martes, 27 de diciembre de 2022

LA BATALLA DE CURALABA

 

 

                                                        Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                        Centro de Extensión e Investigación

                                                        Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

 

 

 

 


El 21 de diciembre de 1598, Martín Óñez de Loyola,  Gobernador de Chile, se encontraba en Imperial, cuando  recibió un mensaje que le envió el corregidor de Angol Hernando Vallejos. Éste  le comunicaba que los mapuches habían asaltado un fortín cercano a Purén, matando a dos soldados y en cualquier momento se esperaba un avance sobre el fuerte de Angol, por lo que le suplicaba fuera en su ayuda.

Sin escuchar las advertencias de aumentar la cantidad de tropa. Martín Óñez de Loyola salió al mando de 50 soldados y 300 indios auxiliares. Acampó sobre unas lomas en la ribera del río Lumaco, sin haber hecho un reconocimiento previo del lugar.

En la madrugada del 23 de diciembre de 1598, el toqui  Pelantaru, junto a Anganamón y Huaiquimilla,  con alrededor de 300 mocetones, cayeron de sorpresa sobre el campamento.

De los 50 soldados sólo escaparon con vida un par de militares, que fueron muertos al día siguiente. El clérigo Bartolomé Pérez fue canjeado por los mapuches tiempo más tarde.

Un soldado llamado Bernardo de Pereda vivió una terrible aventura. Dado por muerto en la acción guerrera, libró su vida con múltiples heridas. A pesar de ellas, caminó  70 días hasta llegar a  Imperial.

Al clérigo Bartolomé  Pérez, sus captores de Lumaco le permitieron enviar una carta a Angol, donde relató lo ocurrido en la madrugada del 23 de diciembre de 1598. Una terrible derrota para los invasores españoles. Por segunda vez  un gobernador de Chile era derrotado y muerto por los combatientes del pueblo mapuche.  Antes Pedro de Valdivia había sido muerto en las cercanías de Tucapel, también en el mes de diciembre (el 25 de diciembre de 1553).   

La batalla de Curalaba marcó el inicio de un  alzamiento general mapuche, que concluyó con el asalto a los fuertes de la Frontera, lo que obligó a trasladar a los  soldados y habitantes al norte del río Biobío.

Así la Araucanía será territorio libre de invasores. Ello hasta que el ejército chileno lo conquiste en la cínicamente llamada “Pacificación de la Araucanía” tres siglos después.