A MANERA DE PRÓLOGO
El Partido Comunista de Chile,
surgido desde el seno de la clase obrera, fue fundado por Luis Emilio
Recabarren y otros 30 revolucionarios en Iquique, el 4 de junio de 1912.
Durante sus más de 107 años de
historia ha tenido una acertada línea estratégica, de acuerdo con las
condiciones objetivas del período.
Desde
En 1922, al adherirse a la
Internacional Comunista, se inició un período que podríamos definir como la
excepción que confirma la regla, pues debió asumir la estrategia del Frente
Único Proletario, que planteaba como objetivo estratégico inmediato la
revolución socialista, totalmente divorciado con la situación de Chile hacia
los años 20 del siglo XX. Línea jamás aplicada en la práctica, salvo en la
breve “República Socialista”.
Con el IX Congreso Nacional del Partido
Comunista (marzo-abril de 1933) y la Conferencia Nacional de Julio de 1933, se
adoptó la línea de la Revolución Democrático-burguesa: realizar cambios de
fondo en los marcos del capitalismo.
El XIV Congreso realizado
clandestinamente en Cartagena en abril de 1956, aprobó la línea del Frente de
Liberación Nacional, estrategia que abrió el camino para el triunfo popular del
4 de septiembre de 1970 y el gobierno de Salvador Allende.
Durante la dictadura fascista
todos los esfuerzos se concentraron en aportar a la lucha contra la tiranía.
Más de 500 heroicas y heroicos militantes comunistas ofrendaron el bien más
preciado que tiene el ser humano, la vida.
A partir del XX Congreso Nacional
(agosto 1994) se acordó la estrategia de la Revolución Democrática, cuyo
objetivo es conquistar un Chile realmente democrático.
En lo referente a la organización
partidaria, ésta fue muy deficiente hasta 1927, cuando se comenzó a aplicar los
métodos leninistas de organización y funcionamiento.
En cuanto a la política de alianzas,
desde la fundación ha sido muy amplia.
En cada hecho se ha concretado la
vocación unitaria de los comunistas.
Quizás el único déficit del
Partido de Luis Emilio Recabarren ha sido la política militar, su vacío
histórico, que tampoco ha sido absoluto.
Iván Ljubetic Vargas, historiador
del
Centro de Extensión e
Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
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