martes, 20 de enero de 2026

¿Será tiempo de asomar a Lenin?

 


Comentario radial y escrito.

 


 

 


Ando muy desparramado, perdigones por allá, perdigones muy por acá.

El existir de nuestra humanidad, sus borrascosos tiempos; sus andenes sangrientos, sus interrogantes, sus calendarios, sus mataderos y cadalsos; sus ideas que espantan o encantan, sus inventos y creencias, nuestra propia evolución, nuestra inmensa capacidad de adaptación, nos tienen hoy encadenados, a un embrollo muy bestial.

Nos escupe el intelecto.

Hemos evolucionado de una forma tan vertiginosa, que más parece venir de vuelta.

Con nuestro vivir a cuesta, con lo bueno y con lo malo; nuestra capacidad cognitiva, de organización, nuestra fuerza de trabajo, todo nuestro hacer, hasta un beso, un abrazo; está supeditado a intereses que viven, gravitan, defecan y orinan, pero, no se ven.

Los que no se ven, sienten y saben, viven de otra forma, de otra manera.

Saben de la hormiga y de la abeja, pero ese saber, hoy en día, les importa un hongo.

Viven en cualquier lugar de nuestra geografía, no viajan, se trasladan, y se juntan de vez en cuando, para aliñar a su antojo la vida de los demás.

Por fuera, son igualitos a nosotros, por dentro, son otra cosa; son depredadores selectivos.

Mandan a otros a depredar.

Perduran en el tiempo, se reproducen en una estricta disciplina.

Digo esto, y me flagelo con un refrán: “No hay más tonto que aquel que le dicen basta, y sigue con la suya”

Y yo, sigo con la mía.

Busco una enajenada explicación, del porqué de tanta muerte desatada, tanta infancia desparramada como el hollín.

Por donde se nos clavó ese afán de agarrar lo que no es tuyo.

¡Y no discuto al que roba harina para hacer pan!

Somos construidos al fusionarse las matemáticas, la química y la biología, ellos son, los elementos que lo saben todo, lo son todo; hacen un todo.

Es un privilegio, ser el resultado de tan maravillosa ecuación concebida.

Por eso, no termino de maravillarme, de amar a Lucy.

De inventarme su caminar.

Y tengo que hacerlo.

Por algún lado, por algún tiempo, nos invadieron sin darnos cuenta, y al miedo, a la curiosidad, la arroparon con odio y con un puñal.

¡Por algún lado!

Si no, como me explico una nación, a un pueblo, eligiendo presidente a Donald Trump.

Todo un pueblo, toda mi vida, una historia, eligiendo presidente a Antonio Kast.

Y más aún, en un tiempo tan complicado, tan atípico.

Lo borrascoso no nos deja ver al enemigo de “patas corta”.

Cuando la Unión Soviética se fue a las pailas, yo llore y llore. Me encerré dos días con Lenin, charchazos venían, charchazos iban.

Con su “Que hacer”, entre en razón y aquí me tienen.

Se hace muy necesario juntarse, las vacas sagradas las ordeña el enemigo.

Para poder entender mi existencia, mi locura, necesito saber el destino de los habitantes del Cerro Centinela, allá por San Antonio / Chile; necesito saber del pan, del techo y de las escuelas en Gaza, saber tranquilidad del gobierno soberano y Bolivariano de Venezuela, saber de mi amada Cuba, del privilegio de ver a Raúl Castro.

Necesito saber de Colombia, de Nicaragua. 

Me urge decirle al soldado ucraniano, que no es a su país, a quien defiende; que no es la soberanía de su país, quien lo empuja a la muerte.

No es Ucrania, la que ofrenda tu vida.

Los que vitorean y apuestan tu mentido patriotismo, son, los energúmenos que no se ven, pero están, están y cobijan la hambruna, la tristeza, la injusticia social, la guerra.

Y esos, no andan solamente por Ucrania.

¡Ay, dios mío de los coloraos!

Mientras existan gobiernos, pueblos, que buscan, luchan salirse de la ronda de la pleitesía imperial, y observan, aplican de otras formas sus economías, los energúmenos atacan y matan.

Digo energúmenos, porque mi intelecto no alcanza a encontrar una denominación para ellos.

Su existencia, su vivir, es una cuestión muy de vasallaje, de ignorancia, de complicidad de estado, y también de cobardía, de traición a los pueblos.

“Y muy sueltos de nalga”, decimos que el Poder Político, la soberanía, emana del pueblo.

A como vamos caminando, ya no importa si son los esbirros del gran capital o los del clero, los que andan matando, encarcelando por Teherán o encarcelando a emigrantes en el país de Hemingway.

Tampoco se puede hacer mucho, con el zafarrancho que ocurrirá en marzo en mi paisito lindo. Yo sigo gritando a lo Pedro Lemebel: “No cambien a mi partido”; única forma de limpiar calles y escuelas de fascistas y de nazis

No tengo en mis capachos y me duele mi ignorancia, nada que pueda cambiarles la vida a esa infancia de Gaza, de Ucrania, de Siria, de Yemen.

¡Qué cuestión más pan de huevo!

Me pregunto el hacer de las primeras familias que poblaron la humanidad.

De que manera, “diente al aire” y uñas, defendían su árbol, árbol que les proveía sustento.

¿Buscaron más árbol?

¿Abrazaron su arboleda?

¿Se les ocurrió encaramarse a él?

Cuanto tiempo transcurrió, antes de asustarse y entrarse en una cueva.

¿Cuánto tiempo?

Necesito creer, para entenderme hoy, tanta tragedia; el desarrollo del intelecto humano, no, mejor dicho, de las habilidades sobresalientes, de algunos de ellos.

El primero que se encaramó al árbol, por ejemplo, tiene que haber sido un valiente.

Se me ocurre pensar en Alexis Sánchez, en Leonel Sánchez, el Estadio en donde se celebró el Día de los Abrazos 2026, lleva su nombre, tiene y tenía una habilidad extraordinaria, con el balón; para no decir con la pelota.

Tenemos al niño de la eterna sonrisa, Ronaldo de Assis Moreira, Ronaldinho. Un dotado. No todos tienen esas estructuras cerebrales.

Mon Laferte es un privilegio saberla nuestra y compartirla con México, y no es porque se traba una rosa en el pelo.

Nacen así, como Violeta Parra, Pablo Neruda, Edith Piaf,  El Pato Manns; son seres humanos que han sido por la naturaleza dotados, con Habilidades tan hermosas, que le dan sentido al vivir, a la vida, a la dignidad, a la humanidad.

Si miramos por el otro lado, no vayan a creer que voy a traer a Donald Trump para aludir a Lucifer.

Pá ná.

Donald Trump es solo uno más de millones, hijos de emigrantes venidos de Escocia y de Alemania; que siguiendo los pasos de su padre, se dedicó a los negocios  inmobiliarios; y pareciera que le ha ido recontra bien; al menos, con todas las acusaciones en su contra que tiene en tribunales de justicia, como incitación al odio, delitos de género, “cómplice en trata de blancas”, y a quebrantar la institucionalidad del país, y, no le ha pasado nada, y es hoy, el presidente de los Estados Unidos de Norte América.

Dispuesto a invadir y accionarse Groenlandia.

¡Todo un bacán!

Un país, que olvido hace mucho  tiempo atrás, a las 13 colonias británicas en rebeldía, olvido ser la primera colonia europea en independizarse de los Imperios de ultramar.

Fueron territorios libres de América, 34 años antes que la Independencia de Chile.

Recuerdo el canto de Pablo Neruda: “Que despierte el leñador”.

En ese país de hoy, Abraham Lincoln no está.

Donald Trump es de una arrogancia y brutalidad, que lo hace estar a la “pinta”, para poder entender mi interrogante, para poder visibilizar a los energúmenos.

Si sentimos esas hordas, ya en cavernas, inventando una forma de comunicarse, de organizarse, algunos, ya intuían, que para sobrevivir necesitaban ser hartos.

Tenían que vencer, dominar el miedo, entender el miedo.

Terror era ese cielo oscuro, alumbrando sin alumbrar, lo que decía el Quijote, es cierto, de “noche, todos los gatos son pardos”, un temblor, un trueno, un rayo, un incendio. El miedo vestía o empelotaba, pero, esos que sentían diferente, buscaban, pensando.

Por esos tiempos, así, se asomó el vivaracho, con cualidades excepcionales, habilidades que lograba infundir confianza, juicio, valor y sueños.

Fue entendiendo pateando osamentas, que podía organizar, manejar, materializar los sueños ajenos, sus interrogantes, sus esfuerzos y sus desgracias, en beneficio propio.

Así se asomaron los reyes, las reinas, los emperadores, los monarcas, los apellidos, las armas, sobre todo las armas, que protegerían, por los siglos de los siglos, hasta mañana y siempre, a ese poder oculto, energúmeno, y, a plena luz del día.

Donald Trump es una marioneta de ese poder fáctico, estructurado en el país, como lo fué Nixón, ese que está, pero no se ve.

Esta planificando los mañanas de la humanidad.

Se asomó por Venezuela, confunde con Groenlandia, sé arre pinga con Irán. Ese clericato absoluto y obsoleto, que ofende y oculta su misoginia.

El Imperio gringo, sus aliados, no tienen otra salida que la de provocar caos, mortandad; son los estertores de una humanidad que inventa caminos nuevos.

Ayer, en Japón, se lanzó, por aviso, una bomba atómica, hoy no hay nada que advertir.

Venezuela fue una estupidez.

Saldrá de aquel atolladero, mejor que antes, espero, que el Tribunal Supremo de Justicia de los Estados Unidos, encuentre la manera de devolver a Nicolás Maduro Moro y a Cilia Flores, a su pueblo bolivariano

Aquí me quedo,  un tanto preocupado.

Ese poder oculto, sin ojos, entenderá que un tiempo nuevo viene barriendo lodo, limpiando todo.

Me preocupa la organización del acuerdo económico de la Unión Europea con el Mercosur. Me preocupa.

Si existe alguien que haya invadido territorio gringo, ese fue  el revolucionario mexicano, Francisco Villa.

Se necesitan miles, millones de Pancho Villa.

Alejandro Fischer Alquinta

Estocolmo 20260118