lunes, 5 de enero de 2026

John Wayne y la aniña.

 


Comentario radial y escrito


 



Viernes 2 de enero, por la mañana, estaba nevando; y se me asomó sin llamarlo, un recuerdo a lo García Lorca:

“En que nos parecemos tú y yo a la nieve...”

Era de noche, la nieve no caía, la tiraban con baldes, yo, de la mano con mi compañera, se la cantaba enamorado.

Han pasado, más menos, 44 años de aquello.

Mientras podamos respetar lo que somos, mientras cuidemos y desarrollemos lo que hemos construido, si logramos aprender de cicatrices, y repasar los orígenes, podríamos, sin ninguna duda, arropar los aromas que nos quedan, y enfrentar las adversidades que se vienen en patota.

Lo del 14 de diciembre, nos dejó como las tristes, como globo desinflado, sin celebración.

Pero, ya paso. Hay que calafatear de nuevo, de otra manera, aprender de los costalazos.

Lo que hay que melgar de nuevo, se amelga, es menester limpiar la tierra, arrastrarla, darle fertilizantes, moverla, ararla y poblarla de nuevo.

“Y el movimiento, se prueba andando”

A como va el bagayo, no sé, si reír o llorar; yo hago las dos cosas.

Sobre todo, me voy a las interrogantes de llevar “a tota” la hoz y el martillo.

Me enteraba de la reacción mediática y política, por el decir de una diplomática chilena, embajadora en Nueva Zelandia, de estar en concordancia con la autodeterminación del pueblo de Rapa Nuí, Isla de Pascua; de ser, lo que ella, quiera ser.

Mire usted qué ironía más cruel y cobarde

El sábado 3, temprano, me entero de la invasión del Imperio gringo a Venezuela.

Y no solo eso, sino que raptan a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores; para ser juzgados en algún tribunal de Nueva York de narcotraficantes y de terroristas, que amenazaban, desde una posición de poder, la salud y bienestar del pueblo estadunidense.

Chemimare.

Parece chiste.

Créanme, me puse a llorar.

A llorar de vergüenza y rabia. Nos tratan, nos ven como a borregos.

¡Con razón perdimos!

Me atoré con mi propia vulnerabilidad.

El sentido común, lo cuerdo, puede ser avasallado sin asco por el poder de las armas, por el poder de la tecnología de la muerte.

Y válgame “dios mío de los coloraos”, es solamente un aviso y un acomodo. Importa un bledo, el que dirán, el intelecto, la moral o lo ético.

¡Es una movida a lo Hiroshima!

¡Por aquí mando yo!

Escuchaba al amigo de Epstein, de como ordenar lo invadido, lo que había sido arrebatado por Hugo Chávez.

Y se habla de los Derechos Internacionales, de logros alcanzados por una civilización encúbrante, y por el mismo ojal, devastadora.

Objetivos avalados por instituciones como las Naciones Unidas, para impedir la barbarie, para qué, el vivir digno, tenga sentido y razón.

 Hoy, vivimos 300.000 años de humanidad y somos una imagen, de un moco varado en la oreja.

Justifican la ignominia, con que, Nicolás Maduro no ha tenido legitimidad.

Pero sí, legitimidad tiene, Corina Machado para ser premio de la paz.

De donde viene, entonces, ese pueblo que se junta en Caracas, en Miraflores, ese pueblo que canta por La Habana, por Managua, por los caminos de Zapata.

Los pueblos del mundo, a pesar de lo terrible del genocidio en Gaza, se sorprende aún, de la invasión de Venezuela y el de erigirse a lo Juan Guaidó, protector de Venezuela

Rusia, por la vereda del frente, condena la actitud gringa, sin cruzar la calle para advertir, aunque sea pá la foto, por el qué dirán.

Y hablo de Rusia, por el pueblo ruso.

Pueblo que pudo parar y vencer al fascismo, al nazismo, pueblo, que sigue parando, de alguna manera extraña, los apetitos occidentales.

Ellos podrían obligar al Insólito financiero invasor de dejar en paz, lo que no es suyo.

Y ese pueblo bolivariano, que ha ido superando, sorteando, todas las acciones terroristas orquestadas por el Imperio gringo, por Europa, logrando, con todo su empuje de pueblo consciente, ir saliendo, paso a paso, de su crisis generalizada.

El coletazo del Imperio, la sorprende con las manos en los bolsillos.

La sed imperial, no duerme.

La dotación de seguridad presidencial fue masacrada

Para que se den una idea del poderío del Imperio, de la arrogancia del capital, el Portaavión gringo, nuclear, Gerald Ford, lleva en su cubierta, más aviones que toda la fuerza aérea bolivariana.

Con una tristeza inmensa, constato, que nos vamos, sin asco, al mundo de la ignominia.

Algunos países pudientes y poderosos proclaman el ocaso de una gobernanza unipolar, imperial, sin embargo, nada concreto en contra de las andanzas de la piratería gringa.

Nuestra civilización está prisionera, amordazada, por nuestra propia tecnología, plataformas cibernéticas, que te obligan a estar feliz, pero con hambre, que te obligan a vestirte de un modo y a comportarte de otro; estos adelantos de hoy, 15 años atrás, serían pura ciencia ficción, hoy, son cada uno de ellos, capitales en sí mismo; y saben más de nosotros, que el saber de nosotros mismos.

El pueblo bolivariano mantiene una actitud digna, vigilante y serena, según lo expresó ayer la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

En cumplimiento de la orden emitida por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, hoy fue nombrada presidenta del gobierno Bolivariano.

Como se arreglará este embrollo. Solo el accionar del pueblo lo sabrá. Basta, con que salgan a las calles, en paz, y defiendan con sus decires su soberanía, son los sueños de Simón Bolívar.

Suena lindo, pero la cuestión viene muy cruda. Mejor dicho, nos viene muy cruda.

Escribía yo el mes pasado:

“Y, más tarde, vendrán por ti”

Y no es una cuestión retórica, afírmate, Colombia, y, tú, Brasil, muestra tus dientes de amazona.

No quiero asomar a Sandino, pero vigila, el gringo quiere lavar la afrenta.

Que no te pillen durmiendo.

Venezuela, envuelta en una trinchera de urgencia, mantenía en cierta medida, de petróleo, a Cuba, a Nicaragua.

Tenía sus negocios por debajo del mostrador, el bloqueo gringo era tenaz y grosero.

Venezuela dejaba de ser un país, que exportaba hasta el respiro, a ser auto abastecedor de sus propias necesidades de país.

Vivimos tiempos convulsos y cobardes. Los más vulnerables son los afectados.

Me gustaría ver a los venezolanos que viven en Madrid o en Santiago, regresando a su patria liberada.

 Aquellos países dotados de tierras extrañas y de futuros, países que le dieron la espalda a Venezuela, son las víctimas apuntadas al matadero.

Si seguimos así, no se salva ni el Vaticano.

De que sirve la hoz y el martillo, que puede hacer ese pueblo de Mao.

Levantará la voz para llamar a la cordura, o se irá en la “volá” y lanzará una bengala por Taiwán.

Donald Trump, personifica todo lo que es el sueño americano.

La inmoralidad se cubre con un relato patriótico; el asalto al Congreso de los Estados Unidos, quedo en nada, no, todavía llevo en la memoria ese alce loco, entrando al Capitolio.

Mi paisito, tiene su propio viacrucis, veremos si somos capaces de llegar a la cima del monte, y que nos claven en algún durmiente.

O quizás no.

Así, como yo creía y admiraba ese átomo de las Repúblicas Socialistas, escondido hoy en día, por algún lado, creo, confío en la gente vestida de azul, hoy arropada de cientos de colores, ellos, nos pueden empujar en nuestro caminar.

Quizás, nuestro sur de América este en los planes de XV Plan Quinquenal.

Aquí me quedo.

Vi una foto de Nicolás Maduro, prisionero.

!Chemimare!

Entiendo la ira de sus manos, entiendo su vulnerabilidad, entiendo al hombre que no supo calcular al enemigo.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260104