A 69 años de la Batalla de Santiago, cuyos acontecimientos se
desarrollaron los días 2 y 3 de abril de
1957. Recordamos estos hechos a través de un escrito del historiador del
CEILER, Iván Ljubetic Vargas.
2 Y
3 DE ABRIL DE 1957
Iván Ljubetic Vargas, historiador del
Centro de Extensión e Investigación
Luis Emilio Recabarren, CEILER
Gobernaba por segunda vez Carlos
Ibáñez. La ola de alzas, en especial la de la movilización colectiva,
exasperaba e indignaba a la gente. Los sectores populares de la población
apoyaban, cada día que pasaba más decidida y activamente las protestas
encabezadas por los estudiantes. Estos, con valentía y audacia, salían a la
calle y enfrentaban la represión
policial.
LOS ESTUDIANTES A LA PELEA
Relata Mamerto Silva Plaza, 41
años, administrador del local de la FECH, en entrevista a El Siglo, publicada
el 17 de mayo de 1957:
"Los ánimos estudiantiles
estaban caldeados. Desde temprano se habían reunido en la Federación dispuestos
a pelear hasta cumplir su objetivo: obtener la derogación del alza de la
locomoción. El 1 de abril, el local sufrió el primer asalto. Carabineros
armados hasta los dientes, apuntando con sus armas, irrumpieron en el local en
busca de estudiantes. Como no pudieron detener a ninguno, se fueron echando maldiciones
y garabatos de la 'cintura para abajo'.
Esa noche - agrega - cayó
asesinada la universitaria Alicia Ramírez. Un rato después se nos comunicó que
también había muerto el estudiante Manuel Vásquez, a quien todos llamamos
cariñosamente Jorgito Riverón. Esta última noticia no era efectiva: Vásquez
sólo estaba herido de gravedad".
MARTES 2 DE ABRIL DE 1957
El martes 2 de abril de 1957 se inició una insurrección
popular. El asesinato de Alicia Ramírez, perpetrado el día anterior, y la detención, en la
madrugada del domingo 31 de marzo de 1957 por
agentes de la Policía de Investigaciones de los dirigentes de la CUT
Clotario Blest, Juan Vargas Puebla, Baudilio Casanova, José Díaz Iturrieta,
Elías Mallea, Oscar Astudillo y del dirigente de la FECH Enrique París, aumentó
la indignación de la gente. También marcó el comienzo de la más feroz represión
realizada por la segunda administración de Ibáñez. Fue dirigida por el general
Horacio Gamboa, designado jefe de operaciones en la capital.
Ese martes 2 de abril, el local de
la FECH estaba lleno de estudiantes y trabajadores. Preguntaban por los
funerales de Alicia Ramírez. Deseaban participar en ellos. No había noticias al
respecto. Salieron, entonces, a la calle, donde tuvieron lugar grandes
manifestaciones de repudio al régimen. A éstas se incorporaron delincuentes que
el gobierno había soltado a la calle. Causaron destrozos y saquearon las
tiendas y negocios del centro. Crearon el caos. Preparaban las condiciones para
que se desatara la violencia de militares y policías contra los manifestantes.
Así cumplían el rol asignado por las autoridades.
PROVOCACIÓN POLICIAL
La magnitud de los acontecimientos
sobrepasó al Partido Comunista. "La falta de capacidad de dirección -
explica Mario González, en su artículo ‘Las luchas de abril y la provincia de
Santiago’, publicado en Principios Nº 43, julio agosto 1957 - dejó el camino
abierto a la provocación policial en gran escala. La dirigieron gentes
expertas, con auxilio de la experiencia internacional que el imperialismo había
realizado en América Latina, utilizando bandoleros, elementos fascistas y
provocadores, engañando al principio y arrastrando después a actos de
vandalismo a ciudadanos honrados, desesperados por la brutalidad policial... No
obstante, numerosos militantes del Partido se sumaron y actuaron en la lucha.
Incluso hubo camaradas que, por su propia iniciativa, hicieron esfuerzos para
dirigir la lucha, organizaron mítines en el centro de la ciudad, trataron de
orientar a la masa, se opusieron a los actos vandálicos; pero fueron rebasados
por la magnitud de los sucesos".
LOS COMUNISTAS ACTÚAN
Además de la combatividad
demostrada por los jóvenes, estuvo la respuesta del Partido Comunista en determinados puntos de la capital. En la
Cuarta Comuna, por ejemplo, los comunistas confeccionaron y repartieron
volantes orientando a la población, ello desde el 30 de marzo. En San Miguel,
las acciones de masas -en que las Juventudes Comunistas jugaron un papel
decisivo- lograron paralizar la movilización colectiva. En San Bernardo,
salieron a la calle los obreros de la Maestranza, recibiendo el apoyo del
público. En Quinta Normal, el Partido Comunista
logró la realización de un exitoso paro, luego de visitar y movilizar
trece importantes organizaciones sindicales y de crear las condiciones a través
de un masivo reparto de volantes. En la Sexta Comuna, se hicieron rayados
murales, se distribuyeron volantes, los trabajadores del Sindicato Zig - Zag
salieron a desfilar. En Lo Espejo, las manifestaciones reunieron a más de mil
quinientas personas.
Pero, con todo, no hubo dirección
en los acontecimientos. El 2 de abril, estos escaparon a las manos del Partido
Comunista, de la CUT y del FRAP.
A los comunistas les faltó
"mejor orientación y más audacia. La desvinculación con las masas es lo
que, esencialmente, explica estas fallas", según señaló Luis Corvalán en
el Informe al XXIV Pleno del Comité Central del PC, publicado en El Siglo del
17 de mayo de 1957.
LA BATALLA DE SANTIAGO
El 2 de abril el gobierno sacó efectivos
del Ejército para reprimir al pueblo. Junto a carabineros, dispararon en contra
de gente desarmada, que se defendía con puños y piedras. En la noche de ese
fatídico día 2, el general Horacio Gamboa, leyó, por cadena nacional de
emisoras, un parte de guerra, de lo que calificó de "batalla de
Santiago". Informó que la situación estaba controlada, que el
"enemigo" tuvo 18 muertos y 500 heridos.
Posteriormente la cifra oficial de
asesinados subió a 21. Pero, en verdad, fueron muchos más. "El Siglo"
denunciaba en su edición del 16 de mayo de 1957 que eran 76 o más. Informaba
que "en la madrugada del 7 de abril, luego que las fuerzas integradas por
policías y militares 'limpiaron' a balazos el sector de las calles que rodean
el cementerio habría comenzado -según un informante que nos merece absoluta
confianza- la más dramática, secreta y espeluznante operación. En furgones
negros, completamente cerrados, empezaron a transportar los cadáveres de niños,
jóvenes y ancianos caídos en la masacre". Agregaba que "fosas
abiertas durante los días de la masacre, amanecieron después cerradas
misteriosamente. Se supone, también, que estarían enterrados en el mismo lugar
donde se encuentran los que fallecieron por una antigua epidemia de cólera, y
cuya exhumación está prohibida".
Dirigentes de la CUT (entre ellos Clotario Blest y Luis Figueroa) se entrevistan con Presidente Ibáñez para protestar por la violenta represión
EL ASALTO A “HORIZONTE”
Sucedió en plena "batalla de
Santiago". Eran las 2,15 de la madrugada del miércoles 3 de abril de 1957.
En la Imprenta Horizonte trabajaban a esa hora 20 operarios y el redactor de
turno, Elmo Catalán Avilés. Este describió en El Siglo de fecha 30 de abril de
1957, lo ocurrido entonces en Lira
Nº 363 de la capital:
"En la puerta de calle
empezaba a desarrollarse la tragedia. La policía había llamado. El portero
Hernán Echeverría (casado, 51 años, 8 hijos), se acercó lentamente. Cuando se
disponía a mirar por la ventanilla para averiguar quien llamaba, una mano
grande y regordeta penetró y lo aferró del cuello, como tenazas. Varios
revólveres se agitaron sobre su cabeza.
- Abre la puerta, viejo…de tu
madre.
La mano siniestra apretaba más y
más el cuello de Echeverría. Los revólveres lo urgían.
La puerta se abrió.
La turba policial se distribuyó
estratégicamente: unos en la prensa, otros al fotograbado. La mayoría en el
segundo piso.
Julio Fauré, Inspector de la
Policía Política, tez de chocolate, cara ancha y plana, cuello grueso,
corpulento, abrió de una patada la puerta del segundo piso. Con paso seguro,
con la pistola en alto, gritó:
-
Alto.......de su madre. Se acabó el trabajo.
Unos 10 o 15 policías penetraron
con sus revólveres desenfundados y garrotes en las manos. Un detective de unos
24 años, de apellido Araya, entró a mi oficina. El jarro de té dio bote en el
suelo. El pan corrió la misma suerte. Con mano de experto destrozó en un
santiamén los cordones de los teléfonos y citófonos. Fui obligado a ponerme
contra la pared, con las manos en alto”.
DESTROZANDO Y ROBANDO
“Más al interior –continúa Elmo
Catalán-, el valiente comisario Juan Ruiz (fue reconocido por varios obreros de
'Horizonte' por las fotos aparecidas en el diario 'La Tercera'), con una mano
amenazaba con el revólver y con la otra sacaba de sus asientos, violentamente,
a varios linotipistas. El inspector Fauré empezó a romper los vidrios. Un grupo
de policías, con furia inusitada, empezó a descargar los garrotes sobre las
máquinas. Mirábamos impotentes el crimen que cometían los 'representantes del
orden'. Cada golpe de metal era una herida para nosotros.
Con las manos en alto, en fila
india, fuimos obligados a bajar.
El jefe de la Policía Política,
Raúl del Campo, subía los escalones. Su cuerpo obeso resaltaba con el elegante
traje claro que vestía.
-
Bajen luego a estos desgraciados, rugió.
En la puerta nos esperaba el
pelotón militar. Nos apuntaron con los fusiles ametralladoras...
-
Suban de a uno al camión, ordenó el subteniente Izurieta....
El vehículo dio un largo rodeo,
enfiló por calle Lira, hacia Alameda. Luego dobló por Morandé. Se escuchaban
algunos disparos aislados. Pronto llegamos al siniestro Cuartel de
Investigaciones. Bajamos con las manos en alto..."
DAÑOS POR VARIOS MILLONES
En una comunicación pública la
Empresa Horizonte informó sobre las consecuencias del asalto policial:
"Nuestra producción ha sido
interrumpida, perjudicando a los diarios 'Ultima Hora' y 'El Siglo', las
revistas 'Vistazo', 'Entretelones' y 'Golpe', todos de circulación nacional,
más numerosos periódicos gremiales ('El Riel', 'El Andamio', etc.) que tenían
contrato de impresión con nuestra empresa...
"Los bienes y maquinarias de
'Horizonte' soportaron en la madrugada del 3 de abril la destrucción
sistemática, desde su reloj control ubicado en el vestíbulo de nuestro local,
hasta el fotograbado, sitio en el último patio..."
Luego daba el detalle de lo
destruido, averiado y robado. Y agregaba:
"Esta enumeración parcial de
los daños sufridos por 'Horizonte' representa una suma de varios millones de
pesos..."
TAMBIÉN ‘EL SIGLO’
Simultáneamente con el asalto de
"Horizonte" se produjo el de "El Siglo". En la madrugada
del 3 de abril había en las oficinas del diario siete personas. Habían
finalizado tarde sus labores y no podían regresar a sus hogares, debido al
toque de queda decretado por las autoridades. Uno de ellos era el periodista
Raúl Iturra Falka, quien narra lo ocurrido a las 2,30 horas de la mañana:
"Cuando nos disponíamos a
dormitar un poco, violentos golpes a la puerta de calle rompieron el
silencio... No habrían transcurrido ni tres minutos cuando hacía su entrada en
la sala de crónica, un fornido agente que llevaba entre sus manos un largo
fierro, el que a insultos nos conminó a abandonar el local... Detrás de éste,
otros cinco o seis policías se abalanzaron sobre nosotros, nos tomaron de los
brazos y a empujones nos obligaron a salir por el pasillo hasta la puerta de
calle, en donde nos entregaron en custodia a los militares, que a puntazos de
sus fusiles nos hicieron subir al camión que se hallaba detenido en Amunátegui
con Catedral".
También describe como se dedicaron
los policías a destruir y robar lo que existía en las oficinas de "El
Siglo".
Los daños sumaron más de cinco
millones de pesos.
INTENTANDO ELUDIR LA RESPONSABILIDAD
Las autoridades utilizaron la Ley Maldita y las Facultades Extraordinarias, concedidas
rápida y servilmente por la mayoría del Congreso. En virtud de ellas detuvo,
encarceló y relegó. Sólo a la localidad de Curepto envió 71 opositores. También lo hizo a otros puntos del
territorio.
Por otro lado, intentaba el
gobierno eludir la responsabilidad que tenía en los vandálicos destrozos y
robos en "Horizonte". Refiriéndose a ello, el senador radical y
precandidato a la Presidencia de la República, Luis Bossay, expresó en la Cámara
Alta, según informó El Siglo del 30 de abril de 1957:
"Entre tanto, honorable
Senado, el gobierno ha perpetrado el más grave desmán, de todos los cometidos
durante los sucesos: la destrucción organizada y sistemática de la imprenta
'Horizonte'.
"Yo admiro - continúa - la
fría impasibilidad del señor Ministro del Interior (el 'democrático' coronel
Benjamín Videla) y ella me ha obligado a leer mis palabras para no dejarme
arrastrar por la justa indignación, cuando se atreve a poner su firma a un
oficio dirigido al Congreso Nacional en el cual se afirma que el Gobierno cree
que fueron las mismas turbas que cometieron desmanes en el centro las que
asaltaron y destruyeron la imprenta 'Horizonte'".
PILLADOS CON LAS MANOS EN LA MASA
El proceso por el caso
"Horizonte" fue entregado al fiscal militar Francisco Saavedra
Moreno, que actuó con gran celo, acuciosidad y objetividad. La primera
diligencia la efectuó el 9 de abril. El sábado 11 se constituyó en visita
ocular en la imprenta. Citó e interrogó a testigos. Poco después realizó la más
sensacional de las pesquisas: el allanamiento al hogar del subcomisario de
Investigaciones y miembro de la Policía Política Carlos Estibill Mahuida, donde
encontró dos máquinas de escribir robadas en "Horizonte".
El entonces diputado comunista
José Oyarce - elegido en 1953 por el Primer Distrito de Santiago, reelegido en
1957 y posteriormente Ministro del Trabajo de Salvador Allende -, en
conversación con el autor de fecha 8 de julio de 1993, entregó antecedentes
desconocidos de cómo se gestó la acción del descubrimiento de esas máquinas de
escribir:
"Pocos días después del
asalto, estábamos en una sesión de la Cámara tres diputados comunistas: Víctor
Galleguillos; al centro y frente al micrófono, Sergio González y yo a la
derecha. A mi lado un pasillo. Pasó por él Raúl Morales Adriazola, diputado
radical. Se detuvo y nos dijo, en voz baja, que acababa de hablar en la Sala de
Lectura de la Cámara con alguien que le había contado, que las dos máquinas de
escribir robadas en Horizonte se encontraban escondidas en casa de un agente de
investigaciones de apellido Estibill. Le dio la dirección e incluso indicó el
lugar preciso donde estaban: en la parte de arriba de un ropero en el
dormitorio del detective.
EL ABOGADO JORGE JILES
"La noticia nos impactó -
agrega Oyarce. Uno de los compañeros, eufórico, planteó hacer la denuncia de
inmediato en la hora de incidentes. Pero le dije que no. Que, si lo hacíamos,
Estibill sacaría de inmediato las pruebas de su participación en los sucesos y
haríamos el ridículo. Propuse informar de la importante noticia al abogado del
Partido que llevaba la causa.
"Yo mismo - cuenta José
Oyarce - me dirijo al estudio del compañero Jorge Jiles Pizarro, a poca
distancia del Congreso. Después de escucharme, dice que no hagamos la denuncia
y que él se encargaría del asunto. De inmediato se entrevistó con el fiscal
Saavedra y le entregó la información. Al instante, el fiscal militar encabezó
el allanamiento a la casa de Estibill. Sin vacilación fue directamente al lugar
señalado. Ahí estaban las máquinas. El dato había sido exacto."
Con esta prueba se derrumbaron
todas las argumentaciones de la Policía Política de no haber participado en ese
vandálico asalto. También destruyó las declaraciones de inocencia del gobierno.
Vino a confirmar públicamente lo atestiguado por los 20 obreros y el
periodista, testigos oculares de los hechos.
LA MENTIRA TIENE LAS PATAS CORTAS
El 29 de abril, la Corte Marcial
rechazó por unanimidad el recurso de amparo presentado por el abogado José Otero
Bañados a favor de siete detectives declarados reos como autores materiales del
asalto, destrucción y robo en la Imprenta. Ese mismo día quedó detenido e
incomunicado el jefe de la Policía Política Raúl del Campo, luego de declarar
ante el fiscal militar.
El abogado Otero afirmó en su
alegato ante la Corte Marcial que la acción contra "Horizonte" no es
obra de la Policía Política, sino de las "bandas de individuos desalmados,
venidos de poblaciones callampas o de bajo de los puentes del Mapocho".
Pero el abogado Enrique Scheppeler
destruyó uno a uno los argumentos de Otero. Probó la participación de la
policía y subrayó que el subcomisario Estibill, en cuya casa fueron encontradas
dos máquinas de escribir robadas a "Horizonte", tenía a su cargo la
investigación de la destrucción de la imprenta.
“EL SIGLO” RENACE DE SUS CENIZAS
El 30 de abril quedaban aún 49
detenidos en la Cárcel Pública a raíz de las manifestaciones contra el alza de
las tarifas de la movilización colectiva de fines de marzo y comienzos de
abril. Otras 12 personas permanecían, por el mismo motivo, en el anexo de la
Cárcel.
Ese martes 30, reaparece "El
Siglo". Lo hace en formato pequeño. Ello es posible - se explicaba en un
artículo de la edición de ese día - "gracias al gran esfuerzo desplegado
por el personal de la Imprenta Horizonte, para reconstituir una mínima parte de
la maquinaria destruida por la Policía Política de Investigaciones en la
madrugada del 3 de abril."
Se añadía que "se ha contado
con la ayuda de numerosos talleres mecánicos e impresores y con créditos
concedido por el comercio. No obstante, costará mucho tiempo volver a la
antigua producción, por cuanto los daños causados por los sayones policiales se
calculan en 100 millones de pesos, cantidad que no es fácil reunir".
Más adelante se destacaba que
"el personal que no fue relegado se puso a las órdenes de la empresa para
coayudar a la acción de los técnicos e ingenieros. Como no había plata para
pagarles, se habilitó una 'olla común' que se mantuvo con la ayuda del comercio
del barrio. Grupos de médicos y de practicantes ofrecieron sus servicios
gratuitos para el personal cesante y los familiares de sus relegados".
LOS PREPOTENTES TIEMBLAN
El 4 de mayo, el fiscal Saavedra
declaró reo al jefe de la Policía Política Raúl del Campo. Había otros 8
detectives detenidos e incomunicados.
Ese mismo sábado 4, seis policías de los que
participaron en el asalto fueron colocados en una rueda de 18 individuos,
delincuentes como ellos, y reconocidos por los 20 obreros y el periodista,
testigos del hecho. Esta diligencia realizada ante el fiscal Saavedra fue
decisiva en el proceso. Los policías, tan prepotentes y seguros de sí en la
madrugada del 3 de abril, ahora tiemblan y están pálidos.
La actuación del fiscal Francisco
Saavedra Moreno fue determinante para aclarar el asalto a
"Horizonte". Por su firmeza, valentía y rectitud se le bautizó
cariñosamente como el "fiscal de hierro". En cambio, los perjudicados
por su labor lo calificaron, en un intento de menoscabar su conducta, de
"comunista".
Al 11 de mayo, la ayuda solidaria
para "El Siglo" sobrepasaba el millón de pesos.
LA BASE
Luis Enrique Délano, escritor
comunista chileno, escribió su hermosa novela “La Base” en 1958. Este relato
está inspirado, precisamente, en la insurrección popular del 2 de abril de 1957. Causó una profunda impresión tanto en Chile
como en el extranjero. En nuestro país se hicieron tres ediciones: en 1958,
1973 y 1987. Esta última fue impresa clandestinamente por el Partido Comunista
bajo la dictadura fascista. Se realizó una publicación en México (1976). Fue
traducida al ruso, rumano y francés.






