados y exportados” fueran como “hacha pá la pelota”.
Vean ustedes mi paisito; conocí a
algunas celebridades que añoraban el haber podido vivir, en los tiempos de la
colonia.
Coleccionaban cuadros, vestiduras
y herraduras de la época.
Carlos Marx decía en su Capital:
“Perseo para cazar monstruos usaba una capa que lo hacía invisible, Nosotros,
nos tapamos los ojos y los oídos con esta capa para ignorar la existencia de
las monstruosidades”
Y pensar que, a nuestro paisito,
le falto un poquitito para dejarnos hablando francés.
¡Veo a mí querido Gato hablando
parisien!
Solo por tincá, creo yo, que ese
fue el motivo medular de apurar el martillo de Toro y Zambrano.
En esos tiempos de Manueles, de
Carreras, y de Bernardos, lo que daba poder y abolengos, era la tenencia de la
tierra.
Los grandes terratenientes, los
privilegiados por encomienda, tenían las riendas de nuestro querido flaco,
nuestro país.
La explotación de la minería
vendría un poco más tarde, con los mismos dueños de la tierra; paulatinamente y
luego a chorro, por las grandes potencias extranjeras del momento.
Ellos ponían los recursos
primarios y la tecnología avanzada del momento.
Eso, de lo nacional en la
explotación de la minería, me encuentro con Juan Godoy, un cuidador de cabra y
juntador de leña.
El desierto pasaba su tiempo por
los años 1830/40.
Cansado el Juan, se sentó a la
sombra de una roca, de puro aburrido se puso a jugar a la payaya, agarro un
montón de piedrecitas y las tiraba al aire. Se dio cuenta que algunas piedras
no llegaban a su mano con la misma velocidad de las otras, además eran más
bonitas.
Al darse cuenta del fortuito e
inimaginable descubrimiento, corrió a Copiapó. Fue a la casa de Miguel Gallo
Vergara, un empresario del lugar; les mostro las piedras encontradas y juntos
fueron a inscribir el inmenso hallazgo.
Con el solo decir, que Copiapó era
el lugar primero de cualquier “premier”.
Es como decir, Nirvana, Sting, John Lenon, Mon Laferte, Los Jaivas, en
Copiapó.
Juan Godoy vivió poco.
La familia Gallo, comenzó a tener
cartas en la salud política del país.
Pedro León Gallo Goyenechea, uno
de los hijos del Empresario, lidero la guerra civil en contra del gobierno de
Manuel Montt.
Era partidario de una
descentralización del país y de un cambio a la Constitución. Fue derrotado por
las fuerzas del gobierno y se asilo en Argentina.
Fue unos de los fundadores del
Partido Radical.
¡Hasta donde puede llegar la vida,
si se juega a la payaya!
Como si fuera brujería, en Europa,
el jardín de Europa como dijera un ex alto comisionado en la política exterior
y seguridad de la Union Europea Josep Borrel, era un continente retozando en
nitroglicerina.
Todos hablaban de paz, igualito
que ahora, sin embargo, entre los pliegues del cortinaje, cada país, se
escondía con rencores añejos y se armaba hasta los dientes.
Los imperios de la época necesitaban
tierras y recursos.
El nacionalismo hacia nata, el
patriotismo, no vivía en la patria.
Los gobernantes, sus ideas miraban
y ansiaban lo ajeno; importándole un pucho la dignidad y necesidades de sus
pueblos.
Los pueblos, como en los tiempos
antiguos, y en los de ahora también, son, eran, carne de cañón en trincheras
hacinados, defendiendo aperrados, los privilegios de monarquías o de burguesías
empresariales.
Un Archiduque, con vías a ser rey
del imperio Austrohúngaro es asesinado por un nacionalista patriótico serbo.
Austria, él país natal de Adolfo
Hitler, y Hungría, le declaran la guerra a Serbia, y con una rapidez de mosca
en vuelo, Europa comenzó a morir.
Ese morir de Europa, la revolución
industrial y el salitre, para matar sin bayoneta, permitió, que las salitreras
al norte de nuestro paisito, Chile, fuera para la clase obrera del sur de
América, un mendrugo de charqui, y, unas ganancias siderales, en este caso,
para el Imperio Ingles, y también un maná para los terratenientes y empresarios
nacionales.
La Masacre en la Escuela Santa
María de Iquique, es una de las tantas consecuencias de las ansias
incontrolables del riquerio de amasar el poder a su antojo.
Recuperarse de esa guerra
infernal, fue un sacrificio a lo Sisifo
Alemania y sus aliados fueron
vencidos y tuvieron que pagar los estragos producidos.
Si pagaron o no pagaron, no lo sé,
pero si se, que esta guerra parricida trajo agresiva con tanta esperanza junta,
el triunfo de los Bolcheviques en la guerra civil rusa.
Ay, dios mío de los coloraos, no
puedo expresarme de otra manera del saber que Lenin había estudiado a Marx y a
Engels, estudiado en Tolstoi, en Pushkin.
En esos tiempos de post guerra, una Europa
comenzaba a creer en la paz, en los Estados unidos de Norte America, no tenía
soldados que extrañar, vivía en una placida, permanente y venturosa vida.
Este bienestar un tanto
generalizado, es decir, de clase, le dio a cierto mundo y medio, un creer que
todo es posible.
La Industria florecía, levantabas
una piedra y salían bancos en vez de chanchitos de tierra.
Todo se hacía fácil, los créditos
bancarios eran una ganga, el comercio entre continentes era una maravilla.
La guerra había sido solamente una
pesadilla mal habida. Alemania, para pagar su culpa de guerra, era financiada
en parte, por almas caritativas de los Estados Unidos de Norte America
El tener un automóvil no era
solamente para los ricos, los del medio, incluso los de a pie podían tener un
Ford.
Si algo no funcionaba según lo
planeado, estaban los créditos bancarios.
Si no había plata para tener un
refrigerador nuevo, solicitar un préstamo a uno de los seis bancos que había en
la región; solícitos te lo aprobaban.
Comprar acciones de una empresa
que prometía o de una industria, no eran solamente para los de plata. Todos tus
ahorros eran atraídos por la bolsa, por la especulación.
Un empleado cualquiera podía
comprar acciones, si tenías ahorros, más garantía tenías para la especulación.
Cuando un crédito era destinado
para pagar cuotas de otro crédito y este a otro crédito, te obligaba a vender
tus ahorros. Al ocaso, los valores ya no eran lo que eran.
Tanta fue la especulación, que las
fábricas, de todo, fueron obligadas a cerrar sus puertas. Miles de miles
quedaron sin trabajo.
Los bancos, con tantos empréstitos
no cancelados, se fueron a la quiebra.
La cesantía, el hambre, la
corrupción vivía y se tomaba las calles de Nueva York.
El suicidio, fue una forma de los
que especulaban en la bolsa, de escapar de la matanza del oro.
Alemania, que ya se mantenía
políticamente, socialmente en la cuerda floja, al dejar de recibir los
préstamos del riquerio estadunidenses, el precipicio tenía las compuertas
abiertas.
Social, políticamente, la vida en
Alemania incubaba una tragedia inmensa.
Unos les echaban la culpa a los
comunistas, otros a la monarquía, y, otros a los judíos. Al igual que hoy,
Donald Trump, culpa a China, a Persia, y a Europa de su propio descalabro.
La epidemia de calendarios del
capitalismo repercutió en Alemania dejando al nazismo hitleriano, hacer la
canallada más grande que la humanidad a sufrido y contemplado estupefacta; como
estupefacto mira lo que acontece en Irán, en Gaza, en el Líbano, en Ucrania y,
sobre todo, el crimen inaudito y animal del acoso del yanqui a una Isla
valiente, rebelde, digna, la Cuba de Fidel.
Esa crisis del capitalismo
expresada en la bestial depresión financiera hace 97 años atrás, fue un
infierno imparable.
¿Como fue posible salir de ese
infierno bursátil?
De salir, todavía no ha salido, es
una endemia, sin embargo, fue posible impedir una catástrofe peor.
El antídoto, fue, poner en
práctica la idea central del Socialismo.
Es decir, que sea el Estado, quien
controle lo que entra, lo que queda, o salga del país.
La Banca fue intervenida.
El Estado tenía el patrón oro; con
eso pagaron la hecatombe.
Hoy, pretende poseer el patrón
petróleo.
Le llamaron el “Nuevo Trato”.
New Deal.
Presidia el Gobierno Franklin D.
Rosevell.
¡Que cuestión más curiosa!
Aquí me quedo, gateando todavía
para poder encontrar la hebra que permite la Gran Reforma Financiera del
Fascismo en mi paisito.
Por eso gritaba la Gran Crisis
Financiera del capitalismo ocurrida hace 97 años atrás.
Todo empezó como un milagro y se
convirtió en un odio parido hacia todo aquellos que contradecía su opinión, su
credo.
Fueron más de 80 millones de
muertos.
Las consecuencias en la vida
diaria siguen todavía.
Sientan Gaza, Beirut, sientan La
Habana.
Alejandro Fischer Alquinta.
Estocolmo 20260719