domingo, 1 de noviembre de 2026

Solamente un gritar.

 


 

 



Los que somos de izquierda, militante, y, estar arriba de los 74 años, tenemos un compromiso moral, ético y de ideas, de gritar nuestro vivir.

Tenemos un mundo inmenso que contar.

 

La instrumentación de alta tecnología sanitaria, es la misma cruenta realidad, están en las mismas manos.

“El Mariscal, Georgius Zhúkov solicitó formalmente a Stalin que se le permitiera mejorar la alimentación de la población civil alemana a su cargo, reclamando «hacer diferencia entre el nazismo y el pueblo alemán».

Mi arropo a la hoz y el martillo, comenzó en Copiapó.

En una quinta con árboles frutales, con alimañas cobardes escondidas, con terrenos para sembrar y un gallinero inmenso.

La casa tenía 7 piezas y una bodega, llena con olor pollo. Una laguna para patos, una acequia y una palmera.

Si caminamos desde la acequia, que colinda con el lado y frente de la quinta, pasaremos por la laguna, por una bodega, seguimos por la casa habitacional, hasta llegar a la última pieza, allí nos topamos con una ventana, por la ventana, un montón de conchillas marinas, con un portón grande color plomo y el comienzo del gallinero.

El gallinero estaba dividido en 4; cada uno de ellos, con su patio y casa.

Por la ventana, la del montón de conchilla, un fonógrafo, puño en alto, adornaba con su canto, mi visión de niño del mundo, la voz de Miguel Aceves Mejia, con el 7 Leguas.

Estoy hablando de 6.050 X 21.000 metros cuadrados.

Cuando se viven, presente, las cosas que se hilvanan por el mundo vivido, uno, al menos yo, quiero hacerle la cachaña a los segundos que se vienen encima.

No estoy preparado para entender, manejar, interpretar el avance integral de la humanidad. Y por ahí, uno quiere arrancar para “sacarse los pillos” de la ignorancia.

Sin embargo, las cosas vividas, su tiempo, sacuden mi piel al arrullo de una ortiga.

Una cuestión así, como la conciencia de clase.

Es cierto, la era, nuestra civilización, hace rato que anda parturienta.

No sé, si quiere venir contaminada o viene nueva. Pero que le duele, le duele.

El neoliberalismo salvaje, muestra, nos enrostra con lo más cruel de su expresión: La mentira, y la pobreza del pueblo trabajador.

La ponen, como quien va a la “Primera Comunión” o a la fiesta de los 18.

Eso de los 18, lo aprendí en Argentina.

Argentina, que suerte infame ha tenido con su elegido. Lo digo, teniendo claro, que, el fascismo gobierna mi paisito.

Escribo hoy, domingo 25 de octubre, que mes de tantas cosas; Brasil se juega la vida y nosotros, los del Cono Sur, con ellos.

Hace poco, anduvo por España, Javier Milei.

No es extraño lo que hizo, su sola imagen lo retrata. Lo que asusta, es el poder inmenso que le protege, que lo permite.

Es lo mismo que sucede en Estados Unidos de Norte América; el hacer de Donald Trumpo, es un relato antiguo, rabioso, y, no es extraño, pero, sentir el poder infinito que lo cubre, que lo alimenta, que le permita jugar con la vida de media humanidad, es algo de esperpento, de tragedia humana.

El estadounidense en general las tiene muy fea.

La gente de izquierda del mundo entero, también las tiene muy complicada.

Estamos arrinconados por los dolores de parto de esta vieja, que no puede parir, no puede, ni quiere morir.

Por esta razón, se asomaba a mi pensar, la quinta en Copiapó, no por la quinta, sino por los tiempo vividos, leídos, dolidos.

Por esta razón, se me asoma con justa bruteza, una reflexión del Mariscal del Ejército Rojo de la Union Soviética, Goerguio Zhukov:

“Los hemos liberado del fascismo, pero nunca nos perdonarán”

Duele entender estas palabras. Son 85 millones de vidas humanas, victimas de una ideología, que hoy, se asoma por el mundo, enredada con dolores parturientes.

55 millones de víctimas civiles.

25 millones de militares.

26 millones de víctimas Soviéticas.

La semana pasada, vi el desnudo de un álamo al caer de sus hojas.

Me afirme al bastón, dibujando su aterrizaje.

Lo encontré, sencillamente hermoso.

Que mi infancia haya vivido llena de árboles, no interrogue mi ceguera.

Me traigo de la quinta, el pozo séptico; un cajón coronando un hoyo, por donde zumbaban moscas y moscos. Había que ser valiente y caminar como una cuadra para llegar a él.

Se me asoma mi hermana, una Tía, la misma que fue a Cuba con Julieta Campusano. No puedo imaginármelas en encaramo por el cajón.

Al fondo de la quinta, entre arena y cerro, a la derecha el nacimiento de un barrio que fue mi escuela de todo.

El Barrio Borgoño.

Desde hacer adobe, hasta levantar murallas con pura caña.

Puedo decir, que ayude a levantar calles en ese barrio.

A través de Google veo el barrio Borgoño, se parece hoy, a un pedacito de Las Condes, de Santiago.

Por esos tiempos, la casa de mi primo hermano, en el Cerro La Cruz, era la última casa que colgaba del cerro.

Allí, quizás, 59 años atrás, con mi primo lindo, Winchester y Colt al cinto, matábamos indios, que venían por el otro lado de la Cruz, a robarnos las mujeres.

Como cambia la materia y se respinga la moral.

Tenemos que buscar integridad, proteger el hacer de la política, que no es otra cosa, que, la práctica de construir el bienestar del pueblo, sin ninguna exclusión.

Que nos vaya bien con Lula.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20261025.