Mañana se cumplen 77 años de “La Huelga de la Chaucha”.
“El Gobierno de González
Videla descarga alza tras alza sobre las
espaldas de los chilenos. La gente va acumulando rabia. Lo que colma la
paciencia popular es el alza de las tarifas de la movilización colectiva”, Así inicia el presente artículo del recordado historiador Iván
Ljubetic Vargas, que nos lleva a rememorar los hechos acaecidos esos años. Invitamos
a nuestr@s lectores y lectoras hacerlo a través de estas páginas del Boletín Rojo.
Se inició el martes 16 de agosto de 1949:
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro
de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
El Gobierno de González
Videla descarga alza tras alza sobre las
espaldas de los chilenos. La gente va acumulando rabia. Lo que colma la
paciencia popular es el alza de las tarifas de la movilización colectiva. De un
peso cuarenta a un peso sesenta. O sea, sube en una ‘chaucha’, nombre que
entonces se daba a la moneda de veinte centavos.
LOS ESTUDIANTES A LA CABEZA
Los estudiantes universitarios son
los primeros en reaccionar. Salen a la calle. El martes 16 de agosto de 1949 se
inician vigorosas y masivas acciones.
Fernando Ortiz cuenta su
experiencia en la ‘huelga de la chaucha’: “Tiempo antes de agosto del 49, los
comunistas habíamos logrado sacar un voto de repudio en la FECH a toda
posibilidad de alza. Tan pronto se dictó el decreto que autorizaba el alza de
los micros en año 49, inmediatamente los comunistas salimos a la calle. Tengo
muy vivo en mi memoria las primeras salidas callejeras; éramos no más de
cincuenta jóvenes comunistas, uno de ellos, que no he olvidado, porque fue
vanguardista, preguntó: ‘Bueno, compañeros: ¿salimos, si somos tan pocos? La
respuesta fue que debíamos salir, porque pensábamos que el pueblo iba a
acompañarnos; había en esos momentos condiciones reales para desencadenar un
gran movimiento de masas, de repudio a la dictadura. Así lo hicimos. Y,
efectivamente, no habíamos recorrido una cuadra, cuando el desfile de 50
personas se transformó en una gran manifestación... En aquel instante las
Juventudes Comunistas, pasando, incluso, por encima de la FECH, en que
dominaban los socialcristianos, llamó a una huelga en la Universidad y la
Universidad nos acompañó” (Fernando Ortiz: “La Universidad, foco de resistencia
en la represión”. Charla dictada el 9 de octubre de 1964, con motivo del 32
aniversario de las JJ CC, en “Diálogo con la Juventud”, editado por la
Juventudes Comunista de Chile, página 42)
INFORMA “EL MERCURIO”
El miércoles 17 de agosto de 1949,
‘El Mercurio’ escribe:
”Bochornosos incidentes se
registraron ayer en diversos sectores de la capital... Desde mediodía
estudiantes ayudados por otros grupos iniciaron una enérgica acción contra los
autobuses. Por la tarde, elementos
comunistas cometieron violentos desmanes... Grupos universitarios organizaron
ayer diversos actos de protesta por el alza de las tarifas de los servicios de
autobuses y buses destinados a la locomoción colectiva. Los manifestantes
iniciaron un desfile al mediodía, avanzando hasta la Plaza de Armas y luego se
repartieron por las calles Catedral, compañía, Bandera, Morandé, Teatinos, San
Antonio, Huérfanos, Agustinas, Ahumada y Moneda. Los estudiantes iniciaron el
desfile pidiendo la derogación de la medida que autorizó el alza de las
tarifas, pero luego algunos elementos exaltados empezaron a atacar a los
microbuses, lanzando piedras al paso de dichos vehículos por el centro de la
ciudad. Esta iniciativa se generalizó y extendió rápidamente a otros puntos...”
(‘El Mercurio’, miércoles 17 de agosto de 1949, página 23).
Los establecimientos educacionales
no funcionan o lo hacen a media. El Ministerio de Educación amenaza con
cancelar la matrícula a los alumnos que no concurran a sus colegios. Ese mismo
miércoles 17, alrededor de las 10 y 4º minutos, unas 800 personas avanzan desde
la Alameda por calle Morandé. Llegan hasta La Moneda y lanzan piedras contra
sus ventanas.
Participan estudiantes
universitarios y secundarios, trabajadores y gran cantidad de transeúntes, que
se suman espontáneamente a la protesta. La represión, primero realizada por
carabineros y luego por soldados del Ejército, dejó a lo menos cuatro muertos y
numerosos heridos.
CLAMOR GENERALIZADO POR EL ALZA
El lunes 15 de agosto de 1949, “El
Mercurio” trae en su página 43 una información titulada “Unánime protesta por
el alza de tarifas que agrava el problema de la locomoción”, donde señala: “Estudiantes, gremios de obreros y de
empleados expresan su desacuerdo ante la medida que adoptó la Dirección del
Tránsito. –Burla de los choferes de microbuses.
– Personal de la Beneficencia
expone delicada situación. – Reunión de
los universitarios”
Reproduce en esa crónica una
Protesta de los Consejos directivos nacionales y provinciales de la
Confederación de Sindicatos de Beneficencia, que en una de sus partes dice:
“4.- Que dado lo inconsecuente y lo arbitrario que
significa para toda la clase trabajadora el alza sorpresiva que se ha
autorizado y que despedaza los escasos presupuestos de los trabajadores se
adhiere a la protesta de la Confederación de Trabajadores de Chile y se pone a
sus órdenes con todos sus efectivos para efectuar un movimiento de protesta
pública...” (“El Mercurio”, 15 de agosto de 1949, página 43)
El gobierno, a través de la
Dirección del Tránsito ha elevado las tarifas nocturnas a $3 (tres pesos) y las
diurnas en veinte centavos.
El martes 16, se inician vigorosas
y masivas acciones callejeras, bautizadas como la “huelga de la chaucha”,
(chaucha se llama a la moneda de veinte centavos). Son las más grandes y combativas contra el
gobierno de González Videla.
“EL MERCURIO” CAMBIA DE DIRECCIÓN
Ante el estallido del movimiento
de protesta, “El Mercurio” cambió de posición.
El miércoles 17 tituló:
“Bochornosos incidentes se registraron ayer en diversos sectores de la
capital”. Agrega: “Desde mediodía, estudiantes ayudados por
otros grupos iniciaron una enérgica acción contra los microbuses.- Por la tarde, elementos comunistas cometieron
violentos desmanes”.
Detalla: “Grupos universitarios organizaron ayer
diversos actos de protesta por el alza de las tarifas de los servicios de
autobuses y micros destinados a la locomoción colectiva. Los manifestantes iniciaron un desfile al
mediodía, avanzando hasta la Plaza de Armas y luego se repartieron por las
calles Catedral, Compañía, Bandera, Morandé, Teatinos, San Antonio, Huérfanos,
Agustinas, Ahumada y Moneda. Los
estudiantes iniciaron el desfile pidiendo la derogación de la medida que
autorizó el alza de tarifas, pero luego algunos elementos exaltados empezaron a
atacar a los microbuses, lanzando pedradas al paso de dichos vehículos por el
centro de la ciudad. Esta iniciativa se
generalizó y extendió rápidamente a otros puntos, hasta el extremo de que
centenares de personas se vieron obligadas a abandonar esos servicios de
locomoción para regresar a pie, en automóvil o por otros medios a sus hogares.
“Más tarde, cuando la reacción de
los grupos adquirió caracteres de gravedad, con el volcamiento de algunos
microbuses y otros atentados, los dirigentes de ese gremio optaron por
paralizar el servicio en las líneas principales, quedando en movimiento solamente
los tranvías y trolebuses”.
PARTE POLICIAL
Luego, el diario de los Edwards
entrega el parte policial que informa sobre micros apedreadas, detenidos,
heridos, etc. Por ejemplo, anota: “Por la noche, un grupo de aproximadamente
500 personas apedreó el edificio del Sindicato de Dueños de Autobuses, ubicado
en Avenida Bernardo O’Higgins 1948 y quebró los vidrios de sus puertas y
ventanas. Como se hicieron algunos
disparos, Carabineros se vieron obligados a hacer uso de sus armas. Desde el interior del local, dispararon
también hacia los manifestantes”. (“El Mercurio”, 17 de agosto de 1949, página
23)
En esa misma edición se
informa: “Fuerza pública resguardará la
circulación de microbuses”. Bajo ese
título se reproduce una declaración del Ministerio del Interior, que
manifiesta:
“El Gobierno hace saber al país
que el Partido Comunista, unido a elementos que son sus aliados y cómplices,
intentan producir, como ya se había previsto, la subversión del orden público,
atacando a personas y a la propiedad privada y agrediendo también a la fuerza
pública.
“Se trata –agrega la Declaración–
de una agitación que se provoca por el comunismo, valiéndose, además, de los
estudiantes que pertenecen a esos sectores, todo lo que corresponde a un plan
sedicioso de que el Gobierno está impuesto en todos sus detalles... Se trata del cumplimiento servil de las
consignas mundiales que el Partido Comunista ha impartido a sus secuaces y de
las cuales se tienen informaciones concluyentes. El pretexto ha servido a los elementos
comunistas para alentar y explotar la actual agitación, es el alza de $0.20
para la locomoción colectiva”. (“El Mercurio”, 17 de agosto de 1949, página 23)
PARA VARIAR, “EL MERCURIO” MIENTE
Miente el Gobierno. Miente “El Mercurio”. No hay tal plan subversivo. Menos, consignas mundiales. Esas acciones, por lo demás, se contraponen a
la orientación de la Kominform. El alza
de las tarifas en una chaucha es la gota que colma la paciencia de estudiantes,
trabajadores y pobladores, que sufren dos años una política antipopular de
alzas y represión. La violencia es
desata por los carabineros. El jueves
18, “El Mercurio” entrega la nómina de los heridos hospitalizados en la Posta
Central de la Asistencia Pública. Son
19. Diez en estado grave. Nueve de
mediana gravedad. Todos jóvenes; varios
menores de 20 años. Todos heridos a
bala. Además, informa que en ese centro
asistencial se atendieron otros heridos de menor gravedad. También entrega antecedentes sobre tres
muertos: dos jóvenes de 17 y 20 años,
asesinados por la policía en la esquina de Diez de Julio con Portugal; la tercera víctima es un cadete de la Escuela
de Aviación, alcanzado por una bala de carabineros cuando se encontraba en el
Café “Don Bosco” de la Alameda.
En esa misma edición, “El
Mercurio” publica la amenaza de la cancelación de matrícula a los alumnos que
no concurran a sus establecimientos.
Explica que “según informaciones proporcionadas por fuentes allegadas al
Ministerio de Educación, los colegios de esta capital funcionaron ayer
(miércoles 17) con un 40% del profesorado y del alumnado y muchos directores
autorizaron a sus alumnos a volverse a sus casas a fin de evitar cualquier
accidente en los disturbios de las calles céntricas”. (“El Mercurio”, 18 de
agosto de 1949, página 21)
Ello da una pauta del enorme
ausentismo de maestros y estudiantes. De
ahí, la amenaza de la cancelación de matrícula a los que continúen protestando.
FACULTADES EXTRAORDINARIAS
El día 17, el gobierno solicita la
dictación de Facultades Extraordinarias al Congreso. Son otorgadas por la mayoría del
Parlamento. Al mismo tiempo, González
Videla se ve obligado a derogar el alza de las tarifas nocturnas, aunque
mantiene el aumento de veinte centavos de la diurna.
Ese mismo miércoles 17, el general
Santiago Danús Peña asume el mando de la Plaza de la capital. A los carabineros se unen fuerzas del
Ejército en la represión de la protesta popular. Ello no aminora las acciones. Fracasan los esfuerzos de las autoridades por
normalizar, el servicio de micros,
resguardados por militares y carabineros.
Sólo circulan unos pocos. Ello
–según “El Mercurio”– por “la actitud hostil de los manifestantes, apostados en
puntos estratégicos de la ciudad para atacar los microbuses de las diversas
líneas”. No hay clases en la mayor parte
de los establecimientos primarios y secundarios. A la vez, se resienten sensiblemente las
actividades comerciales y de las oficinas públicas.
OBREROS EN LA PELEA
Según parte de la policía, a las
10:10 horas del miércoles 17, “un grupo numeroso de obreros, impiden la entrada
del resto de los trabajadores a la Hilandería Nacional, ubicada en calle San
Nicolás esquina de Gran Avenida”. Nótese
la hora: 10:10. O sea, no es en el momento de la entrada a
las labores.
Otro informe policial: Alrededor de las 10:40 a.m., cerca de 800
personas armadas de palos y piedras avanzaron desde la Alameda Bernardo
O’Higgins, por Morandé, y luego lanzaron pedradas a las ventanas del Palacio de
Gobierno. Las acciones se desarrollan
hasta en la propia Moneda. Los
manifestantes sobrepasan a las fuerzas represivas.
Nuevo ejemplo de la combatividad
de las masas la entrega un parte policial:
Alrededor de la una de la tarde, en Rosas esquina Morandé, varias
personas liberan a un detenido conducido por carabineros.
Las propias informaciones
oficiales hablan de heridos graves de los disparos de miembros del Ejército.
NO SÓLO EN SANTIAGO FUE UN COMBATIVO AGOSTO
Aún no logra el gobierno aplastar
totalmente la rebelión popular en la capital, cuando el sábado 20 de agosto
estalla la protesta contra las alzas y la represión en la zona del carbón.
En la mañana de ese día, 1.100
mineros – que componen el primer turno – se apoderan del Pique Grande de Lota,
donde se atrincheran. A mediodía, otro
turno – formado por 1.200 obreros – se pliega al movimiento.
En Lirquén, los trabajadores del
primer turno, se toman la maestranza y la mina.
De inmediato, parte en dirección de ese mineral el Regimiento de
Artillería Silva Renard.
Otro tanto hace el Regimiento Chacabuco,
que se dirige hacia Lota.
No conforme con esas
movilizaciones, el gobierno ordena a la Escuadra que se dirija a toda máquina a la zona del
carbón, para colaborar en la tarea de reprimir a los mineros.
Según “El Mercurio”, “las
informaciones llegadas de la zona del carbón han permitido establecer que la
rapidez con que obró el gobierno permitió aislar totalmente la zona del
carbón”. Agrega que “el general Vásquez,
jefe de la zona de Concepción, aseguró esta noche (sábado 20) que la situación
está controlada y que los antecedentes que ha recogido en la zona del carbón le
han permitido estableces que este paro revolucionario estaba sincronizado desde
Santiago por la JUNECH, la cual se ha puesto al servicio de la causa
revolucionaria de los comunistas”. (“El Mercurio”, 21 de agosto de 1949, página
25)
Miente el general. Mejor dicho, se ciñe al esquema de González
Videla: dar carácter “revolucionario” a
un movimiento contra las alzas; responsabilizar a los comunistas de esas acciones,
cuando en verdad no participan en ellas sólo comunistas.
“El Mercurio” insiste: “De las informaciones llegadas desde Lota se
desprende que, dirigentes comunistas que estuvieron relegados en Pisagua,
fueron los que en Lota prepararon el movimiento”. No hay dudas que allí el PC dirige la
huelga. Pero no de la manera que dice el
diario de los Edwards. Al referirse a
los mineros que se toman el Pique Grande de Lota, afirma que “la mayoría de ellos,
por los antecedentes recogidos, fueron obligados por el terror a atrincherarse
en la mina”. (“El Mercurio”, 21 de agosto de 1949, página 25)
Pero la rebelión no se limita sólo
a la capital y la zona del carbón.
“El Mercurio” informa: “Sincronizado con este movimiento
revolucionario en el carbón, los comunistas hicieron estallar hoy (sábado 20)
un movimiento en la Oficina Salitrera Prosperidad del Cantón de El Toco. 800 obreros declararon que estaban dispuestos
a resistir a la fuerza pública, aún a costa de derramamiento de sangre, para
impedir que se adoptase cualquiera medida contra los dirigentes obreros”. (“El
Mercurio”, 21 de agosto de 1949, página 25)
GOBIERNO HABLA DE UN “PLAN REVOLUCIONARIO”
“El Mercurio” es incansable. Repite una vez más: “El gobierno
tiene ya en su poder los hilos completos del plan revolucionario y está
en conocimiento de los agentes que están actuando en las zonas del
salitre”. Agrega: “El Presidente de la República impartió
telefónicamente instrucciones al general Andrés Poblete a Antofagasta para que
ordene detener a todos los dirigentes comunistas sindicales que han promovido
esta situación revolucionaria en el salitre y en el cobre, a los cuales se les
aplicará las facultades extraordinarias”. (“El Mercurio”, 21 de agosto de 1949,
página 25)
La labor de la prensa de derecha
es clara: Justificar con el fantasma de
una subversión comunista la represión brutal, con mano militar, de las
protestas contra la carestía y los abusos de la autoridad.
Para facilitar la acción
represiva, el gobierno dicta, el sábado 20, decretos declarando zona de emergencia
a las provincias de Arauco, Concepción, O’Higgins, Atacama, Antofagasta y
Tarapacá. Ello, según “El Mercurio”,
“para afrontar los conflictos obreros estimulados por los comunistas en centros
vitales de la nación”.
Lo anterior da una idea de la extensión
del movimiento de protesta.
LA IGLESIA CATÓLICA JUSTIFICA REPRESIÓN
La Iglesia Católica respalda al
gobierno y la represión por él desatada.
A lo menos lo hace el Cardenal Arzobispo de Santiago, José María Caro
Rodríguez. En Carta Pastoral, de fecha
20 de agosto de 1949, señala:
“En cumplimiento de los deberes de
nuestro cargo pastoral, nos dirigimos a nuestros amados fieles, con motivo de
los graves acontecimientos que han amenazado y amenazan la paz pública y la
estabilidad de nuestras instituciones democráticas.
“Sin desconocer la angustia
económica, que tantos sacrificios impone a todos los ciudadanos y
particularmente a los más menesterosos, por cuya suerte nos hemos preocupado
constantemente, es necesario que veamos con toda claridad un mal mucho mayor,
que se cierne sobre todo el país, sobre el bienestar de sus ciudadanos, sobre
la mantención de sus libertades, sobre la existencia misma del Estado y sobre
la misión sagrada de la Iglesia, cual es el asalto de las fuerzas comunistas.
“La experiencia de lo acontecido
en otros países y las fidedignas informaciones de lo que se prepara en el
nuestro, nos mueven a declarar que nos encontramos ante un grave peligro, por
lo cual todos los católicos, posponiendo cualesquiera asuntos de otra índole,
ahora como deber supremo, la defensa de nuestras instituciones fundamentales y
del orden constituido.
“A ningún católico le es lícito en
estas circunstancias, adoptar una actitud pasiva, ni menos, por cierto, ahora
ni nunca, cualquiera cooperación o ayuda al comunismo ateo, repetidas veces
condenado por los Sumos Pontífices y últimamente con redoblada energía por S.S.
Pío XII, ante la extensión de su poderío tiránico y la persecución
desencadenada contra la Iglesia en numerosas naciones..." (“El Mercurio”,
21 de agosto de 1949, página 25)
La Carta Pastoral hace merecedor
al Cardenal Caro de una visita de González Videla. Tiene lugar el mismo sábado 20 de agosto, a
las 21:30 horas. Acompañado de su edecán
militar, coronel Santiago Robles Videla, el Presidente le agradece a Monseñor
Caro su “enérgica condena al movimiento sedicioso comunista”.
SOLIDARIDAD INTERNACIONAL
Se hace presente la solidaridad
internacional. Desde Argentina llega un
cable que dice:
“Buenos Aires, 20 de agosto.- Señor Presidente de Chile don Gabriel
González Videla, Santiago: Le hacemos
llegar nuestra protesta por la sangrienta represión del movimiento obrero
democrático que lucha por la paz, la libertad
y la justicia social. Repudiamos
la concesión de facultades extraordinarias que anula los derechos humanos,
garantizados por la Declaración de las Naciones Unidas y ofenden la conciencia
democrática americana, por la Liga Argentina de los Derechos del Hombre, Emilio
Troise, presidente, Francisco Pitta, secretario”. (“El Mercurio”, 21 de agosto
de 1949, página 25)
EL PARTIDO COMUNISTA IMPULSÓ LA PROTESTA
Estas acciones de agosto de 1949
son impulsadas por el Partido Comunista.
Al respecto Volodia Teitelboim afirma:
“Eso fue una cosa muy
nuestra. Yo era miembro de la Comisión
Política. Era lo que andábamos buscando
nosotros: la movilización de masas como
respuesta, las huelgas y las protestas.
No teníamos una posición de inercia.
Había que derrotar a González Videla, y su política feroz. Y, por lo tanto, llevar a la gente a la
acción. Y eso fue justamente. Y en eso estuvo el Partido. Nosotros oponíamos una resistencia de masas,
pero éramos contrarios a las acciones individuales desesperadas.
“Hubo mucha participación obrera y
mucha participación estudiantil. Fue una
rebelión popular que cambió las cosas.
Que determinó la crisis de una fórmula política del gobierno de González
Videla. Y se impuso el ‘Gobierno de la
Sensibilidad Social. Y se limitó la represión.
No hubo un cambio de 180 grados, pero hubo un cambio”. (Volodia
Teitelboim: Conversación con el autor. Santiago, 13 de enero de 1994)
LOS EMPLEADOS VAN A LA LUCHA
La marea social continua en
aumento. Las organizaciones obreras han
salido duramente golpeadas por la represión.
Por eso, son los empleados, encabezados por la Junta Nacional de
Empleados de Chile, JUNECH, que están en mejores condiciones para dar lucha por
sus reivindicaciones.
El 23 de enero de 1950, varios
gremios declaran una huelga exigiendo el pago de una gratificación anual. Son los empleados telefónicos y de la Empresa
Chilena de Electricidad, ambas en manos de monopolios estadounidenses, y de la
Empresa Nacional de Transportes. Los
huelguistas reciben el apoyo de la Confederación de Empleados Particulares de
Chile, CEPCH. Durante doce días se
efectúan disciplinados paros escalonados.
Uno tras otro, van paralizando
sus actividades laborales los sindicatos afiliados a la CEPCH. Se llevan a cabo, además, paros solidarios en
las provincias de Santiago, Valparaíso y Concepción. El movimiento abarca el 40% de los
trabajadores del país.
La unidad, combatividad y acertada
táctica de los empleados , obligan al gobierno a acceder a sus demandas. Los huelguistas alcanzan el triunfo el 4 de febrero de
1950.
Pero esas luchas laborales logran
otra victoria aun más significativa.
Derriban el Gabinete de “Concentración Nacional”, - formado por
radicales, conservadores, liberales y socialistas -, con que gobernaba González
Videla desde la salida de los comunistas.
Es reemplazado por el Gabinete de “Sensibilidad Social”, incorporándose
a él ministros de la Falange Nacional.

