Hace 57 años:
Hoy se cumplen 57 años de la insurrección contra la dictadura de Juan
Carlos Onganía, encabezada por la clase obrera y los estudiantes.
La recordamos a través de un escrito del recordado historiador del CEILER, Iván Ljubetic Vargas.
Iván
Ljubetic Vargas, historiador del
Centro
de Extensión e Investigación
Luis
Emilio Recabarren, CEILER
El 29 de mayo de 1969, las miradas del mundo se volvieron hacia la
ciudad argentina de Córdoba. En ella,
clase obrera y los estudiantes
encabezaban una insurrección contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. Se
abría un proceso revolucionario que solo
pudo ser cerrado con el golpe de 1976.
DURANTE LA DICTADURA DE ONGANÍA
Desde junio de 1966 gobernaba
Argentina el dictador Onganía. La
situación de los sectores modestos era insoportable. Su ministro de
Economía, por ejemplo, llevó a cabo un
plan económico que devaluó la moneda un 40%, congeló salarios por dos años,
suspendió los convenios colectivos de trabajo, y dio lugar a una Ley de
Hidrocarburos, que permitía a las empresas privadas participar de la
explotación petrolera y una ley de alquileres a favor de la especulación
inmobiliaria.
Estallaron una serie de movilizaciones estudiantiles y
obreras. Sus momentos culminantes fueron las manifestaciones de los estudiantes
en Corrientes, donde cayó asesinado Juan
José Cabral. En Rosario agentes del
gobierno mataron a los jóvenes Bello y
Blanco, lo que provocó el levantamiento obrero conocido como el primer
Rosariazo.
EL CORDOBAZO
El 29 de Mayo de 1969 Rosario
amaneció con un paro general convocado por la CGT.
Córdoba, por su parte, fue estremecida por una huelga de 36 horas y
una marcha hacia el centro de la
ciudad. La movilización estuvo
encabezada por las columnas de los sindicatos.
Se movilizaron de
Junto a los obreros industriales,
la otra fuerza social movilizada fueron los estudiantes universitarios que
resistieron en el Barrio Clínicas. La unidad obrera estudiantil fue una de las
claves de la jornada y un signo de la época.
SE COMBATE EN LAS
CALLES
La dictadura intentó frenar el
avance de las columnas. Se desató una feroz represión. Fue asesinado el joven
obrero Máximo Mena, que integraba la columna de la planta Santa Isabel de la
firma IKA. La noticia de su muerte se difundió rápidamente. Se alzó una ola de
indignación. La ciudad fue ocupada por los obreros y estudiantes. La policía
fue derrotada. En el centro de la ciudad
150 manzanas fueron ocupadas. Hubo combates callejeros. Era una
verdadera guerra de guerrillas urbana. Se levantaron barricadas. Los insurgentes comenzaron a coordinarse
entre sí para frenar la represión.
LA DICTADURA DEBIÓ ECHAR MANO AL EJÉRCITO
Para retomar el control, la
dictadura debió apelar al Ejército que, por la noche del 29 y la madrugada del
30, se enfrentó a nidos de francotiradores que cubrían el repliegue de los
manifestantes.
El movimiento ocupó la ciudad y
derrotó a las fuerzas policiales pero fue insuficiente para frenar al Ejército,
que obligó a la retirada hacia los barrios. Los obreros y estudiantes carecieron
del armamento y de organizaciones capaces de plasmar la unidad combatiente en
las calles.
La clase obrera encabezó a los estudiantes y el pueblo pobre,
transformando el paro general en una huelga general política, que exigía el fin
de la dictadura.
“POR UN GOBIERNO OBRERO, OBRERO Y
POPULAR”
La consigna de los manifestantes
cordobeses era: “Luche, luche, luche, no deje de luchar por un gobierno obrero,
obrero y popular”.
El Cordobazo abrió un proceso
revolucionario cuyo principal protagonista fue la clase obrera y que obligó a
los militares y la burguesía poner fin a la proscripción del peronismo para
desviar ese ascenso (reflotando su discurso de armonía entre las clases) y
debiendo apelar a las bandas anticomunistas
de las Tres A y el terrorismo de Estado para aniquilar a una generación que se
planteó la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.
