El 30 de mayo de 1431, con unos 19 años, Juana de Arco murió quemada en la hoguera de la plaza de Ruán. Hoy la recordamos a través de un escrito del historiador del CEILER, Iván Ljubetic Vargas.
Iván
Ljubetic Vargas, historiador del
Centro
de Extensión e Investigación
Luis
Emilio Recabarren, CEILER
588 años después de su
asesinato, Juana de Arco ha vuelto a salir de sus cenizas. Fue con motivo del
incendio de la Catedral de Notre Dame en París, que estalló el 15 de abril de
2019. Cuentan que, cuando ya el fuego estaba controlado, los bomberos
ingresaron a la catedral y lo primero que vieron fue una hermosa cruz de oro
sobre el altar. Esto sirvió para que algunos recordaran que el último pedido de
Juana de Arco, mártir y patrona de Francia, antes de ser quemada en la hoguera
en 1431, fue que durante su ejecución sostuvieran una cruz en
alto "para poder verla a través de las llamas".
¿QUIEN ERA JUANA DE ARCO?
Juana de Arco, también conocida
como la Doncella de Orleans, nació en Domrémy
en enero de 1416, en el seno de una familia campesina francesa
acomodada.
Su breve existencia
transcurrió en una Francia marcada por
la Guerra de los Cien años, que enfrentaba al país galo y a Inglaterra por el
trono francés. Este intermitente conflicto bélico, se había iniciado en 1337 y durante los 116
años que duró, se llevaron a cabo diferentes campañas militares.
JUANA A LOS 13 AÑOS DIJO ESCUCHAR VOCES
La guerra estaba en pleno
desarrollo. Las batallas se hicieron cada vez más encarnizadas. Se enfrentaban
el heredero al trono, Carlos VII,
con Enrique VI de Inglaterra. Fue
entonces cuando la doncella de Orleans, que tenía 13 años, comenzó a decir que
ella veía alucinaciones que, según ella, eran divinas. Aseguraba haber
visto a visto a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita. Años más tarde
dijo que Dios le encomendó
una misión: ayudar a Francia a recuperar el trono. La Iglesia católica y
la inmensidad de fieles, reconoció como verdaderas estas apariciones.
EN LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Cumpliendo la tarea que, según
ella, le había encomendado Dios, hacia 1428, Juana partió hacia Vaucouleurs,
lugar donde estaban acampadas las tropas de Carlos VII. La joven guerrera pidió
alistarse en sus filas. La rechazaron. Pero no cejó en su empeño.
Pocos meses después, los ingleses
pasaron a la ofensiva y llevaron a cabo
el asedio de Orleans. El ejército
francés se trasladó a la localidad de Chinon. Hasta allí acudió la joven
Juana. Reiteró incansable su petición
a Carlos VII que le permitiera dirigir parte de sus tropas.
Con insistencia volvió a pedir a
Carlos VII que le permitiera dirigir a parte de sus tropas. En forma increíble,
Carlos VII aceptó que una muchacha
desconocida encabezara parte de
su ejército. Muy desesperada debía ser la situación de las huestes francesas.
LA VICTORIA DE ORLEANS
Fue así como en 1429, Juana de Arco, dirigió un ejército de
más de cinco mil hombres y venció a los ingleses, rompiendo el cerco que estrangulaba Orleans. Después de esa victoria, Carlos VII fue coronado de manera simbólica
como rey de Francia en Reims.
Gracias al triunfo en Orleans, de
las tropas comandada por Juana de Arco,
Francia comenzó a aventajar a Inglaterra. Poco a poco fue recuperando
territorios hasta que, finalmente, reconquistó Francia. Pero eso no lo vería la joven
doncella.
La Guerra de los Cien terminó en
1453 con la victoria de Francia. Por entonces habían pasado 22 años que la
joven guerrera victoriosa había sido asesinada en una hoguera.
EL “PAGO DE FRANCIA”
Con la victoria de Orleans y la
coronación del rey Carlos VII, la joven Juana de Arco, consideró cumplida su misión. Dejó de oír las voces y quiso
regresar a su casa. Sin embargo, antes de partir, participó en dos combates más: en París y en Compiègne.
En esta última batalla, el 24 de
mayo de 1430, fue capturada por el duque de Borgoña. A pesar de haber conducido al triunfo a las
huestes francesas y de haber contribuido
a la coronación del rey Carlos VII, la Doncella de Orleans fue traicionada por los suyos. Por su propio rey y por los militares.
Temían a Juana de Arco por el poder que había alcanzado. Por
eso la
capturaron y la vendieron a los ingleses para que fuera procesada.
ANTE LA INQUISICIÓN
Juana de Arco fue trasladada a
Ruán. Cayó en las garras de la Inquisición, el terrible tribunal eclesiástico. El proceso duró unos
tres meses. Durante todo ese tiempo, los inquisidores se aseguraron que la heroína
francesa no tuviera posibilidad de defensa. Ésta declaró que las voces que oía
procedían de los santos y de Dios. El tribunal la acusó de brujería y afirmó
que las voces a las que hacía referencia eran del diablo. Recordemos que solo
seis años antes la Iglesia había reconocido como verdaderas esas apariciones.
Ahora, para la Inquisición, eran obra
del demonio.
En un momento del proceso, agobiada por las amenazas de los miembros
del tribunal de la Iglesia
Católica, Juana de Arco se retractó de sus
declaraciones. Entonces, le
conmutaron la pena de muerte por la
cadena perpetua.
Pero, tiempo después volvió a
reafirmar que las voces que oía tenían
origen divino, por lo que la condenaron a muerte.
El 30 de mayo de 1431, con unos 19
años, Juana de Arco murió quemada en la hoguera de la plaza de Ruán.
CAMBIA, TODO CAMBIA…
Pasó el tiempo. Y la Iglesia
Católica, dando vuelta las páginas de la
historia, beatificó a la joven
combatiente en 1909, habiendo pasado 478 años de su asesinato en la hoguera. Más
aún, la canonizó en 1920, 489 años luego
de su martirio. De bruja, de vocera del demonio,
la Doncella de Orleans, se
convirtió en Santa, en la patrona
de Francia y en símbolo de la unidad nacional.
¡Nada permanece igual, todo está
en un permanente proceso de cambio!



