sábado, 14 de septiembre de 2024

EL PARTIDO COMUNISTA Y LA DERROTA DE 1973

 

  

 

 

En el marco de los 51 años del golpe fascista, les entregamos nuevamente un artículo escrito  por el compañero historiador Iván Ljubetic Vargas a propósito de “EL PARTIDO COMUNISTA Y LA DERROTA DE 1973”.

Boletín Rojo.

 

 

 

Hace 49 años el movimiento obrero y el pueblo de Chile sufrieron la peor derrota de su historia. Fue el triunfo del golpe fascista del 11 de septiembre de 1973,  concebido,  preparado, dirigido y financiado por el imperialismo estadounidense, con la complicidad de la burguesía criolla, con activa participación del Partido Nacional (la actual UDI) y el  ala derechista de la Democracia Cristiana. 

El Partido Comunista, la colectividad  que de manera más fiel y consecuente apoyó al Presidente Allende.,  no eludió sus responsabilidades y realizó un descarnado análisis, critico y autocrítico de la derrota del 11 de septiembre de  1973. 

Un abrazo antifascista,

Iván Ljubetic Vargas

 

 

 

 

 

DEL INFORME DE LUIS CORVALÁN AL PLENO DE AGOSTO DE 1977:  EL PARTIDO COMUNISTA Y LA DERROTA DE 1973

 

 

 

                                               Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                               Centro de Extensión e Investigación

                                                Luis Emilio Recabarren, CEILER


 


 

SOBRE LA REVOLUCIÓN CHILENA   

El Informe sostiene: “La Revolución Chilena fue un acontecimiento de importancia internacional. Fue la primera experiencia prolongada de desarrollo pacífico de la revolución en la situación actual. En su gestación participaron distintas corrientes democráticas: marxistas, racionalistas y cristianas. Esta particularidad amplió su audiencia en el campo internacional. 

En nuestro país, en la práctica, quedó demostrada la posibilidad de que la clase obrera y el pueblo llegaran al Poder –mejor dicho a una parte del Poder- por una vía no armada y de hacer realidad una serie de transformaciones revolucionarias por dicha vía”. (El Pleno de agosto de 1977 del Comité Central del Partido Comunista de Chile. Ediciones Colo-Colo, 1978, página 11)


EL VACÍO HISTÓRICO: LA FALTA DE UNA POLÍTICA MILITAR 

Otro error de derecha, también de gran importancia, se refiere a la política militar de la Unidad Popular y del Gobierno. 

Apenas conocido el resultado de las elecciones del 4 de septiembre de 1970, el enemigo buscó afanosamente el golpe de Estado para impedir que Salvador Allende asumiera la Presidencia de la República. Con tal fin, confió en el carácter de clase de las FF AA y trató de usarlas a su favor.

En esas circunstancias, Salvador Allende y los partidos de la Unidad Popular entraron en un diálogo activo con las diversas instituciones militares. A nuestro Partido le correspondió un papel especial en este diálogo en relación con el Ejército. Los compañeros Volodia Teitelboim, Américo Zorrilla y José Cademártori mantuvieron diferentes reuniones con varios generales y fueron los principales intermediarios entre ellos y el compañero Allende. El compañero Allende tuvo en alta estima estos contactos.

Constituido el Gobierno, el esfuerzo por cerrar el abismo de recelos e incomprensiones  entre los partidos de izquierda y las Fuerzas Armadas, producto de las presiones imperialistas y reaccionarias, se transformó en una constante de la actividad del Presidente y de la Unidad Popular.

Allende tuvo clara comprensión de la posibilidad y de la necesidad de participar a los militares en el proceso transformador. Los esfuerzos no fueron en vano. No pocos de los integrantes de las Fuerzas Armadas empezaron a mirar con otros ojos, con interés y hasta con simpatía el proceso de cambios… El General Prats, hombre sensible e inteligente, que terminó por tener un gran afecto al Presidente y a la obra del pueblo, es el caso más conocido. Pero no es el único…”  (Luis Corvalán: “Informe al Pleno de Agosto de 1977 del Comité Central del Partido Comunista de Chile”, páginas 26 y 27)


Vinieron las elecciones de marzo. En ellas la Unidad Popular obtuvo el  43,8% de los votos. Este resultado constituyó una importante victoria y una derrota para la reacción que fracasó en su empeño de obtener los dos tercios del Parlamento, mediante los cuales pretendía destituir al Presidente Allende, haciendo uso de un resorte constitucional que exigía ese quórum.


En estas circunstancias, la derecha volvió a colocar el golpe de Estado al orden del día. Precisamente entonces se resolvió prescindir del concurso militar en el Gobierno. Esto constituyó un grave error, en este caso concreto, un error  sectario de ‘izquierda’…Nuestro Partido estuvo en desacuerdo con la salida de Prats. Pero, a decir verdad, no nos jugamos por enteros por evitar su dimisión…

 

En el comportamiento del Gobierno y de la Unidad Popular en este terreno (el militar) influyeron, sin duda, concepciones erróneas y muy arraigadas en la mentalidad chilena que, de una u otra forma, y en mayor o menor medida, alcanzaron a todos los partidos. Nos referimos obviamente, a la creencia de que las Fuerzas Armadas de Chile se singularizaban por su subordinación al Poder Civil y por su prescindencia política, por su sentido profesional.

 

Sin pretender afirmar que nosotros, comunistas, estábamos completamente inmunes a dichas concepciones, es preciso dejar claro que nunca participamos, por ejemplo, de la idea de que el Ejército era ‘el pueblo con uniforme y así lo dijimos públicamente.

 

Además, en nuestro XIV Congreso (realidad XVIII Congreso, nota del autor)  en noviembre de 1969, después del intento golpista de Viaux, expresábamos:

 

‘Se puede decir que el período de prescindencia de las Fuerzas Armadas en la vida política -prescindencia que nunca fue absoluta,  pero que durante varias décadas estuvo reducida a uno que otro grupo de oficiales- ha terminado o tiende a terminar’…

 

“Estamos convencidos que pese a todos los errores e insuficiencias de nuestro trabajo hacia las Fuerzas Armadas, había en ellas, como ya está dicho, importantes contingentes con los cuales podíamos haber contado en cualquiera circunstancia… Pero el deterioro en la correlación de fuerzas repercutió también en los institutos armados y dichos contingentes se redujeron, se sintieron confundidos, frustrados y paralogizados. Esto fue lo fundamental. A esto se agregó que ni el Gobierno ni la Unidad  habíamos elaborado un plan operativo -que merezca tal nombre- con los militares leales  para aplastar el golpe de Estado si se desencadenaba. Y así llegó el 11 de septiembre. El golpe nos pilló desprevenidos en cuanto a defensa militar”. (Luis Corvalán: Informe al Pleno de agosto de 1977 del Comité Central del Partido Comunista de Chile”, páginas27, 28 y 29)


Luis Corvalán explicó: “Al sostener desde 1956 la posibilidad de la vía pacífica en nuestro país tuvimos en cuenta, primero, que se trataba sólo de una posibilidad y, segundo, que de abrirse paso la revolución por dicha vía, en algún momento podría surgir la alternativa de la lucha armada.

 

Esta justa consideración debió ir acompañada de una política militar que, en primer término, debía contemplar el estudio, el conocimiento de las instituciones armadas de nuestro país y un trabajo dirigido a promover en su seno las ideas democráticas, el interés por la lucha del pueblo. Dicho trabajo para producir frutos  significativos, efectos de importancia, debió desarrollarse desde hacía muchos años, en definitiva haber sido una constante en la línea del Partido.

 

Esto no lo vimos sino en el último tiempo, lo que constituyó una insuficiencia más que grave de la política del Partido. En ello influyó el hecho de que hacíamos enfoques parciales. Considerábamos la neutralización del Ejército, su no intervención contra el movimiento  popular, como condición necesaria y suficiente para la conquista del Gobierno, como ocurrió efectivamente. Luego, con el Gobierno en las manos, pensábamos que seríamos capaces de modificar el carácter de la FF. AA. contando con una correlación de fuerzas favorable en el país y apoyándonos en los sectores democráticos  de las instituciones militares. Esta concepción se demostró insuficiente. De hecho, aunque tenía en cuenta el carácter de clase de la FF.AA., lo subvaloraba.

  

PREPARACIÓN MILITAR A PARTIR DE 1963 

Nos preocupamos, en cambio, desde 1963, de la preparación militar de miembros del Partido, no para derribar al Gobierno de turno, que era el de Alessandri, ni al siguiente que era el de Frei, sino para contribuir a defender las conquistas del pueblo chileno que estábamos convencidos, alcanzaría el poder.


Logramos contar con alrededor de mil militantes que sabían manejar armas automáticas de distinto tipo, algunos de los cuales tenían cierto conocimiento de táctica y estrategia militar y nociones en otros terrenos. Otros dos mil compañeros habían aprendido el manejo de armas cortas, la defensa personal y diversas formas de lucha callejera. Estos últimos desempeñaron un importante papel en la vigilancia de los locales y de los actos del Partidos, y en el cuidado de los dirigentes. 

También logramos disponer de una cantidad limitada de armamentos. 

Examinado estos problemas desde el ángulo de nuestras responsabilidades, es evidente que no nos habíamos preparado adecuadamente para la defensa del Gobierno Popular en cualquier terreno. No sólo teníamos el vacío histórico de la falta de una política militar, sino que el tratamiento del problema no lo enfocábamos desde el punto de vista de tarea de todo el Partido y por tanto de dominio de sus organismos y cuadros.

 

Cuando después de las elecciones de marzo de 1973 estaba claro que la reacción buscaría en derribamiento del Gobierno a través del golpe de Estado, lanzamos la consigna de “No a la guerra civil”, y, simultáneamente -como se desprende de lo ya dicho- intensificamos la preparación combativa de aquellos militantes que ya trabajaban en este frente y los pertrechamos de algún armamento.” (Corvalán, Luis: “La Revolución chilena, la dictadura fascista y la lucha por derribarla y crear una nueva democracia”. Informe al Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Chile, de agosto de 1977, páginas 29 y 30)

 

DEFECTOS Y ERRORES DEL PARTIDO COMUNISTA 

En el Informe se pregunta: “¿Qué se puede objetar de nuestro comportamiento del día 11?”  Y se responde:

 

“Se pueden hacer algunas objeciones. Por ejemplo, ese día quedaron en evidencia defectos en nuestro aparato orgánico que produjeron cierto grado de desconexión y esto nos impidió promover siquiera algunas acciones de, resistencia con vistas a que el repliegue se hiciera sin una brusca caída de la moral de las masas, en una forma más o menos consciente” (Obra citada, página 34)

 

Añade más adelante: “Los errores de ‘izquierda’ derivaron básicamente de no haber abordado de modo correcto una serie de problemas que dicen relación con el papel de la clase obrera como fuerza motriz y dirigente de una alianza muy amplia y con la significación de las capas medias”  (Obra citada, página 34)

 

“Nosotros –afirma el Informe- hicimos una buena elaboración de nuestra línea durante todo el período de lucha que condujo a la conquista del Gobierno y se puede agregar que también en el período inicial del mismo, pero no elaboramos suficientemente nuestra línea con relación a cómo resolver los problemas del tránsito de la conquista del Gobierno a la conquista de la totalidad del Poder, y del tránsito de una etapa a otra de la Revolución para llegar efectivamente al socialismo.

 

Por lo menos durante el último año de Gobierno trabajábamos al día, atendiendo los problemas cotidianos, abrumados por tareas prácticas, en tanto la reacción tenía un plan bien proyectado. Tal situación condujo a la pérdida de la iniciativa lo que, unido a todos los errores y complicaciones ya descritas, hizo que la Revolución Chilena pasara a la defensiva y esto, se ha comprobado una vez más, termina inevitablemente en la derrota”. (Obra citada, página 36)

  

UNA CONCLUSIÓN PARA TOMAR EN CUENTA HOY 

El Informe afirma: “De esto debemos sacar una conclusión. No fuimos capaces, como Partido Comunista, de llevar la Revolución Chilena junto a nuestros aliados hasta el fin.

 

Es claro, si nuestro Partido hubiese sido mucho más fuerte, mucho más capaz teórica, ideológica y políticamente hablando, la situación habría sido seguramente diferente, porque en tales condiciones habríamos podido, efectivamente, ser o convertirnos en esos días en la vanguardia reconocida de la clase obrera y del pueblo en general. Dicho sea de paso, ésta es tal vez una de las más grandes lecciones que debemos extraer con vistas a construir un Partido todavía más grande y cualitativamente mejor.” (Obra citada, página 38)

 

 


EL GOLPE FASCISTA EN DESARROLLO

 



Al cumplirse 51 años del golpe cívico – militar, presentamos a nuestros lectores y lectoras del Boletín Rojo, “EL GOLPE FASCISTA EN DESARROLLO” un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas. 

Boletín Rojo

 

                                                                 Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                                 Centro de Extensión e Investigación

                                                                  Luis Emilio Recabarren, CEILER

 

 

 

 

 


 

Recuerda Carlos Toro: “Alrededor de las 5,30 horas sonó el teléfono. Atendí. Me llamaban los compañeros ferroviarios de Valparaíso para informar que: ‘la escuadra había regresado en la madrugada a Valparaíso y que en ese momento la marinería se estaba tomando las instalaciones ferroviarias del puerto’. Con esta nueva noticia, llamé inmediatamente a Tomás Moro. Me atendió Joan Garcés. Mira, le dije, se está dando un conato subversivo de la marina en Valparaíso. 

Tengo la impresión de que fue la primera alerta que él llegó al Presidente. Aunque no estoy seguro de ello. También pudo recibirla por otros conductos. 

En seguida llamé a Mario Zamorano y le relaté los hechos y me respondió: ‘yo me voy a encargar de avisarle a los  miembros de la Comisión Política, para que se dirijan de inmediato al local del Partido en calle Vergara. Nos vemos allá’.” (Carlos Toro: “La Guardia muere , pero no se rinde…Mierda. Memorias”, página 81) 

A las 6,20 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, el presidente Allende recibió un llamado telefónico en su residencia de Tomás Moro. Se trasladó a La Moneda. A las 8,30 las tropas golpistas se apoderaron de las calles de la capital. 

Los fascistas instaron a rendirse al Presidente.  Les respondió: “Como generales traidores que son no conocen a los hombres de honor”. 

Numerosos ministros, hombres de gobierno, dirigentes de la UP, sus hijas Beatriz e Isabel, llegaron a reunirse con Allende.

Éste  ordenó salir a las mujeres y a los hombres que no tienen armas: “Vivos serán más  útiles para la lucha revolucionaria”. 

A las 9,15 se inició el ataque contra La Moneda, defendida apenas por menos de 40 combatientes. Los asaltantes del poder embistieron con infantería, blindados, artillería. A las 12 horas, aviones rasantes bombardearon el Palacio de Gobierno.

  

 

 



Allende se dirigió al pueblo en cuatro oportunidades por radio. En su último discurso transmitido por Radio Magallanes del Partido Comunista, dijo:

 

“…  La historia no se detiene ni con represión ni con el crimen.  Esta es una etapa que será superada, éste es un momento duro y difícil.”

 

“Ante estos hechos sólo me cabe decirles a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser cegada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

 

“¡Trabajadores de mi patria! Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse.

 

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

 

¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!

 

Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza que mi sacrificio no será en vano.

 

Tengo la certeza que por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

 

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. Me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria…”

 

LA DICTADURA FASCISTA 

Durante 16 años y seis meses, del 11 de septiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990, el pueblo chileno sufrió una de las tiranías más sanguinarias de la historia de la humanidad. 

El Partido Comunista fue perseguido con saña: dos Comités Centrales y uno de las Juventudes Comunistas fueron detenidos, y asesinados. Forman parte de la lista de detenidos desaparecidos. José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino son horriblemente degollados. 

El régimen fascista barrió con todo elemento democrático: quemó los Registros Electorales; prohibió los partidos políticos y las organizaciones sindicales; disolvió el Congreso, que fue reemplazado por un nuevo poder legislativo: los comandantes en jefe de las tres ramas de las FF AA y el Director de Carabineros. 

La dictadura se "institucionalizó" a través de la Constitución de 1980; del Plan Laboral, que entró en vigor el 1 de julio de 1979; la Ley Electoral, etc.

 

EL GENOCIDIO 

La base teórica  de los crímenes perpetrados por la dictadura fue la Doctrina de Seguridad Nacional: la guerra de exterminio contra el enemigo interno, calificado genéricamente como comunismo.

 

CIFRAS OFICIALES DE VÍCTIMAS DE LA DICTADURA FASCISTA 

Hubo cinco instancias oficiales  para estudiar los atropellos a los derechos humanos bajo la dictadura: la Comisión Nacional  de Verdad y Reconciliación o Comisión Rettig (marzo de 1991), la Comisión Rettig II,  la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación (febrero 1992, La Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura  o Comisión Valech (2004) y la Comisión Valech II (2010). Las cinco, luego de recibir miles de testimonios, evacuaron un informe. 

De la suma de todos estos informes, las cifras oficiales entregan un   total final  de 3.227 víctimas 2.125 asesinados y 1.102 detenidos - desaparecidos.

 

Además, los agentes de la dictadura detuvieron y torturaron a 31.831 patriotas. Más de 200  mil personas fueron lanzados al exilio, repartidos en 50 países.

 






EL FASCISMO EN CHILE

 


Al cumplirse 51 años del golpe cívico – militar, presentamos a nuestros lectores y lectoras del Boletín Rojo, un escrito sobre “El Fascismo en Chile”, del historiador Iván Ljubetic Vargas.

Boletín Rojo

 

 

 

                                                     Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                     Centro de Extensión e Investigación

                                                      Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 


 

El historiador Hernán Ramírez Necochea escribió: 

“El fracaso electoral de septiembre de 1970, colocó a la burguesía imperialista ya altamente fascistizada frente a una  realidad nueva… No había otra alternativa que recurrir directamente al fascismo, por cuanto era preciso recomponer integralmente la sociedad, las instituciones y aún el espíritu de la gente a fin de destruir todos los factores que  habían condicionado una evolución como la que condujo al 4 de septiembre de 1970…

En suma, la dinámica de la lucha de clases, junto con colocar a Chile en los comienzos de la ruta que podía conducirlo al socialismo, lo colocó también en  los  umbrales del fascismo”. (“Hernán Ramírez Necochea: “El fascismo en la Evolución política de Chile    hasta 1970”,  en  Revista Araucaria de Chile N.º 1-1978,  página 30)


EL  FASCISMO HIJO LEGÍTIMO DEL IMPERIALISMO

La sociedad capitalista es un régimen en que existen dos clases antagónicas: la burguesía, dueña de los medios de producción, y los trabajadores que, para poder subsistir, deben vender su fuerza de trabajo a los poseedores de los medios de producción.

Como en toda sociedad dividida en clases antagónicas, en el capitalismo existe un Estado, que es un instrumento de dominación de la minoría (los capitalistas) sobre la mayoría (los trabajadores).

En todo régimen con clases antagónicas, existen las luchas de clases. A veces oculta, subterránea, otras abierta.  Para los trabajadores esta lucha contra la burguesía tiene tres aspectos: lucha económica, lucha ideológica y lucha política.

La burguesía ejerce su dictadura sobre la mayoría de la población en la forma más sutil posible.  La clase dominante cubre su dictadura con una capa cosmética de democracia. Se celebran elecciones. Se realizan cambios  siempre que no perjudican los intereses de la burguesía. Cambios a lo gatopardo.

Pero cuando los trabajadores llevan adelante la lucha económica, exigiendo reivindicaciones socioeconómicas, como, por ejemplo, aumento de salarios,  y  esas luchas adquieren fuerza, entonces las clases dominantes convierten esas luchas económicas en conflictos políticos. Intervienen los gobiernos burgueses a favor de los patrones, emplean la violencia reaccionaria utilizando militares y policías. Masacran. Ello ocurrió alrededor de 50 veces en el Chile del siglo XX.

Y cuando los trabajadores, utilizando los mismos medios de la burguesía, logran ganar parte del poder, el Ejecutivo, y desde ahí realizan cambios revolucionarios en dirección al socialismo y, si a eso se agrega, un poderoso movimiento obrero, un Partido Comunista con doscientos mil militantes, fuertes organizaciones sindicales, trabajadores con firme conciencia de clase y con un irrestricto apoyo a su gobierno,  entonces la burguesía, que ve peligrar  su poder, lanza por la borda todo el aparataje democrático, que ya no le sirve, y echa manos al fascismo, la forma más violenta y cruel de sus métodos de dominación.


¿POR QUÉ EL IMPERIALISMO ECHÓ MANO AL GOLPE FASCISTA EN CHILE EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973?

El imperialismo y la reacción criolla emplearon  la forma más violenta y cruel de golpe de estado, un golpe fascista. El violento asalto del gobierno; la destrucción de toda forma  de democracia, el exterminio físico de los revolucionarios, comenzando por el heroico compañero Presidente. Esto,  con el objetivo de paralizar por  el terror al pueblo. Un ejemplo concreto de ello fue el bombardeo de La Moneda. Inútil desde un punto de vista militar, pero efectivo para infundir el miedo a la población.

El golpe fue la respuesta de la burguesía más reaccionaria a los avances logrados por el movimiento obrero. No fue sólo la “inspiración” de un grupo de milicos antipatriotas y traidores.

Fue la respuesta a los avances alcanzados por un poderoso movimiento obrero, creado por Luis Emilio Recabarren en la segunda década del siglo XX, cuya conquista más importante hasta ahora, ha sido el Gobierno Popular.

Fue la respuesta contrarrevolucionaria llevada a cabo  por parte de la burguesía  chilena,  de sus partidos, como el Partido Nacional (los actuales UDI), la Democracia Cristiana y otros grupúsculos. Pero, lo determinante fue la acción  de la burguesía más poderosa y reaccionaria del mundo, el imperialismo estadounidense. Ella encabezó la conjura contra el Gobierno de Allende.

Fue su reacción ante la fuerza que el ejemplo chileno ejercía en los pueblos del mundo y en especial de América Latina.

Por eso se unieron en una “santa alianza” Nixon, Kissinger, la ITT, la Pepsi cola, la Anaconda, la Kennecott, Frei Montalva, Patricio Aylwin, Onofre Jarpa, Sergio Diez, Francisco Bulnes, Pedro Ibáñez, Jaime Guzmán, El Mercurio, La Tercera y otros medios de comunicación. Todos representantes de los intereses del imperialismo, los latifundistas y la burguesía monopolista criolla.

El golpe del  11 de septiembre de 1973 fue un golpe fascista.

Fascista por la violencia física y sicológica que se empleó y, porque su objetivo no era reemplazar a un gobierno por otro, sino cambiar de raíz el proyecto revolucionario y popular impulsado por la Unidad Popular, por otro contrarrevolucionario, que impuso a sangre y fuego: el neoliberalismo, el capitalismo más salvaje.

Para lograrlo emplearon el terrorismo de estado, perpetrando el genocidio del pueblo chileno. Primero empleó  la represión masiva, después creó organismos para detener, torturar, hacer desaparecer y asesinar  en forma selectiva. Entre estos estaban la DINA, CNI, el Comando Conjunto, etc. Fueron miles las víctimas de la violencia fascista.


Su objetivo era cambiar a Chile en todos sus aspectos. Y, desgraciadamente, en 17 años lo lograron.

 

 

 

 


 




domingo, 8 de septiembre de 2024

A 38 AÑOS DEL FRUSTRADO INTENTO DE TIRANICIDIO (OPERACIÓN SIGLO XX)

 



Al cumpirse 38 años del intento de tiranicidio, recordamos en el Boletín Rojo, esta heróica acción, a través de un escrito del Historiador Iván Ljubetic Vargas.

 

                                                        Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                        Centro de Extensión e Investigación

                                                        Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

                      

 


 

La Operación Siglo XX o Patria Nueva es llevada a cabo por una veintena de miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, con elementos provenientes de la Internación de armas de Carrizal Bajo, que no alcanzan a ser decomisados por los servicios de seguridad de la dictadura

 

PLANIFICACIÓN

El General Pinochet durante los fines de semana suele dirigirse a su casa de descanso en El Melocotón (Cajón del Maipo), junto con parte de su familia y protegido por su escolta. La caravana en que se traslada el tirano siempre incluye dos automóviles blindados similares y de vidrios oscuros. Esto por dos razones: en caso de desperfecto del automóvil que lleva a Pinochet, se dispone de inmediato de otro; y que de producirse un atentado a la comitiva, tenga el enemigo como primera dificultad la imposibilidad de saber en cuál de los dos automóviles viaja Pinochet.

El Comando del FPMR decide que el  tiranicidio se realice  durante el trayecto de regreso a Santiago. Se planifica detalladamente una emboscada en la Cuesta Las Achupallas. Los frentistas César Bunster (hijo de un ex-diplomático de Salvador Allende) y Cecilia Magnise  se encargan de conseguir los vehículos necesarios, como también arrendar una casona en el sector de La Obra, donde permanece la totalidad del equipo.

 

CUIDADOSA ELECCIÓN DEL LUGAR

El lugar del operativo es minuciosamente seleccionado. Al costado norte (a la derecha del camino en el sentido Cajón del Maipo-Santiago) se encuentra un pequeño cerro donde se parapetarán los atacantes, mientras que al costado sur del camino hay  un barranco de cerca de 20 metros de altura. De esta forma, los accidentes geográficos dificultarán la retirada, la protección y la efectividad del armamento de la escolta. Simultáneamente, un vehículo con una casa rodante acoplada y una camioneta todoterreno impedirán cualquier posible salida.

 

SE DEBE POSTERGAR LA ACCIÓN

La acción está programada para el domingo 31 de agosto de 1986 en la tarde. Sin embargo, la noche anterior fallece el Ex-Presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Debido a ello, el General Pinochet regresa a Santiago durante la madrugada, lo que no puede ser previsto. Entonces, los frentistas, caracterizados como seminaristas de una orden religiosa, se trasladan a la localidad de San Alfonso, permaneciendo ahí hasta el domingo 7 de septiembre de 1986. El armamento con que cuentan son: 16 fusiles M-16, 10 lanzacohetes|M72 LAW, 1 Fusil SIG calibre 7,62 mm, 1 subfusil P25, y un número indeterminado de granadas de mano caseras.

 

LA ESCOLTA DEL TIRANO

Por su parte, la escolta presidencial cuenta con subfusiles Uzi y Mini Uzi, granadas de mano, revólveres Rossi, y fusiles Galil.

La comitiva precedida por 2 motoristas de Carabineros está entonces conformada así:

El primer vehículo es tripulado por 4 Carabineros; en el segundo vehículo (Mercedes Benz blindado) viaja el General Pinochet con su nieto Rodrigo García, su Edecán Naval Capitán de Fragata Pedro Arrieta, y su conductor, un Cabo 2º de Ejército;  en el tercer vehículo viajan 4 escoltas de civil al mando de un Capitán de Ejército (jefe de la escolta) y 3 funcionarios de Ejército. El cuarto vehículo es un Mercedes Benz alternativo en el que va un médico. El quinto vehículo cierra  la comitiva, un Ford tripulado por 4 comandos de Ejército.

 

LOS FRENTISTAS

Los atacantes están conformados de  la siguiente manera: Unidad 501: Integrada por Rodrigo Rodríguez Otero (Jorge), Cristián Acevedo Mardones (David), Héctor Maturana Urzúa (Axel), Víctor Díaz Caro (Enzo), Héctor Luis Figueroa (Víctor) y Arnaldo Arenas Bejas (Milton). Actúan como grupo interruptor, su misión es detener a la comitiva mediante un automóvil Station Wagon con una casa rodante.

Unidad 502: Integrada por José Joaquín Valenzuela Levi (Ernesto), Julio Guerra Olivares (Guido), Lenin Peralta Véliz (Oscar) y un frentista solamente identificado como "Juan". Apostados en un cerro al costado derecho del camino, su misión es concentrar el fuego en los primeros vehículos.

Unidad 503: Integrada por Mauricio Hernández Norambuena (Ramiro), Alexis Soto (Marcos), Jorge Mario Angulo (Pedro) y un frentista solo identificado como "Rodrigo". Apostados igual que la anterior, su misión es concentrar el fuego en el vehículo del General Pinochet.

Unidad 504: Integrada por Mauricio Arenas Bejas (Joaquín), Juan Moreno Ávila (Sacha), Juan Ordenes Narváez (Daniel) y un frentista solamente identificado como "Javier". Conforman el grupo de bloqueo, a bordo de una camioneta todo terreno, su misión es impedir la fuga de cualquier vehículo de la comitiva.

 

DOMINGO 7 DE SEPTIEMBRE DE 1986

Cerca de las 18,20 horas dos mujeres frentistas que se alojan en la residencial "Inesita" en San José de Maipo, comunican telefónicamente al Comandante Ernesto que la comitiva presidencial está en esos momentos pasando frente a ellas, e inmediatamente el grupo guerrillero se dirige al sitio de la emboscada, la Cuesta Las Achupallas, ubicada entre el sector de La Obra y el pueblo Las Vertientes.

Una vez en el sector, los frentistas se percatan de la presencia de una patrulla de Carabineros dirigiendo el tránsito en el cruce San Juan de Pirque. Son neutralizados con ráfagas de fusiles M-16.

 

SE INICIA LA OPERACIÓN

A las 18,35 horas, la comitiva de presidencial llega al sector del operativo. En la Cuesta Las Achupallas es interceptada por la Unidad 501, que tras dejar pasar a los dos motoristas de Carabineros, obstruye el tránsito con un automóvil que lleva acoplada una casa rodante e inmediatamente abren fuego contra el primer vehículo. Cuando la comitiva  está sobre el punto, las unidades 502 y 503, parapetadas en los faldeos de un cerro de la cuesta, empiezan el ataque.  



                 

La escolta presidencial reacciona de inmediato respondiendo al fuego, pero los frentistas están bien parapetados, lo que hace muy difícil repeler el ataque. Además el sector, tan bien escogido, debido a sus características geográficas, se produce silencio radial, haciendo imposible comunicarse desde ahí con otras unidades policiales o militares.

 

LA AGILIDAD DE UN CHOFER

Pinochet y su nieto van en el primer Mercedes Benz blindado. Su conductor en una ágil maniobra logra hacer girar el auto para regresar a El Melocotón. Recibe el impacto de un  cohete M72 LAW, que no estalla.  Resultan con heridas leves. Pasan a escasos metros de un grupo de bloqueo, que está en ese sitio, precisamente para impedir que   el Mercedes Benz de Pinochet pueda  escapar emprendiendo rumbo de vuelta. Así se salva el dictador.

 


               



Cinco escoltas mueren en el intento de tiranicidio, mientras que 11 resultan heridos. La acción dura entre 5 a 6 minutos. Ninguno de los miembros del FPMR es herido. Todos corren raudos hacia Santiago. El vehículo que encabeza la caravana lleva  baliza. Y como a esa hora regresa siempre el tirano, los carabineros que controlan el trayecto, creen que es la comitiva de Pinochet e incluso la saludan a su paso.

 

CONMOCIÓN MUNDIAL

La acción conmueve a Chile y al mundo. El periódico “El País”, de Madrid, en su editorial del martes 9 de septiembre de 1986 escribe:

“El atentado de que ha sido víctima el general Pinochet… indica un salto cualitativo en la capacidad del Frente…”

 

“A pesar de que las fuerzas moderadas de la oposición, en particular la Democracia Cristiana, condenan toda utilización de métodos violentos, no se puede cerrar los ojos ante el hecho de que la influencia del Partido Comunista, que apoya al Frente, está creciendo sensiblemente, sobre en los sectores más jóvenes y radicales del país, en las universidades y en las poblaciones que rodean a la capital, en las que se concentran las capas más expoliadas y desesperadas. Ello se ha traducido en éxitos comunistas en recientes elecciones universitarias y sindicales…”

  

LAS RAZONES DEL FRACASO

Luis Corvalán, en “De lo vivido y lo peleado”, sostiene:

“La culpa del fracaso se debía, según la versión en boga, a la falla de algunos cohetes. La posibilidad  de que no explotaran dos de los cuatro cohetes es cosa que debía haber entrado en los cálculos. No se tuvo en cuenta que eso pudiera acontecer. Más aún, no se previó la vuelta en 180 grados que hizo el chofer del vehículo de Pinochet y, por lo mismo, no se cubrió la retirada, no se apostó gente para salirle al paso cuando regresaba a El Melocotón. Esto quiere decir que la jefatura militar no estuvo plenamente a la altura de la empresa que acometía. Con todo, la responsabilidad principal está en la dirección política. En primer  y último término, en dicha dirección todo debió preverse. Ello exigía de su parte conocimientos militares de los cuales carecía” (Luis Corvalán: “De lo vivido y lo peleado. Memorias”, páginas 296 y 297)

  

1986 NO FUE EL AÑO DECISIVO

Más adelante agrega Luis Corvalán:

“En la Primavera de 1986 recobró vida el Acuerdo Nacional. No había muerto. Sólo estaba en hibernación. Reflotó tras el paro del 2 y 3 de julio y dos acontecimientos que sacudieron fuertemente al país y que tuvieron gran repercusión  nacional e internacional: el atentado a Pinochet el 7 de septiembre de 1986 y el descubrimiento de una importante internación de armas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez”. (Luis Corvalán: Obra citada, página 299)

 

La dictadura responde al intento de tiranicidio imponiendo el Estado de Sitio y asesinando  fríamente a cuatro patriotas.

Los acontecimientos de agosto y septiembre contribuyen, junto a la aguda presión del imperialismo, a que  1986 no fuese el Año Decisivo en cuanto a terminar con la dictadura.

 

 

 


miércoles, 4 de septiembre de 2024

VIERNES 4 DE SEPTIEMBRE DE 1970, UN HITO ESTELAR DE LA HISTORIA DE CHILE

 


 

Al cumplirse 54 años del triunfo popular de Salvador Allende y el pueblo de Chile, recordamos este Hito histórico, a través de las palabras de un escrito del historiador Iván Ljubetic Vargas.

Boletín Rojo

 

 

                                                                   Iván Ljubetic Vargas, historiador del

                                                                   Centro de Extensión e Investigación

                                                                   Luis Emilio Recabarren,  CEILER

 

 

 


 

 

 

OCURRIÓ HACE 54 AÑOS

El jueves 3 de septiembre  de 1970, Luis Corvalán, Secretario General del PC, pronunció un discurso por cadenas de radioemisoras. Llevaba por título "Mañana debemos triunfar" y en él afirmó: 

"El  momento que vivimos es favorable al triunfo y al éxito... El día de mañana es decisivo. De la movilización masiva y a primera hora hacia las urnas, de la vigilancia de los apoderados en cada mesa, del control de los cómputos, del desbaratamiento de toda martingala, de la actitud de cada uno de nosotros puede depender, en último término, el resultado que arrojan las urnas... 

"En manos del pueblo está su futuro. El Partido Comunista lo llama a emplearse a fondo en la batalla de mañana, a elegir a Salvador Allende Presidente de la república y a seguir caminando unido en pos de sus nuevos destinos."  (Publicado por “El Siglo”, del 4 de septiembre de 1970)

 

 

 


 

Viernes 4 de septiembre de 1970. Desde las 7,30 comenzaron a llegar los vocales y apoderados de las mesas en los diversos lugares de votación. Había nerviosismo, tensión, expectación en el ambiente. 

A las 8, empezaron a desfilar los ciudadanos. Emitían su voto, algunos después de hacer cola durante horas. La gente, como era costumbre, se vistía con su traje dominguero. Las elecciones eran para los chilenos un día de fiesta. Las radios y la televisión hacían reportajes, entrevistas, adelantaban vaticinios.

Las mesas que habían iniciado su funcionamiento a las 8, cerraron la votación a las 16. Las otras debían seguir recibiendo electores hasta cumplir las 8 horas establecidas por la Ley de Elecciones. Comenzaron los escrutinios. En cada mesa se repetían las mismas escenas: alegría en los rostros de los partidarios del candidato, cuyo nombre leía el presidente de la mesa en la Cédula Única, inquietud en otros. 

Los medios de comunicación de masas entregaron los primeros cómputos, muy parciales aún. Chile quedó de pronto desierto. Ni un alma en las calles. Toda la gente junto al televisor o la radio. La mayoría, en sus casas. Los dirigentes en los locales de las candidaturas. 

A las 20 horas, según escribe Ignacio Gayango en “Chile: el largo camino político al golpe”, página 8:

 

"El Ministro del Interior, Patricio Rojas, avisaba telefónicamente a Jorge Alessandri que su candidatura iba triunfando; al mismo tiempo, el Subsecretario retardaba por varias horas la entrega de cómputos." 

Los resultados parciales daban leve ventaja a Salvador Allende, que no  votó en esa ocasión por estar inscrito en Punta Arenas. Los periodistas de radio y televisión contribuóan a crear confusión, algunos repetían una y otra vez que Allende lleva la delantera, pero que falta la mayor parte de los resultados de las mesas de mujeres. 

En verdad, a esas horas nadie estaba seguro de nada. Según afirma Joan Garcés  en “Chile, el camino político hacia el socialismo” (citado por revista Ercilla Nº 1935, del 16 al 22 de agosto de 1972, página 9): 

"Muchos y destacados dirigentes de la izquierda comprometida en la campaña electoral se resistían a creer, hasta el término mismo de los escrutinios, que la vía electoral pudiera llevarlos a otro resultado que a una nueva frustración."

A las 22 horas tanques del Ejército aparecieron en el centro de Santiago. Procedieron a rodear La Moneda.

 

Cerca de la medianoche, Chile estalló en gritos, abrazos, lágrimas de alegría y banderas. Faltando cinco minutos para las 24 horas, el general Camilo Valenzuela, comandante general de la Guarnición de Santiago, comunicó a Salvador Allende, en nombre del ministro del Interior y de las Fuerzas Armadas, que había obtenido la primera mayoría relativa y que el Gobierno autorizaba la celebración de un mitin de sus partidarios a las 0 horas y 30 minutos.

Jóvenes democratacristianos salieron a la calle y se abrazaban con los de la Unidad Popular. El candidato de su partido fue el primero en reconocer el triunfo de Allende. En un gesto generoso y de hidalguía envió a éste un telegrama en que le dice: 

"Salvador, felicitaciones por la victoria. Más honrosa mientras más dura y difícil. Ella le pertenece al pueblo, pero también es tuya. Radomiro Tomic." (Citado por José Lavretski en “Salvador Allende”, página 118)

 

Pero la derecha del PDC no tuvo igual actitud. Por el contrario. 

Por su parte, la reacción -asustada con su propia propaganda del miedo- se escondió en sus casas y palacetes. Cerraron a machote puertas y ventanas. Algunos prepararon las maletas para salir del país. Otros, comenzaron a conspirar para cerrarle el camino hacia La Moneda al pueblo. Esa misma noche crearon el grupo fascista "Patria y Libertad". 

La gente allendista salió a la calle, entusiasta, eufórica, pero serena y disciplinadamente. No hubo nada parecido al caos, a la invasión de los barrios de los ricos, que anunciaba la campaña del terror.

  

 


 

El acto del 4 se inició al empezar el 5 de septiembre. Fue en la Alameda, frente a la sede de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH. Desde uno de sus balcones habló Allende al país. Ante una multitud enfervorizada, combativa, llena de felicidad. Agradeció el apoyo recibido. Recordó que esa victoria era fruto de una larga y difícil lucha. Evocó a quienes la hicieron posible. Llamó a la responsabilidad y a estar vigilantes para impedir que se escamotee un triunfo tan limpiamente conseguido.

  

Esa madrugada, Allende contrajo un compromiso: 

"Para los que están en la pampa o la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero Presidente."

Más adelante, emocionado, señaló: 

"¡Cómo siento en lo íntimo de mi fibra de hombre, cómo siento en las profundidades humanas de mi condición de luchador, lo que cada  uno de ustedes me entrega! Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la Revolución Chilena que vamos a realizar."

 

Y finalizó categórico:  "A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo; con la lealtad del Compañero Presidente."  (Editora Quimantú: “Allende. Su Pensamiento Político”, páginas  10, 12 y 13) 

Horas después, se conocen los cómputos oficiales. Concurren a las urnas 2.954.799 electores. Allende obtiene 1.070.334 votos, un 36,22% del total; Alessandri, 1.031.159 votos, un 34,9% y Tomic, 821.801, un 27,81%. Votos nulos y en blanco, 31.505.

 

"El triunfo de la Unidad Popular - afirma el general Carlos Prats - causa gran desconcierto y conmoción en las esferas de Gobierno y de la derecha política y económica."  (Carlos Prats González: “Memorias”, página 161) 

“Esto que hoy culmina es una larga jornada” –dijo el candidato triunfante, cuando  amanecía  el 5 de septiembre- “Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo”. 

Tenía razón, una vez más, Allende. Ese 4 de septiembre no fue algo espontáneo.  Era el resultado de un largo proceso de unidad y de luchas. Un camino iniciado, en los albores del siglo XX, por un obrero tipógrafo llamado Luis Emilio Recabarren. 

El triunfo del 4 de septiembre de 1970 abrió el camino para conquistar el Gobierno Popular, encabezado por Salvador Allende, el más progresista y patriota de la historia de Chile.