lunes, 13 de julio de 2026

“¿Quién salvara este chiquillo, menor que un grano de avena?”

 


Comentario radial y escrito.

 

 


“¿Quién salvara este chiquillo, menor que un grano de avena?”

 

Las niñas de Minab.

 

Que viene una nueva era; que los albañiles salen con viento y marea a construirla; que otro mundo pretende asomar la cabeza, es cierto; pero, así como vamos, la siento harto lejos.

Y hablo desde las interrogantes y miedos de Lucy, hablo de ti, de mí y de ustedes.

Grito por las generaciones que aún no existen; que la tienen que traer, hacerla.

Para los vivientes de hoy, es un compromiso, un traspaso generacional, muy re grande.

Se tiene que traer, amenazados por la crueldad que existe en la lucha de clases, el recuerdo. Con el recuerdo a lo García Lorca, ponernos en bandolera, el legado de todos los héroes nuestros.

Las “mil guitarras para Víctor Jara”, en el mundo entero, fue, es y será, una forma de gritarlo, de traerlo. Y con él, son miles y miles que se nombran, que nos arropan, que nos empujan.

Se nos viene Lenin Diaz, el Choño Sanhueza, Gladys, las 4 Martas, Luis Emilio Recabarren, Nalvia Rosa, Sola Sierra…

La lucha de los pueblos, por su independencia y soberanía, nos empuja, nos urge saber y sentir que somos más, mucho más que dos.

Esos luchadores de las salitreras, por el norte, los de la Federación Obrera de Magallanes, que agrupo a peluqueros de ovejas, a ferroviarios y portuarios.

En Valparaíso, otra vez el mar y el tren, los artesanos.

Los panaderos y zapateros.

Todas estas agrupaciones, tienen nombres y apellidos; ansias y esperanzas, sueños.

¡Tienen humanidad!

En estos tiempos tan de muerte, debemos mostrar lo humano que vive en nosotros mismos.

Como decía Carlos Marx, y como lo entiendo, no es lo que dice o hace un proletario solo, aislado; lo que sirve, es ese proletario que liuda en las masas, y las masas con él; modelando en colectivo las vestimentas de lucha para conquistar la justicia social.

Si no fuera así, me falto yo solo para hacer la revolución.

Y créanme, hay muchos que lo hacen.

Me imagino cosas, me las invento; necesito oler, palpar, que tenemos la capacidad, la fuerza, el intelecto “a la pinta”, para fundir otro mundo.

Las materias primas, las tenemos.

Y así me la llevo, toda una vida, costalazo tras costalazo.

Somos seres humanos, capaces de reflexionar, de atar y guardar y enviar. Imagínense ustedes; una trilla antigua, yo no sé qué encanto le encuentran a una trilla.

El asma por ahí, no tenía cabida, pero por miseria, cabía.

Y el hacer los fardos, las gavillas, dios mío de los coloraos; ahora, un fundo de 700 hectáreas de trigo, 8 meses de trabajo, duro como él parir, de cuidados, confiando; hoy, una máquina, lo hace todo, en un solo guiño.

Me imagino cosas y me voy melgado.

Yo, sigo siendo profesor normalista; hoy, no tengo escuela física, pero la tuve. No tengo alumnos, pero los tuve, sé de escuela rural, sé, de escuela cuica.

Sé del esfuerzo de los padres por darle a sus hijos, lo que ellos no tuvieron, sé de la preocupación de los padres por las enseñanzas de sus hijos.

Se, lo que se siente, cuando alumnos te muestran su cariño.

Por esas cosas tan re mía, maldigo a los que mataron en tiempo de esperpento a 165 niñas de 7 y 12 años, en Shajare Tayebéu. Una escuela en Minab. Irán.

Minab, geografía de trigos, de mangos y dátiles; que, por desgracia, tierra abajo, esta Ormuz.

Este acto criminal y alevoso, de lesa humanidad, de la aplicación sistemática del pánico, del terror, de la mentira, de confundir, está hoy, en su plena plenitud y magnitud.

Lo vemos en nuestro sur, en Cuba, la rebelde perenne, en Venezuela, como gato de espalda, la vemos en la interrogante Colombia.

No fue un solo proyectil que mato en la escuela de Minab; fueron tres.

El primer proyectil te inmoviliza en dos parpadeos, luego corres, mientras corres, te arropa el segundo; lo que queda de ti, el polvo de ladrillo, él fuego y el humo, cientos de gritos, “en una de esas” te envolverá el tercer impacto.

No quedara ni tu sombra.

Qué clase de humanidad tendrán esos gobiernos que matan niños.

Cierro los ojos y veo a mis alumnos correr hacia mí. Siento una fuerza invisible, brutal que los desparrama, los deshuesa, quieren correr, pero no saben cómo, otra mano oscura los revuelve en alquitrán; la tercera…No hay nada.

Ayer, miércoles 8 de julio, leía sobre la cumbre de la OTAN. Necesito creer que saben del porqué de la OTAN.

Como dijera Don Lucho Corvalan, “por si las moscas”, me aseguro y lo digo.

En abril cumplió 77 años de existencia.

Tiene dos pilares que lo sostienen, han perdurado maltratados a veces, por el qué dirán, pero vigentes y en pleno desarrollo. Se hace necesario decir, que sus ideas, su vientre, es más viejo que los años que arrastra.

A decir verdad, son más de 100 años que sufre de pesadillas y de sueños idílicos.

En la Capital de los Estados Unidos, por él 1949, se juntaron los países del Atlántico y firmaron un acuerdo.

Protegerse de la Union Soviética y de su comunismo. Hitler pensaba y sentía lo mismo. Aunque este, veía a los eslavos como fuerza de trabajo barata, como a siervos. Ansiaba sus territorios.

Si ese país, con su Ejército Rojo, liberaron del horror a los prisioneros del Campo de Exterminio en Auschwitz, y ser capaces de ir liberando del nazismo a casi toda Europa y llegar a Berlín, bien podrían llegar hasta Florida.

Como ese argumento, no tiene “punta sin hilo”, se han tomado la responsabilidad de ejecutar su misión liberadora en Iraq, en Libia, Afganistán.

La OTAN es una tortuga que devora geografías.

El país poderoso del grupo son los Estados Unidos de Norte América; ellos, solitos, sin los Ejércitos de Europa, bañaron de napalm Vietnam.

En ese encuentro OTANIANO, escuche al presidente de España, Social Demócrata, Pedro Sánchez, anunciando el compromiso militar de España en la organización, con 6.287,53 millones de euros. Es decir, el 2,1% de su PIB.

La construcción de 1000 viviendas, tipo estándar, tienen un costo de 180 millones de euros.

Yo entiendo la cuestión de lo militar. Y lo entiendo también como entiendo la producción de la papa, o la explotación del cobre, del litio. Tienes que construir como país, tu propia seguridad soberana; hoy en día, te respetan de acuerdo con los daños que puedes ocasionar si eres invadido. Tener fábricas de armamentos propios, también tiene que ver con tu soberanía.

 Si le compras a los gringos, por ejemplo, estas subvencionando la industria de la muerte. Se puede negociar con otras geografías dignas soberanas, que no contemple su hegemonía en el mercado con la muerte cobarde de seres humanos o en un mercado nacional de fácil acceso, como si fueras a comprar un ramo de perejil.

La potencialidad de las ideas desgraciadamente tiene que ver con los armamentos. Si no tienes, ni sabes cómo defender tu revolución, tu forma de organizar país, serás presa fácil para jotes y buitres.

Eso no quiere decir, que tengas que inventarte enemigos y quitarle al pueblo la participación de su trabajo, de su relación en los medios de producción.

Eso que empezó por miedo al comunismo hace 77 años viejos de la ex Union Soviética, hoy, les salen, gente muy poderosa por los caminos.

Con una esperanza linda, los dejo.

Me enteraba ayer de una película, un comic, auspiciada por la Televisión Estatal Española RTEV, tendrá su premier este mes de julio.

Se titula: “Winnipeg, El barco de la esperanza”.

Sus directores comentan qué sin Pablo Neruda, los 2.200 exiliados en Francia no habrían podido sobrevivir.

A esa humanidad del Winnipeg, le llaman “Los hijos de Neruda”.

Bonito, no es cierto.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260711