Comentario radial y escrito.
Hay que tener coraje y esperanza
para vivir como vivimos.
Como que vale la pena ser un
ignorante social.
Un teflón, por donde el sentir
crítico, pase sin un desvelo.
Eres inmutable, nada te sorprende,
nada te encoje ni te arruga.
La angustia, el hambre, la
interrogación de una niña buscando recuerdos de migas de trigo, en los
escombros de Gaza; tanto, no te inmuta.
Quizás, en defensa propia, lo
borraste.
Sin embargo, tu caminar entre
bardanas, los medios de comunicación, las redes sociales, van golpeando y
entrando a tú mollera, y te achican la vida.
Ellas, las redes sociales, la
inteligencia artificial, te pueden inventar una charla con Pedro de Valdivia,
el invasor engañado por su amigo Almagro, justito antes de ser ajusticiado por
un lonco, por andar robando de lo ajeno
Tristes y desdichados invasores,
víctimas vulnerables, ante los salvajes oriundos, sin razón ni piedad.
La Inteligencia puede incluso,
inventar la cabeza guillotinada de Robespierre, guiñando al odiado Jorge
Dantón, antes, tan “poto y calzón”.
Y más aún, se puede desparramar
que el asesinado Juan Marat, litógrafo revolucionario, hilvanaba en un rosario
de papel, advertencias, para impedir que la revolución no se transformase en
una instancia para justificar los horrores aplicados, inhumanidad, que
guillotinaba a miles y miles de obreros y campesinos que se fueron en la volá.
Igualitos a los chilenos y
argentinos, 237 años más tarde.
Te la comes enterita, como quien
escupe un chicle de semanas masticado.
Debo confesar que la Revolución
Francesa, aunque me critiquen con alfileres, incluido el decir de Marx, que la
revolución francesa, dio entrada al nacimiento de una burguesía inmensamente
diversa, empujada por el clero. Dos extractos, hambrientos de poder, que más
tarde, sin fronteras ni monolitos, ostentaría, hasta hoy en día, todo el poder
político en manos de los nuevos y poderosos pudientes.
Eso, me cae mal.
No entiendo el dibujito de esa
mujer, senos al aire, entrando a una Bastilla.
Tampoco, tanta muchedumbre
celebrando el rodar de cabezas.
La Bastilla, ya no tenía olor a
monarquía.
No tengo idea, porque se me asomo
Francia en estos momentos tan de nitroglicerina.
Sera quizás, por lo mismo.
El cambio de una época, por otra
en pañales predestinados.
Con una diferencia diabólica.
La hoja de una guillotina puede
degollar de a una cabeza a la vez, hoy, una bomba nuclear, puede caer en París,
en Londres, en Estocolmo, Nueva York, en Moscú, en Buenos Aires, en Puchuncaví,
incluso en Miami, y no dejar nada de nada.
Solo polvo y polvo.
Quizás, un hedor extraño.
En oriente, la vida vale un
carajo, y a mí, como me gusta el balompié, me voy mejor a ciudad de Mexico o me
voy a Toronto, Canada.
Tengo, tienen ustedes, la alegría
y la preocupación del mundial.
El jueves 11, vi el partido
Mexico/Sudáfrica.
Lo encontré aburrido.
Fue más entretenido el de Canada
con Bosnia.
Yo entiendo los decires negativos
de algunos con respecto al futbol y a sus cosas.
La cuestión de andar corriendo
detrás de una pelota, tiene más años que el alpiste.
Los ingleses, perfeccionaron la
forma de correr detrás de la pelota, y este correr, fue evolucionando de tal
manera que se convirtió en un deporte que habita en cada rincón de un pueblo,
de un villorrio, de una ciudad, de una capital, en cualquier país del mundo.
Todas las civilizaciones, han
tenido esa costumbre del hacer de la pelota, una cuestión que tiene la
posibilidad de arreglar moralmente desavenencias.
Por supuesto, que también, puede
empeorarlas.
Nuestros oriundos, los mapuches,
jugaban al Palin, una cuestión parecida al hockey.
Con ese juego, resolvían las
ofensas.
Esa evolución del balompié esta
inmensamente ligada a las matemáticas, a la geometría, a la actitud cívica, a
la salud integral, al instinto y a la estrategia, al compañerismo, a la lealtad
de aquellos que la practican, aunque sea gritando como loco en la galería;
tiene además la posibilidad de desarrollar hábitos colectivos de respeto y
admiración.
Si, esto que digo, que el
perseguir una pelota, eludir al contrario y achuntarle a una puerta, fuera una
bendición, sería maravilloso, pero no lo es.
El mercado, mandata en este juego
de perseguir pelotas.
Y el petróleo, como en Ormuz o en
un rectángulo de 55X36.5 metros de tierra, juega un papel de muerte o de
ganancias.
Yo no sé, cuando el negocio, el
olfato del gran capital, metió sus narices en algo tan re bonito.
En alguna época de nuestra
historia, pueblitos enteros, disputaban sus diferencias jugando a la pelota.
Por donde y como se metió la
usura, los bancos, la corrupción, las trasnacionales para dirigir y poner en
juego la pelota, es para mí una incógnita, una maldición.
Me arrincono con la “Polla Gol de
beneficencia” y me abofeteo con este anuncio.
“Polla gol de beneficencia
premiara con 3 millones de pesos a personas que cumplan 90 años este 2024.
Las entidades bancarias y
financieras son las grandes corporaciones que mantienen el correr de la pelota
y a los que la persiguen, a un nivel que ni Donald Trump tiene acceso.
Y saber sus movimientos, sus
capitales, sus orígenes, es un desnudar de inmundicias.
Los orígenes del capital que
sostienen el mundo bancario, a las grandes financieras, tienen que ser un
secreto.
Es más fácil, apresar a Netanyahu
por genocida o encarcelar a Trump por proxeneta o pedófilo, que el saber la
identidad del cliente.
Por allí, se cuecen las habas.
Alejandro Fischer Alquinta.
Estocolmo 20260614
