lunes, 20 de julio de 2026

El Colonialismo Financiero.

 


Comentario radial y escrito.

 

 


 


Ya decía yo, que mi andar, hace rato que dejo los ramales.

He vivido reharto.

A veces, se

vienen sin llamarlos, recuerdos, haceres míos que me avergüenzan; y no me creo haber sido yo, capaz, de tanta canallada.

Trato de sacármela con eso de que, había que sobrevivir.

No me la creo ni yo mismo.

Y me flagelo.

Regreso encaramado a calendarios, quiero sacarme este sentir mío “de baja ralea”.

No se puede.

¡Ni perdón se puede pedir!

Se me asoma Atahualpa: “Tú que puedes vuélvete, me dijo el rio llorando”.

No le entiendo al rio su llanto.

He viajado harto, no me gusta viajar, las estaciones de trenes de mi niñez tenían un encanto especial; las de ahora, son iguales a los aeródromos; un ir y venir seleccionado y reservado para 30 días, quizás 60, financiado con 270 días y más.

Que vidas, que risas que llantos, percances, sueños, envolverán ese ir y venir.

Mi tiempo de viajar, era al “cara o sello”.

Este haraquiri mío, tiene su causal por un revoltijo de cosas que no puedo masticar, menos digerir. Siento que un puzle enorme, de 60 años trabajados, buscando ladrillos que calcen y, de improviso, te encuentras que las piezas que te quedan y que están de acuerdo con el resto y termino de tu caminar, un granuja, les cercenó las puntas y destruyo las cinturas de guitarra.

La historia de nuestra humanidad se asemeja a estas cosas que digo.

No hemos podido proteger y conducir la vida.

A esta dama tan hermosa, en su primer grito, ya viene “cachua”.

Ella, no sabe su destino, no tiene aún la capacidad de saber de ramales. Tiene que subirse al tren del comportamiento, de la sumisión y del pan.

A un tiempo no muy lejano, ella, en una esquina acorralada, espera ansiosa que la dignidad del universo, el sentido común, la desate de las garras del Megalómano.

Cada uno es su propio albañil.

El gobierno de Donald Trump, con su perro, soga al cuello, Marco Rubio, organizan un encuentro mundial, para tirar líneas para enfrentar una guerra global contra las organizaciones de izquierda o de extrema izquierda que amenazan la paz y el bienestar en el mundo.

Eso de izquierda, engulle a los gobiernos progresistas, como el de España, México, Venezuela, Irlanda y hartos más.

Irónicamente, le llega también a los leñadores de Neruda.

De Chile, no tengo idea quien será el bendecido que nos representará en tan digno encuentro.

La Secretaría de la Casa Blanca la anuncia como un gran encuentro Ministerial.

Como dijera el comandante Hugo Chavez, el olor a azufre será intolerable.

Me obligo a pensar y cachureo en la historia, me invento lo que podría sentir un Siberiano, al saber que tiene parientes en los Estados Unidos.

De que están hechos esos habitantes tan de la tierra y sentido, tan de neolítico y, que hoy, siendo de una misma estirpe a los de Groenlandia; ojos siniestros, bellacos, calculan los suelos que pisan los Inuit.

El colonialismo fue tan salvaje y cruel, inhumano, como lo es hoy, el colonialismo financiero.

El mundial de fútbol lo dice todo.

Habría sido maravilloso que todos “los colonizados y exportados” fueran como “hacha pá la pelota”.

Vean ustedes mi paisito; conocí a algunas celebridades que añoraban el haber podido vivir, en los tiempos de la colonia.

Coleccionaban cuadros, vestiduras y herraduras de la época.

Carlos Marx decía en su Capital: “Perseo para cazar monstruos usaba una capa que lo hacía invisible, Nosotros, nos tapamos los ojos y los oídos con esta capa para ignorar la existencia de las monstruosidades”

Y pensar que, a nuestro paisito, le falto un poquitito para dejarnos hablando francés.

¡Veo a mí querido Gato hablando parisien!

Solo por tincá, creo yo, que ese fue el motivo medular de apurar el martillo de Toro y Zambrano.

En esos tiempos de Manueles, de Carreras, y de Bernardos, lo que daba poder y abolengos, era la tenencia de la tierra.

Los grandes terratenientes, los privilegiados por encomienda, tenían las riendas de nuestro querido flaco, nuestro país.

La explotación de la minería vendría un poco más tarde, con los mismos dueños de la tierra; paulatinamente y luego a chorro, por las grandes potencias extranjeras del momento.

Ellos ponían los recursos primarios y la tecnología avanzada del momento.

Eso, de lo nacional en la explotación de la minería, me encuentro con Juan Godoy, un cuidador de cabra y juntador de leña.

El desierto pasaba su tiempo por los años 1830/40.

Cansado el Juan, se sentó a la sombra de una roca, de puro aburrido se puso a jugar a la payaya, agarro un montón de piedrecitas y las tiraba al aire. Se dio cuenta que algunas piedras no llegaban a su mano con la misma velocidad de las otras, además eran más bonitas.

Al darse cuenta del fortuito e inimaginable descubrimiento, corrió a Copiapó. Fue a la casa de Miguel Gallo Vergara, un empresario del lugar; les mostro las piedras encontradas y juntos fueron a inscribir el inmenso hallazgo.

Con el solo decir, que Copiapó era el lugar primero de cualquier “premier”.  Es como decir, Nirvana, Sting, John Lenon, Mon Laferte, Los Jaivas, en Copiapó.

Juan Godoy vivió poco.

La familia Gallo, comenzó a tener cartas en la salud política del país.

Pedro León Gallo Goyenechea, uno de los hijos del Empresario, lidero la guerra civil en contra del gobierno de Manuel Montt.

Era partidario de una descentralización del país y de un cambio a la Constitución. Fue derrotado por las fuerzas del gobierno y se asilo en Argentina.

Fue unos de los fundadores del Partido Radical.

¡Hasta donde puede llegar la vida, si se juega a la payaya!

Como si fuera brujería, en Europa, el jardín de Europa como dijera un ex alto comisionado en la política exterior y seguridad de la Union Europea Josep Borrel, era un continente retozando en nitroglicerina.

Todos hablaban de paz, igualito que ahora, sin embargo, entre los pliegues del cortinaje, cada país, se escondía con rencores añejos y se armaba hasta los dientes. 

Los imperios de la época necesitaban tierras y recursos.

El nacionalismo hacia nata, el patriotismo, no vivía en la patria.

Los gobernantes, sus ideas miraban y ansiaban lo ajeno; importándole un pucho la dignidad y necesidades de sus pueblos.

Los pueblos, como en los tiempos antiguos, y en los de ahora también, son, eran, carne de cañón en trincheras hacinados, defendiendo aperrados, los privilegios de monarquías o de burguesías empresariales.

Un Archiduque, con vías a ser rey del imperio Austrohúngaro es asesinado por un nacionalista patriótico serbo.

Austria, él país natal de Adolfo Hitler, y Hungría, le declaran la guerra a Serbia, y con una rapidez de mosca en vuelo, Europa comenzó a morir.

Ese morir de Europa, la revolución industrial y el salitre, para matar sin bayoneta, permitió, que las salitreras al norte de nuestro paisito, Chile, fuera para la clase obrera del sur de América, un mendrugo de charqui, y, unas ganancias siderales, en este caso, para el Imperio Ingles, y también un maná para los terratenientes y empresarios nacionales.

La Masacre en la Escuela Santa María de Iquique, es una de las tantas consecuencias de las ansias incontrolables del riquerio de amasar el poder a su antojo.

Recuperarse de esa guerra infernal, fue un sacrificio a lo Sisifo

Alemania y sus aliados fueron vencidos y tuvieron que pagar los estragos producidos.

Si pagaron o no pagaron, no lo sé, pero si se, que esta guerra parricida trajo agresiva con tanta esperanza junta, el triunfo de los Bolcheviques en la guerra civil rusa.

Ay, dios mío de los coloraos, no puedo expresarme de otra manera del saber que Lenin había estudiado a Marx y a Engels, estudiado en Tolstoi, en Pushkin.

 En esos tiempos de post guerra, una Europa comenzaba a creer en la paz, en los Estados unidos de Norte America, no tenía soldados que extrañar, vivía en una placida, permanente y venturosa vida.

Este bienestar un tanto generalizado, es decir, de clase, le dio a cierto mundo y medio, un creer que todo es posible.

La Industria florecía, levantabas una piedra y salían bancos en vez de chanchitos de tierra.

Todo se hacía fácil, los créditos bancarios eran una ganga, el comercio entre continentes era una maravilla.

La guerra había sido solamente una pesadilla mal habida. Alemania, para pagar su culpa de guerra, era financiada en parte, por almas caritativas de los Estados Unidos de Norte America

El tener un automóvil no era solamente para los ricos, los del medio, incluso los de a pie podían tener un Ford.

 

Si algo no funcionaba según lo planeado, estaban los créditos bancarios.

Si no había plata para tener un refrigerador nuevo, solicitar un préstamo a uno de los seis bancos que había en la región; solícitos te lo aprobaban.

Comprar acciones de una empresa que prometía o de una industria, no eran solamente para los de plata. Todos tus ahorros eran atraídos por la bolsa, por la especulación.

Un empleado cualquiera podía comprar acciones, si tenías ahorros, más garantía tenías para la especulación.

Cuando un crédito era destinado para pagar cuotas de otro crédito y este a otro crédito, te obligaba a vender tus ahorros. Al ocaso, los valores ya no eran lo que eran.

Tanta fue la especulación, que las fábricas, de todo, fueron obligadas a cerrar sus puertas. Miles de miles quedaron sin trabajo.

Los bancos, con tantos empréstitos no cancelados, se fueron a la quiebra.

La cesantía, el hambre, la corrupción vivía y se tomaba las calles de Nueva York.

El suicidio, fue una forma de los que especulaban en la bolsa, de escapar de la matanza del oro.

Alemania, que ya se mantenía políticamente, socialmente en la cuerda floja, al dejar de recibir los préstamos del riquerio estadunidenses, el precipicio tenía las compuertas abiertas.

Social, políticamente, la vida en Alemania incubaba una tragedia inmensa.

Unos les echaban la culpa a los comunistas, otros a la monarquía, y, otros a los judíos. Al igual que hoy, Donald Trump, culpa a China, a Persia, y a Europa de su propio descalabro.

La epidemia de calendarios del capitalismo repercutió en Alemania dejando al nazismo hitleriano, hacer la canallada más grande que la humanidad a sufrido y contemplado estupefacta; como estupefacto mira lo que acontece en Irán, en Gaza, en el Líbano, en Ucrania y, sobre todo, el crimen inaudito y animal del acoso del yanqui a una Isla valiente, rebelde, digna, la Cuba de Fidel.

Esa crisis del capitalismo expresada en la bestial depresión financiera hace 97 años atrás, fue un infierno imparable.

¿Como fue posible salir de ese infierno bursátil?

De salir, todavía no ha salido, es una endemia, sin embargo, fue posible impedir una catástrofe peor.

El antídoto, fue, poner en práctica la idea central del Socialismo.

Es decir, que sea el Estado, quien controle lo que entra, lo que queda, o salga del país.

La Banca fue intervenida.

El Estado tenía el patrón oro; con eso pagaron la hecatombe.

Hoy, pretende poseer el patrón petróleo.

Le llamaron el “Nuevo Trato”.

New Deal.

Presidia el Gobierno Franklin D. Rosevell.

¡Que cuestión más curiosa!

Aquí me quedo, gateando todavía para poder encontrar la hebra que permite la Gran Reforma Financiera del Fascismo en mi paisito.

Por eso gritaba la Gran Crisis Financiera del capitalismo ocurrida hace 97 años atrás.

Todo empezó como un milagro y se convirtió en un odio parido hacia todo aquellos que contradecía su opinión, su credo.

Fueron más de 80 millones de muertos.

Las consecuencias en la vida diaria siguen todavía.

Sientan Gaza, Beirut, sientan La Habana.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260719