Hace 85 años, un 13 de abril de 1941:
Iván Ljubetic Vargas,
historiador del
Centro de Extensión e
Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
Recuerdo que mi padre compró una
radio Philips a comienzos de 1941. Un
día, sin previo aviso, apareció en una mesita del comedor. Fue para nosotros,
los niños de la casa, una gran sorpresa.
Con el tiempo me di cuenta de que
mi padre la adquirió para escuchar las noticias que llegaban de la Segunda
Guerra Mundial en Europa. Estaba, en especial,
hondamente preocupado por lo que ocurría en su patria.
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Mi padre era yugoslavo. Había
nacido en un pueblito llamado Sutivan, en la isla de Brac, provincia de
Dalmacia. Muy joven, en su pueblo natal,
con otros dos camaradas, formaron un
núcleo revolucionario.
La pésima situación reinante en la
región obligó a muchos de sus habitantes a emigrar.
Hacia 1910 un grupo de
yugoslavos llegó a Antofagasta. Entre
ellos estaban Iván (Juan) Ljubetic Manzoni,
mi padre.
Después de permanecer un breve
tiempo ese puerto nortino, viajó al centro de Chile. En los alrededores de
Santiago conoció a María Vargas Puebla. Surgió el amor entre ellos. Se casaron
en Melipilla el 5 de enero de 1929.
Se establecieron en la capital. En
calle San Francisco N.º 401, esquina Cóndor, abrieron un pequeño almacén y allí
nacimos tres de sus hijos: Iván, en 1930; María, en 1932, y Vladimir en 1934.
Posteriormente, trocaron el
almacén de Santiago por una quinta en Callejón Ovalle, donde tuvieron un
boliche.
En 1936 un nuevo trueque. Esta
vez, la quinta por un edificio en
Llo-Lleo, ubicado en la esquina de Inmaculada Concepción con Del Canelo, frente
a la Plaza. Allí nació el cuarto hijo: Vinka, en 1937.
Después de trabajar como obrero en
el puerto de San Antonio, mi padre pudo abrir un comercio, al que –por una
razón que nunca supe- le llamó “Almacén Santiago”. Debido a ello, muchos le llamaban “Don
Santiago”.
Mi padre era muy reservado. De poco hablar, pero muy observador. Sólo
después que murió en mayo de 1973, supe que era ayudista del Partido Comunista
de San Antonio. Me lo contó el sastre Ramón Urzúa, un viejo y querido
compañero, que durante el Gobierno del traidor fue relegado a Pisagua.
Buena siembra dejó nuestro padre yugoslavo y nuestra madre chilena: sus cuatro hijos somos comunistas.
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De las noticias que escuchábamos a
través de la radio Philips, hubo dos que me impactaron a tal punto que aún me
recuerdo de sus detalles. Por entonces tenía
diez años. . Una de esas
impactantes noticias fue el inicio del ataque de la bestia parda contra
Yugoslavia. No hubo declaración de guerra previa. En forma criminal y
alevosa lanzó, el 6 de abril de 1941, un terrible bombardeo aéreo sobre
Belgrado, la capital.
Según el noticiario, éste causó varios miles de muertos, desbarató la
fuerza aérea yugoslava y extendió el caos en las defensas del país.
Hubo un detalle que me quedó
grabado: sobre la ciudad incendiada y en ruinas cayó ese 6 de abril una fuerte
lluvia. Yo entonces pensé que la lluvia ayudaría a apagar los incendios.
A continuación, vino el ataque por
tierra. Las principales unidades invasoras partieron desde Rumania, Austria y
Bulgaria. Su objetivo fundamental era
aislar a Yugoslavia de Grecia y de las unidades británicas allí destacadas y
cercar Belgrado. Los nazis atacaron simultáneamente a
Grecia.
El 7 de abril, ante la brutal
agresión del Eje, Yugoslavia declaró la guerra a Italia y Alemania.
Las fuerzas armadas
yugoslavas, aunque mal preparadas,
lograron resistir heroicamente, durante cinco días, la poderosa maquinaria
bélica hitleriana.
El 11 de abril de 1941 los
alemanes consiguieron tomar contacto con las unidades italianas que avanzaban
desde Albania. Y el día 13 de abril de 1941, entraron en Belgrado, la capital yugoslava.
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Los nazis tomaron Belgrado, pero no derrotaron al
pueblo yugoslavo. Surgieron los guerrilleros o partisanos. El nombre oficial
completo del movimiento creado por el Partido Comunista de Yugoslavia era Ejército Popular de Liberación y
Destacamentos Partisanos de Yugoslavia. Su comandante en jefe fue Josip Broz
Tito.
El objetivo de los guerrilleros
era derrotar al invasor y crear un estado socialista en Yugoslavia.
Lograron grandes éxitos
contra los nazis y tuvieron un cada vez mayor respaldo del pueblo. Fue así como
a finales de 1944, las fuerzas totales
de los partisanos incluían 650.000 hombres y mujeres organizados en cuatro
ejércitos de campaña y 52 divisiones. Por entonces ya no se limitaron a una
guerra de guerrillas, sino que enfrentaron al invasor en una guerra convencional.
En abril de 1945, los partisanos
sumaban ya más de 800.000. Al final de
la Segunda Guerra Mundial era el cuarto
Ejército más importante de Europa.
La lucha de liberación
nacional tuvo en Yugoslavia un
carácter revolucionario, logró la
derrota del invasor y la posterior expropiación del conjunto de la burguesía
yugoslava. Esto fue producto del
carácter antifascista del pueblo yugoslavo y de la correcta dirección que supo dar el Partido
Comunista al curso de los
acontecimientos.
Yugoslavia fue el único país de
Europa Central y Oriental que se liberó sin la ayuda de ninguno de los aliados.
La sangre derramada por los eslavos del sur (más de dos millones de muertos)
fue uno de los factores que hizo posible la derrota de Hitler.





