domingo, 31 de mayo de 2026

Ay, Pisagua.

 


Comentario radial y escrito

 

 

 

 



La memoria incrustada en la historia es un recuerdo que no se olvida. Tiene más andenes que toda la humanidad.

Vivimos tiempos en que la lucha de clases se ha transformado en una catarata imparable, desordenada, indomable; que la del Iguazú parece el llanto de una acequia.

Al menos yo, si no fuera por mi “Ay dios mío de los coloraos” no sabría pá onde disparar”.

El intelecto, que sendera mi conciencia, es, “mi dios mío de los coloraos”.

Quien podría imaginarse la tragedia del estrecho de Ormuz, del crimen salvaje y selectivo en cada parpadeo del Líbano.

Esa Gaza de escombros protegida.

¿Exterminaron las generaciones de Judas, el Galileo?

Es cierto, demoler una estructura en la que se yergue nuestra humanidad, nuestra identidad, nuestra forma de mirar al otro, de sentir al otro, de saber ser, de querer ser tan, tan cruel, tan de hambre, tan de muerte sin sentido, de tanta miseria social, es una indecencia.

Si, es una indecencia.

Y no hace falta cachurear las indecencias por otras geografías, sobra con el vivir incierto, de mi paisito, flaco y largo.

Nuestro territorio, por lo largo y estrecho, por su cordillera y mar, por sus recursos de norte a sur almacenados, somos un tanto privilegiados; no lo digo con “suficiencia”, al contrario, lo digo por “quien paga las habas que se comió el burro”.

Quien nos mandó a ser tan atrayente, tan escondido, con tantos recursos a flor de piel, recursos que encendieron y encienden codicia descontrolada, una concupiscencia tan de carnaval, que no la vez, y, ella, tarde o temprano ira por ti.

¡Te va a pillar!

¡Te pillo!

La gente de mi país, con sus ancestros, con su mestizaje, con sus inmigrantes, con su geografía abrupta y dispareja, nos ha vestido un tanto diferentes.

Es cuestión de escuchar los hablares.

Las invasiones de rapiñas y crímenes, de genocidios perpetuados por los grandes imperios europeos, más, la rapidez de los calendarios; el “parir la chancha”, y las resistencias indomables de oriundos, de mestizos y criollos, fueron almacigando un bagayo de 208 años antiguos.

Para caer en patota, con vergüenza ajena, en una encomienda, al puro estilo colonial, a merced de un fascismo siglo XXI, con fauces abierta, protegiendo desesperado los estertores finales de un sistema mundial en descomposición.

Una descomposición que no se sabe, si se aterra o se ríe.

Es cuestión de ver y escuchar, al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Sus intervenciones son muestras de la inmoralidad de un sistema en descalabro; sin embargo, todas las plataformas de información, en redes sociales, en el mundo entero, están pendientes de sus intervenciones.

Es un cilicio muy a la moda.

Los que saben, dicen que un periodo histórico en Europa, se le llamo, de la “Ilustración”, fue, un movimiento de la intelectualidad de los cuicos de esa época.

Por esos tiempos, se asomó como por encanto la revolución francesa, las ideas de igualdad, de progreso, de preguntarse del porque existimos.

De la didáctica “a lo, Descartes”, “Pienso, luego existo”, o reflexionar sobre la tolerancia, el conocimiento; incluso, de la soberanía y el respeto público.

La Ciencia se venía en patota y se vestía apresurada.

La revolución Industrial, por necesidad del capital, se asomó.

Llegaba igualita a lo que sucede hoy en día, con la Inteligencia artificial.

Todo para fortalecer, idealizar selectivo, predios, minerales y cultivos, conciencias e ignorancias, absolutamente contrario a la idea de “un bien común”, que se cocía en los salones medievales y en los salones y de predios del riquerio de hoy en día.

Grito de esta manera, para ahuyentar los yataganes.

La revolución industrial, para ser revolución, necesitaba de recursos materiales, de la tierra, del mar y de lo humano.

Chile, mi paisito flaco, les abrió las puertas a lo John Wayne al Imperialismo británico, todo poderoso.

Y más tarde, al mismito John. Ese, de las 52 estrellas, olfateando voraz, alguna acorralada por sus garras inmorales.

Lo que es la cosa del poderoso.

No puedo entender esa forma de ir y venir andrajoso, hambriento, tiritando de frio, sudando de calor, explotado por el capital, empujados jubilosos por la patria, a matarse entre hermanos continente y, la gran mayoría, de ese caminar de hormigas, como las que se alojaron en la Escuela Santa María en Iquique, no hablaban ni hablan inglés.

Mi norte, mi sur, era un Sudáfrica chiquitito.

La explotación del hombre por el hombre era un crimen salvaje.

Con el tiempo, lo salvaje, se fue suavizando, y no fue como una táctica del capital, pá na. Fue, por la organización de la clase obrera, por su comprensión de clase.

De entender, que solamente, unidos como clase, se puede levantar defensas por los derechos, como las marchas callejeras, mítines, huelgas, todo lo que sea necesario para vivir de acuerdo con el desarrollo de las ciencias y de lo humano; la vivienda, la salud y la educación sean un derecho innegable.

Esas organizaciones de clase, como las mutuales, las mancomunales, el desarrollo de identificación de clase de los partidos políticos, como el partido demócrata en 1887.

Luis Emilio Recabarren, tenía 18 años cuando ingreso a ese partido de clase.

Al correr por el desierto, por los sembrados, por la vida de pais tanta injusticia social, era menester más organización del asalariado, del proletario. El auge o la moda de estas ideas, luchas sociales, de clase, el oportunismo político invento la clase media. Como que si esta clase, estuviese vacunada contra el hambre, contra la pobreza, contra la ignorancia.

El 4 de junio de 1912, abandonando el Partido Democrático, Luis Emilio Racabarren, inicia junto a otros visionarios, el Partido Obrero Socialista. La causa de esa ruptura fue el abandono del Partido Democrático a las defensas de los derechos políticos de la inmensa masa trabajadora.

En esos tiempos, la efervescencia social en Chile, eran enorme, los obreros, los estudiantes de todo Chile era una ola de rebeldía que luchaba por sus derechos, imparable.

El Partido Obrero Socialista, sus planteamientos, su estructura, no daban a vasto para tanta rebeldía social. Se hacia necesaria una nueva estructura política, con otra visión, con objetivos concretos y a largo plazo.

Esos fueron los elementos, los conceptos, que dieron vida al Partido Comunista de Chile.

Las ansias del Conservadurismo nacional, de sus oligarquías de todo lo que huela a ganancias, de sus perros de presa, el fascismo, no es nuevo. Tiene más de 90 años en un eterno remojo.

Siempre ha sido vigente, por el miedo del riquerio, incluso, de su respirar y hacer de la hoz y el martillo.

La ley 8987, dictada en 1948, por Gabriel Gonzales Videla, presidente de Chile, denominada “de defensa permanente de la democracia” dejo fuera del derecho político de existir.

Y, yo le encuentro razón al traidor.

No se puede ser aliado político, aunque tu seas elegido presidente de la nación, gracias a ese conglomerado político, si, este, en las calles, en fábricas, minas y socavones, en melgas y escuelas toma partido por los desposeídos, por los derechos, por la dignidad de vivir.

Por eso a sus militantes, a Pisagua los confinaron.

Lo ocurrido con el fascismo de Augusto Pinochet y de sus esbirros, no se necesita decir nada.

Duele todavía.

Lo que ahora, anda en boga, es lo mismo que sucede en el mundo entero. La razón de vivir, de existir, por moral, por ética, por humanidad, el pueblo tiene que parar esas falacias del fascismo contemporáneo.

Que no es otra cosa que la aplicación brutal de un neoliberalismo que niega todo lo conseguido por los derechos integrales de los habitantes de un país.

Alejandro Fischer Alquinta.

Estocolmo 20260531