martes, 7 de julio de 2026

La quiero a morir.

 


Comentario radial y escrito.

 



 

La nueva época que se va construyendo, aunque sea simplemente viviendo, puede venir machucada.

La quiero a morir.

La disuasión viene en canasta.

Se me acabaron los ramales, no hay más Pueblo Hundido, menos La Calera.

Se hace necesario cuestionarse y cuestionar; total, fuiste parte de una, u otra manera, del festín que se nos viene en patota.

Estoy a “pate con la vida”, agradecido de la gente que he conocido, sobre todo a los viejos y a las viejas que han convivido mis sentires y sueños.

En un relato decía que “viejos como este viejo, quedan pocos” y es re cierto lo que digo.

Por eso, este comentario, va para esos viejos, que siguen en la brea, picota y azadón en mano, esos viejos, están igualito a mí, sin ramales; pero con la mismita mirada y pasar de Don Elías Lafertte, de Don Lucho, de Mireya Baltra.

Por ahí, anda un trio de jota que admiro y quiero.

Menos mal que existe el recuerdo.

Mi recuerdo respetuoso, agradecido a todos y a todas que se les termino el camino.

A ellos que conocí ojo a ojo, mano en mano, a ellos que se asomaron en los libros, en la canción, en la poesía, en el teatro.

Sin ustedes, nada seria, lo que es.

“La quiero a morir”

Van 99 años que nos ideamos en torno al Centralismo Democrático; 98 años van, que somos parte de la “Internacional Comunista”.

Desde esos tiempos que nos rondamos con Lenin.

Yo tenía 15 años cuando los viejos y viejas, urgieron una vez más, la unidad de los proletarios.

Sin esa unidad de tantas cosas, la vida del pueblo será siempre una miseria selectiva.

Una miseria de hambre, una miseria indigna.

El combatir la injusticia social, venga de donde venga es de una responsabilidad política, pero también es una cuestión de sentido común, de humanidad.

Re fácil escribirlo, decirlo.

Si esa unidad proletaria fuera una realidad, al menos en mi paisito, hace tiempo que sus habitantes tendrían casa propia.

El jardín, con auto y piscina, dependería “del pino que le ponga en el hacer la vida”.

Lo que digo es más cierto que la angustia que visto.

“La quiero a morir”

Chile, peca, como todo nuestro sur y más allá también, de alimentar, de adular y proteger al Gran Capital.

Según la gente del Capital, el proletariado, es gente de segunda. Su paga por su fuerza de trabajo debe estar en desacuerdo con la ganancia y paga, de la gente de primera.

La gente de primera, no son el Capital.

El Capital viene de afuera, envuelve en papel de celofán al riquerio nacional, criollo, y lo hace creer que son gente re linda.

Cuando la gente de segunda, sus hijos, sus familias, se dan cuenta que no son de segunda y se organizan, conversan, se ponen de acuerdo, crean mutuales y otras entidades, partidos políticos, por ejemplo, el Capital no se inmuta, tiene a su gente linda para ordenar.

Esta gente, es linda, porque ha ganado casi todos los espacios de poder político del pais. Sin asco, en nombre de la democracia, clausura organizaciones, prohíbe y encarcela partidos políticos, controla sindicatos, ideologías, radios, teléfonos y tocadiscos. Compra a cierta gente de segunda, y la divide, la embrutece y se acabó el jolgorio.

Ahora, si esto no resulta y la gente de segunda, se pone chora, políticamente pudiente y va controlando los medios más importantes y estratégicos de producción, el Capital se almorrana y ordena a la gente linda y estos, mandatan a los de segunda ya comprados y comprobados, a matar.

Y matan cruel, salvajes.

Los que no han podido ser muertos, se organizan otra vez.

Es como ganarse un “vale otro”.

La democracia en mi paisito nunca ha estado en manos del proletariado.

Todos nuestros recursos naturales, la burguesía local, nacional, se los ha dado a los anglosajones, a los gringos en bandeja.

Los anglosajones, él yanqui nos han robado todo.

Ese asalto cobarde ha permitido una crueldad de vida que nunca, nunca, podrá ser olvidada.

Al menos mis viejos y viejas, la juventud de amaranto, lo sabe. Y no podemos viajar por la vida, pegándonos en el pecho.

“La quiero a morir”

Nosotros, solos, no llegamos ni a la esquina. Y no podemos obligar a nadie.

El que sabe del Caliche, de quebrarlo encontrándole la hebra, el que sabe la historia del salitre, sabrá de la muerte, de muertos por medio mundo.

Sabrá de guerras.

Sabrá que les cuidamos celosos, los privilegios al anglosajón y nos matamos entre peruanos y bolivianos.

El que sabe del salitre, sabrá de la procesión de muerte plata en Chañarcillo, sabrá de ese ir y regresar a vivir en conventillos, de edificar con cartón debajo de puentes y baldíos, entenderá el vivir entre pulgas y piojos.

Sabrá del analfabetismo, de la ignorancia, de la pobreza y del saco al hombro.

Hoy, sábado 4 de julio, veía un programa televisivo sobre Siberia. Le daban a Stalin hasta con su sombra.

¡Era un bombo leguero!

Allí llegaron los deportados, ellos construyeron a la fuerza, más menos, la Siberia de hoy, sus caminos y su vida.

Yo me susurraba “pá callao”, y, en el desierto de Atacama, el hacer la vida, era, es, una aridez que te asusta y te arruga, y más encima enganchado, mentido, te convertían en un olvidado grano de arena.

Y del caliche al cobre. Y del cobre al congrio, a los moluscos y al tomate y a la uva, a la papaya

Hoy, vuelve la fiebre antigua, el Litio nos guiña, y el cobre.

¡Ay el cobre!

“La quiero a morir”

Y tú, proletario de Lota y Coronel; habitantes del “Chiflón del Diablo”, capacho del carbón, enterrado corriente abajo, al lado del cantón de jaibas y de cangrejos, no te diferencias tanto a los de Humberstone o a los de Santa Clara.

Se distinguen si, por el color de piel, los que ofrece la negrura del carbón, y los que tienen la piel quemante arena.

Asomo una lectura de Silvio Rodríguez: “El comunismo que tu no conoces, no te ha quitado nada, el capitalismo en cambio te ha dado la más infamia de las pestes, la pobreza”.

No sé si le pongo de mi cosecha, pero así lo entiendo y así lo siento.

Traigo nuevamente a los viejos y viajas que llevare conmigo siempre.

Vaya donde vaya.

Algún ramal tendrá que haber, si no, pá que la vida.

Vean ustedes nuestro sistema planetario, tan ordenadito; que habrá por el callejón oscuro.

¿Que habrá?

Si no pasa nada, no importa, me voy gitano legítimo.

“La quiero a morir”

Tengo, siento si, un “renuncio” muy re grande.

No tenía en mis libros lo que acontece hoy en mi paisito.

No hablo de la pobreza, ni de la corrupción, ni del hambre.

Hablo, de cómo pudimos ser capaces de abandonar a un pueblo, a todo un país, en manos del fascismo.

Ustedes saben de mi saber entre nazismo y fascismo.

Chile, no tiene tanto espacio para el nazismo, pero tiene un firmamento inmenso, sembrado en 266 años para el fascismo.

El fascismo, con la gente linda, y, sobre todo, sin cierta gente de segunda, es un cero a la izquierda.

El fascismo necesita del apoyo popular.

De la gente de segunda.

Lo que sucedió en mi país era un grito anunciado.

Nuestra dignidad de pueblo, de martillo y echona, nos obliga a estudiar, nos mandata ir a las poblaciones y educar.

La injusticia social de nuestro pueblo, del mundo entero, nos obliga a rebuscar, a reencontrar, inventar las estrategias para tácticas de hoy y mañana.

La estrategia, no hay que moverla, al contrario, como dijera Gladys, hay que defenderla con la propia vida si fuera necesario 

“La quiero a morir”

Nos ayuda en parte, un nazismo ignorante y ajeno.

La gente de segunda, esa que empujo, está pagando las habas que se comió el burro.

Los dejo con un axioma de Don Elías Lafertte.

“El peligro inmediato que amenaza al mundo es la barbarie cavernaria del fascismo y la ambición expansionista del imperialismo”

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20250705