lunes, 29 de junio de 2026

¡Cuidado Guaira!

 

 

 




Los purgantes se toman de un solo viaje.

 

Dicen y digo que, mi padre fue un Titiritero.

Oficio y pega muy complicada, además, de mucho viajar.

Al llegar a una edad, se cuestionó la vida.

No podía seguir siendo “un hijito de su mama”

Se enrolo en una escuela para Preceptores.

Al terminar sus estudios, profesor primario, en los minerales de Potrerillos se encumbro.

A la Andes Copper Mining Compani.

Un feudo del Gran Capital.

Muy a menudo, me traigo su presencia y sus decires.

Sus decires han sido, quizás, su única forma de ser padre y madre.

Mucho más antes que asomara la película de James Cameron, el Titanic, algo yo sabía, del cahuín a bordo.

Mi padre lo canto a lo canción de cuna.

Algo sabia del pecio del falucho.

Cahuín, que fue más tarde fuera interpretado por Leonardo de Caprio y Kate Winsler.

Jack Dawson y Rose DeWitt Bukater.

Mi padre no vistió un Jack a lo Cameron. pá ná.

El Jack de mí padre, era un semi esclavo del Congo, que lo tenían a bordo para pelar papa.

Tulunga se llamaba.

Rosa, se fijó en el negrito. Se fijo varios días.

De tanto fijarse, Tulunga se dio cuenta de su existencia y también la miro.

Las miradas se amarraron y más tarde construyeron un mundo para ellos solos.

Cuando el Titanic se partía en dos y se vestía de agua, Tulunga se desabrocho del abrazo de la muchacha, le dio un beso, y la empujó al mar hambriento, una balsa de salvamento la recibió.

Eran historias que me tenían despierto noches enteras.

Recuerdo un relato y una réplica que va conmigo, seguro, 70 años.

Mis padres, decía, me enviaron a Potosí, Bolivia.

Habían comprado por allí un terrenito.

Quizás, viviendo en Copiapó, teniendo Cerro Blanco, pensaron en otro Chañarcillo.

Bonito Potosí, decía, sobre todo el Salar de Uyuni.

Uyuni es el Salar más grande del mundo.

Por esos tiempos, el Litio no era lo que es hoy.

Bolivia con su salar, es parte de las principales reservas de Litio en el mundo.

Allí, me entrevere con una “compañía teatral chilena”.

Siempre me ha gustado el teatro.

La compañía, decía, sobrevivían haciendo giras por donde fuera lugar.

Una función tenía en un teatro de Potosí.

En esos tiempos, los años diecinueve, los veinte, los años que venían, el teatro, los diarios, las imprentas, el baile, los obreros, los sindicatos y los estudiantes, eran un almacigo, una avalancha de clase y sentido común imparable.

Yo era un cabro muy joven, esponja pá todo.

Me ofrecieron un papel en el drama. Y a la chuña Potosí.

Tenía que representar a un transeúnte que, a la vuelta de una esquina, se tropezaba con un cadáver.

Tenía que exclamar horrorizado:

 ¡Oh, un cadáver!

Ensayaba frente a un espejo, congestionaba mi rostro, modulaba.

¡Oh, un cadáver!

Decenas de veces. ¡Oh, un cadáver!

El día de la función, el teatro de la localidad estaba repleto.

De tanto ensayar en solitario, no supe ni me preocupe de la escenografía, menos del mono que sería el cadáver en el cual me tropezaría.

Al entrar al escenario y al doblar la esquina me tropiezo con el mono.

El cuerpo era tan real, tan macabro, tan salvaje y sangriento, tan sin piedad, que me olvide de todo y grite:

¡Chucha un muerto!

Ese improperio lo hice mío, es el insulto más genuino que aúllo.

¡Chucha!

Malditos sean.

Chucha sean los que golpean en los suelos a los más vulnerables del mundo entero.

Chucha a los medios de comunicación que se disfrazan solidarios, comprometidos, siendo en realidad la falsedad, la mentira, la manipulación encubierta del imperio.

El día de ayer, jueves, las noticias en Europa destacaban la solidaridad de los soldados gringos llegando a Caracas al rescate de los damnificados.

Caracas, capital de Venezuela, esa ciudad que fue invadida por el mismo Ejercito, raptando a su presidente, elegido democráticamente por su pueblo, Nicolas Maduro Moro, deteniendo vil, a todas las mujeres progresistas de Venezuela y del mundo entero, en la persona de Cilia Flores.

Violento las violaciones a la cordura.

Es mi vivir y el de toda la humanidad de hoy.

¿Quién corrompe las instituciones, quien se esconde en las togas de Salomón?

Me volvió la calma, al saber que Delcy Rodríguez, mandamás del pueblo Bolivariano, digo mandamás porque no comulgo, con eso de encargada, a no ser que se explique el término.

¡Encargada, hasta que llegue el presidente electo por el pueblo!

Ella mandato la militarización de La Guaira, por el Ejercito Bolivariano.

Eso es bueno.

Que los militares, en general, tengan más capacidad de movimientos, es un cierto, pero más cierto es, saber por dónde vienen los socorros.

Uno se entera de las infamias doctrinales de Donald Trump, de Netanyahu, infamias de derecho y hecho.

De las infamias domadas de Kast, de Milei…

Y, con una levantada de hombros, seguimos mirando el Mundial.

Deporte hermoso que no puede defenderse de la furia hambrienta del capital.

Veo el partido de Francia con Noruega, como tengo la “lucha de clases” en segunda piel, me voy “en viraje de mosca” a los calendarios de las invasiones europeas en el Continente Africano, por Eurasia.

El Chucha es grande y sangriento.

Las colonias europeas en esos territorios han permitido que podamos ver hoy, al equipo de Francia de color oscuro.

Sin el brutal Colonialismo Europeo, sin el esperpento de la esclavitud, sin las migraciones, no podríamos maravillarnos de un Ousmane Dembélé, de un Kylian Mbappé, de un Malo Gusto, de un Zinedine Zidane.

No, la historia de la humanidad seria otra.

Que habría sido del jazz.

Por donde iría Miles Davis, por donde Louis Armstrong.

¿Y las Murgas?

Que sería The Platers, de Tina Turner, de Mohamed Ali…

Que sería de Cuba, de Brasil, de Haití, del Caribe.

Habría existido Patricio Lumumba.

Habría nacido Nelson Mandela.

Francia versus Noruega.

La Francia de Macron. Ese que proclama civilización, progreso, igualdad, justicia social encaramado a un submarino dotado de armas nucleares.

Esa Francia Bohemia, que le declaro la guerra a la Alemania Nazi.

En menos de 6 semanas se le acabo la choría y se rinde ante el poderío nazi.

Paris, con su Torre y todo, fue ahorcada por la Cruz Gamada.

Cuatro años más tarde, las fuerzas aliadas desembarcaban en Normandia.

Soldados españoles, la compañía 9, conformada por republicanos exiliados, son los primeros en llegar a Paris y comenzar a destrozar las zarpas del nazismo alemán que infectaba todo.

No es malo recordar algunas “protuberancias.”

No era Hitler el único iluminado como Donald Trump, no, estaba Mussolini en Italia y Franco en España.

Si ustedes estudian algunas ideas de Hitler, son el reflejo vivo, de la visión del mundo de Donald Trump. Lo que ha dicho Trump de la civilización persa, lo decía Hitler con respecto a Rusia, a los eslavos.

Netanyahu, es otra cosa, aunque suene descabellado, contradictorio, es un Tristán Heydrich, es un Rudolf Hoess, el exterminador en Auschwitz.

La guerra Civil Española fue cruenta, inhumana, de lesa humanidad.

Y tan arraigada en los abolengos, en la ignorancia política, en la monarquía predestinada, en el poder factico, en la corrupción desenfrenada, en el crimen, en el racismo; que aún conservan espacios en el parlamento; en la gobernación de algunas Comunidades Autónomas como Madrid, Valencia, Galicia.

Una cuestión “calcada” ocurre en mi paisito flaco y largo.

Una cuestión calcada se agobia en mi paisito de agua.

En verdad, los exiliados republicanos vivían hacinados en Francia, se escondían de Guernica.

La invasión nazi penaba y tenía a una Francia amputada en dos.

Por ahí se asomó Pablo Neruda.

El poeta, y el barco Winnipeg, fletado por el gobierno de Chile, gobernando Pedro Aguirres Cerda. Embarcaron a más de 2.200 republicanos con destino Chile.

Algunos meses después, de ese rescate migratorio; Francia es invadida por la Alemania nazi.

Cuatro años de Guernica y de cavernas esclavizadas.

Ay, Francia, si no fuera por René Descartes, ese que olvido la humanidad de los desposeídos, en su sentencia: “Pienso, luego existo”.

Si no fuera por Jean Paul Sartre, por Simone de Beauvoir, por un hermano y gente que quiero y respeto me callo con la Marsellesa.

Me duele el canto no vivido.

“¡Marchemos, hijos de la patria, ha llegado el día de gloria!

Contra nosotros, ¡la tiranía alza su sangriento estandarte!”

Me duele el canto que no es vivido por el pudiente.

Y Noruega, Ay Noruega. No pudo ser neutral, su mar es como lo es Ormuz de hoy.

Una caleta estratégica.

Sin embargo, por Europa central, las fuerzas aliadas van liberando países.

El Ejército Rojo, detiene a los nazis a las puertas de Moscú.

Los persiguen por toda Europa, en Polonia, se encuentran con el infierno, el Campo de exterminio de Auschwitz. No hay explicación para tanta maldad. Continúan hasta llegar al edificio del gobierno nazi en Berlín.

En Oslo, los jerarcas nazis, sus colaboracionistas noruegos se suicidan.

La resistencia noruega detiene a los delatores y los fusilan por traición a la patria.

Dios mío de los coloraos.

Hasta donde se puede ir uno, por andar jugando una pichanga en la tele.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260627