Fuente: www.pcchile.cl
Queridas compañeras, estimados compañeros, permítanme un abrazo fraterno y lleno de reconocimiento para las y los familiares de nuestros héroes y heroínas a quienes rendimos homenaje en esta mañana de mayo.
Realizamos este homenaje cuando Chile lo gobierna la
derecha con políticas muy reaccionarias y abiertamente a favor de la
concentración del gran capital. Llegamos a este lugar de Santiago para
reivindicar la consecuencia militante de quienes entregaron la vida en la lucha
antifascista, portando los más nobles valores comunistas. Este homenaje es
también la respuesta a la campaña anticomunista de quienes están preocupados
por las banderas rojas de la hoz y el martillo que siguen flameando en nuestro
país.
Hace medio siglo… Un 4 y 5 de mayo, en esta casa que
está al frente, fueron detenidos y siguen desaparecidos los compañeros Mario
Zamorano, Jorge Muñoz, Uldarico Donaire y Jaime Donato, miembros de la
dirección clandestina del Partido.
Hace cincuenta años… Pero un 12 de mayo, en la calle
Bello Horizonte de Las Condes, fue detenido y hecho desaparecer el compañero
Víctor Díaz, subsecretario que encabezaba la dirección del Partido hasta la
fecha.
En medio de un intento planificado y sistemático de
genocidio y de exterminio sobre el Partido Comunista de Chile, cerca de un
centenar de compañeras y compañeros militantes fueron detenidos, torturados,
ejecutados y hechos desaparecer sus cuerpos.
La dictadura fascista civil-militar se propuso,
durante el año 1976, exterminar al Partido Comunista. Para ello desató una
persecución que afectó a las direcciones del Partido y la Jota. Lograron
propinarnos golpes muy duros; cerca de 100 cuadros políticos fueron detenidos
desaparecidos y ejecutados. Por razones de compartimentación y prevención por
seguridad, esto afectó a más del doble de cuadros que debieron descolgarse y
muchos de ellos partir al exilio.
El hecho histórico que la dictadura no calculó es que,
ante la caída de una o uno, habría diez y los que fueran necesarios para ocupar
su lugar.
Cualitativamente no fue lo mismo, pero en dos años la
dirección clandestina del Partido estaba funcionando nuevamente a plenitud,
incluyendo la incorporación de los que retornaron clandestinamente, venciendo
la siniestra Operación Cóndor.
Ellas y ellos formaban parte sustantiva de un conjunto
de heroínas y héroes del pueblo; militantes consecuentes del internacionalismo
proletario; luchadoras y luchadores por causas patrióticas, nobles y justas
que, tras el golpe de Estado y la implantación del terrorismo y la extrema
miseria de millones y millones de compatriotas, realizaban la temprana y
durísima tarea de reorganizar al Partido Comunista en clandestinidad y bajo
persecución extrema, en las luchas de resistencia.
El imperialismo norteamericano, los protagonistas e
impulsores del golpe, tenían la estratégica convicción de que, para avanzar en
sus espurios propósitos económicos, políticos, sociales y culturales, debían
exterminar a quienes consideraban sus enemigos fundamentales. A quienes, de
resistir y sobrevivir, podían enfrentarlos, luchar y generar incluso las
condiciones para su derrota.
Actuaron desde un feroz y criminal odio de clases.
Pero también actuaron desde el temor, desde el miedo,
creyendo que incluso, haciendo desaparecer sus cuerpos, harían desaparecer sus
ideas, sus doctrinas, sus principios, sus abnegados ejemplos de vida surgidos
desde lo más profundo de la clase obrera chilena, desde lo más trascendente del
pueblo chileno.
Hace 50 años, quienes destruyeron el Estado de derecho
y la democracia chilena, con un golpe terrorista impulsado por una potencia
extranjera, tal vez creyeron que la detención, tortura, ejecución y
desaparición de este centenar de compañeras y compañeros consolidaría sus
propósitos de clase.
Las huellas del golpe marcaban al país entero,
especialmente a un pueblo que, hasta hace muy poco tiempo histórico, había
construido a través de décadas de lucha, sacrificios, avances, retrocesos,
épica y emoción colectiva, derrotas y grandes triunfos electorales,
conquistando una correlación de fuerzas que permitió que en Chile se instalara
en La Moneda el Presidente y el Gobierno más democrático que ha tenido el país
en su historia.
Reconocido en todo el mundo democrático como un
proceso revolucionario inédito, propio, camino al socialismo a la chilena, con
empanadas y vino tinto, como lo dijo Salvador Allende.
El intento de exterminio y genocidio fue parte real de
borrar esta experiencia del pueblo de Chile y cerrar toda posibilidad de que
este camino se volviera a retomar y abrir paso en el futuro del país.
Las compañeras y compañeros que cayeron tenían
conciencia individual y colectiva de este gigantesco desafío que debieron
enfrentar.
Su tarea de reorganizar; formar colectivos; comenzar
la resistencia sin tener total claridad de la represión brutal que caía, y
cayó, sobre ellas y ellos la llevaron hasta las últimas consecuencias.
Pero qué verdad histórica, tras 50 años, hoy son las
consecuencias individuales y colectivas que nos permiten estar aquí, que nos
permiten sostener que el Partido Comunista de Chile vive, que el Partido sigue
vitalmente luchando por las causas y principios nobles y justos por los cuales
ellas y ellos lucharon y ofrendaron sus vidas.
Honor y gloria eterna a quienes siempre estarán presentes
porque hoy, tal vez más que ayer, necesitamos de sus ejemplos vitales para
seguir enfrentando los difíciles momentos que vive Chile.
La historia, el pasado, el presente, el futuro, es
continuidad y cambio.
Todas y todos ellos fueron protagonistas y
constructores, en muchos aspectos y facetas, de ese proceso que se fraguó en
décadas de luchas. Que tenía como objetivo realista el socialismo para Chile.
Que construyó una generosa conciencia popular
solidaria con todas las causas y pueblos del mundo; con Vietnam, con Cuba, con
los pueblos de África, del Oriente Medio y con todas las naciones de América
que se levantaron contra el imperialismo, buscando construir la patria grande y
unida.
En ese contexto, nuestras compañeras y compañeros
tomaron la misión de comenzar la rearticulación; la vital reorganización del
Partido; asumiendo las inmensas dificultades que enfrentaban, lanzando las
primeras ideas y propuestas de acción, de lucha, de llamados a la resistencia y
a la unidad antifascista, cuando el Partido debatía las causas de la derrota y
la necesidad de resistir y enfrentar el inmenso desafío que realmente se debía
asumir.
Quienes hoy pretenden desconocer la consecuencia del
Partido Comunista no solo cometen un error y una falacia completa. Faltan al
rigor de los hechos históricos que destacan el heroísmo militante.
Pretenden desconocer el legado ético, plenamente
vigente, de seres humanos ejemplares que legaron al pueblo de Chile una consecuencia
plagada de valores revolucionarios, democráticos, y que son parte de un
proyecto inconcluso, pero jamás derrotado.
Nuestra lucha actual adquiere y tiene pleno sentido en
la dimensión histórica que nos legaron quienes hoy sentimos parte fundamental
de nuestro presente y futuro. Porque son presente y futuro.
Quienes pretenden negar la historia, negar y
tergiversar el pasado, negar el legado que protagonizaron compañeras y
compañeros que hoy están aquí, con nosotros, saben que sobre esa base pueden
repetir las atrocidades que han cometido… y lo que es más grave, darle
justificación a sus atrocidades hacia el futuro.
Alertas de que el gobierno de Kast se ha propuesto
revertir logros en la política de DD.HH.: los criminales de lesa humanidad no
tienen derecho a beneficios carcelarios.
Atrocidades sociales, económicas, políticas, de
violación a derechos humanos de pervivencia, incluso a la vida.
Hoy, quienes ponen en duda, tergiversan e incluso
cuestionan y buscan excluir, marginar y sancionar al Partido Comunista, sus
acciones, sus ideas y principios, vuelven a justificar de esa manera su
posición históricamente antidemocrática, antipopular, totalitaria.
Más aún, quienes hoy gobiernan Chile solo pudieron
ganar elecciones y ser gobierno porque antes, no mucho tiempo antes, hubo
millones y millones que luchamos porque en Chile, de nuevo, hubiera elecciones
soberanas, derrotando el totalitarismo y la dictadura que ellos mismos
avalaron, apoyaron y que rechazaba el camino democrático.
Hoy señalamos que, con esos ejemplos, seguiremos
abriendo las grandes alamedas con el pueblo de Chile.
Hoy vivimos tiempos duros y difíciles, en Chile y en
varios países de nuestra región.
La oleada derechista, con pleno impulso proveniente
del imperialismo norteamericano y sus socios de la OTAN, vuelve a tomar la
ofensiva para apropiarse, a mayor escala, del trabajo humano y recursos
naturales de todos los países de nuestro continente.
En el mundo, el multilateralismo, la defensa de la
convivencia en el respeto a los diferentes proyectos que se propongan los
pueblos, del derecho internacional, la soberanía de los pueblos y naciones, el
diálogo y no las guerras y genocidios, son la real y única esperanza para todo
el planeta.
La orden del día para todas y todos quienes son parte
de la inmensa mayoría democrática es, desde la propia realidad de cada cual,
levantar un potente movimiento por la paz.
Las compañeras y compañeros que hoy están presentes, y
lo seguirán estando, a pesar de quienes intentaron borrar sus cuerpos y sus
legados, eran parte de ese inmenso y generoso torrente que hoy se moviliza por
terminar con el genocidio en Gaza, en el Líbano, en África. Una palabra que
representa un sentimiento y compromiso antiimperialista, que denuncia el
criminal bloqueo y estrangulamiento de Cuba y su heroico pueblo. Cuba no está
sola. Cuba vencerá.
Somos continuidad histórica y estamos orgullosos de serlo.
Como ellas y ellos, cultivamos la solidaridad y la
ética porque ningún pueblo es lejano.
Hoy es urgente la necesidad de levantar y construir un
movimiento social amplio, activo, en lucha, unitario, con propuestas nacionales
y sectoriales, que definitivamente supere el neoliberalismo y el capitalismo
salvaje que solo favorece a unas cuantas familias y un puñado de consorcios
transnacionales.
Un movimiento en donde es totalmente necesario el rol
de la clase trabajadora, empujando la construcción de un movimiento social
popular y de alcance nacional, en el cual nadie, nadie quede afuera ni menos
marginado.
Hoy es el tiempo de la construcción, de la
generosidad, del amor cotidiano por empujar colectivos solidarios convencidos
de que la alternativa es posible y necesaria.
La economía chilena, ya hace muchos años, no crece a
escala humana y está estancada.
En Chile, el modelo económico no ha cambiado
sustantivamente desde el golpe. Sí ha tenido cambios y reformas, pero su
estructura, su asentamiento a favor del capital especulativo y financiero, es
esencialmente el mismo, y su dependencia y subordinación a los centros de poder
económico del capitalismo salvaje es una dramática realidad.
La economía chilena, la real, en más del 75%, está en
manos del gran capital privado. El endeudamiento sostiene la movilidad social
que aspira de manera legítima a una mejor calidad de vida. Hace poco indican
que el costo del crédito de consumo alcanza el 25%. Es un abuso con la
necesidad de las familias de trabajadores y materializa otra expresión de
explotación en la relación capital-trabajo.
Y eso es lo que necesitamos cambiar con urgencia.
Avanzar en un modelo nacional de desarrollo y
crecimiento; una nueva política económica; una economía que, para crecer,
requiere necesariamente formas nuevas de industrialización; superación del
extractivismo; valor agregado; y, por sobre todo, reinversión de capital y
soberanía económica.
En estos días se levantan voces que buscan excluirnos,
marginarnos e incluso hablan de ilegalizarnos.
Empiezan a mostrar sus propios argumentos y temores.
Otras y otros empiezan a considerar que el Partido
Comunista debería ocultarse, no ser parte de las alianzas que consideran
posibles de construir.
Eso lo hemos vivido antes. Y también a fines de los
ochenta del siglo pasado y a comienzos de los noventa.
Como si eso fuera democrático, y más aún, parte de una
gobernabilidad democrática.
Como antes, y como después del golpe, como lo hicieron
nuestras compañeras y compañeros, como lo dijo el compañero Víctor Díaz, hoy
nos pronunciamos con claridad y sin ambigüedad:
“Podrán vaciar el mar con un balde antes de acabar con
los comunistas”.
Y desde esa ética, y desde esa convicción, convocamos
a la resistencia, a la lucha, a la unidad centrada en el pueblo y en las
grandes mayorías, a levantar la esperanza y la alternativa a la derecha, y a
quienes, en forma majadera y nostálgica, persisten en creer que algo bueno
podría salir de la continuidad del neoliberalismo y el capitalismo salvaje
imperante en Chile hoy.
Ante los recortes; la cesantía; los bajos salarios;
las deudas; las mentiras pertinaces, hoy más que nunca es necesario construir.
El gobierno impone un debate de megaproyecto en que
junta beneficios tributarios para la élite, para los superricos, para el gran
capital, con básicas políticas públicas para los damnificados de incendios. No
quisieron separar el proyecto. Se propone pasar gato por liebre: política
social para los damnificados junto con rebaja de impuestos para la empresa,
aumentando automáticamente sus tasas de ganancias.
Y nos amparamos en quienes, antes que nosotros,
brindaron lo mejor de ellas y ellos mismos, para seguir abriendo paso al camino
del pueblo de Chile y de las mayorías nacionales. Único sujeto necesario para
cambiar el rumbo de los acontecimientos que hoy cursan en nuestro país.
Compañeras y compañeros, ¿cómo rendir homenaje a tanto
heroísmo, que no sea reafirmando el compromiso de construir Partido y Jota como
instrumentos, referentes al servicio de la lucha de masas que libra el pueblo? Para
la eficacia en la aplicación de nuestra política caminamos a fortalecer y
profundizar el Partido de masas.
Tiene nuestra alta valoración el contundente triunfo
en la FECH, que logró la Jota en lista con el FA, con la elección de la
compañera Laura Mlynarz en la presidencia. Qué duda cabe: son un estímulo que
potencia el estado de ánimo del pueblo organizado.
Compañeras y compañeros DD. y ejecutados políticos:
presentes, ahora y siempre. Hasta la victoria siempre.
Con orgullo, humildad y sentido de responsabilidad
histórica recogemos el legado que nos hermana con las justas luchas del pueblo.
POR CHILE Y
SU CLASE TRABAJADORA. POR EL PUEBLO: ¡VENCEREMOS!
