Los que somos de izquierda,
militante, y, estar arriba de los 74 años, tenemos un compromiso moral, ético y
de ideas, de gritar nuestro vivir.
Tenemos un mundo inmenso que
contar.
La instrumentación de alta
tecnología sanitaria, es la misma cruenta realidad, están en las mismas manos.
“El Mariscal, Georgius Zhúkov
solicitó formalmente a Stalin que se le permitiera mejorar la alimentación de
la población civil alemana a su cargo, reclamando «hacer diferencia entre el
nazismo y el pueblo alemán».
Mi arropo a la hoz y el martillo,
comenzó en Copiapó.
En una quinta con árboles
frutales, con alimañas cobardes escondidas, con terrenos para sembrar y un
gallinero inmenso.
La casa tenía 7 piezas y una
bodega, llena con olor pollo. Una laguna para patos, una acequia y una palmera.
Si caminamos desde la acequia, que
colinda con el lado y frente de la quinta, pasaremos por la laguna, por una
bodega, seguimos por la casa habitacional, hasta llegar a la última pieza, allí
nos topamos con una ventana, por la ventana, un montón de conchillas marinas,
con un portón grande color plomo y el comienzo del gallinero.
El gallinero estaba dividido en 4;
cada uno de ellos, con su patio y casa.
Por la ventana, la del montón de
conchilla, un fonógrafo, puño en alto, adornaba con su canto, mi visión de niño
del mundo, la voz de Miguel Aceves Mejia, con el 7 Leguas.
Estoy hablando de 6.050 X
Cuando se viven, presente, las
cosas que se hilvanan por el mundo vivido, uno, al menos yo, quiero hacerle la
cachaña a los segundos que se vienen encima.
No estoy preparado para entender,
manejar, interpretar el avance integral de la humanidad. Y por ahí, uno quiere
arrancar para “sacarse los pillos” de la ignorancia.
Sin embargo, las cosas vividas, su
tiempo, sacuden mi piel al arrullo de una ortiga.
Una cuestión así, como la
conciencia de clase.
Es cierto, la era, nuestra
civilización, hace rato que anda parturienta.
No sé, si quiere venir contaminada
o viene nueva. Pero que le duele, le duele.
El neoliberalismo salvaje,
muestra, nos enrostra con lo más cruel de su expresión: La mentira, y la
pobreza del pueblo trabajador.
La ponen, como quien va a la
“Primera Comunión” o a la fiesta de los 18.
Eso de los 18, lo aprendí en
Argentina.
Argentina, que suerte infame ha
tenido con su elegido. Lo digo, teniendo claro, que, el fascismo gobierna mi
paisito.
Escribo hoy, domingo 25 de
octubre, que mes de tantas cosas; Brasil se juega la vida y nosotros, los del
Cono Sur, con ellos.
Hace poco, anduvo por España,
Javier Milei.
No es extraño lo que hizo, su sola
imagen lo retrata. Lo que asusta, es el poder inmenso que le protege, que lo
permite.
Es lo mismo que sucede en Estados
Unidos de Norte América; el hacer de Donald Trumpo, es un relato antiguo,
rabioso, y, no es extraño, pero, sentir el poder infinito que lo cubre, que lo
alimenta, que le permita jugar con la vida de media humanidad, es algo de
esperpento, de tragedia humana.
El estadounidense en general las
tiene muy fea.
La gente de izquierda del mundo
entero, también las tiene muy complicada.
Estamos arrinconados por los
dolores de parto de esta vieja, que no puede parir, no puede, ni quiere morir.
Por esta razón, se asomaba a mi
pensar, la quinta en Copiapó, no por la quinta, sino por los tiempo vividos,
leídos, dolidos.
Por esta razón, se me asoma con
justa bruteza, una reflexión del Mariscal del Ejército Rojo de la Union
Soviética, Goerguio Zhukov:
“Los hemos liberado del fascismo,
pero nunca nos perdonarán”
Duele entender estas palabras. Son
85 millones de vidas humanas, victimas de una ideología, que hoy, se asoma por
el mundo, enredada con dolores parturientes.
55 millones de víctimas civiles.
25 millones de militares.
26 millones de víctimas
Soviéticas.
La semana pasada, vi el desnudo de
un álamo al caer de sus hojas.
Me afirme al bastón, dibujando su
aterrizaje.
Lo encontré, sencillamente
hermoso.
Que mi infancia haya vivido llena
de árboles, no interrogue mi ceguera.
Me traigo de la quinta, el pozo
séptico; un cajón coronando un hoyo, por donde zumbaban moscas y moscos. Había
que ser valiente y caminar como una cuadra para llegar a él.
Se me asoma mi hermana, una Tía,
la misma que fue a Cuba con Julieta Campusano. No puedo imaginármelas en
encaramo por el cajón.
Al fondo de la quinta, entre arena
y cerro, a la derecha el nacimiento de un barrio que fue mi escuela de todo.
El Barrio Borgoño.
Desde hacer adobe, hasta levantar
murallas con pura caña.
Puedo decir, que ayude a levantar
calles en ese barrio.
A través de Google veo el barrio
Borgoño, se parece hoy, a un pedacito de Las Condes, de Santiago.
Por esos tiempos, la casa de mi
primo hermano, en el Cerro La Cruz, era la última casa que colgaba del cerro.
Allí, quizás, 59 años atrás, con
mi primo lindo, Winchester y Colt al cinto, matábamos indios, que venían por el
otro lado de la Cruz, a robarnos las mujeres.
Como cambia la materia y se
respinga la moral.
Tenemos que buscar integridad,
proteger el hacer de la política, que no es otra cosa, que, la práctica de construir
el bienestar del pueblo, sin ninguna exclusión.
Que nos vaya bien con Lula.
Alejandro Fischer Alquinta.
Estocolmo 20261025.