En el 247 aniversario de su natalicio (9):
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
Cierra
los ojos, duerme, sueña un poco,
tu único sueño, el único que vuelve
hacia tu corazón: una bandera
de tres colores en el Sur, cayendo
la lluvia, el sol rural sobre tu tierra,
los disparos del pueblo en rebeldía
y dos o tres palabras tuyas cuando
fueran estrictamente necesarias.
Si sueñas, hoy tu sueño está cumplido.
Suéñalo, por lo menos, en la tumba.
No sepas nada más porque, como antes,
después de las batallas victoriosas,
bailan los señoritos en palacio
y el mismo rostro hambriento
mira desde la sombra de las calles.
Pero hemos heredado tu firmeza,
tu inalterable corazón callado,
tu indestructible posición paterna,
y tú, entre la avalancha cegadora
de húsares del pasado, entre los ágiles
uniformes azules y dorados,
estás hoy con nosotros, eres nuestro,
padre del pueblo, inmutable soldado.
(Pablo Neruda: “Canto General”)
9. DERROCAMIENTO Y DESTIERRO
La oligarquía y la Iglesia se
unieron y utilizaron a militares para
derrocar a O’Higgins el 28 de enero de
1823. Fue detenido por el general Ramón Freire el 6 de febrero de 1823.
El 17 de julio de ese mismo año se
embarcó hacia El Callao en la fragata inglesa Fly. Iban con él su madre Isabel
Riquelme, su hermanastra Rosita, dos indígenas mapuches adoptadas y Pedro
Demetrio, su hijo, un niño de poco más de 4 años.
Antes de embarcarse mandó a
imprimir la siguiente Proclama de Despedida, que fue distribuida después del
zarpe en las ciudades de Santiago y Valparaíso:
“¡Compatriotas! Ya que no puedo
abrazaros en mi despedida, permitid que os hable por última vez. Con el corazón
angustiado y la voz trémula os doy este
último adiós; el sentimiento con que me separo de vosotros sólo es
comparable a mi gratitud; yo he pedido, yo he solicitado esta partida, que me
es ahora tan sensible, pero así lo exigen las circunstancias que habéis
presenciado y que yo he olvidado para siempre. Sea cual fuere el lugar a donde
llegue, allí estoy con vosotros y con mi cara patria; siempre soy súbdito de
ella y vuestro conciudadano. Aquí os son ya inútiles mis servicios y os queda
al frente del gobierno quien pueda haceros venturosos. El Congreso va a
instalarse y él secundará sus esfuerzos; vuestra docilidad los hará
provechosos. Debéis recibir en breve sabias instituciones, acomodadas al tiempo
y a vuestra posición social; pero serán inútiles si no las adoptáis con aquella
deferencia generosa que prestaron a Solón todos los partidos que devoraban a
Atenas ¡Quiera el cielo haceros felices, amantes del orden y obsecuentes al que
os dirige!... ¡Virtuoso ejército! ¡Compañeros de armas!, llevo conmigo la dulce
memoria de vuestros triunfos y me serán siempre gratos los que la patria espera
de vosotros para consolidar su independencia”.
Arribó a El Callao el 28 de julio
siendo recibido por las autoridades limeñas. Se instaló con su familia en Lima
en la misma residencia en que había vivido el general San Martín cuando estuvo
en esa, en la calle Jesús María. Durante el gobierno de San Martín, Perú, en
reconocimiento de sus esfuerzos por la organización y realización de la
Expedición Libertadora, le había concedido a O’Higgins la propiedad de dos haciendas, estas eran
Montalván y Cuiba, ubicadas en el valle de Cañete, unos
La situación política de Perú era
caótica. O'Higgins, ante esto decidió poner su espada al servicio del Perú, en cuyo Ejército tenía
el grado de Capitán General. Estaba en
Lima cuando supo que Simón Bolívar había desembarcado en El Callao dispuesto a
tomar la dirección de la guerra ante una solicitud del Congreso peruano. A
fines de 1823, se trasladó junto con toda su familia a Huanchaco, al puerto de
Trujillo donde se encontraba Bolívar con su ejército.
O'Higgins deseaba poder formar
parte de las tropas de Bolívar para luchar
contra las tropas realistas. Bolívar trasladó su ejército hacia la sierra.
O'Higgins no pudo partir. Estuvo dos meses en cama con fiebre. Convaleciente,
partió el 9 de julio de 1824 hacia la sierra dejando a su familia en Trujillo.
El 18 de agosto alcanzó al Libertador en Huancayo. Bolívar le presentó la
oficialidad del ejército, pero no le dio ningún puesto de responsabilidad como
le había ofrecido,
En octubre, Bolívar le entregó el
mando al general Sucre y se retiró a Lima para recibir a las tropas de refuerzo
que venían desde Colombia. O'Higgins también se dirigió a Lima. Allí le llegó
la información que Sucre, el 9 de diciembre en Ayacucho, había derrotado
definitivamente al ejército del virrey La Serna y del general de Canterac.
Al banquete que Bolívar ofreció en
celebración de la victoria de Ayacucho,
en 1824, O’Higgins concurrió de civil. Extrañado, Bolívar le preguntó el por
qué de su indumentaria paisana. Le respondió: “Señor, la América está libre.
Desde hoy el general O’Higgins ya no existe; soy sólo el ciudadano particular
Bernardo O’Higgins. Después de Ayacucho mi misión americana está concluida”.
En 1825, O'Higgins y su familia se
instalaron en la hacienda de Montalván.
En Lima arrendó una buena casa
donde pasaban largas temporadas su madre y hermana, pero él se mantenía en la
hacienda en los trabajos propios del campo y donde recibía a sus amigos.
En las largas horas que pasaba en
Montalván, soñaba con las reformas y adelantos que deberían producirse en su
lejana patria. La incorporación a la nacionalidad chilena de los pueblos
indígenas: mapuches, pehuenches, puelches y patagones. Otra de sus ideas era la
de mejorar la calidad de los vinos de manera de poder exportarlos a Inglaterra
y mejorar el cultivo de la avena en Chiloé. En lo internacional estaba
preocupado porque Chile se aliara con Gran Bretaña para prevenir acciones
reivindicatorias por parte de España y contener el expansionismo en América
manifestado por los Estados Unidos.
A mediados de 1832, sus amigos
iniciaron conversaciones con el presidente Prieto para presentar en el Congreso
un proyecto de ley destinado a restituirle su empleo como capitán general del
ejército. Prieto inicialmente apoyó la iniciativa pero en cuanto lo supo Diego
Portales hizo cambiar la posición del Presidente, quien por carta fechada el 17
de julio le decía que no estaba en condiciones de proponer ante el Congreso una
ley de rehabilitación de su grado y que, según él, era preferible que fuera el
propio O'Higgins quien solicitara esta restitución una vez estuviera en el
país.
Durante el año 1834 O'Higgins
estuvo postrado en cama varios meses, primero con un ataque de terciana y luego
una erisipela.
El 28 de octubre de 1836, el
general boliviano Andrés de Santa Cruz
creó en Lima la Confederación Perú-Boliviana. En Chile, el ministro
Diego Portales que ejercía enorme poder en el gobierno de Prieto sostenía un “patriotismo” exclusivo y excluyente. Era
un chovinista que deseaba hacer de Chile –como le gustaba decir- la “Inglaterra del Pacífico”, basando su
progreso en la expansión económica y comercial, ejerciendo el dominio de los
mares.
Por ello, desde un comienzo se
decidió a combatir por todos los medios a la Gran Confederación Perú-Boliviana. Ésta no tenía como objetico
atacar a Chile, sino hacer realidad el
sueño bolivariano de unir a los pueblos de América del Sur. Una prueba de las
positivas intenciones de Santa Cruz, fue que Bernardo O’Higgins, desterrado en
Perú, apoyó con entusiasmo el proyecto del general boliviano. El patriota
chileno, además, intentó impedir que las diferencias entre Portales y Santa
Cruz desembocaran en un conflicto armado.
Pero Portales estaba decidido a
destruir la Gran Confederación. En diciembre de 1836, el Congreso, controlado
por la reacción, autorizó al Presidente Prieto para declarar la guerra a la
Confederación.
El gobierno chileno envió una
fuerza expedicionaria al Perú. Se
firmó el tratado de Paucarpata y regresó
a Chile. El gobierno chileno rechazó el tratado y envió un nuevo ejército esta
vez bajo el mando del general Manuel Bulnes. Este derrotó a las tropas de la
Confederación en la batalla de Yungay el 20 de enero de 1839.
Bernardo O'Higgins obtenía sus
ingresos de la plantación de caña de azúcar de Montalván y la venta en el
mercado de Lima de los productos de la hacienda. Para ello tenía junto a la
casa que arrendaba en Lima un almacén que regentaba su hermanastra Rosita y en
el que también trabajaba su hijo Demetrio y el marido de una de las indígenas
adoptadas, la otra había formado familia casándose y atendía un negocio de
confites en un local cercano.
En febrero de 1839, una grave
enfermedad postró a Isabel Riquelme, lo que inquietó a O'Higgins y a toda la
familia quienes no escatimaron esfuerzos en su cuidado, pero la madre del
prócer falleció el 21 de abril de 1839. Las tropas chilenas escoltaron sus
restos hasta el cementerio.
En mayo, O'Higgins cayó a su vez
enfermo en cama con altas fiebres, de las que se repuso hacia septiembre de 1839. Pasó el año 1840 en la
Hacienda de Montalván, preocupado durante el día del trabajo de los esclavos y
campesinos y en la noche en el estudio y despacho de la correspondencia a sus
amigos. Le preocupaba especialmente la situación de las tribus indígenas.
También la integración y colonización de las tierras magallánicas. Supo de las
últimas exploraciones del comandante británico Robert Fitz Roy en los canales
patagónicos por lo que consideraba que el gobierno urgentemente debería ejercer
su soberanía en la región y facilitar la navegación del Estrecho de Magallanes mediante el empleo de
remolcadores a vapor.
En enero de 1841, se trasladó a su
casa en Lima, porque al montar a caballo o agitarse sentía una angustia en el
pecho. El diagnóstico médico fue que sufría una hipertrofia al corazón. La
gravedad de la dolencia no lo amargó. A fines de junio, pese a los cuidados y
remedios, el mal no cedía por lo que su hermanastra Rosita, que estaba a cargo
de la hacienda, regresó a su lado para atenderlo.
El 8 de octubre de 1842, mandó
llamar al notario Jerónimo Villafuerte y ante él redactó su testamento en que
designó a su hermanastra Rosita como heredera del remanente de los bienes que
quedaren luego de cumplir ciertos encargos secretos. El más importante de estos
encargos era el de entregar buena parte del remanente a Pedro Demetrio.
En la mañana del 24 de octubre de
1842 se sintió con energía por lo que se hizo vestir, quiso que lo sentaran en
un sillón, pero no pudo soportarlo por lo que lo tendieron nuevamente en su
cama. De repente, entre su respiración entrecortaba, exclamó:
"¡Magallanes!" y expiró. Sus restos fueron sepultados en suelo
peruano gracias a la caridad de sus vecinos.
En Perú, vivió él y su familia con
grandes privaciones. Solicitó en varias
oportunidades autorización para regresar a Chile. Se la negaron. Ni
siquiera muerto sus enemigos le
perdonaron su conducta progresista y patriota. Sólo 27 años después de su fallecimiento sus
restos pudieron descansar en la Patria a
la que tanto amó y por la que tanto
hizo. Retornó a su tierra 46 años después de su salida al exilio.
Sólo el 11 de enero de 1870
llegaron a Santiago los restos mortales del revolucionario llamado Bernardo
O’Higgins Riquelme.